Revista Ecos de Asia

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This article was written on 02 May 2017, and is filled under Arte.

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Nuevas visiones del “exótico” Oriente: las ilustraciones sobre China en los libros de viaje hasta finales del XVII

En el siguiente artículo expondremos cómo desde comienzos de la Edad Moderna, con el contacto directo entre los países de Extremo Oriente y Europa, se comienza a configurar una visión de Asia basada en idealizaciones, que se plasmará primero en las estampas de los libros de viajes, y servirán como modelos para las chinoiseries. Para ello, introduciremos el contexto en el que se producen estos grabados, haciendo una mención especial a las obras de Johan Nieuhof, Athanasius Kircher y Olfert Dapper.

Dejando aparte los más lejanos precedentes, los primeros contactos entre Oriente y Occidente se desarrollaron a través de la Ruta de la seda, que ya queda establecida en el siglo I a.C. y continúan, con mayor o menor intensidad, hasta el final de la Pax Mongolorum[1] y la caída de la dinastía Yuan (1279-1368) en China. En estos momentos algunos europeos llegan a China gracias a esta vía de comercio, y consiguen plasmar sus impresiones, como es el famoso caso de Marco Polo y su Il milione (1300) o anteriormente, Giovanni da Pian del Carpine y su Historia Mongolorum quos nos Tarataros appellamus (1245-1247), entre otros. Estos textos, se hicieron muy populares, mezclando la realidad con historias fantásticas, y sirvieron para fomentar la imagen de un Oriente “exótico”, “misterioso” y “extraño”.

Tras la decadencia de las rutas terrestres, las naciones europeas tratarán de retomar el contacto con el suntuoso Oriente, buscando rutas alternativas marítimas. Esta iniciativa la toman fundamentalmente los reinos de Portugal y España. Por un lado, gracias a los anhelos expansionistas de la casa Avís de Portugal, se emprenden distintas misiones para tratar de circunvalar el continente africano y llegar hasta la India, consiguiendo doblar el Cabo de Buena Esperanza en 1486 y, finalmente, desembarcar en Calicut (Kozhikode, India) en 1498.[2] Por su parte, el Reino de España tuvo una fortuna distinta, ya que sus empresas se dirigieron hacia el océano Atlántico, y en lugar de hallar las Indias deseadas se encontraron con el continente americano.

A la izquierda, el jesuita Matteo Ricci. Grabado del libro China Illustrata (1667) de Athanasius Kircher.

A la izquierda de la imagen, el jesuita Matteo Ricci. Grabado del libro China Illustrata (1667) de Athanasius Kircher.

A partir de estos primeros contactos se sucederán una serie de hitos, a través de los cuales las naciones europeas irán contactando con los países asiáticos a lo largo de los siglos XVI y XVII. En el caso de China, ya en 1513 los portugueses establecen una base de comercio en Ning-po (Ningbó),[3] y forjan contactos con la dinastía Ming (1368-1644), que, con mayor o menor intensidad, se irán desarrollando a lo largo de la Edad Moderna. Más adelante también se introdujeron en el Celeste Imperio otros agentes europeos, como la Compañía de Jesús en 1582 gracias a los padres Michele Ruggiere (1553-1607) y Matteo Ricci (1552- 1610),[4] figuras fundamentales para entender las relaciones con China en el siglo XVII. Con el tiempo, también otros países como España, Francia, los Países Bajos e Inglaterra entablarán contacto con el Imperio chino, aunque menos directamente.

Fruto de estos nuevos contactos, se generará una nueva literatura de viajes que pasará a sustituir a los fantasiosos libros medievales, y por tanto, se generará una nueva visión del Extremo Oriente, aunque algunos mitos e ideas permanecerán en el imaginario colectivo europeo. En una primera etapa de estos nuevos contactos, las obras son escritas fundamentalmente por portugueses y españoles, quienes hasta comienzos del siglo XVII tienen una mayor presencia en el contexto asiático. Hay que advertir que muchos de estos escritores jamás estuvieron en Asia, pero se valían de publicaciones anteriores o informaciones que disponían de personas que viajaron hasta estos lejanos lugares.

