Revista Ecos de Asia

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This article was written on 28 Abr 2017, and is filled under Arte.

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Una breve aproximación a la biografía de Hokusai

Como punto de partida antes de abordar la biografía de nuestro protagonista, debemos tener en cuenta el ambiente social en el que surgió y se desarrolló la estampa ukiyo-e o “pintura del mundo flotante”, ya que sin este contexto cultural no llegaremos a entender el carácter de modernidad que presentarán algunos artistas como el que nos atañe. En el periodo Edo (1600/03 – 1868) bajo el dominio del clan Tokugawa y su política de aislamiento del Japón, la población buscaba el entretenimiento en los barrios de placer y en la cultura visual que estos podían aportarles; a raíz de estas apreciaciones y sus consecuencias, apareció lo que  hoy en día denominamos pintura o grabado ukiyo-e. Este tipo de pintura se trataba de un fenómeno complejo que requería la colaboración de varios profesionales para la elaboración de las estampas, por un lado de los artistas y por otro de los artesanos, siendo necesario, por tanto, un proceso de ejecución muy laborioso. Tanto los pintores, como los grabadores e impresores estaban sujetos a las condiciones y requisitos que los mayoristas les imponían, ejerciendo estos el papel de editores. De esta manera se consiguió que hubiera un determinado control sobre la producción de la obra, logrando así cierta homogeneización en las estampas. No había una zona concreta de distribución de las mismas, sino que se vendían libros ilustrados de temática popular y estampas en diversos establecimientos distribuidos a lo largo de la ciudad de Edo.

Desde la perspectiva actual podríamos llegar a pensar que estos artistas del “mundo flotante” fueron cotizados en su día y que debieron de ganar importantes sumas de dinero, sin embargo la realidad era bien distinta, ya que muchos vivían sumidos en la pobreza o apenas podían llegar a pagarse las necesidades básicas, viéndose sometidos a la presión de los editores y a la fluctuante clientela. Solamente en ejemplos muy concretos tenemos constancia de que se haya pagado una pensión vitalicia a alguno de estos artistas. El caso que nos atañe, Hokusai, fue uno de ellos debido a su popularidad, ya que su firma para el editor era garantía de venta, al igual que por ejemplo la del artista Toyokuni (1769-1825), pudiéndose permitir de esta manera exigir retribuciones más altas por la cantidad de demanda y así poder tener cierta libertad en la elección de su clientela. Gran parte de los artistas de este género procedían de la zona central de Edo, debido a que las principales escuelas se gestaron allí. Gracias a testimonios de algunos artistas como el escrito realizado por Keisa Eisen (1791-1848) titulado Ensayos de un viejo sin nombre, sabemos qué tipo de relación mantuvieron artistas y editores, poniéndose así de manifiesto la dificultad que tenían para la obtención de ingresos regulares.

Katsushika Hokusai (31 de octubre de 1760 – 10 de mayo de 1849) nacido bajo el nombre de Kawamura Tokitarô en la antigua Edo (actual Tokio), en el barrio de Honjo, situado en Katsushika, distrito de la provincia de Shimofusa, fue uno de los grandes representantes de la pintura ukiyo-e. No se sabe prácticamente nada sobre sus orígenes familiares ya que a la edad de cuatro o cinco años fue adoptado por la familia de Nakajima Ise (cabiendo también la posibilidad de que fuera un hijo extramatrimonial de la misma), cuyo trabajo era la fabricación artesanal de espejos para la corte del shôgun. Se dice que a la temprana edad de seis años ya mostraba cierto interés por el dibujo y “la forma de las cosas”. En su etapa adolescente cambió su nombre por Tetsuzô y llegó ya a trabajar en el taller de un librero para ganarse el jornal. Allí aprendió a dibujar de manera autodidacta observando con detalle estampas xilográficas encontradas en varios libros del taller. También fue aprendiz de un grabador de madera, asimilando así el oficio de horishi y familiarizándose de esta manera con la técnica xilográfica, ya que en 1775 se tiene constancia de que grabó las letras para doce páginas de un relato popular. Entorno a 1778 logra convencer a uno de los más celebres pintores de estampas ukiyo-e de entonces, Katsugawa Shunshô (1726-1792), famoso por sus pinturas teatrales y la viveza con que representaba a los protagonistas de las mismas, sus mujeres hermosas, sus retratos eróticos y sus luchadores de sumô, para que le acepte como alumno y así poder empezar a pulir su técnica y la representación de los diferentes elementos que la componen. En esta época también fue muy significativa la escuela Torii, la cual tenía importantes pintores como Torii Kiyonaga (1752-1815) con un estilo que aparentemente era más convencional, careciendo del dinamismo representativo de otras escuelas.

