Revista Ecos de Asia

Oscars 2022: las dos caras del cine documental

Tras introducir a los candidatos y detenernos en uno de los triunfadores de la noche, retomamos ahora el análisis de los premios Oscar volviendo nuestra mirada a los largometrajes de género documental. A primera vista, se trata de una categoría que normalmente tiene tan poco interés para el público general como los Oscars a aspectos técnicos (esos en los que arrasó Dune este año), pero en la presente edición pasarán a la historia. Su relevancia no se debe al ganador de la velada, que no fue otro que Summer of Soul (…o, cuando la revolución no pudo ser televisada) de Questlove, el líder de la banda The Roots, que acompaña cada noche a Jimmy Fallon en The Tonight Show, y también conocido por haber creado la mixtape del musical Hamilton, de Lin-Manuel Miranda. Muy al contrario, la notoriedad de los documentales este año se debe a que, instantes antes de anunciar esta categoría, se produjo la famosa bofetada de Will Smith a Chris Rock.

Polémicas a parte, nos detendremos hoy en los dos documentales asiáticos que optaban a la estatuilla y que ofrecen interpretaciones opuestas del género. Por un lado, Escribiendo con fuego (2021)[1] es una película empoderadora que, a pesar de tratar temas como el sexismo y la represión de la libertad de prensa, transmite al espectador un espíritu optimista y esperanzador. En la otra cara de la moneda encontramos Ascension (2021),[2] que supone una desoladora descripción de la economía china, ahondando en el consumismo y la ética laboral del gigante asiático.

Carteles de las dos películas asiáticas que optaban al Oscar a mejor documental.

Escribiendo con fuego: periodismo feminista en la India

El documental de la BBC Writing with Fire (o Escribiendo con fuego en castellano) presenta un formato convencional para el género: los protagonistas son personas reales que hablan directamente a la cámara, sin intervención del entrevistador, y las aclaraciones necesarias proceden de breves especificaciones textuales, aportando datos de interés para el espectador.

Cartel promocional de Escribiendo con fuego.

La acción se localiza eminentemente en la región de Uttar Pradesh, al norte de la India, donde seguimos a un grupo de mujeres pertenecientes al más bajo estrato social, la casta de los intocables (Dalits), que en 2002 decidieron fundar su propio periódico, el Kabar Lahariya (“Olas de noticias”). Su determinación en la lucha contra los prejuicios y la doble discriminación que sufren (por casta y por sexo) ha creado un auténtico tsunami mediático sin precedentes en el subcontinente. El documental fue rodado entre 2016 y 2019, y se centra en la expansión digital del periódico, las dificultades tecnológicas que esto entraña y las consecuencias, tanto negativas como positivas, de esta mayor exposición. La adaptación al mundo digital conlleva también una serie de inconvenientes, pues algunas de las muchachas nunca han utilizado un teléfono móvil, por lo que necesitan clases básicas para comprender su funcionamiento y las letras en inglés; además, no siempre tienen electricidad en sus casas para poder cargar los móviles, con los que luego graban entrevistas que comparten en su canal de Youtube, de cuyo enorme crecimiento somos testigos.

Una de estas mujeres es Meera Devi, reportera jefe del periódico, quien nos muestra la dificultad de la conciliación laboral y familiar, pero también el enorme poder de sus ideales, pues considera el periodismo como la vía democrática para que los ciudadanos reclamen sus derechos, y una forma efectiva de lograr el cambio. Meera se casó con catorce años, dando a luz a su hija mayor cuando todavía estaba en el instituto; logró seguir con sus estudios, obteniendo un máster en Ciencias Políticas y un grado en Educación, desafiando la negativa de su familia a dedicarse al periodismo. Su propio marido, Shivbaran, no confía en que su periódico pueda sobrevivir ante la competitividad existente en los medios de comunicación.

Suneeta Prajapati es otra reportera del periódico que va ganando protagonismo a lo largo del documental, hasta el punto de participar en conferencias internacionales. Sin embargo, a pesar de su buena labor profesional, cuando regresa a casa, todo el peso de la realidad en la que vive cae sobre ella cuando debe enfrentarse a su padre, quien desaprueba su profesión y solo espera que se case.

Suneeta, en cuclillas, sujeta su móvil mientras cubre una noticia.

Tal vez la historia personal más dramática sea la de la tímida Shyamkali Devi: víctima de violencia doméstica, su marido le robaba dinero y la maltrataba, consiguió denunciarlo y salir adelante con sus hijos. Es capaz de valorar la importancia de la educación, puesto que ella no la tiene y esto le supone una barrera a la hora de adaptarse a la tecnología, un nuevo requerimiento de su trabajo.

Estas tres mujeres, así como el resto del equipo del periódico, recorren la región informando sobre las injusticias sociales, convirtiéndose en un auténtico agente del cambio, pues gracias a sus denuncias consiguen resolver algunos de estos problemas: ya sea arreglar una carretera en malas condiciones, o arrestar al culpable de una violación. El tema de la violencia contra las mujeres, especialmente aquellas que pertenecen a la más baja casta social, resulta clave a lo largo de todo el documental, y muchas de las noticias de Kabar Lahariya giran en torno a ello. Las periodistas se enfrentarán a pueblos enteros, que buscan silenciar estos hechos, a la pasividad e incompetencia de la policía y el gobierno, incluso a las mafias. Todo ello pone de manifiesto la peligrosidad de su profesión en un país como la India, donde cuarenta periodistas han muerto desde el año 2014.

Shyamkali entrevistando a una víctima de violación.