A finales del siglo XVI, con la irrupción en Asia de otros países europeos, fundamentalmente Inglaterra y los Países Bajos, variarán las tipologías de estos libros de viajes, en los que se incluirán nuevas visiones e informaciones, menos condicionadas por el catolicismo de los países ibéricos. También se comenzarán a ilustrar con estampas, fundamentalmente las obras holandesas, ya que en estos momentos, los Países Bajos protestantes vivirán un Siglo de Oro en el negocio editorial.[5]

Comenzando por la obra de Jan Huygen van Linschoten, Itinerario, voyage ofte schipvaertvan Jan Huygen van Linschoten, naer Oost ofte Portugaels Indien, publicada en Ámsterdam en 1596, ya se incluyen ilustraciones en las que se reflejan escenas en China o determinados aspectos sociales y culturales de este país.[6] A lo largo del siglo XVII, otros importantes autores escriben sobre distintos aspectos del Imperio Chino e ilustran sus libros ricamente, como Martino Martini, quien publica varias obras, entre las que destacaremos Novus Atlas Sinesis (1655); o Michael Boym, y su obra de flora y fauna chinas Flora Sinesis (1656).

Grabado coloreado del libro de Jan Huygen van Linschoten.

Grabado coloreado del libro de Jan Huygen van Linschoten.

Pero será realmente a finales del siglo XVII cuando los libros ilustrados sobre China vivan un momento inigualable. En 1665 el editor holandés Jacob van Meurs publica Het gezantschap der Neêrlandtsche Oost-Indische Compagnie (título en inglés An embassy from the East-India Company)  la cual se va a convertir en una obra casi emblemática para los estudios orientales en la Europa del barroco. Este relato escrito por Johan Nieuhof describe la embajada de la Compañía de las Indias Orientales holandesa a China, que se realizó entre 1655 y 1657, en la que el autor participó.[7] El libro incluye una gran cantidad de ilustraciones de gran interés, que al parecer se basan en los dibujos que el propio Nieuhof realizó durante su estancia en el Imperio Celeste, como justificó el editor a la hora de la concesión del privilegio de imprenta en 1664.[8] Estos grabados, tendrán un impacto tremendo en la sociedad europea del momento, y la obra será traducida a varios idiomas europeos poco tiempo después.

A la izquierda: Frontispicio de la obra de Johan Nieuhof. A la derecha: Ilustración de una ciudad china según la obra de Johan Nieuhof.

A la izquierda: frontispicio de la obra de Johan Nieuhof. A la derecha: ilustración de una ciudad china según la obra de Johan Nieuhof.

Dos años más tarde, en 1667 se publica en latín la obra del jesuita alemán Athanasius Kircher, China Illustrata, la cual también va a ser ilustrada con hasta ochenta y seis estampas diferentes, cuyas fuentes son menos claras. En este caso se trata de una recopilación de diversos datos de China, a través de las cuales Kircher expone fundamentalmente los logros de la misión de la Compañía de Jesús en este país, y justifica su teoría de contactos culturales basada en la firme creencia en el Antiguo Testamento, defendiendo que la cultura china es heredera del Antiguo Egipto, como sucesores idólatras de Cam, hijo de Noé.[9] Esta obra se publicará también por primera vez en Ámsterdam, por Joannes Jansson van Waesberghe y Elizeum Weyerstraet, pese a que Kircher residió casi toda su vida en Roma.[10] La obra tendrá varias ediciones y será traducida al alemán, francés e inglés, teniendo también una gran influencia.

A la izquierda: Frontispicio de la obra de Athanasius Kircher. A la derecha: Ilustración de una mujer china según la obra de Athanasius Kircher.

A la izquierda: frontispicio de la obra de Athanasius Kircher. A la derecha: ilustración de una mujer china según la obra de Athanasius Kircher.

Estas obras gozaron de tan buena recepción en el momento de publicarse, que Jacob van Meurs no se resistió a lanzar otro libro sobre China, tras el éxito comercial que había obtenido con la obra de Nieuhof, y tras haber lanzado ediciones piratas de la obra de Kircher.[11] En 1670 publicó la obra del holandés Olfert Dapper, quien como Kircher, tampoco estuvo nunca en China, pero escribió Gedenkwaerdig bedryf der Nederlandsche Oost-Indische Maetschappye, op de kusteen in het Keizerrijk van Taising of Sina, basándose también en distintas informaciones, y con un importante número de ilustraciones.

