Revista Ecos de Asia

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Simbolismo y Artes Marciales: La flor de ciruelo y la flor de cerezo en las culturas china y japonesa

Las artes marciales de todas las culturas son ricas en símbolos que las identifican, desde animales que encarnan cualidades de fuerza, velocidad y destreza (tigre, serpiente, grulla) hasta armas distintivas (katana, kwan dou). En este texto, quiero abocarme a dos símbolos específicos que para muchos no están directamente relacionados con las artes marciales: la flor del ciruelo y la flor del cerezo. Ambas presentes, con distinta intensidad, en dos de las culturas que han sido capaces de definirse y mostrarse al mundo a través de sus artes marciales como parte fundamental de su cultura tradicional, hablamos de China y Japón.

La flor de ciruelo en la cultura china

Como señala la sinóloga y lingüista Chunyi Lei, el ciruelo ha tenido siempre un lugar especial en la cultura china, comprendiendo un significado social y cultural de gran importancia, transmitiendo simbolismos específicos de China y reflejando normas morales, creencias y costumbres.[1] La flor del ciruelo simboliza la perseverancia y la esperanza, la belleza, la pureza y la fugacidad de la vida.[2] La flor del ciruelo es uno de los objetos de veneración popular en China, simbolizando también muchos valores y virtudes confucianas,[3] como la pureza, la elegancia, la persistencia, la nobleza y la modestia.[4]

Una frase tradicional china señala “la espada se afila gracias al roce constante; las flores de ciruelo emiten su fragancia gracias a que han aguantado el fuerte frío del invierno”, lo que para Bai significa que las excelentes cualidades y las extraordinarias capacidades se obtienen a través del esfuerzo y de la tenacidad.[5]

Flor de ciruelo

La firmeza de la flor de ciruelo (méihuâ en mandarín), que se mantiene hermosa y erguida aún durante el crudo invierno, desafiando al hielo y la nieve, se convirtió en sinónimo de pureza y elegancia en la cultura china, pero también símbolo de resistencia, esperanza y de la fugacidad de la vida. Cuando el invierno es más crudo, el ciruelo puede verse en medio de la nieve. Por esta razón, esta flor es el símbolo del instante mágico en el que el máximo Yin deviene Yang, así como también de la resistencia frente a la adversidad. Es un recordatorio de que, en medio del invierno, una nueva primavera está por venir.

A diferencia de la mayoría de las plantas que florecen en primavera, las flores del ciruelo nacen en invierno. Cuanto más frío hace, más prospera. Su cualidad de constancia y resistencia contra la adversidad han contribuido a ser considerado como un símbolo espiritual del pueblo chino. Además, el ciruelo forma parte de los llamados “tres amigos”, junto con el bambú y el pino, porque los tres se conservan verdes durante el invierno.[6]

La flor del ciruelo es considerada también como uno de los “cuatro caballeros” (Sì jûn zî) de las flores en la cultura china; sus compañeros son los bosques de bambú, los crisantemos y las orquídeas. El hecho de no verse afectada por el clima frío del invierno hace que las pequeñas flores del ciruelo desafíen las heladas, brotando de las ramas estériles, dejando atrás a todas las otras flores. En  esta perspectiva de la cultura china, el ciruelo representa un carácter orgulloso, valiente y firme. La capacidad del ciruelo de florecer en el frío intenso, enfrentándose a todas las dificultades, es una encarnación de la tenacidad y el orgullo. Se considera como el espíritu de la nación china que está dispuesto a combatir hasta el último esfuerzo.[7]

Por su floración temprana, la cual se produce antes de que hayan rebrotado las hojas, los orientales consideran al ciruelo como símbolo de la primavera, de la juventud y de la pureza. Es un símbolo de renacimiento y de resistencia frente a la adversidad.[8]

Más recientemente, también se ha utilizado como una metáfora para simbolizar la lucha revolucionaria desde los principios del siglo XX. Durante la dinastía Qing, la revolución anti-manchú adoptó la flor de ciruelo como emblema revolucionario de resistencia. Al igual que la flor de ciruelo, la nación y el pueblo chinos aspiraban a florecer en medio de la opresión del régimen manchú. En este sentido, en las vicisitudes, el espíritu se templa y se incrementa la fortaleza interna. En este tipo de reflexiones se encuentra un nexo entre la flor de ciruelo y las artes marciales chinas.

