Revista Ecos de Asia

Information

This article was written on 11 Feb 2014, and is filled under Cine y TV.

Current post is tagged

, , ,

Rang de Basanti: sobre cine, juventud, historia y los usos de ésta.

La joven Sue McKinley posee una singular herencia familiar, que ansía adaptar en forma de película. Se trata del diario de su abuelo, oficial del ejército en la India colonial, quien sirvió en la prisión en la que un importante grupo de revolucionarios indios fueron, a finales de los años 20, encerrados, torturados, y, finalmente, llevados a ejecución. Se trata de Bhagat Singh, Chandrashekhar Azad, Ramprasad Bismil, Ashfaqullah Khan, Rajguru y Durgawati Devi, quienes opusieron (frente al pacifismo de Ghandi) resistencia violenta al dominio británico, luchando por la independencia de la India y por la justicia social.

Sue, implicada al máximo con su proyecto (tras años de esforzado estudio, se maneja con gran fluidez en hindi), decide viajar a la India a rodar la película sin apenas financiación, ante el rechazo a su guión por parte de la productora donde trabaja: el motivo alegado es el escaso gancho comercial del tema. En Occidente, la gente conoce a Ghandi y punto. Los ‘revolucionarios del abuelo’, no importa su relevancia, tienen nombres largos y complejos, y no interesan a los europeos (aunque, a priori, veremos que no sólo a ellos). Una producción así sería un fracaso.

Pero Sue cuenta con una incondicional amiga en Nueva Delhi, Sonia, quien organiza de inmediato un casting de actores en su Universidad para la película de aquélla. Sin embargo, los resultados son desastrosos: ningún candidato posee el más mínimo talento para la interpretación.

Sue ante el material que ha ido recopilando como guía para rodar su film.

Sue ante el material que ha ido recopilando como guía para rodar su film.

Aun así, Sue pronto recobra el optimismo junto al círculo de amigos de Sonia. Universitarios despreocupados e inmaduros, siempre ausentes de las aulas y amantes de la diversión, la reciben con gran calidez y la introducen de modo trepidante a la India más actual, a la que (les) importa: la que sabe irse de marcha, imitar a la juventud occidental y vivir de espaldas a los problemas políticos y sociales. Pero, a la vez, la recién llegada también es vista con sorpresa por el grupo. Una extranjera que lo ha dejado todo por venirse a una India de la que ellos reniegan, y para rodar una película sobre… ¿quiénes, perdón?

Pero Sue tiene sus propios planes. Sus nuevos amigos le parecen los candidatos perfectos para encarnar a los revolucionarios de su film. Sin embargo, los jóvenes indios se muestran reticentes a participar en él. ¿El argumento, el sacrificio por la patria? Ridículo y estéril. ¿El guión, basado en las declaraciones idealistas y poéticas de los personajes? De vergüenza ajena, rancio, teatral. Una historia sobre unos carcas que perdieron su vida tontamente en un tiempo que a nadie importa. El país nunca ha tenido solución ni la tendrá, y oponerse a la realidad es perder el tiempo.

Laxman recita el poema patriótico Sarfaroshi ki Tamanna, de Ram Prasad Bismil, a quien encarnará.

Laxman recita el poema patriótico Sarfaroshi ki Tamanna, de Ram Prasad Bismil, a quien encarnará.

El único capaz de interpretar con pasión parece, en un principio, el ultranacionalista Laxman, antagonista de la pandilla, pero en quien Sue logra descubrir gran potencial. Resulta triste que en la India de 2006, los únicos que saben valorar a sus héroes son una extranjera, británica para más inri (¿sentimiento de culpa que busca ser expiado generaciones después?), y el militante de un partido de ultraderecha.

Sea como fuere, por simpatía hacia Sue, el rodaje avanza. En ello adquiere importancia el interés de Daljeet, alias ‘DJ’, líder de la pandilla. Bala perdida que se niega a dejar la Universidad por miedo a perder su estatus de tipo cool y alma de la fiesta, tras su frivolidad se esconde, sin embargo, un joven noble y valiente, que pasará de la atracción física por la inglesa a albergar sentimientos mucho más fuertes… y correspondidos.

Bromitas iniciales, flechazo: la subtrama romántica comienza.

Bromitas iniciales, flechazo: la subtrama romántica comienza.

