Revista Ecos de Asia

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This article was written on 20 Ene 2020, and is filled under Cine y TV.

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Una nueva mirada a la película Secret Fruit del director taiwanés Lien Yi-chi desde la perspectiva de la psicología social

Fotograma de la  película que muestra el contraste entre el sosiego del protagonista adolescente y las vidas desordenadas de su padre alcohólico (en el fondo) y de la madre de su amiga desde la infancia en primer plano.

La mayoría de nosotros estamos destinados a vivir vidas largamente felices creyendo que las elecciones que hacemos son conscientes, libres de influencias externas: la voluntad o el deseo de los padres, la influencia de algún profesor o profesora, de nuestros amigos, o de todo el proceso de la socialización a que nos somete la sociedad desde que nacemos. Sin embargo, muchas veces, si examinamos nuestra historia personal, identificamos influencias muy marcadas que a veces hacen pensar que lo que somos no es la expresión de nuestro propio “yo” sino del ”yo” del otro; muchas veces una expresión de los sueños no realizados y frustrados de algún pariente (lo que Freud comparaba con la idea metafórica de la castración). Son consideraciones que derivan de las teorías psicoanalíticas pos lacanianas[1] de Laplanche,[2] y la escritora feminista posestructuralista Butler,[3] que plantean un campo de influencia en nuestra formación como sujetos[4] que va más allá de la influencia paternal y maternal dentro del esquema edípico freudiano:

Desde el comienzo estamos vinculadas y vinculados a las otras y los otros, y la difícil tarea consiste en despegarse parcialmente de las intrusiones primarias para emerger de algún modo, nunca del todo exitoso, como un yo…[5]

De igual modo, en la psicología social no hay muchos casos en los que un niño que ha tenido un padre alcohólico o adicto a las apuestas, por ejemplo, llegue a la edad de un adulto sin haber sido perjudicado o marcado de alguna manera.[6] Más bien todo lo contrario. En muchos casos llega incluso a repetir un comportamiento delictivo o antisocial. De esta manera observamos cómo un entorno de familia disfuncional se transmite de generación en generación.[7] Normalmente, hace falta confrontar al individuo con creencias equivocadas internalizadas y, a través de la interacción social en grupos, hacer rehabilitación social para romper todo un sistema de creencias y actitudes aprendidas.

Existe otra tendencia sobre todo en las mujeres, más comentada en la literatura académica, de ser unas “rescatadoras”. En el libro El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana de Marie-France Hirigoyen, por ejemplo, comenta el caso de Élaine que ama incondicionalmente a su marido a pesar del maltrato psicológico sufrido porque cree que éste ha tenido una infancia difícil, al cual cree que justifica perdonarle casi todo. Sin embargo, a la vez intuye que su aceptación de la situación tiene una parte enfermiza, que tal vez es consecuencia de algo que ha vivido en su niñez, observando como su madre se comportaba con un marido parecido:

Durante mucho tiempo, Élaine se hizo esta pregunta: “¿Hasta qué punto mi comportamiento, o lo que soy, son responsables de la actitud de Pierre?”. Ahora comprende que Pierre no hace más que reproducir lo que él mismo padeció en su infancia, lo que vio en acción en su propia familia, y entiende que ella misma ha tenido dificultades para salir del papel reparador que se le asignó cuando era niña….[8]

Normalmente se trata de personas que han crecido en familias donde el padre presenta algún tipo de trastorno de personalidad (como el del perverso narciso[9]) y se ha observado cómo la madre intenta salvar o curar a su marido a través de su amor. Posteriormente de haber presenciado el fracaso de la misma en el intento están destinadas a retomar la misma causa perdida. Esta tendencia se entiende más claramente con referencia a la película argentina Un Oso Rojo de Adrián Caetano (2003), que muestra cómo una mujer hermosa escoge por marido a un hombre violento y reservado, que acaba en  la cárcel condenado por homicidio y atraco a mano armada, pensando que, por medio de su belleza y amor le puede domesticar.