A la izquierda: Frontispicio de la obra de Olfert Dapper. A la derecha: Ilustración de un templo según la obra de Olfert Dapper.

A la izquierda: frontispicio de la obra de Olfert Dapper. A la derecha: ilustración de un templo según la obra de Olfert Dapper.

Las obras ilustradas sobre China de Johan Niuehof, Athanasius Kircher y Olfert Dapper tuvieron una tremenda influencia en la generación de modelos visuales sobre China a finales del siglo XVII, siendo la principal fuente de muchas de las imágenes tópicas que se elaborarán en Europa en los siglos posteriores. Los grabados de estas obras serán la principal fuente visual de información sobre China hasta las acuarelas de William Alexander, ya de finales del siglo XVIII.[12]

A partir de estos libros y sus ilustraciones, junto con las noticias sobre este lejano país y los lujosos productos que llegaban a Europa, se originó en muchas cortes europeas una nueva moda fundamentada en la influencia de las culturas orientales, denominada chinoiserie, y que se basa en la producción europea de objetos artísticos imitando e idealizando características concretas del arte de Extremo Oriente, cuyo principal referente será China, pero en la que también tendrán una notable presencia otras culturas asiáticas.

Ejemplo de traslación de modelos de los grabados a otras artes: a la izquierda: ilustración de acróbatas chinos según la obra de Johan Nieuhof; a la derecha: placa cerámica, Países Bajos, c. 1680.

Ejemplo de traslación de modelos de los grabados a otras artes: a la izquierda: ilustración de acróbatas chinos según la obra de Johan Nieuhof; a la derecha: placa cerámica, Países Bajos, c. 1680.

Para saber más:

  • Gil, Juan. La India y el Catay. Textos de la antigüedad clásica y del medievo occidental. Madrid, Alianza editorial; VV.AA., Viajes y crónicas de China en los Siglos de Oro. Córdoba, Almuzara, 2009.
  • Honour, HughChinoiserie: the vision of Cathay. Londres, John Murray, 1973
  • Ruíz, Ana, Sorroche, Miguel Ángel (eds.). La ruta de la seda. Camino de caminos. Granada, Universidad de Granada, 2013.

Notas:

[1] Periodo histórico entre los siglos XIII y XIV, cuando el Imperio Mongol es expandió por el continente asiático, propiciando un clima de estabilidad social que facilitó los intercambios comerciales entre Extremo Oriente y Europa a través de la Ruta de la seda.

[2] Jacobson, Dawn, Chinoiserie, Londres, Phaidon, 2007, p. 15.

[3] Cabezas, Antonio, El siglo ibérico de Japón: la presencia hispano-portuguesa en Japón (1543-1643), Valladolid, Universidad de Valladolid, 1995, p. 25.

[4] Ronan, Charles y Oh, Bonnie (eds.), East meets West: The Jesuits in China, 1582-1773, Chicago, Loyola University Press, 1988.

[5] Escolar, Hipólito, Manual de historia del libro, Madrid, Gredos, 2000, pp. 254-280.

[6] De Santos, Francisco, Imágenes de China, Madrid, Museo Nacional de Antropología, 1997, p. 14.

[7] Walsh, Ryan, Johann Nieuhof’s Cathay: Aspects of Inventing a Travelogue in Early Modern Europe, tesis doctoral dirigida por Kees Boterbloem, Florida, University of South Florida, 2011, pp. 7-8.

[8] Van Eegen, Isabella, “Arnoldus Montanus’s book on Japan”, Quarendo, nº4, vol. 2, pp. 250-272.

[9] Godwin, Joscelyn, Athanasius Kircher. La búsqueda del saber de la antigüedad, Madrid, Swan, S.L. Avantos & Hakeldama, 1986, pp. 33-36.

[10] Ibídem., p. 29.

[11] Van Eegen, Isabella, “Arnoldus Montanus’s…, op. cit.

[12] De Santos, Francisco, Imágenes de China, op. cit., p. 14.

avatar Alejandro Sanz Guillén (4 Posts)

Graduado en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. Actualmente estudia en la misma Universidad el Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte y un diploma de Especialización en Estudios Japoneses.


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