Revista Ecos de Asia

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This article was written on 29 Mar 2018, and is filled under Crítica, Literatura.

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Reseña: “Nubes flotantes” (2018), de Hayashi Fumiko

Fotografía de la autora durante sus últimos años.

De la mano de la Editorial Satori ha llegado recientemente al mercado, Nubes flotantes (1951), la obra más célebre de Hayashi Fumiko –de quien ya publicaron Memorias de una vagabunda-, considerada una de las mejores escritoras japonesas de todos los tiempos, además de una de las más escandalosas.[1] La novela es, en realidad, el laureado canto de cisne de la autora, que murió apenas unos meses después de publicarla y que gozó de un gran éxito en el Japón de post-guerra, además de haber sido exitosamente llevada al cine en 1955 por Mikio Naruse. Como en muchos otros casos, en la edición de Satori la obra ha sido traducida directamente del japonés y se acompaña de un estupendo prólogo en que se introducen los principales aspectos del libro y de su autora.

Portada de la edición de Satori

Nubes flotantes relata la historia de Yukiko Koda, una joven mecanógrafa que se aventura a opositar para una plaza del Ministerio en la Indochina ocupada, y de su relación con un oficial menor al cargo, Tomioka, prácticamente idílica en el Sudeste asiático y clandestina y vergonzante de vuelta a Japón. Como en muchas otras historias de esta autora, Fumiko nos presenta a una mujer libre (o más bien, liberada), que debe hacer frente no solo a las múltiples adversidades que sufren las mujeres audaces y libres de espíritu, sino también a las dificultades y desventuras de la clase trabajadora, todavía más importantes en tiempos de guerra. La historia da comienzo en 1945, cuando, acabada la contienda, la protagonista es repatriada al Japón devastado, tan sola como se marchó, pero con la certeza que las cosas ahora van a ser mucho peores; alberga, al menos, la esperanza, de encontrar a su amado Tomioka, con la expectativa de que este cumpla su promesa de dejar a su mujer e iniciar una nueva vida con ella. Pero, como en toda buena historia naturalista, los hechos seguirán un desarrollo completamente diferente.

Uno de los fotogramas de la versión fílmica, con los dos protagonistas en Japón.

A partir de diversos flashbacks, Yukiko recordará su estancia en Da Lat, al norte del actual Vietnam, en un tranquilo y anodino trabajo para el Gobierno Japonés, que desde un primer momento le parecerá un lugar exótico e idílico, especialmente cuando, al ser la única japonesa del lugar, se convierta, por primera vez en su vida, en la protagonista de todas las miradas, pero, en especial, del huidizo pero dominante Tomioka, con el que entablará una relación, y del peculiar Kano, que enloquecerá ante el rechazo. Precisamente, el tono de admiración con el que se habla de los días en la Indochina, y la indulgencia con respecto al Colonialismo (tanto japonés como francés, nación a la que la autora trata con especial veneración) han sido algunos de los aspectos más criticados de la novela. Estos saltos en el tiempo se combinan magistralmente con el relato en el presente, en el que nos encontramos un Tokio devastado por las bombas en el que los americanos campan a sus anchas y en el que los japoneses –muchos de ellos, sin casas, sin empleos y/o sin familia- sobreviven como pueden, intentando abrir pequeños negocios o probando suerte en el mercado negro.

Una de las idílicas escenas del de la historia ambientadas en Indochina.

Si hay algo del libro que sorprenda desde el primer momento es su gran diferencia con respecto a otros muchos escritos japoneses femeninos, que suelen adolecer de un lirismo impostado y una subjetividad construida a partir de la desvinculación de la realidad y del yo. Aquí no nos encontraremos nada de eso, sino una narración natural, directa, sin autocensuras (no por ello cayendo en el morbo), de una brutal franqueza que, a pesar de su tono melancólico, en ningún momento resulta lacrimógena. Apabulla leer la naturalidad con la que la protagonista –quizás, al menos en parte, construida a partir de la experiencia autobiográfica de la autora- relata que se marcha a colaborar con la causa bélica para huir de las constantes violaciones de un pariente, o como empeña sus únicas posesiones para poder seguir permitiéndose noches de pasión con su amado Tomioka –un hombre casado que, además, engaña a ambas con otras mujeres-, que acaban a menudo en la discusión y el llanto.

