Revista Ecos de Asia

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This article was written on 22 Nov 2019, and is filled under Actualidad Cultural, Historia y Pensamiento.

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Reseña – Tsuba, guardianas de la vida y arte de los samuráis

El día 20 de noviembre se celebró en el Salón de Actos del Museo de Zaragoza el evento Tsuba: Guardianas de la vida y arte de los samuráis, una conferencia y demostración sobre guardas de sables japoneses a cargo de Ôkawa Chikô, decimoctava generación de la escuela Edo Itô especializada en la creación de tsuba desde el periodo Edo (1603/1615-1868). Este evento, pionero en toda Europa, ha sido organizado por Marcos Sala Ivars, doctor por la Universidad Complutense de Madrid y máximo experto en tsuba en España, en colaboración con la Japan Foundation, la Asociación Española para la Preservación de la Espada Japonesa y Tradiciones Antiguas (SNTKK) y la empresa Viajar a Japón. Este ciclo de conferencias se inauguró con gran éxito en el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid el pasado 15 de noviembre, pasando luego al Museo Armería de Álava y llegando finalmente a Zaragoza, donde también disfrutó de una afluencia de público considerable.

Cartel del evento en Zaragoza.

La primera parte del evento consistió en la exhibición de una serie de tsuba fabricadas por el propio señor Ôkawa, varias de ellas ganadoras de diversas distinciones. La mayor parte de ellas estaban fabricadas en acero japonés o tamahagane, aunque la llamada Fudô-Myô estaba forjada en acero de damasco y algunas otras en aleaciones con cobre, combinado con metales nobles como el oro y la plata; las temáticas eran muy variadas, desde motivos vegetales como las hierbas de otoño de la tsuba Musashino, hasta animales como el lobo intentando comerse la luna de la Gekka Garô o los gorriones de la Suzume ni Kakashi, pasando por motivos caligráficos como la decorada con los ideogramas de buen augurio y larga vida de la Kikka no Kotobuki, así como otros de gran contenido simbólico, como la Ebisu-sama to Daikoku-sama musumoyô en la que el pez representa al dios de la buena suerte Ebisu. No podía faltar, por supuesto, la tsuba que el maestro Ôkawa le dedicó al doctor Marcos, la Marukosu Sala, adornada con los kanji que conforman su nombre.

Exposición de tsuba fabricadas por el señor Ôkawa.

También de especial interés fue observar las herramientas de trabajo del maestro, fabricadas a mano y especializadas en crear los intrincados diseños que decoraban las tsuba expuestas.

Herramientas del maestro Ôkawa.

Seguidamente, el evento se inauguró con las palabras de recepción de Isidro Aguilera, director del Museo de Zaragoza, así como de los profesores del Departamento de Historia del Arte especializados en arte japonés David Almazán y Elena Barlés, quienes reafirmaron la conexión y el compromiso que tiene la capital aragonesa con el arte del País del Sol Naciente.

El profesor David Almazán durante la recepción.

Esta calurosa bienvenida dio paso a la segunda parte del evento, un breve pero intenso ciclo de conferencias sobre el sable japonés, dedicado especialmente a su montura. La primera charla, Vestir un sable japonés, corrió a cargo de Antonio Clemente, licenciado en historia del arte por la UNED y presidente de la SNTKK, quien ofreció una visión general de las distintas partes que componen el koshirae o “vestimenta” de la katana, la tsuka o pomo, la saya o vaina y, por supuesto, la tsuba, elementos intercambiables que permitían adaptar la katana a la vida del samurái, ya fuera como guerrero o como noble. Destacó el valor del nihontô o sable japonés como arte puro, ya que es fruto del esfuerzo de varios artistas especializados en campos muy concretos, lo que actualmente lo ha alejado de su faceta de arma de guerra y lo ha acercado a la de obra de arte. Enseñó saya de gran belleza, unas profusamente decoradas con refinados diseños de oro maki-e o con polvo espolvoreado nashiji, algunas recubiertas en su totalidad con rugosa piel de raya, mientras que otras presentaban un aspecto austero y elegante con la laca negra sin adornar, un estilo típico del periodo Edo en el que el férreo control de la dinastía Tokugawa regía incluso la decoración de las armas, prohibiendo su excesiva ostentación. Algunas tipologías carecían de tsuba, los llamados aikuchi koshirae, mientras que el conjunto daishô koshirae, conformado por la espada corta shôtô y la larga daitô, se decoraba con diseños y motivos iconográficos similares, formando un todo. Cerró la conferencia con la imagen de una tsuba de su colección privada, datada en el turbulento periodo Momoyama (1573-1615), en la que todavía eran visibles las muescas provocadas al introducir la katana.

Antonio Clemente (derecha) durante su intervención, acompañado del doctor Marcos Sala (centro) y del maestro Ôkawa (izquierda). En la imagen de la izquierda hay un detalle de las tsuka, en la de la derecha las aikuchi koshirae.