También resulta importante para encarrilar a los improvisados actores la lealtad de Sonia, que encarna a la joven india moderna, autónoma y con carácter. Ésta mantiene una feliz relación con Ajad, piloto de las fuerzas aéreas, y contrapunto al resto de alocados jóvenes: aplicado y patriota, buen hijo, novio y amigo, buen ‘todo’, antes de marcharse de servicio por algún tiempo, pide en matrimonio a Sonia. El sí de ésta da paso a una larga escena con balada romántica incluida que es quizá uno de los momentos más bollywoodienses del film en cuanto a cucharadas de kitsch por segundo. Sin embargo, en general, la banda sonora destaca por su gancho, aunque también por su voluntad de fusionar elementos occidentales e indios, rock y ritmos del Punjab.

Por fin, también colabora en meter en vereda a los demás el dulce Aslam, musulmán fiel a sus amigos por encima de todo; pese a la desaprobación de su religiosa familia.

Aslam simboliza la aún a veces difícil integración de la minoría musulmana india.

Aslam simboliza la aún a veces difícil integración de la minoría musulmana india.

Pero volvamos al grano. Rang de Basanti hasta ahora había ido discurriendo como una simpática comedia, algo tontorrona para el paladar europeo, aunque con voluntad de dirigirse a él mediante la occidentalización de sus personajes, estética y música. Los únicos momentos de seriedad parecen las escenas intercaladas que provienen del film rodado por Sue. Éstas narran el martirio de los revolucionarios, agrupados en la Asociación Republicana de Hindustán, tras su encarcelación por el asalto al tren de Kakori (1925), realizado con el fin de obtener oro con el que financiar sus actividades; el asesinato de John Saunders (1928), oficial británico, en venganza por la muerte del venerado activista Lala Lajpat Rai a manos de las fuerzas coloniales mientras participaba en una manifestación pacífica; y también por el lanzamiento de dos bombas (sólo hubo que lamentar heridos) en la Asamblea Legislativa Central (1929), al grito de ¡Inquilab Zindabad! (‘¡Larga vida a la Revolución!’).

Pero la historia está condenada a repetirse, parece decírsenos en Rang de Basanti. Para cuando termina el rodaje, los amigos de Sue, conmovidos por el aciago final de la historia (y de sus personajes), manifiestan su desengaño acerca de su país, y tachan el sacrificio de Baghat Singh y compañía de estéril con un nuevo talante. Esta vez se trata de un nihilismo informado y amargo, no carente de respeto. ¿De qué valieron sus muertes? ¿Es la India actual el país que ellos quisieron?

Y es en este momento cuando ficción y realidad, pasado y presente, se fusionan. La repentina muerte de Ajad, prometido de Sonia e íntimo del grupo, impulsa a la joven pandilla a la maduración definitiva a través del dolor. Y de la mano de ésta llega la conciencia social, y la toma de las riendas. El accidente aéreo en que fallece Ajad fue causado por fallos mecánicos en su aparato. Pronto se descubre el uso de modelos defectuosos en las fuerzas aéreas indias, adquiridos por el Gobierno indio al ruso a un coste ínfimo, y a sabiendas del riesgo que entrañaban para los pilotos. La responsabilidad de la tragedia recae en el Ministerio Indio de Defensa, que se ve envuelto en un escándalo de acusaciones y acorralado por miles de voces que piden la dimisión del Ministro.

La respuesta del Ministerio es la represión violenta. Cuando nuestros protagonistas lideran una manifestación pacífica con velas para homenajear a los pilotos fallecidos y exigir responsabilidades políticas, cae sobre ellos una violenta carga policial, una ‘lahti charge’, como se les conoce en India.

Prensa y estudiosos han sugerido que el aumento de manifestaciones pacíficas y activismo social en la India de los últimos años podría obedecer, en parte, a la influencia de Rang de Basanti en la juventud india.

Prensa y estudiosos han sugerido que el aumento de manifestaciones pacíficas y activismo social en la India de los últimos años podría obedecer, en parte, a la influencia de Rang de Basanti en la juventud india.

Tras las represalias todos han de lamentar secuelas, pero la madre del malogrado Ajad cae en coma a raíz de las heridas sufridas. Esta segunda pérdida radicaliza a los amigos: la estrategia pacífica no sirve. Hay que hacer algo más para conseguir denunciar el régimen corrupto y abusivo en el que vive el país. ¿Y cuál es la vía a seguir, bebiendo de las fuentes históricas que han tenido tan cerca durante el rodaje de la reciente película de Sue? La violencia, el ojo por ojo. La vida del Ministro de Defensa está de más.

