Revista Ecos de Asia

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This article was written on 22 Jul 2015, and is filled under Cine y TV, Literatura.

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SEDA: Una historia de amor entre las palabras y las imágenes

Seda es una experiencia romántica a tres bandas, y no solo porque narre un triángulo amoroso intercultural, sino porque la reciente edición ilustrada de Edelvives Contempla ha convertido este drama en una obra de arte con tres soportes: el literario, el fílmico y el plástico.

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Portada en una bella edición de la novela Seda, de Alessandro Baricco.

El argumento es simple y de reminiscencias puccinianas, pues nos cuenta la historia de Hervé Joncour, un joven francés del siglo XIX que abandona la carrera militar (en contra de los deseos de su padre) para embarcarse en una aventura comercial tan arriesgada como sugerente: viajar a los confines del mundo para encontrar huevos de gusano con los que elaborar la preciada seda. Ante una plaga que destruye esta materia prima, y que se extiende por toda Europa, Hervé deberá viajar primero a Egipto y más tarde a Japón en busca de tan valiosa mercancía, dejando en Francia a su dulce y amorosa esposa. Durante sus estancias en el país del Sol Naciente, nuestro protagonista se verá atrapado por los encantos de una muchacha oriental, cuyo nombre desconocemos, pero que bien podríamos calificar de Madama Butterfly, siempre esperando el regreso de su Pinkerton francés[1].

Con esta simple línea argumental sobre el viajero francés enamorado de una bella japonesa, Alessandro Baricco construyó lo que se ha convertido ya en un auténtico clásico, publicado por primera vez en 1996 bajo el título de Seda. La obra de este autor turinés se caracteriza por su extensión breve y un estilo que combina la delicadeza de la poesía con ciertos pasajes que recuerdan a las narraciones orales. Y es que, en el fondo, pese a la historia (o historias) de amor que jalonan sus páginas, Seda es el relato de los diversos viajes a Oriente realizados por un mercader, y con él nos desplazamos por mar y tierra hasta alcanzar nuestro destino. Los viajes se repiten y así lo hacen sus palabras, de manera que el autor nos refiere siempre los mismos enclaves, dando a la narración una cadencia casi épica.

Tanto su brevedad como su tendencia a la repetición, nos puede hacer pensar que estamos ante un cuento infantil, pero esta idea debe ser desterrada ante la sutil sensualidad que transmiten ciertos pasajes, demostrando que estamos ante pura literatura para adultos.

“Él narraba despacio, mirando en el aire cosas que los demás no veían.”- dice el protagonista refiriéndose al misterioso personaje de Baldabiou, y así es el estilo del propio Baricco: pausado, suave, elegante… como el tacto de la seda.

El viaje, que es lo que nos ocupa, se reduce en la obra literaria a una mera repetición de localizaciones, describiendo sin demasiado detalle el trayecto de ida y vuelta desde Landilleiu, la pequeña población donde habita Hervé, hasta su llegada a Japón, todo ello con los medios disponibles en el siglo XIX: a caballo, en ferrocarril o en barco.

Los detalles de su estancia en Japón palidecen en comparación con el torrente de emociones que nos relata Hervé ante su apasionada (que no consumada) historia de amor con la concubina de un señor feudal. La contraposición de

Cartel de la película.

Cartel de la película.

matrimonio y escarceo, de estabilidad y deseo, queda de manifiesto en el libro por los distintos pensamientos que evocan, por un lado Hélène, la esposa, y por otro la anónima amante oriental, tan misteriosa como irresistible. Toda la pasión desenfrenada queda condensada en una carta tan erótica como dulce, de la que incluimos un pequeño fragmento extraído del original en italiano:

È bella la tua mano sul tuo sesso, non smettere, a me piace guardarla e guardarti, signore amato mio, non aprire gli occhi, non ancora, non devi aver paura son vicino a te, mi senti? Son qui, ti posso sfiorare, è seta questa la senti? È seta del mio vestito, non aprire gli occhi e vedrai la mia pelle…[2]

Precisamente esta carta es uno de los elementos modificados (reduciendo gran parte de su componente erótico) con la adaptación fílmica de Seda (2007)[3], dirigida por el canadiense François Girard, que también es el autor del guión de esta cinta. A su favor debemos apuntar la, por lo general, fidelidad al texto original, algo siempre muy demandado en lo referente a adaptaciones literarias, pero ese es tal vez el principal inconveniente de esta película, que en términos cinematográficos no funciona. El tempo lento, la narración repetitiva, la poesía de Baricco, no son lo más conveniente a la hora de plantear un relato fílmico, en el que la acción siempre manda.

Fotograma de Seda con un primerísimo plano de la cortesana japonesa.

Fotograma de Seda con un primerísimo plano de la cortesana japonesa.