Por estas razones expuestas, encontramos la presencia simbólica de la flor de ciruelo dentro de las artes marciales chinas. Por ejemplo, es un símbolo del gimnasio de Leung Ting en el estilo Wing Tsun.[9] También es un símbolo recurrente dentro de los estilos Choy Lee Fut[10] y Hung Gar[11], donde aproximadamente unas veinte formas de estos sistemas contienen una referencia a esta flor dentro de su nombre,[12] por ejemplo, la forma de la “Pequeña flor de ciruelo” (Siu Mui Fa Kuen).

Para el sifu Norberto Bitar, a esta flor que soporta el crudo invierno chino se le suele utilizar como símbolo de resistencia frente a la adversidad, es un ejemplo de fortaleza y nobleza que fácilmente se asocia al practicante de artes marciales chinas.[13] Con esta forma, el practicante comienza a ver lo relevante de las posturas firmes, bajas y una fuerte estructura, por ende, comprende la importancia de un duro entrenamiento. El nombre de Siu Mui Fa, que hace referencia al “boxeo de la flor de ciruelo”, deriva de la realización de su práctica donde se dibuja una flor de ciruelo con sus cinco pétalos.

De acuerdo a lo expuesto, la flor de ciruelo hace referencia dentro de las artes marciales chinas, a un patrón de movimiento característico de ciertas formas. Por ejemplo, en Choy Lee Fut estas formas se caracterizan por movimientos evasivos, que salen de la línea central por donde viene el ataque, para entrar envolviendo al oponente con movimientos circulares y desplazamientos en todas las direcciones (rectas y diagonales). Esto se conoce como patrón de Flor de Ciruelo, en contraposición al patrón Sup Ji o en forma de cruz.[14]

Siguiendo con la interrelación entre la flor de ciruelo y las artes marciales, también está presente en diferentes formas de Tai Chi Chuan (Taijiquan)[15] e Incluso existe un estilo denominado “Boxeo de la Flor de Ciruelo” (Méihuâquán) practicado desde el siglo XVII en las provincias chinas de Shandong, Henan y Hebei.[16]

En lo expuesto, se puede apreciar cómo un elemento sutil como la flor de ciruelo, puede transformarse en un símbolo íntimamente imbricado en la cultura marcial, representando fortaleza, esfuerzo y perseverancia en las artes marciales chinas. Pero esta flor y su simbolismo marcial también tiene su correspondencia en la cultura japonesa  a través de la flor de cerezo que analizaremos a continuación.

La flor de cerezo en la cultura japonesa

Como sabemos, Japón y China se encuentran estrechamente vinculados por diferentes aspectos de su cultura. Con el tiempo algunos elementos culturales incorporados en Japón desde China fueron adaptados y redefinidos. Uno de estos ejemplos es el paso del simbolismo de la flor del ciruelo a la flor del cerezo, como emblemas por excelencia de las dos culturas. Si la flor del ciruelo era el símbolo de la belleza cuando la influencia china estuvo en su apogeo en Japón, los japoneses pasaron a definir la suya propia con el paso de los años con la flor del cerezo.[17] Este cambio cultural puede evidenciarse en la Era Nara (710-794), a través del hanami o la práctica japonesa de observar la belleza de las flores.

Flor de cerezo

En la era Nara los japoneses hacían el hanami de los ciruelos (ume), pero después comenzó a practicarse el hanami de las flores de sakura (cerezo) que fueron ganando importancia frente a las flores del ciruelo. Finalmente es a partir de la Era Edo (1603-1868) cuando se hizo oficial el hanami de los sakura.

En Japón hay ritos de primavera relacionados exclusivamente a la aparición de las flores de cerezo.[18] Actualmente el hanami, que se traduce literalmente como “ver flores”, se asocia al período en que florecen los cerezos y en el que los japoneses acuden en masa a parques y jardines a contemplar las flores de sakura.

Originariamente en la era Edo, observar las flores era un entretenimiento imperial y aristocrático, que luego se extendió a la clase samurái y al pueblo llano. De hecho, el Shogun Tokugawa Yoshimune, quien ejerció el mando desde 1716 a 1745, ordenó plantar cerezos para promocionar la práctica del hanami.

En la tradición del budismo japonés, la caída de los pétalos de cerezo representa la transitoriedad de la vida. Esta característica hizo que se hiciera un vinculo simbólico con los guerreros samurái. Según el bushido, el antiguo código ético de los samuráis en Japón, el ideal del guerrero era vivir con pasión o “vivir con belleza”, es decir, vivir con sinceridad y con belleza interior de acuerdo a las virtudes del bushido, aunque la vida fuera corta como las flores del cerezo.

