Revista Ecos de Asia

Once mil leguas de México a Japón: el increíble viaje de Francisco Díaz Covarrubias y la Comisión Astronómica Mexicana II

Artículo escrito en colaboración con Marisa Peiró.

Tal y como adelantábamos en una entrega anterior, tanto el viaje de la Comisión Astronómica Mexicana a Japón (encabezado por Francisco Díaz Covarrubias y relatado tanto por él como por Francisco Bulnes) y su relato, sobrepasaron sus finalidades científicas y literarias originales, para desembocar en toda una serie de consecuencias diplomáticas y económicas para el país.[1]

En sus escritos, Díaz Covarrubias exponía sus ideas, según las cuales las relaciones diplomáticas con China y Japón se debían de iniciar de inmediato, con el fin de controlar la fuga de plata mexicana[2]y mejorar las exportaciones entre ambos lados del Pacífico. [3]

Otra razón de peso en el inicio de estas relaciones diplomáticas se debía a la necesidad de recurrir a mano de obra asiática, con lo que México se sumaba a una creciente corriente internacional que abogaba por el empleo de trabajadores chinos, denominados genéricamente coolies, los cuales constituían la principal fuerza de trabajo con la que se sustituía al trabajo esclavista, prohibido en México desde 1810, y que sería especialmente relevante en las misiones de repoblación e intentos de industrialización de regiones poco pobladas del país, como lo eran numerosos estados y territorios del norte.[4]

Muchos culíes trabajaron en zonas mineras del sur de Estados Unidos y de buena parte de México.

Muchos culíes trabajaron en zonas mineras del sur de Estados Unidos y de buena parte de México.

Respecto a esta cuestión, Díaz Covarrubias nos deja ver su preferencia por el pueblo japonés frente al chino, ya que según comenta, a tenor de las colonias de chinos que había observado en San Francisco o el propio Japón, los súbditos del Celeste Imperio emigrados no se sabían amoldar a las costumbres extranjeras, mientras que los japoneses, con una actitud diametralmente opuesta, siempre se mostraban “ávidos por instruirse de la civilización europea.”

“No podría insistir yo bastante en señalar las diferencias características de ambos pueblos que, muy poco conocidos en mi país, se confunden por lo común, atribuyéndoseles la misma índole y el mismo espíritu de rutina. Pero lejos de tener el chino analogía alguna con el japonés, ofrece por el contrario en muchísimos rasgos un positivo contraste con el carácter de éste. Los japoneses en efecto son casi siempre afables, corteses, valientes, pundorosos y muy dóciles de aceptar todo género de cultura; mientras que entre los chinos raras veces se encuentran cualidades semejantes. (…) aquéllas se encontrarán comprobadas si se examina la conducta que observan las colonias asiáticas en las naciones en que se hallan establecidas, y aun las simples aglomeraciones de individuos de esta raza en lugares sujetos a la autoridad de otro pueblo. Así, por ejemplo, en San Francisco de California los chinos han estado varias veces a punto de ser expulsados del territorio americano por sus demasías; y en el puerto de Hong Kong sólo pueden las autoridades inglesas contener algo sus desmanes prohibiéndoles que anden por las calles a ciertas horas de la noche, y haciendo arrestar a los contraventores. No existen en verdad hasta hoy en otros países colonias o reuniones de japoneses tan numerosas como las chinas; pero en la gran cantidad de ellas que se hallan en los Estados Unidos y en las principales capitales de Europa, lejos de dar motivos de queja, se hacen notables por su moderación y por su deseo de instruirse.”[5]

El contexto emergente de las naciones japonesa y mexicana, unido al buen hacer de Díaz Covarrubias en el País del Sol Naciente, marcó el inicio de las relaciones diplomáticas entre México y Japón, quienes en 1888 firmaron un tratado de Amistad, Comercio y Navegación,[6] el primero entre Japón y Latinoamérica, y el primero entre México y un país asiático.[7]

El tratado supuso un hito en las relaciones internacionales, ya que México contribuyó no sólo al fortalecimiento de la soberanía japonesa, sino al nuevo derecho internacional, el cual se apoyaba en principios de igualdad, reciprocidad y respeto de la soberanía de los dos países. Este tratado fue el más importante de los celebrados entre México y Japón, finalizando en el año 1925, al que con el pasar de los años se fueron añadiendo muchos otros, centrados en cuestiones culturales, comerciales o migratorias.