Los medios del Séptimo Arte se muestran en este caso inadecuados para transmitir al espectador la introspección psicológica de su protagonista, a lo que tampoco ayuda la aséptica interpretación de Michael Pitt. Tal vez Pitt se encontraba reservando todo su talento actoral para dar vida al sádico protagonista de Funny Games (Michael Haneke, 2007), o simplemente debería limitarse a sus papeles de maniacos y psicópatas, tal y como le vimos en Asesinato…1-2-3 (2002), o más recientemente en la teleserie Hannibal (2013-) donde dio vida a Mason Verger.

Aquí, encontramos al Michael Pitt más soporífero e inexpresivo, que no transmite nada, y que mantiene un rostro impávido ante las más extremas circunstancias: ya sea la muerte o el orgasmo.

La mujer de este insulso Hervé Joncour, Hélène, es interpretada en el filme por la siempre bella Keira Knightley, en su habitual rol de damisela, enfundada en preciosos vestidos de época, como es habitual en la protagonista de obras maestras como Orgullo y Prejuicio (2005), La Duquesa (2008) o Anna Karenina (2012). Sin embargo, pese a la solidez que aporta la delicada Keira al filme, su papel no pasa de ser el de la mujer que espera el regreso del esposo ausente, sin mayor peso dramático que el de un bello adorno floral.

El contrapunto original, y apenas explotado en el filme, lo pone el misterioso Baldabiou, al que da vida Alfred Molina, un londinense de ascendencia española que viene a aligerar (sin terminar de conseguirlo) el general tono de desidia de la película.

Por lo que respecta al viaje en sí, la película aprovecha con acierto las posibilidades visuales propias de su medio, mostrando al espectador la belleza natural de los paisajes que atraviesa el protagonista del relato. Guiados por la voz en off, viajamos por Europa hasta Kiev, después atravesamos la estepa rusa con una caravana hasta el lago Baikal y nos introducimos más tarde en China, cruzando luego el mar hasta Japón.

Tres fotogramas del filme donde vemos el pintoresquismo europeo (arriba), la estepa siberiana (centro) y el río Amur, en la frontera china (abajo).

Tres fotogramas del filme donde vemos el pintoresquismo europeo (arriba), la estepa siberiana (centro) y el río Amur, en la frontera china (abajo).

Al País del Sol Naciente entramos por el puerto de Sakata, en la prefectura de Yamagata, y nos desplazamos por el interior hasta llegar a las montañas de Shinobu, en la actual Fukushima. Este viaje nos permite recorrer lugares de imponente belleza como el río Mogami o las nevadas cumbres de Yamagata, todo ello reflejado con una fotografía impecable, a cargo de Alain Dostie, que nos ofrece planos donde prima la horizontalidad, con encuadres muchas veces asimétricos, dando gran importancia al maravilloso escenario de la narración. En cierto modo, podríamos decir que la película intenta transmitir una especie de poesía visual equiparable a la del texto del que bebe, pero limitándose a escasos momentos de alarde icónico sin llegar a transmitir toda la elegancia del libro original.

En estos tres fotogramas de Seda podemos seguir el recorrido del viajero por el interior de Japón, a través del río Mogami (arriba) hasta las montañas de Shinobu (centro y abajo).

En estos tres fotogramas de Seda podemos seguir el recorrido del viajero por el interior de Japón, a través del río Mogami (arriba) hasta las montañas de Shinobu (centro y abajo).

Como hemos comentado con anterioridad, el libro emplea un recurso que bebe de la narrativa oral, usando la continua repetición de los lugares por los que pasa el viajero en cada una de sus incursiones hacia Oriente. En cambio, en el filme esta repetición sería inviable, por lo que tan solo en la primera ocasión disfrutamos de estos paisajes cambiantes, mientras que en los siguientes viajes de Hervé se emplea el recurso de la elipsis para situarnos ya en tierras japonesas.

Sobre la imagen de Japón ofrecida en la película, la narración toma el punto de vista del viajero occidental que, ajeno a los usos y costumbres del país, se encuentra perdido en una cultura diametralmente diferente a la suya propia. Así, se producen situaciones arquetípicas como las dudas a la hora de saludar a una persona, entre dar la mano o hacer una reverencia, o el hábito de quitarse los zapatos al entrar en una casa… Pero sobre todo, lo que destaca del imaginario japonés recreado por la visión occidental, es el del encantamiento total y absoluto por una cultura ceremoniosa, capaz de convertir el hecho de beber té en todo un ritual a caballo entre el arte y la religiosidad. Este “encantamiento” oriental queda personificado por la figura de la concubina, la cual viene a concentrar en su persona todo lo que hay de bello y extraordinario en la cultura japonesa.

Dos fotogramas de Seda donde se aprecia la ceremonia del té.

Dos fotogramas de Seda donde se aprecia la ceremonia del té.

 Por ello, podríamos decir que el filme de François Girard es un gran ejemplo de adaptación cinematográfica por su fidelidad al original, pero un fiasco a nivel del Séptimo Arte, debido en parte a las características de la novela que lo inspiró (y que ya hemos analizado), con una carencia total de ritmo, emoción o sentido dramático.

