Revista Ecos de Asia

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This article was written on 16 Sep 2015, and is filled under Cine y TV.

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Un paseo por Bad City: A girl walks home alone at night (Ana Lily Amirpour, 2014)

Cartel de la película

Cartel de la película

Con motivo del estreno en España de A girl walks home alone at night (Ana Lily Amirpour, 2014), desde Ecos de Asia hemos querido dedicar unas palabras a esta película de la que se dice que podría ser el primer film de terror iraní, que además ha arrasado en los festivales en los que se ha presentado sin dejar a nadie indiferente. Por destacar una de estas ocasiones, la película se estrenó el año pasado en Sitges así que, sin duda, los amantes del terror habrán oído, al menos, hablar de ella, porque el número de críticas en blogs y revistas del género se disparó.

A girl walks home alone at night, título muy evocador, se presenta como un western vampírico, ambientado en una ciudad ficticia llamada Bad City. Allí, nuestro protagonista, Arash (Arash Marandi), un atractivo James Dean iraní, intenta sobrevivir como puede en las calles de la despiadada ciudad. Quiere, por todos los medios, salir de allí, pero un narcotraficante, Saeed (Dominic Rains), empezará a acosarle reclamándole el pago de una deuda pendiente que tiene con el padre drogadicto de Arash. Es entonces cuando entra en escena la chica (Sheila Vand), de la cual no sabremos su nombre en toda la película, una mujer que camina sola por las noches en una ciudad hostil y despoblada para alimentarse y, al mismo tiempo y aunque resulte paradójico, hacer justicia. Una de esas noches, mientras recorre en monopatín las calles de esa ciudad silenciosa y deshabitada, se encuentra con Arash.

Dos fotogramas que presentan, en momentos diferentes, a los personajes protagonistas. A la izquierda, el joven Arash, caracterizado como un James Dean iraní y apunto de rescatar a su gato. A la derecha, la chica, bailando en su casa y preparándose para una noche de caza en una hipnótica y bella secuencia.

Dos fotogramas que presentan, en momentos diferentes, a los personajes protagonistas. A la izquierda, el joven Arash, caracterizado como un James Dean iraní y apunto de rescatar a su gato. A la derecha, la chica, bailando en su casa y preparándose para una noche de caza en una hipnótica y bella secuencia.

Que la película sea en blanco y negro es todo un acierto, aunque no una novedad, pero sirve para acentuar las luces y las sombras de una ciudad industrial y de los escasos personajes que la habitan. La fotografía, de Lyle Vincent, es, indudablemente, lo mejor del film. A girl walks home alone at night se disfruta desde el punto de vista formal, con, por ejemplo, esos planos panorámicos en los que se destacan los grandes edificios grises frente a las personas, que parecen insignificantes bajo ellos; unas imágenes que evocan la soledad de la vida urbana y, sobre todo, de Bad City. La luz artificial facilita también el juego de claroscuros, proporcionándonos unas secuencias de una gran belleza estética. Pero, aparte de la fotografía, destaca la banda sonora, música que en ocasiones evoca al western americano y en otras, nos sitúa en Irán, país en el que se supone que nos encontramos.

En este bellísimo fotograma podemos apreciar este aspecto que comentábamos sobre la fotografía y el contraste entre los grandes edificios grises y la soledad de las personas en Bad City. La chica protagonista es la joven que camina vestida con el chador negro.

En este bellísimo fotograma podemos apreciar este aspecto que comentábamos sobre la fotografía y el contraste entre los grandes edificios grises y la soledad de las personas en Bad City. La chica protagonista es la joven que camina vestida con el chador negro.

Nada de esto es novedad, pero el resultado es satisfactorio, así que quizá lo que sería oportuno destacar de esta película es la aportación de la directora Ana Lily Amirpour a la iconografía clásica del vampiro, que ya no viste una capa larga negra, sino un chador, y, como harían sus antepasados, esta criatura de la noche también se abalanza sobre sus víctimas, abandonando todo rastro de belleza en su rostro, envolviéndolos con su capa/chador negro mientras se alimenta de su sangre. La crítica se ha rendido a los pies de esta directora por la belleza estética de esta película, pero parece haber pasado desapercibida en sus comentarios esta evolución del vampiro clásico que resulta evidente para un amante del cine de terror.

Dos fotogramas que ilustran la transformación iconográfica del vampiro clásico en nuestra protagonista.

Dos fotogramas que ilustran la transformación iconográfica del vampiro clásico en nuestra protagonista.