Enomoto Takeaki, fundador de la primera colonia japonesa en Chiapas.

Enomoto Takeaki, fundador de la primera colonia japonesa en Chiapas.

Poco más tarde de los contactos diplomáticos iniciales, daría también comienzo la inmigración controlada hacia México desde el archipiélago nipón, que se asentaría dentro de diferentes puntos de la República Mexicana.[8] Inmediatamente después, se generalizaría la inmigración masiva de trabajadores asiáticos, no cualificados pero de alta competitividad, debido a sus bajos salarios, y a la sobrepoblación que amenazaba importantes zonas de China y Japón y que provocó la mayor diáspora histórica de población asiática.

La firma de un tratado con China sería tardía, lo que provocó que el gobierno dejara en manos de compañías extranjeras el transporte e instalación de los inmigrantes chinos. En diciembre de 1899 se firmó el primer tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre México y China. Debido a queJapón había logrado con México el primero de sus tratados “no desiguales”,[9]  el estado chino concibió la posibilidad de obtener uno similar, algo que finalmente no sucedió debido a la  inestabilidad que atravesaba el Celeste Imperio a consecuencia del movimiento Bóxer, firmándose finalmente un acuerdo en el que México salía notablemente favorecido. En 1946 se ratificaría un nuevo tratado que vendría a sustituir el de 1899, prolongando la relación transpacífica durante el siglo XX.[10]

La prohibición de la inmigración china en Estados Unidos hizo que México se hiciera uno de los destinos principales de las trabajadores chinos; esto se vio especialmente en zonas de haciendas, de minas, pero también en lugares fronterizos como Tijiana o Mexicali (en la foto).

La prohibición de la inmigración china en Estados Unidos hizo que México se hiciera uno de los destinos principales de las trabajadores chinos; esto se vio especialmente en zonas de haciendas, de minas, pero también en lugares fronterizos como Tijiana o Mexicali (en la foto).

Aunque, por norma general, los trabajadores japoneses estaban mejor considerados que los chinos, muchos tuvieron destinos y ocupaciones similares: así, trabajaron en haciendas azucareras y cafeteras de estados como Oaxaca y Veracruz, minas en la zona norte del país, construcción de las principales líneas de ferrocarril a lo largo de todo México y, en general, toda una serie de empleos de gran demanda cuyos ámbitos fueron ampliándose con el tiempo.

Grupo de habitantes japoneses de la Roma, en la Ciudad de México (c. 1940).

Grupo de habitantes japoneses de la Roma, en la Ciudad de México (c. 1940).

La presencia de trabajadores chinos en México llegaría a ser tal que acabarían por originarse toda una serie de conflictos y enfrentamientos que se prolongarían a lo largo de las décadas,[11] provocando las pertinentes reclamaciones por parte del gobierno chino, así como una serie de medidas encaminadas a restringir la inmigración china. En cuanto a la población japonesa, ésta no sufriría análogas restricciones hasta la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando se dio la concentración forzosa de japoneses en la zona centro del país, mediante la cual todo japonés –naturalizado o no mexicano- debía abandonar las cosas y zonas fronterizas del país por temas de seguridad y espionaje relacionados con las potencias del eje.[12]

Tal y como sucedió con otras comunidades nikkei, los japoneses de México crearon escuelas y publicaciones propias.

Tal y como sucedió con otras comunidades nikkei, los japoneses de México crearon escuelas y publicaciones propias.

En las décadas centrales del s. XX proliferarían los "cafés chinos" en muchas de las grandes ciudades de México.

En las décadas centrales del s. XX proliferarían los “cafés chinos” en muchas de las grandes ciudades de México.

En definitiva, hemos podido comprobar como una expedición que tenía como fin un particular hecho científico resultó ser tremendamente importante para el desarrollo de las relaciones diplomáticas, comerciales y demográficas entre el México moderno y el Extremo Oriente lo que, en las décadas sucesivas y hasta el momento presente, desembocaría en multitud de intercambios culturales y personales de todo tipo.