Las primeras xilografías presentadas por Hokusai datan de 1779, y consisten en tres obras firmadas con el pseudónimo de Shunro, respetando el nombre del maestro y reafirmando con ello el estilo figurativo característico antes mencionado. Una vez consumado al estilo de su maestro permaneció en su círculo durante quince años más, aumentando de buena forma su producción, llegando a idear más de doscientas xilografías e ilustraciones para cincuenta libros que narran relatos populares. Debido a su juventud, su estilo no estaba definido como algo propio, sino que más bien tuvo un largo periodo de aprendizaje en el que asimiló con acierto gran cantidad de temáticas y composiciones, llegando incluso a absorber conocimientos de la escuela Torii. Sin embargo, y pese a que Hokusai estaba ligado al círculo de Shunshô a finales del siglo XVIII ya muestra cierto interés por los nuevos modelos artísticos como los de la escuela Uki-e que gozaba de cierta popularidad en el país del sol naciente. El estilo de esta escuela se caracterizaba por crear imágenes de interiores como si estas estuviesen captadas desde un agujero, relacionándose de manera directa con los grabados holandeses procedentes del comercio realizado en el puerto de Nagasaki. Este interés artístico por la novedad y la experimentación será una constante vital de Hokusai, ya que va a ser uno de los grandes renovadores del paisaje ukiyo-e. Para Katsushika esta influencia fue como un soplo de aire fresco a su producción, dando un paso más allá y lanzándose a representar paisajes que estarán a la vanguardia del momento.

En 1794 quedó viudo tras la muerte de su esposa, siendo este uno de los factores que le impulsará a buscar algo más de libertad artística. De este modo, llega un momento en el que el pintor cambia de estilo; no se sabe ciertamente lo que ocurrió, pero se cree que o le expulsaron del circulo de Shunshô porque estaba estudiando en secreto diversos estilos de otras escuelas o por que otro discípulo se mofó de su obra, y este se irritó tanto que en un arrebato decidió abandonar la escuela.

El sueño de la esposa del pescador, Hokusai, 1814, grabado ukiyo-e.

El sueño de la esposa del pescador, Hokusai, 1814, grabado ukiyo-e.

Después de este acontecimiento Hokusai se vio obligado a subsistir vendiendo pimienta de Cayena y calendarios. Pero esto, pese a que fue un golpe duro y no obtenía prácticamente ingresos, no fue un impedimento para continuar con su carrera artística, ya que él nunca dejó de pintar y producir genialidades. En esta etapa, de nuevo vuelve a cambiar su pseudónimo, de Shunro pasa a denominarse Sori, y ya no se dedicará a seguir un estilo de taller, lo que hasta el momento le había prácticamente llevado a representar actores y escenas teatrales (aunque también trató otra clase de temas) sino que ahora se centrará en el género de las mujeres bellas o bijinga. Por tanto, se especializó en la edición de surimono, piezas encargadas por una clientela selecta y apoderada que ansiaba mostrar las pretensiones literarias plasmadas en las obras. Sin embargo, no será hasta el año 1800 cuando aparezca la firma de Hokusai en un surimono. A partir de aquí, la obra de Hokusai experimentará una fuerte evolución ya que entre los cuarenta y los cincuenta años de edad comenzará a realizar una producción sumamente interesante. La manera en que los occidentales representaban la perspectiva y cómo esta fue asimilada en la obra de Shiba Kokan, llevaron a Hokusai a experimentar y ensayar nuevos recursos en la representación de sus paisajes.

