Revista Ecos de Asia

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This article was written on 08 May 2019, and is filled under Crítica, Cultura Visual.

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Reseña de la exposición: “Éxodos. Fotografías de Sebastião Salgado”

En la histórica Casa del Almirante de Tudela (Navarra), durante los meses de abril y mayo, todos aquellos que lo deseen pueden disfrutar, de manera completamente gratuita, de la propuesta expositiva de uno de los fotógrafos más célebres y afamados del siglo XXI, Éxodos, de Sebastião Salgado.[1] De la mano de la Fundación María Forcada, llega a Tudela la adaptación de uno de los proyectos más renombrados del fotógrafo (a medio camino entre lo artístico y lo humanitario), que apareció hace ya muchos años en forma de libro.

Entrada de la exposición, con el texto de la comisaria.

En esta ocasión, a lo largo de los diferentes espacios del palacio renacentista se dividen los diferentes ámbitos en los que el premiado fotógrafo brasileño dividió una de sus óperas magnas. Tomadas a lo largo de cuatro continentes y durante el paso de varias décadas, desgraciadamente, los éxodos que Salgado relata en su fotografía siguen de rabiosa actualidad. Tal como relata Lélia Wanick Salgado, comisaria de la exposición y esposa del artista:

Es casi una generación desde que se exhibieron estas fotografías por primera vez, pero de muchas maneras el mundo que retrata ha cambiado poco desde que la pobreza, los desastres naturales, la violencia y la guerra continúan forzando a millones de personas a abandonar sus hogares cada año. (…) Los migrantes y refugiados de hoy pueden ser producto de nuevas crisis, pero la desesperación y los destellos de esperanza escritos en sus rostros son poco diferentes de los que se registran en estas imágenes.[2]

La exposición relata, a lo largo de grandes e impactantes fotografías en blanco y negro, los diferentes éxodos y migraciones de la sociedad contemporánea, a través de cinco ámbitos: tres de ellos están dedicados a diferentes continentes, cada uno de los cuales es presentado como bajo un mismo signo (por ejemplo, uno de los apartados es “América Latina, un caos urbanístico”), pero existen también dos apartados transversales (dedicados, respectivamente, a los migrantes y refugiados y a los retratos), que presentan conflictos y desigualdades a lo largo de todo el grupo. La mayoría de estas fotografías fueron tomadas hace más de veinte años, por los que algunas de las situaciones presentadas han quedado, desgraciadamente, muy atrás en la memoria y pueden ser desconocidas para los visitantes más jóvenes.

Así pues, en el primer apartado de la exposición, junto a fotografías de migrantes y refugiados mexicanos, rusos y yugoslavos encontramos representaciones de los conflictos del momento, como el destrozado Afganistán talibán, las víctimas de la guerra entre Irán e Irak o los migrantes vietnamitas embarcados en la playa de Vung Tau y, más tarde, confinados en el campo de detención de Whitehead, en Hong Kong, o en la isla de Galang en Indonesia. Otros de los conflictos y víctimas representados, como los refugiados kurdos, o los jóvenes en exclusión social palestinos siguen, desgraciadamente, de rabiosa actualidad.

Algunos de los niños representados cobran un mayor protagonismo en el apartado dedicado a los retratos, en el que posan orgullosamente en un contexto deshumanizado, con miradas que van desde la ternura hasta la profunda tristeza e incomprensión.

Mucho más optimista, aunque tampoco eufemística, es la sección dedicada al continente asiático,[3] que se presenta bajo el epígrafe de “la nueva cara del mundo urbanizado”. En ella, Salgado aprovecha sus fotografías para retratar las cada vez más grandes e industriales megaciudades asiáticas (un fenómeno emergente hace veinte años, y decididamente peligroso hoy en día), y para presentar escenas de ciudades como Shanghái, Yakarta, Ciudad Ho Chi Minh o Estambul, donde lo tradicional contrasta con la apabullante y aplastante modernidad occidental. Salgado aprovecha esta dicotomía para profundizar en el retrato del contraste y la desigualdad, cada vez más preocupante debido a la urbanización e industrialización casi forzada que se ha dado en muchos países asiáticos. Una buena muestra podría ser una fotografía del poblado chabolista de Mahim, junto a Bombay, en la que unos lugareños caminan sobre la cañería que lleva agua potable a los sectores pudientes de la ciudad.

El fotógrafo aprovecha esta poética de la contradicción y la contrariedad para presentar escenas curiosas, como aquellas que muestran a algunos de los miembros del Frente de Liberación Islámico, en el sur de Filipinas, tranquilos pero armados. Es precisamente esta construcción lírica y poética de la desgracia el rasgo más destacado de la obra de Salgado (además de su granulado pictorialista y de sus grandes fotografías en blanco y negro), algo que le ha generado tantos amantes como detractores (entre los que figura la célebre Susan Sontag) pero que, sin duda, hace de su figura un fotógrafo sin igual dentro del ámbito del foto-reportaje y de la fotografía social. Seguramente, la atrevida, pero elegante, declaración de intenciones estéticas elegida por Salgado otorgue un cierto aire de inmortalidad y trascendentalidad a sus obras. O quizás, casi veinticinco años más tarde, sus fotografías continúen resultándonos impactantes y sobrecogedoras porque, al fin y al cabo, los seres humanos seguimos siendo responsables de las mismas desgracias y miserias.

Precisamente por eso, y para que la fotografía de Salgado, como las historias que esta nos presenta, ocupe un justo lugar en la memoria, recomendamos encarecidamente el visionado de la exposición, o, al menos, el adentrarse en la obra del que sin duda es uno de los fotógrafos con más personalidad de los últimos tiempos.

Notas:

[1] Sebastião Salgado, nacido hace 75 años en Brasil, es uno de los fotógrafos y fotorreporteros actuales más valorados. Ha realizado reportajes fotográficos en más de cien países y ha trabajado para algunas de las más prestigiosas agencias, como la agencia Gamma y la Magnum Photos (fundada en 1947 por reporteros de la talla de Robert Capa y Henri Cartier-Bresson), antes de fundar su propia agencia, Amazonas Imágenes, en 1994. En el año 2014 incursionó en el mundo del cine, mediante el largometraje La sal de la tierra, dirigido por Wim Wenders.

[2] Lélia Wanick Salgado en el folleto de la exposición, editado por Fundación María Forcada, Tudela Cultura y Gobierno de Navarra.

[3] En este, Salgado incluye países como Egipto y Turquía, siendo especialmente importantes sus vistas de El Cairo y Estambul.

avatar Marisa Peiró Márquez (133 Posts)

Marisa Peiró Márquez (marisapeiro@ecosdeasia.com) es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. En esta misma universidad se licenció en Historia del Arte y realizó el Máster en Estudios Avanzados de Historia del Arte, así como el Diploma de Especialización en Estudios Japoneses. Se especializa en el Arte y la Cultura Audiovisual de la primera mitad del s. XX, y en las relaciones artísticas interculturales, especialmente entre Asia y América Latina (fue becaria del Gobierno de México), con especial interés en el Sudeste Asiático y en Oceanía.


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