Revista Ecos de Asia

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This article was written on 05 May 2014, and is filled under Historia y Pensamiento.

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Notas sobre el origen cultural del Japón conocido.

En otros artículos ya he hablado sobre la Prehistoria del archipiélago japonés y algunas de sus particularidades. Éstas se extienden hasta época histórica, y comprenden el proceso de creación de las culturas del archipiélago japonés, que han sido producto de desarrollos locales e influencias exteriores. La forja de la cultura japonesa (la considerada como “tradicional”), se retrotrae hasta la época histórica antigua. El primer Estado que aparece en las islas japonesas, el Yamato, junto con la primera institución imperial, habían surgido a causa de las fuertes influencias de los reinos chinos y coreanos en los siglos IV-VI d.C. Con el paso del tiempo, estas influencias desde China irían haciéndose cada vez más fuertes, y desde el siglo VII d.C. la  fiebre por lo chino va conduciendo, poco a poco, a la sinización de Japón. 

Figura 1. Sello de oro japonés a imitación de los sellos imperiales chinos (ss. IV a.C.-IV d.C.).

Figura 1. Sello de oro japonés a imitación de los sellos imperiales chinos (ss. IV a.C.-IV d.C.).

En 538 d.C. se produce la entrada del budismo en las islas japonesas por parte de monjes misioneros que llegan desde los reinos coreanos; éste será un elemento fundamental en la configuración de la cultura y monarquía de Yamato. Supondrá la sustitución de una vieja ritualidad y religión, cuyo origen estaba en la Prehistoria, por una religión foránea con una concepción distinta del mundo. Produce cambios que se ven en la transformación de las pautas y modas funerarias, la arquitectura, o en la aparición de nuevos edificios necesarios para el culto.

A principios del siglo VII d.C. China comienza una época de paz y prosperidad marcada por el gobierno de la Dinastía Tang. En este momento, las relaciones amistosas entre los japoneses y China alcanzan su auge: promovida por las clases altas y dominantes, se adopta la cultura china; se imita el estilo de vida, las costumbres, la estética, las artes, la caligrafía, etc. Incluso la capital, Nara, copia el modelo urbano de la capital Tang, Chang’an, en reformas posteriores.

Junto con todo ello, el emperador japonés envía regularmente embajadas y emisarios a China, comitivas heterogéneas compuestas por monjes, estudiantes, artesanos, chamanes, soldados, historiadores, ingenieros, traductores, artistas, músicos, marineros, etc, que conformaban compañías de hasta seiscientos miembros. Una vez llegados a China únicamente los jefes de la expedición podían poner pie en territorio chino (y tan sólo con permiso imperial) y acceder a una audiencia con el emperador en la que se hacían tributos y regalos profusamente ricos. Una vez hecho esto, si así se estipulaba, el resto de la comitiva podía desembarcar y establecerse, estudiar los fundamentos de la cultura china del momento, visitar los lugares santos o crear contactos comerciales. Además, también se incentivan los contactos culturales, en campos como la poesía, donde muchos poetas japoneses cambian sus nombres a nombres chinos.

La navegación hacía posible estos viajes, ya que existían dos rutas marítimas: la tradicional y antigua, que atravesaba la península coreana, y una más novedosa y favorecida por los vientos, que iba por el sur desde el enclave chino de Yangzhou hasta la isla japonesa de Kyûshû.

En 607 d.C. el príncipe japonés Shotoku manda una embajada, encabezada por Ono no Imoko, hasta la corte China buscando perfeccionar el conocimiento que se tiene en Japón del budismo. Ono no Imoko estuvo varias décadas en territorio chino, perfeccionando y aprendiendo los fundamentos de política, derecho, artes. Este aprendizaje cristalizará en Japón, más de cuarenta años después (en el denominado periodo Hakuho), en las Taika Kaishin o “Reformas Taika”, que suponen la transformación y la puesta al día, en política y derecho, del Estado japonés, que a imitación de China lo ve como necesario para construir una gran nación, en un momento de conspiraciones dentro de la casa imperial japonesa.

En los años sucesivos, diversos embajadores japoneses visitarán la corte China: en un primer momento, para aprender la estructura política y legal, especialmente la establecida por la Dinastía Tang. Más adelante, en la segunda mitad del siglo VII d.C. Japón ya será tenido en cuenta, como un reino poderoso, a la hora de ayudar a solventar disputas entre China y los reinos coreanos.