Desde el momento en el que se planea un asesinato político, la vuelta atrás no es posible. El deseo último, sin embargo, no es la sangre por la sangre, sino llamar a la población a un despertar colectivo. De ahí que sea necesario entregarse una vez cometido el asesinato del Ministro. Así, el grupo secuestra una emisora de radio, y, ante los oídos de todo el país, se revelarán como los perpetradores del crimen. Pero también señalarán sus motivaciones, denunciando la corrupción generalizada del régimen político indio, e instando a la ciudadanía, especialmente a la juventud, a que actúe para cambiar el país desde dentro. La India, como todo país, no es perfecta: se debe trabajar para hacerla perfecta.

El final de Rang de Basanti, sabiendo que el destino de estos jóvenes y el del grupo de revolucionarios de los años 20 corren paralelos, es previsible. Aun les diré más: el título traducido de la película es ‘Píntame de amarillo / de color azafrán’, que, en la India, simboliza el sacrificio. Así, el uso del color en las escenas del film que corresponden al largometraje rodado por Sue traduce y explicita su carácter hagiográfico: es la narración de la vida de unos mártires, aunque en este caso no por la religión, sino por la patria… por una patria, además, en la que las religiones pueden convivir.

Ramprasad Bismil (izqda.) y Ashfaqullah Khan (dcha.). Ambos revolucionarios, aunque devotos hindú y musulmán respectivamente, compartieron una gran amistad y un objetivo: lograr una India libre.

Ramprasad Bismil (izqda.) y Ashfaqullah Khan (dcha.). Ambos revolucionarios, aunque devotos hindú y musulmán respectivamente, compartieron una gran amistad y un objetivo: lograr una India libre.

Sin duda alguna, Rang de Basanti es una película compleja y multidimensional. Pensada para entretener, retrata convincentemente a la juventud privilegiada y occidentalizada del norte de la India, que puede permitirse gozar de una adolescencia eterna. A ese retrato responden los dos tercios del film, que discurren, como ya se ha indicado, en un plácido tono cómico. También por su vocación de entretenimiento, la película es sin duda un producto. Su banda sonora, según se estila en Bollywood, ya era bien conocida meses antes del estreno, por obra y gracia de una efectiva campaña publicitaria. Su reparto está poblado de estrellas (Siddharth o, en especial, Aamir Khan, quien interpreta, sin importarle sus cuarentaitantos, al indomable veinteañero ‘DJ’). Y Rang de Basanti fue concebida, como decimos, con voluntad de hablar a las audiencias no sólo de India, sino también de Europa, y presentada para optar a los BAFTA (recibió una nominación) y a los Oscar.

Sin embargo, su carácter de superproducción no es en menoscabo de otras virtudes. Si bien al rodar Rang de Basanti se optó por un lenguaje cinematográfico moderno, ‘videoclipero’, con numerosos chistes bobalicones y un guión que a menudo deja notar sus costuras, también hay elementos más originales a valorar. Se trata, por ejemplo, de la interrelación constante entre historia y pasado, recurso que a su vez presta fuerza a las intenciones didácticas del film, y a su voluntad de funcionar como éxito de taquilla, pero también como impulsor de un cambio social.

En esta película eminentemente hecha para un público joven se ofrece al espectador indio una serie de personajes con los que puede identificarse fácilmente, por su falta de complejidad apriorística. Pero también se ofrece una historia de maduración, en la que se anima al espectador a elegir su propio tránsito hacia la plena adultez sin, por ello, tener que resignarse al anonimato y la mediocridad. En Rang de Basanti, en resumen, se ofrece hacer historia, se ofrece una versión precocinada (aunque radical) de la conciencia social, una loa al idealismo, un final lacrimógeno, una manipulación en cierto modo escandalosamente obvia, pero ciertamente efectiva, de los sentimientos y expectativas de la audiencia. Y una evolución drástica y algo increíble en el caso de los personajes. Aunque todos estos rasgos se pueden encontrar fácilmente en decenas de ejemplos procedentes del cine comercial occidental: el simplismo no es patrimonio, señores, del cine indio.

Ciertamente (como, desgraciadamente, bien sabía Goebbels), la propaganda es más efectiva cuanto más breves, simples y repetitivos sean sus eslóganes. Si el director de Rang de Basanti hubiera decidido desarrollar las vidas y el rico ideario político de Bhagat Singh y sus compañeros de la Asociación Republicana de Hindustán en toda su complejidad, habría logrado un fidedigno y serio documental de la BBC, pero no un taquillazo de Bollywood; que era, en definitiva, lo buscado.

