Revista Ecos de Asia

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This article was written on 21 Nov 2019, and is filled under Cine y TV, General, Historia y Pensamiento.

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“The battleship island” (2017). El buque de guerra de Japón. Parte II

Si recordamos que las películas son historias contadas con imágenes, proyectadas y asociadas al sonido, organizadas mediante la edición y el ritmo que utilizan símbolos y metáforas, tomando en cuenta esto podemos decir que un filme contribuye a que la audiencia lo asimile desde su propio contexto y situación, dándole un nuevo significado. Así, lo define el desarrollo de sus anécdotas y la manera de contarlas en un tiempo muy concreto.

Este artículo es la parte final del escrito con anterioridad en torno al filme The Battleship Island (2017) del director  RyooSeung-wan , producido por ChoSung-min y protagonizado  por Hwang Jung-min como Lee Kang-ok (músico), So Jib-sub como ChoiChil-sung (luchador callejero), SongJoong-Ki  como  Park Moon-young (miembro del ejército independentista) Lee Jung-hyun como Oh Mal-nyeon (una mujer de consuelo) y Kim Su-an como Lee So-hee (hija de Lee Lang-ok).

Los críticos son, muy a menudo, los primeros en ver una película y forman la primera impresión de mucha gente con sus comentarios. Entonces el crítico debe dotar a la audiencia con unas herramientas de análisis que le faciliten la comprensión. Las críticas cinematográfica a esta película no han sido del todo favorables, ya sea por la exageración de sus escenas de acción o porque varios críticos japoneses, generalmente pertenecientes a  los sectores de derecha, la acusan de distorsionar la verdad histórica (recordemos que Japón ha negado rotundamente que obligó a los coreanos a realizar trabajos forzados disfrazándolo como trabajo obligado en condiciones difíciles),  sin embargo, para el análisis de la historia de Corea utilizando la película como una fuente es un material de gran valor.

Still de la película. De izquierda a derecha: ChoiChil-sung, Lee Kang-ok, Lee So-hee,Park Moon-young yOh Mal-nyeon.

Al tratarse de una película de acción, es mayoritariamente ruda y ofrece mayor importancia a las imágenes impactantes que a los diálogos, pero, para analizar esta cinta/obra, es necesario profundizar en ella. El contexto histórico del filme (mencionado y descrito de forma detallada en el artículo anterior)  nos habla de una ambiciosa superproducción que se basa en una historia real en plena ocupación japonesa en la dramática Segunda Guerra Mundial donde varios coreanos se vieron obligadas a trabajar forzosamente en una mina de carbón en la Isla Hashima; exponiendo además la huida que llevaron a cabo.

El director del filme consigue tejer una historia construida desde varios personajes y puntos de vista, siguiendo el confinamiento y la supervivencia de varios de los prisioneros coreanos; un joven solitario con sentido de superioridad, una joven de difícil pasado y un músico y su hija, un joven perteneciente a los movimientos independentistas  que buscan sobrevivir en la isla  y salir con vida de ella. Cada personaje  juega un papel importante pues representa a sectores, generalmente marginados de la sociedad coreana del momento. Kang– ok representa el presente de Corea esperanzado por la independencia de Choson,  Chilsung se define como aquel sector que lucha por la independencia pero sin organización específica, caso contrario a Moon Young, miembro del movimiento independentista organizado y con objetivos bien definidos, Mal-nyeon, por su parte, representa al grupo vulnerable que son torturados  y utilizados por los japoneses (generalmente  para explotación sexual) y la niña Soo-hee que es la figura del futuro incierto de la sociedad.

Por otro lado, el desarrollo de argumentos que transcurren en escenarios remotos  (Hashima) permitió al director  plantear reflexiones filosóficas e incluso morales relacionadas con el momento en el que estaban viviendo pero que al estar situadas dentro de escenarios históricos adquirió un aire más ejemplarizante y universal. Ambos factores se conjugan en el filme donde los escenarios históricos (las minas de carbón y los edificios habitacionales) plasman  una realidad  plagada de intolerancia, sufrimiento, muerte, traición, y la guerra, situaciones que la humanidad a lo largo de los siglos ha padecido, convirtiendo así a la película de un caso particular en algo universal.

Las minas de carbón.