Viñeta del cómic Baby-san, de Bill Hume.

La autora no solo resulta excelente trazando el retrato de esta mujer, natural y desilusionada –como seguramente lo era ella-, sino que todavía más compleja resulta la construcción del principal personaje masculino, cada vez menos lineal conforme va avanzando la novela. Sin saber si el desasosiego de los protagonistas de la novela fue el de la propia autora, sí que podemos aventurar que fue el de muchos de los japoneses que sobrevivieron a la Guerra pero que no fueron ajenos a sus efectos. Muchos de ellos, como los protagonistas de la novela, cayeron en un alcoholismo feroz a base de shôchû –un orujo de sake muy popular en la postguerra, de pésima elaboración y que llegó a dejar ciegas a muchas personas-, como única forma de litigar sus pesares; otros muchos, como las muchachas con la que en alguna ocasión de cruza la protagonista, solo vieron posibilidades de futuro en amoldarse a la ocupación americana, aunque eso implique convertirse en una pan pan girl,[2] como la que aparecía en el famoso cómic Baby-san. En definitiva, se trata de un retrato desesperanzado, pero realista, que nos muestra el día a día de muchos que, como Yukiko y como Fumiko, tuvieron la suerte –o la desgracia- de sobrevivir a la Guerra.

El Japón devastado es otro de los principales protagonistas e la obra.

Quizás, la única pega que puede ponerse a esta obra es que, como suele ser habitual, a lo largo del texto se despliegan toda una serie de referencias contextuales a canciones (como Ringo no uta, “La canción de la manzana”, de la que también nos habla Kayoko Tatagi en el prólogo) y a actrices del momento, por lo que, quizás para un mejor disfrute de la novela, haga falta echar mano del móvil o del ordenador para comprenderla por completo. Pero esto, lejos de ser un hándicap, el completar la experiencia de la lectura con la escucha de las canciones del momento puede enriquecerla mucho más, siendo capaces de trasladarnos más fácilmente de aquel Imperio Japonés en expansión y ocupación de latitudes -a sus ojos- mucho más “exóticas” al Japón empobrecido, herido y resignado de los años más tristes de la postguerra. En definitiva, Nubes flotantes es, a todas luces, una experiencia más que recomendable: ligera pero profunda, natural pero trascendente, Satori acierta de nuevo en sus propuestas para esta temporada.

 

Notas:

[1] No solo por sus múltiples –y maltratadores- amantes sino también por sus coqueteos con el Feminismo, el Comunismo, y por su posterior implicación con el Gobierno Imperial Japonés.

[2] Término con el que se designó a toda una serie de mujeres que se convirtieron en prostitutas / acompañantes / novias ocasionales de los americanos ocupantes. En muchos casos, vestían y se arreglaban “a la americana”, además de utilizar muchas frases y expresiones en inglés, por lo que eran fácilmente identificables.

avatar Marisa Peiró Márquez (113 Posts)

Marisa Peiró Márquez (marisapeiro@ecosdeasia.com) es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. En esta misma universidad se licenció en Historia del Arte y realizó el Máster en Estudios Avanzados de Historia del Arte, así como el Diploma de Especialización en Estudios Japoneses. Se especializa en el Arte y la Cultura Audiovisual de la primera mitad del s. XX, y en las relaciones artísticas interculturales, especialmente entre Asia y América Latina (fue becaria del Gobierno de México), con especial interés en el Sudeste Asiático y en Oceanía.


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