Conviene destacar dos secuencias de A girl…, dejando de lado los bellísimos planos en los que los personajes, especialmente, la chica, caminan en la noche. Una es la secuencia en la que la vampira sigue e intimida al niño, que consigue ser escalofriante sólo mediante la amenaza de lo que le hará si no es bueno y la promesa de que le estará vigilando durante toda su vida, en la que sí que destacaría la interpretación de la actriz protagonista. El uso del sonido tiene mucho que ver, tanto la dicción de la amenaza en farsi de la vampira (“¿Eres un niño bueno?”), como la distorsión de su voz posteriormente. La otra, es el segundo encuentro de la chica con Arash (el primero había sido en casa de Saeed, aunque no se hablaron) en las calles de Bad City. Él camina perdido y drogado, disfrazado de Drácula, y ella va en el monopatín que le ha robado al niño. Resulta un encuentro lleno de humor negro: Arash “confesándole” a la vampira que él es Drácula, pero que no tiene que preocuparse porque no le hará ningún daño.

La chica se encuentra por segunda vez con Arash.

La chica se encuentra por segunda vez con Arash.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Ante películas independientes con ecos de Lynch parece que todo el mundo se deshace en elogios y alabanzas, en especial, los críticos. Aunque A girl… es estéticamente impecable, no tiene un ritmo bien llevado, ya que la desaparición prematura del villano (Saeed), deja a la película en desequilibrio y con gran parte del argumento desarrollado, así que el resto de la narración recae en el extraño amor que surge entre Arash y la chica. Esto hace que el ritmo sea lento, muy lento en el caso del final, que se prolonga innecesariamente.

Se ha preferido dejar esta secuencia sin comentar en el cuerpo del texto porque merecía una imagen por su belleza arrebatadora. Corresponde al momento siguiente al que la chica encuentra a Arash disfrazado de Drácula y drogado por la calle, y lo lleva a su casa porque está perdido. Durante cuatro minutos, los personajes permanecen en silencio, y la fotografía en blanco y negro, la buena interpretación actoral y la excelente banda sonora se aúnan para crear esta hermosa secuencia que puede verse aquí y que dan ganas de reproducir una y otra vez.

Se ha preferido dejar esta secuencia sin comentar en el cuerpo del texto porque merecía una imagen por su belleza arrebatadora. Corresponde al momento siguiente al que la chica encuentra a Arash disfrazado de Drácula y drogado por la calle, y lo lleva a su casa porque está perdido. Durante cuatro minutos, los personajes permanecen en silencio, y la fotografía en blanco y negro, la buena interpretación actoral y la excelente banda sonora se aúnan para crear esta hermosa secuencia que puede verse aquí y que dan ganas de reproducir una y otra vez.

El diálogo brilla por su ausencia a favor de la belleza formal de la película, pero esto acarrea que nos encontremos con personajes planos de los que no sabemos apenas nada y que no tienen una evolución psicológica en absoluto. Se ha señalado la gran labor actoral de los protagonistas que encarnan a Arash y a la chica, pero resulta una valoración que es verdad a medias por las razones que hemos explicado, ya que, por muy buenos intérpretes que puedan ser (como demuestran algunas secuencias), el guión y el argumento no acompañan, así que es imposible evaluar su trabajo, para bien o para mal. Si el diálogo, el argumento y la interpretación pasan a un segundo plano, tenemos una película que sólo se sostiene por su belleza formal y que, por tanto, no va a satisfacer a todo el mundo. Si además tenemos en cuenta que, pese al gran trabajo de Lyle Vincent, la fotografía no es tampoco una novedad, podemos concluir diciendo que A girl… es una película sobrevalorada por la crítica y es también pretenciosa, aunque no sea en absoluto desdeñable.

Así pues, hay que ser sinceros: ni es una revelación que marca un antes y un después en el cine de terror moderno, ni estamos ante una directora que es la nueva David Lynch, pero no por ello la película es mala. Tampoco es para paladares exigentes, ni es revolucionaria si leemos entre líneas, pero sí pretende ser elitista. A girl… es para disfrutarla en su aspecto formal y, si somos amantes del cine de terror pero buscamos algo más, es probable que nos guste esta relectura que comentábamos antes de la iconografía del vampiro clásico. Por otro lado, si lo que buscamos es una buena historia, nos va a decepcionar el escaso argumento y el ritmo irregular que la belleza de la fotografía en blanco y negro parece eclipsar.

Fotograma del lento final.

Fotograma del lento final.

Para saber más:

  • Tráiler en Youtube. Su visualización es muy recomendable porque vale más una imagen que mil palabras para apreciar esta película. En él se aprecia la hermosa fotografía en blanco y negro y los aspectos que se han señalado sobre la banda sonora.
  • Ficha en Imdb
  • Ficha en Fimaffinity
avatar Elísabet Bravo (28 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza en 2013. Terminó el Máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte en la misma universidad en 2014, con especialidad en Lenguaje y Cultura audiovisual. Particularmente, le interesa el cine de terror.


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