Así, el propio largometraje decide, como reza su título, ‘pintarse de sacrificio’ en dos sentidos: en primer lugar, simplificando el material y legado intelectual  de los personajes históricos con los que trabaja. En segundo lugar, realizando una dudosa legitimación de la violencia como recurso político, aunque sea (como se señala) en condiciones extremas, y siendo conscientes de que se trata de algo erróneo e, incluso, pecaminoso. Pero, sin duda, el recurso a ella supone la peligrosa validación de un precedente.

Protesta celebrada en la ‘India Gate’ de Nueva Delhi (tal como en Rang de Basanti), demandando un juicio justo contra los culpables del asesinato de la joven Jesica Lall. 2006.

Protesta celebrada en la ‘India Gate’ de Nueva Delhi (tal como en Rang de Basanti), demandando un juicio justo contra los culpables del asesinato de la joven Jesica Lall. 2006.

No obstante, Rang de Basanti es meritoria de elogios por su efectividad: logró el éxito comercial, pero también encender la chispa del cambio social, creando un Rang de Basanti effect (sí, la expresión existe), por el que amplias capas de la juventud india han desarrollado espíritu crítico y adquirido mayor grado de implicación ciudadana y política a raíz de su visionado (con mayor debate político en blogs, celebración de iniciativas ciudadanas colectivas de protesta social, etcétera). Así, a pesar de sus errores, la película queda justificada como necesaria en la propia India. Pero también plantea interesantes reflexiones al espectador extranjero. Por un lado, aun con las citadas reservas, puede servir a encender su espíritu rebelde. Por otro, Gandhi no fue ni mucho menos el único indio con suficiente coraje para desafiar a la opresión. Pero desgraciadamente la posición que los jefes de Sue describen es la verdadera: es el único rebelde político indio que en Occidente ‘nos suena’. En cambio, un admirable grupo de revolucionarios e intelectuales nos son descubiertos en Rang de Basanti, que así, de algún modo, enmienda su pátina de occidentalismo. La India ha aprendido mucho de Occidente (¿tenía margen de elección, al fin y al cabo?), pero éste también puede aprender mucho de la India. Quien les escribe, intrigada y deseosa de saber más de ‘esos revolucionarios que no son Gandhi’ desde que vio la película de la que hoy les he hablado, puede corroborarlo.

Para saber más:

  • Ficha de Rang de Basanti en IMDB y Filmaffinity y tráiler de ésta en Youtube.
  • Mehta, Ritesh, ‘Flash Activism: How a Bollywood Film Catalyzed Civic Justice toward a Murder Trial’, Transformative Works and Cultures, 10 (2012).
  • Wani, Aarti, ‘Uses of History: A Case of Two Films’, Film International, 5:1 (2007), pp. 73-78.
avatar Claudia Sanjuan (15 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Máster en Nineteenth Century-Studies por el King's College de Londres. El fin del XIX, los estudios de género y la historia cultural figuran entre sus mayores intereses. Actualmente, reside en Viena.


Share

2 Comments

  1. Saintles Dracan
    27/08/2018
    avatar

    Me gustan las películas de la India y su cine, pero en especial las actuadas por Aamir Khan, y su fuerte crítica como en 3 Idiots, o en Taare Zameen Par y es que esta película la estaba buscando desde hace años y recién hoy tuve oportunidad de ver Rang de Basanti y buscando información sobre la película y los personajes histórico relatados en la película, fue que me tope con tu análisis, que por cierto fue muy bueno, en la pelicula tratan un tema político y social que se vive en muchos países con gobiernos corruptos y como dice en la película se debería poner en fila a todos los funcionarios corruptos y fusilarlos a todos.

  2. Ruben M
    20/01/2019
    avatar

    Esta película tiene mucho implicancia para la juventud, tarde o temprano se madura a la buenas o las malas. Los muchachos de la película tuvieron una maduración de las malas, como le pasa a muchos en todo el mundo, pero es merito enorme que ellos al final exigen el compromiso de los demás para cambiar las cosas, ya que ellos no tendrán vuelta atrás ni perdón por del sistema. No se, pero Bollywood le deja lejos a Hollywood en estas cosas.

Deja un comentario