Para saber más:

  • Allen, Christine. “The Mexican expedition to observe the 8 December 1874 transit of Venus in Japan”, en KURTZ, D.W. (ed.), Transits of Venus: New Views of the Solar System and Galaxy, Proceedings of IAU Colloquium, 196, Cambridge, Cambridge University Press, 2004.pp.  111-123.
  • Connelly, Marisela.China – América Latina: génesis y desarrollo de sus relaciones. Ciudad de México, El Colegio de México, 1992.
  • Dorantes, M. G., Las relaciones de México con los países del Extremo Oriente, Ciudad deMéxico, Universidad Nacional Autónoma de México, 1970.
  • Figueroa Barkow, Patricia. El movimiento antichino en México de 1916 a 1935. Un caso de “racismo económico”, Tesis de Licenciatura de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1976.
  • OtaMishima, María Elena. (coord.), Destino México. Un estudio de las migraciones asiáticas a México, siglos xix y xx, Ciudad de México, El Colegio de México, 1997.

[1] Para más información sobre la expedición y su trascendencia, véase Allen, Christine. “TheMexicanexpeditionto observe the 8 December 1874 transit of Venus in Japan”, en  Kurtz, D.W.  (ed.), Transits of Venus: New Views of the Solar System and Galaxy, Proceedings of IAU Colloquium, v. 196, Cambridge, Cambridge University Press, 2004, pp.  111-123.

[2] Desde la desaparición del Galeón de Manila, y hasta el establecimiento de tratados de libre comercio, la mayoría las exportaciones de plata mexicana hacia el este de Asia, así como a la venta de productos chinos en la República Mexicana, recayeron en manos del contrabando. Para más información, véase McMaster, John. “Aventuras asiáticas del peso mexicano”, Historia Mexicana, v. 8, n° 3, enero-marzo de 1959, pp. 372-399.

[3] “La moneda mexicana que, conserva allí aún tal prestigio que ni el tradedollar de los anglo-americanos ha podido destruirlo, (….) va a consumirse en último resultado a Asia. Para ello sigue actualmente el camino más largo recorriendo un trayecto superior a siete mil leguas, y dejando al paso en muchas manos parte de su valor; mientras que enviando por nosotros al Asia, no  tendrá que recorrer más que un camino de dos mil leguas, sin perder parte de su valor que hoy deja en poder del comercio europeo. (…) de esta manera obtendríamos en cambio de nuestra plata artículos muy apreciables de la industria asiática, o aun los de la industria europea… no podrá negarse que bajo cualquier aspecto que se considere la cuestión, nuestras relaciones directas con el Asia deben ser altamente provechosas para México que después de su independencia ha sido exclusivamente tributario de la Europa.” Diego, Hugo.  Viaje al Japón. Francisco Díaz Covarrubias, México. D.F. Educación y Cultura, 2008, pp. 247-248.

[4] El estado mexicano se había propuesto la colonización de las regiones despobladas del país, con vistas a implantar modernas técnicas de producción que sustituyeran a la economía tradicional. Previamente, se había desechado la instalación de inmigrantes europeos en las denominadas zonas de “tierra caliente”, debido a su insalubridad y dureza del medio, de ahí que el gobierno se decantara por la inmigración asiática.

[5] Diego, Hugo.  Viaje al Japón. Francisco Díaz … op. cit. pp. 221-222.

[6] A pesar de que existieron relaciones comerciales con carácter habitual desde que en 1821 el recientemente independizado México expidiera el Decreto de Libre Comercio, gracias al cual embarcaciones de cualquier nacionalidad y procedencia podrían realizar intercambios en los puertos mexicanos, no fue hasta después del viaje de Díaz Covarrubias cuando comenzaron las relaciones diplomáticas entre México y el Extremo Oriente.

[7] A partir de 1853 se inicia la apertura de Japón y la firma de tratados con Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Holanda y Rusia. El Shogunato, que había gobernado Japón durante toda la etapa de aislamiento en el conocido como periodo Edo (1616-1868), tras una grave crisis interna entregó el poder al emperador Mutsuhito, inaugurando la era Meiji y la época moderna de Japón (1868-1912).

[8] Para más información sobre la inmigración japonesa en México véase Palacios, H., “Japón y México: el inicio de sus relaciones y la inmigración japonesa durante el Porfiriato”, en Análisis, mayo – agosto, Ciudad de México, 2012, pp. 105-140; OtaMishima, María  Elena. Siete migraciones japonesas en México: 1890- 1978, Ciudad de México, El Colegio de México, 1982; OtaMishima, María Elena (coord.), Destino México. Un estudio de las migraciones asiáticas a México, siglos xix y xx, Ciudad de México, El Colegio de México, 1997, pp. 11-18 y 55-121.

