Revista Ecos de Asia

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This article was written on 23 Dic 2014, and is filled under Cine y TV.

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Un viaje de diez metros (2014) y la nueva haute indian cuisine.

Cartel promocional del film y portada de la novela en la que se inspira.

Cartel promocional del film y portada de la novela en la que se inspira.

Hoy realizamos una conexión (fílmica, al menos) entre Oriente y Occidente a través de Un viaje de diez metros, película estrenada este año 2014 y que cuenta con un auténtico trío de altura compuesto por: Helen Mirren (como actriz principal), Steven Spielberg y Oprah Winfrey (como productores). Estos tres nombres propios lideran un blockbuster de resabios orientales que no es sino la adaptación a la gran pantalla del best-seller homónimo de Richard C. Morais.

El director sueco Lasse Hallström es el encargado de orquestar este film, aportando un toque étnico a sus tradicionales melodramas adaptados desde la literatura. Este tipo de películas inundan por completo su trayectoria como realizador, desde la oscarizada Las normas de la casa de la sidra (1999), hasta las más recientes (y también desiguales) Querido John (2010), La pesca del salmón en Yemen (2011) o Un lugar donde refugiarse (2013), todas ellas adaptaciones de argumento romántico.

De nuevo, encontramos aquí una película a medio camino entre la comedia romántica y el melodrama, cuyo argumento se centra en las diferencias culturales entre dos restaurantes que coexisten en una adorable aldea francesa, en la que siempre parece ser verano, y que se encuentran, tal y como reza el título del film, a diez metros de distancia el uno del otro.

El film nos presenta a la siempre maravillosa Helen Mirren, aquí fingiendo un adorable acento francés, como Madame Mallory, la chef y dueña de Le Saule Pleureur, un clásico restaurante francés que cuenta con una estrella Michelin. Para perturbar la calma de esta impenetrable dama enfundada en Chanel y, en general, del pequeño pueblo de Saint-Antonin-Noble-Val, llegará la familia Kadam procedente de la India. El cabeza de familia, Papa (Om Puri), decidirá abrir un restaurante hindú llamado Maison Mumbai, justo enfrente del reputado local de Madame Mallory. Tras los ineludibles rifirrafes iniciales, ésta descubrirá un diamante en bruto en el talentoso hijo de Papa: Hassan Kadam (Manish Dayal) y, tomándolo bajo su protección, le enseñará a combinar con éxito la cocina tradicional de la India con la francesa, hasta crear una novedosa y atractiva mezcla que le catapultará hasta las más altas cimas de la haute cuisine parisina.

En medio de estas aventuras culinarias se entrecruzan diversas historias de amor, por un lado la de Hassan con la bella Marguerite (Charlotte Le Bon), la risueña sub-chef de Le Saule Pleureur, y por otro la inevitable reconciliación entre dos rivales ya en plena madurez, como son la estricta Madame Mallory y el temperamental Papa.

El ya comentado “toque oriental” de la película, que si bien emerge a lo largo del film en diferentes momentos, se encuentra concentrado en los primeros minutos de este largometraje, cuando la acción se ubica en la lejana Bombay. El director, con muy pocos planos y un montaje continuo, nos ubica rápidamente en un mercado hindú, donde casi podemos apreciar los olores de las especias gracias a la capacidad sinestésica del cine.

Ejemplo de tres coloristas fotogramas extraídos del principio del film, y que ayudan a ubicar la acción en Bombay.

Ejemplo de tres coloristas fotogramas extraídos del principio del film, y que ayudan a ubicar la acción en Bombay.

A ello contribuye el magnífico uso del color y de la fotografía que se hace en este film, algo que será una constante a lo largo de todo el metraje. La impecable labor de Linus Sandgren, el director de fotografía, destaca de manera soberbia en los magníficos planos que incluyen las vistas de las ciudades por las que va pasando la familia protagonista.

Montaje con tres fotogramas de la película en que se puede apreciar la cuidada fotografía en las escenas de paisaje.

Montaje con tres fotogramas de la película en que se puede apreciar la cuidada fotografía en las escenas de paisaje.

Precisamente en los primeros minutos del film (hasta el minuto 8 aproximadamente), es cuando se condensa la introducción dramática de la película, estableciendo el setting para la subsiguiente acción. Así pues, mediante el recurso del flashback, vemos a nuestro protagonista, el joven Hassan, relatando sus avatares a un encargado de las aduanas en Rotterdam, cuando trata de ingresar en el continente desde Gran Bretaña. De esta forma tan convencional pero no por ello menos efectiva, conocemos las tristes circunstancias que han llevado a toda la familia Kadam a buscarse un futuro en el sur de Francia.