Chosi en la provincia de Shimosa, Mil vistas del mar, Hokusai, 1832-1834 , grabado ukiyo-e.

Chosi en la provincia de Shimosa, Mil vistas del mar, Hokusai, 1832-1834 , grabado ukiyo-e.

Aunque esta forma de representación sí que fue revolucionaria para el arte japonés y se percibió como una rareza entre los artistas, Hokusai no siguió experimentando por esta vía y decidió de nuevo dar un cambio a su producción. Pero, aún con todo, Hokusai ansiaba el conocimiento y por ello también fue conocedor de los principios de la escuela Kano, cuyos orígenes artísticos provienen del continente asiático y de la cultura del Imperio Celeste y también de la escuela Tosa, cuya génesis era netamente nipona.

A principios del siglo XIX el panorama artístico va a manifestar grandes innovaciones basadas en la renovación del género popular. Nuestro pintor continuó realizando composiciones sin descanso, adaptándose a las modas y a las demandas. Tal fue así que entre 1804 y 1830 se dedicará, en parte, a ilustrar cuentos tanto históricos como didácticos que hunden sus raíces en el pensamiento confucianista. Por otro lado, también colaboró con grandes escritores de la época como fue Takizawa Bakin (1766-1848). Entre Bakin y Hokusai surgió un conflicto debido a que según la opinión del escritor las ilustraciones realizadas por el pintor eran demasiado poco representativas y no hacían una clara referencia al texto, negándose de esta manera Bakin a continuar colaborando. Finalmente, para que el conflicto llegara a una resolución, se optó por sustituir a Bakin por otro escritor de menor categoría, demostrándose así el peso e influencia que tenían las obras de Hokusai en relación a los beneficios de los editores. Durante esta época y alrededor de sus cincuenta años adoptó el nombre de Taito.

Parte posterior del Fuji desde el río Minobu, Treinta y seis vistas del monte Fuji, 1831-1833, grabado ukiyo-e

Parte posterior del Fuji desde el río Minobu, Treinta y seis vistas del monte Fuji, 1831-1833, grabado ukiyo-e.

Una de las obras magnas que realizó el artista japonés fue el Manga. Gracias a esta sucesión de dibujos aleatorios distribuida a lo largo de quince volúmenes adquirió una fama mayor, alcanzando ya una categoría icónica y un renombre irremplazable. Esta enciclopedia icónica comenzó a editarse en Edo y Nagoya de forma paralela en 1814 y se concluyó en 1878, veintinueve años después del fallecimiento del artista. El concepto irónico está presente a lo largo de toda la obra, donde el naturalismo por la representación humana y la manera anodina de plasmación anatómica hacen de esta una pieza clave para cualquier pintor de la época que se preciase en realizar composiciones imaginativas e innovadoras.

No solo está presente la figura humana sino que la naturaleza con sus paisajes, animales, plantas y demás elementos también está recogida de manera naturalista. Como una cámara cuando dispara, la retina de Hokusai capturaba cada objeto, momento y lugar con gran precisión. Por todo ello sabemos, gracias al prólogo del volumen octavo, que la intención del pintor siempre fue la de realizar una enciclopedia de referencia a partir de las imágenes recopiladas en los tomos, manifestando que un pintor no necesita maestro sino que puede pintar la figura real como la ven sus ojos. Por ello se puso en marcha para recoger “todas las cosas del mundo” que su pincel pudiera ejecutar. La obra se compone en total por un repertorio de 3.191 bocetos. Ya entre los años 1820 y 1833 pasará a firmar como Hokusai Iitsu, y al final de esta etapa de su vida realizará las obras más importantes de su producción, los paisajes, comprendidos en las series Treinta y seis vistas del monte Fuji, Cascadas en diferentes provincias, Mil vistas del mar, Puentes famosos y Ocho vistas de las islas Ryukyu. Entre todas las series forman un total de ciento cincuenta y cuatro estampas, las cuales cambiaron el género del ukiyo-e e influyeron sobremanera en artistas posteriores tanto de oriente como de occidente.