La segunda conferencia fue impartida por el doctor Marcos Sala, licenciado en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, miembro del Grupo de Investigación Asia asociado a la misma universidad y secretario de la SNTKK. En su conferencia, titulada Tsuba: la joya que guarda al samurái, presentó al público un raudo pero exhaustivo recorrido por la historia de la tsuba. Empezó por las espadas japonesas de influencia coreana del periodo Kofun (c. 300-552), en el que la tsuba carecía de importancia y tenía forma de puño cerrado y, posteriormente, de huevo, llamadas por ello tamago gata; durante los periodos Asuka (538-710) y Nara (710-794), hasta el periodo Heian (794-1185/1192), cobraron importancia las kazari tachi, espadas decorativas en los que la saya estaba profusamente decorada con metales nobles y piedras preciosas, dando lugar a excelentes obras joyeras aunque de limitada utilidad. No fue hasta el apogeo de los samuráis durante los periodo Muromachi (1333-1573) y Momoyama (1573-1615) cuando la tsuba cobró importancia. En un principio eran creadas por forjadores, armeros o fabricantes de espejos como un trabajo complementario a su actividad profesional, siendo en el siglo XV cuando los orfebres decidieron dedicarse a este arte. Tras la pacificación de Japón en el periodo Edo, esta tradición ha pervivido hasta nuestros días, y a pesar de que muchas de ellas nunca llegan a formar parte del conjunto que es la katana, mantienen su función como un elemento robusto que protege las manos del samurái. La segunda parte de esta excelente intervención tuvo como protagonista la tsuba, un elemento complejo a pesar de su reducido tamaño. Consta de un anverso y un reverso, omote y ura, que en la mayoría de los casos permiten al artista dar distintas visiones de una misma escena: por ejemplo, a un lado la cabeza del dragón, al otro lado su cola; a un lado el mono subido a un árbol, al otro el cangrejo que lo amenaza desde el suelo. Sus formas pueden ser muy diversas, incluyendo algunas de difícil clasificación por su peculiaridad como las kawari gata, aunque todas ellas disponen de tres orificios: la abertura triangular central en la que se encaja la hoja, una abertura ovalada a su izquierda donde se encaja una kogatana o katana de menor tamaño, y una abertura generalmente trilobulada a la derecha donde se encaja el accesorio para el pelo o kôgai.

Marcos Sala durante su intervención: hablando sobre la evolución histórica de la tsuba (izquierda) y sobre su morfología (derecha).

La última charla fue impartida por el invitado estrella de la tarde, el maestro Ôkawa. Empezó con una breve explicación de la trayectoria histórica de la escuela a la que pertenece, la Edo Itô, en un principio asociada a los daimyô del clan Hôjô durante el periodo de reinado de Toyotomi Hideyoshi (1537-1598) que posteriormente pasó a fabricar las tsuba del clan Tokugawa a partir de su segunda generación, Tokugawa Hidetada (1579-1632), y cuya línea de maestros artesanos ha seguido ininterrumpida hasta nuestros días. Explicó que su pasión por las tsuba le viene desde niño, cuando se dedicaba a admirar las monturas de los nihontô que tenía en casa de su familia. Tras acabar sus estudios ingresó en una compañía de orfebrería, pero nunca olvidó su fascinación por la guarda del sable japonés, lo que le llevó a estudiar bajo la tutela de grandes maestros, como la duodécima generación de la escuela, Itô Masahiro, o el Tesoro Nacional Viviente, Umetani Yûmi, llegando a formar parte de la escuela bajo el nombre de Itô Masami. Durante su intervención se comentó que la colección del Museo de Zaragoza albergaba una tsuba fabricada por la segunda generación de su escuela, Itô Masatsune, lo que había permitido un emotivo rencuentro a través del espacio y del tiempo entre la segunda y la decimoctava generación de la Edo Itô. El broche de oro del evento fue la demostración en directo de algunas de las técnicas aplicadas en las tsuba expuestas. Primero talló en la tsuba de ejemplo un motivo, que luego pasó a decorar con láminas de plata, utilizando para ello buriles o tagane de bambú, hueso y hierro; por último, decoró otra tsuba con un motivo de huevas de pez, pequeños circulitos repartidos por toda la superficie, que se consiguen golpeando pacientemente el tagane con un martillito.

El maestro Ôkawa durante su intervención (izquierda) y durante la demostración (derecha), con el doctor Marcos sujetando el portátil para que todos los presentes pudiéramos disfrutar de la labor del señor Ôkawa.

En conclusión, el Museo de Zaragoza y la ciudad aragonesa pueden sentirse orgullosos de haber formado parte del evento Tsuba: Guardianas de la vida y arte de los samuráis, un acontecimiento pionero en España y en Europa en el que se ha tenido el lujo de contar con el maestro en arte japonés Ôkawa Chikô y expertos del ámbito nacional como Antonio Clemente y Marcos Sala, que han compartido con el público asistente sus vastos conocimientos de manera amena y rigurosa. No podemos menos que esperar que sea el primero de muchos otros que ayuden a reforzar los lazos entre España y Japón y, por supuesto, también entre las universidades e instituciones participantes.

avatar Claudia Bonillo (37 Posts)

Nació en Zaragoza el 29 de diciembre de 1993. En su época de instituto vio sus primeros mangas y animes, lo que la llevó a interesarse por Japón. Acabó la carrera de Ingeniería Informática en 2016, tras lo que cursó el Diploma de Especialización en Estudios Japoneses y el Máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza, especializándose en historia japonesa. Actualmente es estudiante de doctorado en la misma universidad.


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One Comment

  1. Marcos Sala
    22/11/2019
    avatar

    Fantástico Claudia! Un análisis exhaustivo y una reseña memorable! Muchísimas gracias por acudir y cubrir este evento 🙂

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