Al evaluar la película Secret Fruit (2017, China), del director Lien Yi-chi (nacido el 22 de  julio 1977, Taiwán) tendremos en cuenta estas observaciones, y a pesar del hecho de que nuestra historia refleja el amor entre adolescentes, tres de los personajes secundarios podrían ser los sujetos de un estudio de psicología social. Tenemos, en primer lugar, a un padre alcohólico con problemas de dinero, totalmente incapaz de demostrar amor a su familia; en segundo lugar, a una madre que ha jugado sucio para conseguir lo que ha querido y como consecuencia tiene un acercamiento a la realidad tan enfermizo, que vive siempre con una sensación de culpa y es incapaz de rehacer su vida después de la muerte de su marido, refugiándose siempre en un papel de “rescatadora”.[10] Por último, está la mujer sufrida del alcohólico, que sigue a su lado esperando que un día cambie. En este sentido la película del director taiwanés es muy diferente a las que han sido previamente analizadas por el presente autor, ya que sale del repertorio habitual de personajes adultos, como modelo a seguir, que hemos visto en películas como What a day de Xiaoku Wang (China, 2017).

Fotograma de Duan Bowen en segundo plano y su padre alcohólico en primer plano

La historia cuenta con dos narradores que son los dos personajes principales, Yu Chizi y Duan Bowen, dos amigos de la infancia que tienen 16 años al principio de la cinta y ya han cumplido 17 al final. Al ser una historia de amor entre adolescentes, se centra mayormente en las reflexiones de cada uno sobre el proceso de crecer, lo que buscan o lo que les es importante en la vida. La chica, Yu Chizi, tiene la tendencia aidealizar la realidad. Imagina, cuando simula que se está ahogando, que la persona que le rescata se convertirá en su príncipe azul. En este sentido, no es de extrañar que piense que su amor adolescente por Bowen, un chico flemático e impasible, le transformará en un “Superman”, que con ella será un chico apasionado, y dispuesto a hacer cualquiera cosa por ella.

Fotograma de Yu Chizi y Duan Bowen en un momento romántico de la película

A Bowen, en cambio, lo que le marca es una ligera tendencia depresiva. Le cuesta creer que la vida tiene algún sentido (tal vez una influencia del “yo” descarrilado del padre) hasta que descubre a las chicas, en este caso en la forma de un encaprichamiento por su profesora de chino, Miss Li. Ella, en realidad, es sólo una de las tres personas que forman parte del interés romántico de la película, y la tensión dramática se genera alrededor de la intriga para descubrir varios “secretos” que todos los personajes van revelando a lo largo de la cinta. Normalmente son sentimientos que no se revelan, o cosas que posteriormente provocan un sentido de vergüenza o culpa. La película representa esta idea también con la ayuda de una metáfora visual para hablar de un tipo de secreto que esconde un deseo ilícito. Resulta que la profesora de Bowen es sorda de una oreja, y en una escena en la que ella y Bowen están a solas, ella le da permiso de decir lo que siente, pero sólo susurrando en su oreja insensible al sonido. Este recurso transmite la idea de que da igual la fuerza y la sinceridad de nuestras emociones, puesto que siempre hay cosas que no deben decirse.[11]

Fotograma de la secuencia en que Bowen susurra en la oreja sorda de Miss Li

Como ya se ha insinuado, el argumento de la película se complica con la historia de la lucha entre Yu Chizi y su amiga, la tan rebelde como astuta Si Jiali, para conquistar a Bowen. Esta parte de la historia repite una fórmula de éxito que se emplea en la mayoría de culebrones sobre adolescentes,[12] y no hace falta explicarlo con más detalle. Sin embargo, el film posee el mérito de explorar la lucha de los adolescentes para descubrir su propia voz, para desenredarse de las creencias erróneas y actitudes enfermizas de los padres, y para hacerse una vida de autoría propia, rompiendo, si es necesario, con los modelos paternales que se transmiten de generación en generación.

En el caso de Bowen, esto se aprecia en las escenas en que tiene que cuidar a su padre borracho. Éste está tan deteriorado, que apenas habla o mira a su hijo. Como narrador, Bowen hace una reflexión pertinente sobre la vida de su padre, y en un juicio final se compromete a llevar una vida en que sea capaz de expresar el amor a los suyos. Paralelamente, en una escena cargada de emoción, en la que Yu Chizi observa el estado lamentable de la vida de su madre que no sabe olvidar el pasado y buscar un hombre que le quiera de verdad, ella también se plantea un cambio radical del modelo de su madre. En su caso, se promete encontrar a un hombre que la quiera de verdad y sabe demostrarlo. En ambos casos los personajes reflejan lo que Foucault llama el “conocimiento de sí”, que define la capacidad, a través de la reflexión, de cambiar nociones previamente aprendidas y de esta manera expandir las posibilidades de vivir felizmente.

