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This article was written on 27 Oct 2016, and is filled under Crítica, Cultura Visual.

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Reseña: “La chica de los cigarrillos”

Portada de La chica de los cigarrillos, editado por Gallo Nero

Portada de La chica de los cigarrillos, editado por Gallo Nero

La editorial Gallo Nero vuelve a sumergirse en el mundo del manga para traernos esta novedad, en lo que esperamos se convierta en una práctica habitual, en lugar de excepcionales incursiones, dentro del catálogo de la editorial. En esta ocasión, y con una fecha de lanzamiento más que oportuno vista la proximidad del Salón del Manga de Barcelona (y el estímulo consumista que ello implica), han publicado La chica de los cigarrillos, una colección de historias cortas creadas por Masahiko Matsumoto.

Tokio, 1974. Una colección de personajes comunes, en ocasiones casi hasta anodinos, vagan por las calles de la gran urbe tratando de encontrar su lugar en la vida. Protagonizan aventuras que no son tales, sino más bien un devenir casi errático y carente de sentido.

Con un estilo de dibujo completamente atípico, más próximo al underground americano que al manga o, incluso, al propio estilo del gekiga en el que se inserta, cada una de las historias que se presentan en este volumen ofrece una mirada sobre un momento que se mantiene en equilibrio entre lo trascendental y lo insustancial en las vidas de los protagonistas, dentro de una sociedad que parece marcada por una cierta apatía.

Masahiko Matsumto lleva a cabo, a lo largo de once historias (El novio de Nakiko Tsurumaki, El callejón de la tabaquería, Una fiesta lejana, Shinjuku en flor, El sabor del café, La chica de los cigarrillos, Deslizarse suavemente, Señorita Felicidad, Los zapatos rojos, El beso carmesí y Hacia alguna parte), una radiografía de la sociedad japonesa, centrando el foco en un punto muy concreto y definido: una juventud criada en una mezcla entre la tradición y la modernidad, que acusa los problemas de incompatibilidad de ambas culturas, especialmente en los asuntos que se refieren al amor y al matrimonio. Es frecuente encontrar a lo largo de este volumen historias de amor truncadas, casuales, triunfantes o indiferentes, todas ellas caracterizadas por una contención en las pasiones.

Y sin embargo, a pesar del tono fundamentalmente pesimista, los relatos destilan un humor resignado, más bien una fina ironía, que ameniza los distintos relatos e, incluso, desdramatiza y quita hierro a los desenlaces y desarrollos más amargos. Así, ahonda en esa indiferencia vital al reforzar mediante la sonrisa la idea de que estas historias “son cosas que pasan”, situaciones contra las que no se puede luchar, en las que no queda otro remedio que resignarse y seguir adelante.

Su autor, Masahiko Matsumoto, formó parte de los creadores que desarrollaron la corriente del gekiga, en torno a mediados del siglo XX. Se trataba de un movimiento, con similitudes estéticas y conceptuales con el underground americano, que pretendía desligar las viñetas del público infantil, ofreciendo obras para un público adulto, cargadas en ocasiones de un fuerte contenido erótico, de gran crudeza dramática o de violencia, cuya estética se alejaba de los dibujos infantiles y aniñados, de rasgos suaves y formas redondeadas.

A diferencia de otras obras de tono similar, La chica de los cigarrillos es una lectura amena, incluso divertida, ya que el tratamiento que recibe el drama permite percibir el conjunto como un compendio de mala suerte no exento de hilaridad, más que como una inevitabilidad trágica. En la contraportada de la edición, la cita seleccionada pertenece a Yoshihiro Tatsumi (posiblemente, la figura más destacada dentro del gekiga) y resume perfectamente la esencia de estos relatos:

Lo que tenía Matsumoto era la capacidad de utilizar en sus historias cierta ingenuidad sutil y humorística, sobre todo cuando dibujaba la vida de gente ordinaria, para resaltar su encanto.

Volviendo a leer su obra después de treinta años, su pathos se transforma en algo brillante y claro.

Solo nos queda esperar que Gallo Nero se reafirme en esta tónica y siga ofreciendo títulos alternativos que, si bien pueden suponer una decisión arriesgada por lo rompedor de sus propuestas, vienen a cubrir una necesidad para todos aquellos amantes de las buenas viñetas.

avatar Carolina Plou Anadón (167 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, prepara una tesis doctoral sobre fotografía japonesa. Autora del libro “Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón”.


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