Pero no todo estaba perdido para esta historia pues cuando un argumento es digno de ser contado, las vías para hacerlo tarde o temprano aparecen. Así ocurrió cuando la Editorial Edelvives lanzó, dentro de su colección Contempla, una versión renovada de la obra de Baricco en forma de novela ilustrada, publicada desde finales de 2013.

Con una imagen renovada, Seda ha adquirido el estatus de obra pictórica, gracias a la gran calidad estética de las ilustraciones de Rébecca Dautremer. Esta artista francesa nacida en Gap en 1971 ha trabajado en distintas disciplinas al margen de la ilustración, como la animación, el teatro o la fotografía. Alcanzó fama mundial en 2004 con la publicación de Princesas olvidadas o desconocidas, obra de Philippe Lechermeier, y más tarde realizaría su incursión en el cine con Kérity, la casa de los cuentos (2009), una fábula poética sobre la aventura de leer, contada en clave de fantasía, y en la cual Rébecca participó en labores de animación, dirección artística y diseño de producción.

Portada de la edición ilustrada de Seda.

Portada de la edición ilustrada de Seda.

Seda es la primera novela ilustrada para público adulto de esta autora que con sus magníficos dibujos da vida a la novela original de Alessandro Baricco, conformando una preciosa edición de lujo. Las imágenes acompañan y complementan el contenido del relato, amenizando la narración y dando alas a nuestra imaginación. Siempre delicadas, por momentos sensuales, estamos ante un nuevo modo de narrar las pasiones y sentimientos de los protagonistas a golpe de trazo fino. Pese a la imagen de cuento que puedan ofrecer algunas de las imágenes, reforzando así el concepto original del libro, no estamos ante una obra infantil, sino que va claramente destinada a adultos, lo que queda evidenciado por el contenido erótico de algunas de las ilustraciones.

Los dibujos de Rébecca tienen un estilo característico, pero a su vez son capaces de adaptarse a los requerimientos de la prosa a la que acompañan, pasando del entusiasmo colorista al tono intimista del blanco y negro, de tinte claroscurista.

Dos dibujos de Rébecca Dautremer que ilustran algunos de los pasajes más sensuales de la novela, y donde se aprecia la ausencia de color, así como la preferencia por un trazo más suelto.

Dos dibujos de Rébecca Dautremer que ilustran algunos de los pasajes más sensuales de la novela, y donde se aprecia la ausencia de color, así como la preferencia por un trazo más suelto.

Así pues, si en su momento les enamoró la historia relatada por Baricco, adorarán el delicado trazo de esta última edición aderezada con las bellas imágenes de Rébecca Dautremer, e incluso puede que disfruten de la pausada belleza de su adaptación fílmica.

Para saber más:


[1] Se trata de los protagonistas de la ópera Madama Butterfly, del compositor italiano Giacomo Puccini, escrita en 1903 y cuyo trágico argumento de amor entre un occidental y una japonesa se ha convertido en arquetípico. Especialmente famosa es la filmación que se hizo de esta ópera, bajo la dirección de Jean-Pierre Ponnelle en 1974, con Mirella Freni y Plácido Domingo como protagonistas.

[2] “Es hermosa tu mano en tu sexo, no te detengas, a mí me gusta mirarla y mirarte, amado señor mío, no abras los ojos, todavía no, no debes tener miedo, estoy cerca de ti, ¿me sientes?, estoy aquí, te puedo rozar, esto es seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y verás mi piel.”

[3] Seda /Silk (2007). País: Canadá. Director: François Girard. Guión: François Girard, Michael Golding. Música: Ryuichi Sakamoto. Fotografía: Alain Dostie. Reparto: Michael Pitt, Keira Knightley, Koji Yakusho, Alfred Molina, Kenneth Welsh, Sei Ashina, Miki Nakatani, Martha Burns, Marc Fiorini, Alexander Brooks, Akinori Andô, Jun Kunimura, Chiara Stampone, Callum Keith Rennie, Mark Rendall. Productora: Coproducción Canadá-Italia-Japón; Rhombus Media/Fandango/Bee Vine Pictures.

avatar Laura Martínez (83 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, actualmente cursa el Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte de la misma, especializándose en Cine.


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One Comment

  1. […] Si rastreamos los orígenes del éxito este subgénero romántico que vincula a dos protagonistas de culturas diferentes reunidos en un país asiático, debemos remontarnos al clásico operístico Madama Butterfly (1903) de Giacomo Puccini. En la trágica historia del compositor italiano, encontramos a Pinkerton, un teniente de la Marina de los Estados Unidos, quien vivirá un romance épico con una bella japonesa. Este argumento ha sido retomado en el cine con posterioridad, destacando ejemplos como la película británica El mundo de Suzie Wong (1960), que narra los amoríos entre un pintor norteamericano y una prostituta china en Hong Kong, y, más recientemente, en la francesa Seda (2007), que ya analizamos para Ecos de Asia. […]

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