Para algunos japoneses, la flor de cerezo simboliza la vida del samurái: impecable, bella, corta y perfecta. En Japón, la flor de cerezo simboliza la pureza, la belleza y la felicidad. Sus pétalos arrastrados por el viento son el paradigma de la muerte ideal. Es una flor efímera que se marchita pronto, igual que la vida del samurái siempre dispuesto a entregarla por su señor.[19] De hecho, el sentido de la vida del samurái está en la muerte.[20]Por otra parte, su fruto, la cereza, simboliza para los japoneses el conocimiento de si mismo y la abnegación, que llega hasta entregar la sangre y la propia vida como el samurái en batalla.

Debido al nexo simbólico que se genera entre la flor de cerezo y el bushido, no es extraño encontrar en el mundo diferentes “Sakura Dojo” de distintas disciplinas marciales japonesas como Karate, Aikido, Judo o Kendo. Esto debido a que esta flor sigue representado el espíritu del guerrero.

Para finalizar, se ha mostrado como las flores de ciruelo y cerezo, poseen una importancia cultural y simbólica central en China y Japón. A través de esa importancia y sus significados, estas flores se derivan también en símbolos marciales. Probablemente para occidente asociar la marcialidad con flores pueda parecer extraño, pero en las culturas china y japonesa, estos dos elementos sutiles como las flores de cerezo y ciruelo, simbolizan fortaleza, esfuerzo, perseverancia, abnegación y autoconocimiento constituyéndose en iconos  centrales de inspiración en las artes marciales asiáticas.

 

Notas:

[1] Chunyi, Lei, “La simbología del ciruelo en la fraseología del chino”, en Pragmalingüística, nº 25, 2017, pp. 311-329.

[2] Welch, P. B., Chinese Art: A Guide to Motifs and Visual Imagery, Tokyo, Tuttle Publishing, 2013, pp. 32-33.

[3] Bartók, M.; Ronan, C., Ancient China, Good Year Books, 1994, p. 13.

[4] Chunyi Lei, op.cit., p. 315.

[5] Bai, Weiguo (dir.), Xian dai han yu ju dian (2). [“Diccionario moderno de oraciones de chino (vol. 2)”], Beijing: Zhong guo da bai ke quan shu chu ban she, 2001. p. 48. Citado por Chunyi Lei, op.cit., p. 318.

[6] Cirlot, Juan Eduardo, Diccionario de Símbolos, Madrid, Siruela, 2011, p. 93.

[7] Chunyi Lei, op.cit., p. 318.

[8] Becker, Udo, Enciclopedia de los Símbolos, Barcelona, Swing, 2008, p. 105.

[9] Estilo creado en el siglo XVI por Ng-Mui. Forma parte de los estilos sureños. Reconocido en la actualidad por ser el estilo del maestro Ip Man, quien enseñó a Bruce Lee.

[10] Estilo creado por Chan Heung en 1836 a partir de la enseñanzas del monje budista Choy Fook y de Lee Yau-San, el vocablo Fut hace referencia al origen budista del estilo.

[11] Estilo creado en el siglo XVII, parte de los sistemas del sur de China, destacan en su aplicación los boxeos del tigre y de la grulla.

[12] Gwong Zau Kyun 廣州拳, “La Flor de Ciruelo como símbolo”, 2019. Disponible aqui.

[13] Bitar, Norberto, “Hung Gar, la nobleza de un estilo”. Disponible aquí.

[14] Gwong Zau Kyun 廣州拳, “La Flor de Ciruelo como símbolo”, 2019. Disponible aqui.

[15] Asociación Canaria de Tai Chi Chuan – Chi Kung, “Programa de Grados”. Disponible aquí.

[16] Zhang Guodong, Thomas A. Green, “Introducción al boxeo de la flor del ciruelo: historia, cultura y práctica”, en Revista de Artes Marciales Asiáticas, Vol. 5, Nº. 2, 2010, pp. 21-44.

[17] Herrero, Teresa, De la flor del ciruelo a la flor del cerezo, Madrid, Ediciones Hiperion, 2004.

[18] Brandon, S.G.F., Diccionario de Religiones Comparadas, Madrid, Ediciones Cristiandad, 1971, p. 1174.

[19] Becker, Udo, Enciclopedia de los Símbolos, Barcelona, Swing, 2008, p. 93.

[20] Taira, Shigesuke, El código del samurái (Bushido Shoshinshu), Barcelona, Kairos, 1999, p. 23.

avatar Sebastián Sánchez González (1 Posts)

Dr. en Estudios Americanos con Especialidad en Estudios Internacionales de la Universidad de Santiago de Chile. Máster en Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Miembro del Núcleo de Estudios Asiáticos del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile.


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