Otro tema clave que cubren estas reporteras es el de las elecciones en Uttar Pradesh en 2017, y las elecciones nacionales de 2019. En ambos casos asistimos al creciente peso de la religión en la política, cómo la India va camino de convertirse en una nación hindú, y los peligros que esta tendencia puede entrañar, tanto para las otras religiones minoritarias, como para las periodistas que se atreven a desafiar el orden establecido.

Meera, informando sobre las elecciones.

Estas mujeres dan una auténtica lección de periodismo y resiliencia, mostrando cómo un pequeño medio local, puede generar un gran cambio y afectar de forma positiva la vida de las personas.

Ascension: la China del consumismo devorador

Menos optimista es el otro documental del que nos ocupamos hoy: Ascension, dirigido por Jessica Kingdon, que explora el mundo laboral en China y las consecuencias de su expansión económica. La película no tiene un guion claramente definido y no cuenta con entrevistas, sino que se nos muestran diversas escenas grabadas en mercados, fábricas y empresas, muchas veces sin sonido alguno y sin solución de continuidad. El título del filme proviene de un poema homónimo escrito por Zheng Ze, bisabuelo de la cineasta, del cual se insertan unos fragmentos al principio y al final de la película, dándole una estructura encuadrada.

Cartel promocional de Ascension.

En primer lugar, se nos muestra unas escenas rodadas en un mercado, donde se ofrece trabajo, transmitiendo la filosofía del “Sueño Chino”: que si trabajas duro, tus sueños se harán realidad. Esta idea contrasta con el trabajo en las fábricas, mecánico e hipnótico, que supone un comentario crítico sobre la producción en masa.

Fotograma de la película que muestra a las trabajadoras de una fábrica elaborando juguetes sexuales.

Se nos muestra a continuación la importancia que tiene en el mundo laboral chino la fidelidad del trabajador a su empresa: recitando juramentos y aplaudiendo al unísono a sus jefes, como si fueran ídolos o figuras de estado.

El documental comenta después el impacto del consumismo y las nuevas tecnologías, mostrándonos la labor de algunos influencers. Otros trabajos poco convencionales cuyo proceso de formación aparece reflejado en el documental, son los guardaespaldas y los mayordomos, ámbitos en los que el trabajador debe someterse completamente a la voluntad del cliente.

Vemos también la masificación del ocio en China gracias a unas escenas rodadas en el acuapark Chengdu Global Center, donde cientos de personas compiten por un mínimo espacio armados con enormes flotadores rosas, generando en el espectador una sensación casi claustrofóbica gracias al plano cenital.

Imagen del documental.

En las siguientes escenas se habla de las relaciones comerciales entre China y Estados Unidos, robotización y el potencial de crecimiento económico del gigante asiático. Sin embargo, esta prosperidad contrasta con la situación de algunos trabajadores, como el jardinero de un hotel de lujo que arranca las malas hierbas con sus propias manos mientras una influencer se hace fotos quejándose del calor que hace.

La relación entre las ideas no está para nada clara, y los argumentos que quiere transmitir la cineasta tampoco. La película es un ejercicio de deducciones, que exige un enorme esfuerzo al espectador para hilar las inconexas escenas y extraer alguna reflexión de las mismas, ante la ausencia total de comentarios o explicaciones.

Conclusiones

Las dos películas aquí analizadas muestran el enorme poder del género documental para mostrar historias reales sin el filtro de la ficción, puesto que este tipo de producciones tienen la capacidad de generar un impacto mayor en el espectador y remover las conciencias.

Ambos tratan temas de peso (el papel de la mujer en la India, por un lado, y la situación laboral de China, por otro), pero toman enfoques muy diferentes: el primero es más tradicional, articulado a través de entrevistas a los protagonistas, quienes relatan su historia en primera persona, introduciendo algo de texto explicativo, en momentos puntuales, que sirve para clarificar la información, de forma que el espectador sabe en todo momento cuál es el hilo argumental de la historia. En cambio, el segundo funciona a través de la yuxtaposición de escenas, caracterizándose por la ausencia total de argumento, de forma que el espectador debe deducir, a través de las imágenes y el escaso sonido, lo que se nos muestra. Si bien esta forma resulta mucho más directa, lo cierto es que requiere un trabajo por parte del espectador para reconstruir el argumento, y a veces resulta complicado encontrar el sentido a ciertos pasajes.

Con todo, a pesar de sus diferentes estilos, orígenes y temáticas, los dos documentales nos ofrecen un interesante panorama de las posibilidades del género, y el hecho de que hayan sido reconocidos con nominaciones a los premios Oscar atestigua su relevancia a nivel internacional.

Notas:

[1] Escribiendo con fuego / Writing with Fire (2021). Duración: 93 min. País: India. Dirección: Sushmit Ghosh, Rintu Thomas. Guion: Rintu Thomas, Sushmit Ghosh. Música: Tajdar Junaid. Fotografía: Sushmit Ghosh, Karan Thapliyal. Reparto: Documental, intervenciones de: Suneeta Prajapati, Meera Devi, Shyamkali Devi. Productora: Black Ticket Films.

[2] Ascension (2021). Duración: 97 min. País: China. Dirección: Jessica Kingdon. Música: Dan Deacon. Fotografía: Jessica Kingdon, Nathan Truesdell. Productora. Mouth Numbing Spicy Crab, XTR. Distribuidora: MTV Documentary Films.

avatar Laura Martínez (168 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte de la misma, con especialización en Cine. Actualmente realiza estudios de Doctorado en la Universidad de La Rioja.


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