La serie denominada Treinta y seis vistas del monte Fuji (compuesta inicialmente de  treinta y seis estampas), publicada a partir de 1823, en unos siete u ocho años modificó para siempre la representación del monte Fuji, ya que hasta entonces la mole nipona se recogía como una montaña sagrada con tres picos o puntos fundamentales. Esta sucesión de estampas tuvo tal éxito que posteriormente se realizó una ampliación de la misma (a  cuarenta y seis estampas), además de otra serie similar en formato libro con el mismo motivo unificador titulada Cien vistas del monte Fuji en 1834, la cual se compone de ciento dos obras en las que ya no aplica color, realizándolas simplemente con tinta negra. Aquí adoptó un nuevo pseudónimo, Manji, también conocido popularmente como “el viejo loco de la pintura”.

En su última etapa artística que abarcó los veinte años precedentes a su muerte, encontramos dos tendencias, tanto en sus grabados como en sus pinturas. Por un lado se preocupó de realizar todo lo que guardaba relación con la historia y los clásicos de la literatura, y por otro de composiciones de pájaros, flores y animales o kachoga-e.

La gran ola de Kanagawa, Treinta y seis vistas del monte Fuji, 1931-1933, grabado ukiyo-e.

La gran ola de Kanagawa, Treinta y seis vistas del monte Fuji, 1931-1933, grabado ukiyo-e.

En la fecha de 1839 un incendio trágico quemó su casa y toda la obra albergada en su interior. En 1842 emprendió el proyecto de un álbum ilustrado para los jóvenes que querían dedicarse al arte del pincel, donde la pretensión del maestro era mostrarles que había conseguido dominar a la perfección todas las técnicas que abarcaban desde el grabado hasta la pintura al óleo. Desafortunadamente, este proyecto fue truncado por su trágico fallecimiento ocurrido el 10 de mayo de 1849 a la avanzada edad de ochenta y ocho años, de tal modo que solo llegaron a publicarse dos tomos del total de la obra. Sus últimas palabras en su lecho de muerte y ante su hija fueron: “Si el cielo me concediese cinco años más… ¡Ay si me los concediese, llegaría a ser un gran pintor!”. De esta manera queda claro el afán de continua superación que tenía el artista, intentando hallar a través del aprendizaje constante la autentica forma de la naturaleza y poder desvelar así la esencia de la pintura.

A modo de conclusión se podría decir que la obra de Hokusai fue trascendental para la historia del arte no solo nipona sino también occidental, ya que el impacto causado por sus grabados a finales del siglo XIX y principios del siglo XX (gracias a la apertura del Japón) en el viejo continente fue tan grande que incluso en la sociedad de hoy día, en pleno siglo XXI, se siguen percibiendo reminiscencias e influjos de lo que fue el cenit de su producción artística.

 

Para saber más:

  • Almazán, David. Katsushika Hokusai Cien vistas del monte Fuji.  Bilbao, Sans-Soleil, 2016.
  • Forrer, Matthi. Hokusai. Verona, Bibliothèque de l’Image, 1996.
  • Ishinomori, Shôtarô. Hokusai. Barcelona, EdT, 2012.
  • Tanabe, Toru. Hokusai. Madrid, Anaya, 1993.
  • Yonemura, Ann. Hokusai, vol.1. Washington, Smithsonian Institution, 2006.
avatar Pablo C. Anía (4 Posts)

Graduado en Historia del Arte (2012-2016) por la Universidad de Zaragoza. Actualmente cursando el máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte y un postgrado de Estudios Japoneses en la misma Universidad. Su investigación esta centrada en el japonismo y el impacto de las estampas ukiyo-e en España.


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