Si bien es cierto que la “realidad” que Thebattleship Island (al igual que cualquier película de acción)  modifica  la escala y proporción de la realidad de los hechos. Ciertamente no se trata de una copia fiel de la realidad, sino de una construcción icónica;  de una realidad alterna. Como fuente de análisis para el historiador,  se podría decir que  a simple vista el filme, no aporta gran material para el análisis de la historia de la explotación coreana a manos japonesas, sin embargo, nos encontramos ante una película comercial que que simplifica los hechos históricos y los amolda a sus necesidades, sin embargo, sí es útil para entender la perspectiva de la sociedad actual sobre aquel episodio histórico.

Durante el recorrido, la película va narrando  historias que poco a poco se entrelazan en torno a una idea principal: la resistencia y la lucha por la independencia. Aunque el leguaje  fílmico, además, implica ritmo, secuencia y velocidad. El filme tiene juegos de continuidad y cambio  tal como lo hace la historia misma llena de rupturas y continuidades.

The battleship island existe en cuanto a una narración, de orden literario, si se quiere, pero que se expresa sentimientos de traición, muerte, violación y tortura. Puesto que son sentimientos generados por un sensación de hartazgo debido a la represión ejercida por  Japón pues al  Observar a la represión como una expresión de la identidad conlleva a comprender  a la película  como un espacio de disputa en el que se conjugan diversidad y desigualdad,  clase, lógica de la reciprocidad (hermandad) entre coreanos pero, a la vez de traición.

Los coreanos, hasta esos entonces sujetos a una relación colonial de dominio, forman  parte de una situación de dependencia entre dominadores (japoneses) y dominados (coreanos) .Esta situación se expresa en agresiones reiteradas a lo largo del filme tanto a través de acciones intervencionistas supuestamente protectoras (cuando los japoneses hacen creer a los coreanos que son trabajadores a sueldo, más no explotados) , como en los casos extremos de muerte.

Las postura de superioridad japonesa que niega la posibilidad de que los coreanos se liberen de la dominación colonialista y decidan su propio destino se plasman dentro de la  película que contiene unas imágenes llenas de magnetismo, un clima extraño, una interesante escasez de palabras y un ritmo acelerado que por momentos se  va pausando cuando surge la idea de identidad, en el momento en que  los coreanos se organizan para escapar.

Escena que muestra la decisión para escapar de la isla El acorazado.

El acontecimiento final de la película es especialmente significativo en la escena que marca dos momentos tras la caída de la bomba a Nagasaki, primero: la expresión verbal de los coreanos al ver caer el arma nuclear  cuando uno de ellos dice: “Dios, mío, hay muchos coreanos en Nagasaki” y , en  un segundo punto,  como un presente inmediato la figura del guerrillero independentista, símbolo de resistencia (de un presente y un futuro inmediato) y , quien se encuentra justo detrás de la imagen de una niña ( a quien estratégicamente el director pone en primer plano) sola y desconcertada evidenciando un futuro  a largo plazo incierto que, paradójicamente también es producto del pasado impuesto por Japón.

Imagen que representa el futuro de Corea tras el periodo imperial japonés (1910-1945).

Es cierto que las películas de acción, sobre todo cuando están basadas en acontecimientos históricos, cruzan las fronteras de la realidad y crean en el imaginario colectivo una idea transformada acorde a la visión del creador del filme. Entonces  el valor histórico del este fil debe partir  mediante el debate que se puede crear en torno a la proyección. El punto fundamental no es si el cine falsea, trivializa u obstaculiza la verdad histórica, puesto que el cine no es la “Historia”, sino sólo una manifestación o testimonio de la misma o, incluso, una herramienta para conocer  y, como tal herramienta, debe ser sometida a un severo proceso de crítica al igual que ocurre con las demás fuentes históricas. Para The Battleship Island hay que incidir no en “si” el filme  transmite la historia sino la manera  en que la transmite al espectador y  “cómo” este la recibe.

Para saber más

AMADOR, Pilar, “El cine como documento social; una propuesta de análisis”, en Ayer, No 24. 1996.

RONSESTONE, Robert A. El pasado en imágenes, el desafío del cine a nuestra idea de la historia; Madrid: Ariel, 1997.

avatar Andrea Elena Ríos (4 Posts)

Licenciada en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha escrito varios artículos para la revista Debates por la Historia de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH), México y la publicación de su tesis por el Centro de Documentacion de los Movimientos Armados (CeDeMa) en Valencia, España. Forma parte del seminario de Historia de Corea en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Su línea de investigación gira en torno a los movimientos sociales en Corea durante la ocupación japonesa (1910-1945).


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One Comment

  1. Aneskis Garza
    24/11/2019
    avatar

    Este tipo de artículos se convierten en una nueva forma de acercar al auditorio a películas de acción pero con contenido histórico.
    Mis congratulaciones

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