[9] Como Tratados Desiguales se conoce a la calidad de condiciones en que fueron firmados numerosos tratados a finales del siglo XIX y comienzos del XX, entre distintos países asiáticos, especialmente el Japón de los Tokugawa y la China Qing, y las distintas potencias occidentales, las cuales recurrieron a presiones militares y económicas con el fin de obtener condiciones muy ventajosas en los intercambios comerciales.

[10] Sobre las relaciones entre México y China, véase Valdés Lakowsky, Vera. Vinculaciones sino-mexicanas : albores y testimonios 1874-1899. Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1981,  Pardinas, F  “Relaciones diplomáticas entre México y China, 1898-1948,” en Archivo histórico diplomático mexicano, v. 9, Ciudad de México, Secretaría de Relaciones Exteriores, 1982 o Connelly, Marisela. China – América Latina: génesis y desarrollo de sus relaciones. Ciudad de México, El Colegio de México, 1992.

[11] Aunque ya existía desde antes, el periodo de la Revolución Mexicana y los años que le siguieron fueron la etapa más cruenta para la población asiática del país. La población de origen chino, concentrada en los estados del norte del país –como Sinaloa,  Coahuila, Chihuahua o Baja California– sufrió durante el periodo de 1911-1934 los envites de numerosos políticos populistas y asociaciones anti-chinas, entre los que sobresale la conocida como matanza de Torreón, en la que parte del ejército maderista asesinó a más de 300 sino-mexicanos del lugar. El tema de la sinofobia en el México de principios de siglo XX ha recibido numerosos estudios, entre los que destacan: Martínez, Ernesto. BorderChinese : MakingSpace and ForgingIdentity in Mexicali, Mexico. Tesis Doctoral de la Universidad de Harvard, 2008; OtaMishima, María Elena. Destino México : un estudio de las migraciones asiáticas a México, siglos XIX y XX. Ciudad de México, El Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y África, 1997 y Cinco Basurto, M. G.La expulsión de chinos de los años treinta y la repatriación de chino mexicanos de 1960. Tesis de Maestría de El Colegio de México, 2009 o Figueroa Barkow, Patricia.El movimiento antichino en México de 1916 a 1935. Un caso de “racismo económico”, Tesis de Licenciatura de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1976.

[12] Para más información, véase Peddie, Francies. “Una presencia incómoda: la colonia japonesa de México durante la segunda guerra mundial”, Estudios de historia moderna y contemporánea de México, 2006, n° 32, pp. 73-101.

avatar David Lacasta (60 Posts)

Soy Licenciado en Historia del Arte y actualmente estoy cursando el máster en estudios avanzados, en la modalidad de Asia Oriental. Estoy trabajando en la cerámica Satsuma, y el fenómeno de su coleccionismo en occidente.También me interesa mucho todo lo relacionado con las armas y armaduras de los samurai, así como la historia militar de Japón.


One Comment

  1. Cristina Fernandez
    03/10/2017
    avatar

    Hola, que tal buenas tardes.

    Me llamo Cristina Fernández, soy ex alumna de Relaciones Internacionales de la Universidad Iberoamericana.

    Les escribo porque actualmente estoy escribiendo un artículo sobre la relación Mexico-Japón, el como llegaron los japoneses a Mexico y especialmente la llegada del sushi a México y su influencia en la gastronomía del país. Es un artículo que será parte del libro que está sacando un grupo restaurantero (de restaurantes japoneses) como parte de su aniversario de 10 años. Aunque no es un articulo académico, me estoy basando en fuentes muy especificas, ya que varios ejemplares se pondrán a al venta. Pero se me ha dificultado enormemente encontrar buena información, y mucho más fotos.
    Vi sus artículos en internet y me parecieron extraordinarios. En primer lugar quería felicitarlos, y en segundo preguntarles por las fotos. Me podrían proporcionar la información de con quien tengo que acudir para poder publicarlas? a quien se le tiene que pedir los permisos, etc? Serían de gran ayuda para poder seguir dando a conocer en México la historia de la increíble comunidad japonesa en nuestro país. Se los agradecería en el alma.
    Quedo a la espera de su amable respuesta
    Muchas gracias

    Saludos

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