En cuanto al uso del color, el film recurre en numerosas ocasiones a la dicotomía cálido-frío con opuesta función. Así, se emplea una iluminación fuerte y unos tonos anaranjados para representar la alegría de Hassan cuando, al principio de ese largo verano que es la película, vive los primeros momentos de su enamoramiento por Marguerite. En contraposición, encontramos al mismo personaje, Hassan, enmarcado por el color azul en una tarde lluviosa, para representar la tristeza que experimenta el personaje debido a los
continuos enfrentamientos entre su padre y Madame Mallory.

Contraste entre colores cálidos y fríos en dos fotogramas del film.

Contraste entre colores cálidos y fríos en dos fotogramas del film.

Por otra parte, a largo de todo el film se asocian los tonos neutros (blanco, negro, gris…) con el personaje de Madame Mallory, mientras que las escenas en que aparece la familia Kadam siempre están inundadas de colores intensos como el naranja, el azul, etc.

Una pequeña muestra de las tonalidades asociadas al personaje encarnado por Helen Mirren, que varían muy poco a lo largo de la película.

Una pequeña muestra de las tonalidades asociadas al personaje encarnado por Helen Mirren, que varían muy poco a lo largo de la película.

Técnicamente, la película presenta una factura impecable (muestra evidente del poderío económico de sus productores, los arriba mencionados Oprah y Spielberg). Esto puede observarse, por ejemplo, en la manera magistral en que está rodada la escena de las reformas en la Maison Mumbai: con un solo plano secuencia seguimos a varios de los personajes en su recorrido por las cocinas hasta el exterior de la casa, encadenando los planos de forma ágil y elegante. El film tiene pues toques propios de una superproducción hollywoodense, pero conserva también ese aire coqueto de cine independiente, tan en boga hoy día, y al que debemos sumar el toque exótico que aportan sus protagonistas hindúes.

En cuanto al tema principal de la película, además por supuesto del amor, podríamos considerar que es la comida, que se sitúa como eje central del film. Viene pues a sumarse a una larga lista de films “culinarios”, compuesta por títulos como Sin reservas (2007), Ratatouille (2007), Fuera de carta (2008), Julie y Julia (2009) o Chocolat (2000), del mismo director que la película que aquí analizamos.

En Un viaje de diez metros la comida aparece como un elemento capaz de unir a la gente, de erosionar las diferencias culturales y los contrastes generacionales, pero sobre todo como un aspecto casi místico, que nos une con nuestros seres queridos y es capaz de despertar en nosotros recuerdos de un pasado familiar digno de ser atesorado.

Sin embargo, es también la cocina el ambiente en el que se fraguan las más intensas batallas a lo largo del film, la competición entre restaurantes tan diferentes y a la vez tan próximos espacialmente. Este enfrentamiento no es sino la materialización del evidente choque cultural que viven los protagonistas, debido a los marcados contrastes existentes entre Oriente y Occidente.

Son precisamente estas características las que atraerán a un público adulto, capaz de empatizar con la historia de amor maduro entre Helen Mirren y Om Puri, pero también atraídos por ese toque oriental. Sigue pues el mismo esquema que ya triunfó en El exótico hotel Marigold (2011), ambientada en la India y protagonizada por un grupo de británicos de la tercera edad (con Judi Dench, Maggie Smith y Bill Nighy a la cabeza), film del cual esta película resulta evidente deudora.

Fotograma con Helen Mirren y Om Puri compartiendo unos canapés bajo un cielo iluminado por los fuegos artificiales.

Fotograma con Helen Mirren y Om Puri compartiendo unos canapés bajo un cielo iluminado por los fuegos artificiales.

Por todo ello, Un viaje de diez metros resulta un film amable, plagado de colorido optimismo pero con todo el clasicismo de la cocina francesa. Una interesante mezcla que, si bien puede resultar descafeinada para el espectador habituado a la experimentación culinaria, puede ser una interesante manera de entrar en estos sabores orientales que intentamos difundir desde Ecos de Asia. Así pues, aproveche el talento incombustible de Helen Mirren y ponga un toque especiado a su tradicional asado navideño con este éxito made in Hollywood.

 

Para saber más:

avatar Laura Martínez (75 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, actualmente cursa el Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte de la misma, especializándose en Cine.


One Comment

  1. […] La fórmula aquí empleada, que combina un grupo de ancianos y la India, usando como referente un best seller previo (en este caso de la autora Deborah Moggach), puede recordar a otras producciones como, por ejemplo, la reciente Un viaje de diez metros (2014), que ya analizamos en un artículo anterior. […]

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