En un espacio de tiempo de tres siglos, se copiarán importantes elementos de la China Tang: el sistema político de los tres Sheng (oficiales que gobiernan) y los seis Bu (consejos que deciden sobre castigos, impuestos, artes, etc); también el sistema judicial y los códigos legales son imitados de los chinos; el sistema de las tres cancillerías (primer ministro, viceministro…) y ocho ministerios; también se emulará el sistema sobre la propiedad de la tierra, un asunto fundamental; en astronomía utilizaron los calendarios desarrollados por las dinastías del sur y del norte de China; en otros campos como la educación también las influencias del Continente son notorias (por ejemplo en el hecho de la imitación del Guozijian, la Academia Imperial Tang, que sirvió como base para una academia japonesa propia con diferentes escuelas para Lengua, Historia, Matemáticas, Leyes, Artes, etc.); también en la escritura, donde la adaptación de los caracteres chinos da lugar al desarrollo de la escritura kana japonesa; y en general, la influencia cultural de China llega a impregnar todas las artes como pintura, música, escultura, otros ámbitos como la arquitectura, el urbanismo, la tecnología o vestimenta, e incluso cosas mucho más universales como la comida, el estilo de vida o las modas.

Figura 2. Ajuares chinos en tumbas japonesas (ss. I-IV d.C. apróx).

Figura 2. Ajuares chinos en tumbas japonesas (ss. I-IV d.C. apróx).

Ya en el siglo VIII d.C., Japón no sólo imita lo chino sino que comienza a forjar su propia versión de la esta cultura, que además será una base muy fuerte para el desarrollo posterior de la cultura japonesa; las visitas de japoneses a China no se hacen ya para llevar a Japón todos los elementos disponibles, sino unos pocos bien seleccionados de cara a poner al día algún ámbito de lo social, lo político, lo cultural, y especialmente de lo religioso. Cuando la Dinastía Tang cae súbitamente a causa de una gran guerra civil,  y las relaciones entre japoneses y chinos menguan y decrecen. Ello permitirá que ambos mundos, unidos irremediablemente, caminen por senderos distintos y configuren culturas que aunque tienen un origen común, llegarán a tener particularidades muy distintas. En el caso japonés, sin olvidar nunca su pasado chino.

Japón, en el siglo VIII d.C., ya va teniendo la fuerza cultural suficiente como para no depender tanto de lo que pasa en China. En 743 d.C., llega a las islas japonesas un famoso monje budista, invitado a la corte, llamado Jian Zhen. Este monje contribuyó a la creación de un templo y un altar dedicado a la casa imperial, a la consolidación de una serie de ritos budistas, y a la introducción de elementos de los campos de arquitectura, artes como pintura y escultura, caligrafía o medicina. En definitiva, lo que su visita muestra no es sino la importancia que va alcanzando Japón en el contexto de Asia Oriental como una potencia cultural de referencia; ya no es una tierra foránea alejada a la que acudir de vez en cuando, sino que es un vecino aliado y familiarizado con el Imperio, que comparte la mayoría de elementos culturales con China, y, sobre todo, que está interesado en perfeccionarlos y en ampliar sus horizontes.

Figura 3. Cerámica vidriada Tang.

Figura 3. Cerámica vidriada Tang.

avatar José Mármol (4 Posts)

Graduado en Historia por la Universidad de Murcia, actualmente en el Máster de Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid. Especialidad en: Arqueología de la Muerte, Arqueología japonesa, Prehistoria, Ritualidad y simbología, Procesos de cambio y Arqueología comparada. Ha excavado en yacimientos en distintos países como España, Reino Unido o Israel, y actualmente coordina diversos proyectos de investigación y difusión histórico-arqueológicos y culturales.


2 Comments

  1. Armando Rearte
    05/07/2017
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    Buen dia. Me interesaria tener una cierta correspondencia con ustedes porque como artista plástico, escribo; esto quiere decir que no soy de profesión escritor. He escrito textos “japonistas”. Una amiga, investigadora, escritora y traductora de Sei Shônagon llama a estos mis textos “japonistas experimentale”. Tengo ciertas dificultades en resolver alguna cuestiones, como el uso del glosario japones, ya que mezclo, pero con sentido, el castellano con el japones. Y he pensado que quizás ustedes podrian responder a algunas preguntas. Muchas gracias, Armando Rearte.

  2. Staff ECOSdeAsia
    11/07/2017
    avatar

    Hola, Armando! Puedes contactarnos a través de nuestro correo electrónico, ecosdeasiarevista@gmail.com

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