Ampliando nuestra perspectiva sobre la dimensión filosófica y psicológica de la película, también conviene recordar que esta gira en torno a varios secretos. En la escena final, en que se consolida la relación de pareja entre Bowen y Yu Chizi, es muy curioso el hecho de que nunca lleguen a decir lo que realmente sienten, y que todo tiene que ser intuido entrelineas, en frases ambiguas.  Yu Chizi nos enseña que, cuando se revela un secreto (mimi), nunca se llega a una verdad absoluta porque un mimi solo conduce a otro. Efectivamente, la película transmite una reflexión filosófica importante sobre la experiencia de vivir. Cada uno tiene su versión de la realidad y mi realidad no es la misma que la tuya. Lo que implica que nadie debería imponer su versión sobre la de otra persona.

Los logros técnicos de esta película son verdaderamente sobresalientes. El uso de la metáfora visual que ya hemos comentado. Otro recurso es el de representar en el mismo plano dos secuencias; una que manifiesta el tiempo real y la otra que es un flashback. Este se utiliza para aumentar el impacto dramático cuando Bowen lee la nota de la madrastra en que dice que ha abandonado la casa. Vemos simultáneamente a ella a punto de salir, y a Bowen leyendo su carta de despedida con el dinero que ha dejado. Por otro lado, la fotografía es muy lograda. Ayuda a transmitir la idea de que las experiencias en la adolescencia nos marcan para toda la vida, quedando así como intemporales. Hace un uso del plano subjetivo, por ejemplo, cuando Yu Chizi vigila a Bowen cuando está a solas con Miss Li. Por último, el director aprovecha el uso de planos panorámicos, travellings y muchas variaciones de angulación de la cámara para dar diferentes perspectivas sobre los acontecimientos que afectan a los personajes.

Fotograma que ilustra cómo se integran dos temporalidades en el mismo encuadre

En resumidas cuentas, aunque esta película cumple sobradamente con lo que se espera de una historia de amor entre adolescentes, del género coming of age, una consideración más detallada de detalles de su argumento y caracterización desde el punto de vista de la psicología social y la filosofía, revela una dimensión que tiene interés para un público de todas las edades. De una forma indirecta nos enseña que es posible desmontar a través de la reflexión las creencias erróneas y actitudes enfermizas que se consolidaron en nosotros a una edad temprana sin la posibilidad de resistir, sobre todo las que nos perjudican en la vida adulta. Hace ilusión pensar que, de esta manera, podríamos llegar a tener vidas más auténticas, más felices, de autoría propia, y no ser simplemente un clon de lo que otra persona pensaba o experimentaba; una repetición de sus mismos errores  pero en otra época de la vida.

Para saber más:

  • Berger, P y Th. Luckman, La construcción social de la realidad, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1998.
  • Burgos Díaz, Elvira, “Arriesgar el propio ser: Nietzche, Foucault, Butler”, Perfeccionismo: entre la ética política y la autonomía personal / coord. por David Pérez Chico, Alicia García Ruiz, 2014, pp. 117-138.
  • Esteban, Mari Luz, Antropología del cuerpo. Género, itinerarios corporales, identidad y cambio, Ediciones Bellaterra, Barcelona, 2004.
  • Hirigoyen, Marie-France, El acoso moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana [traducción de Enrique Folch González], Paidós, Barcelona, 2002.

 

Notas:

[1]Lacan tiene tendencia de limitar más el impacto del Otro. Es como si tuviéramos ya una identidad propia al nacer y utilizamos al Otro como un espejo para descubrir o confirmar lo que realmente somos o lo que nos gustaría ser.

[2]Este autor es muy relevante porque sus teorías psicoanalíticas forman la base de la “ética de no violencia” de la feminista posestructuralista Butler. Una concepción de la vida basada en el dialogo y no la imposición por la fuerza de las ideas de un grupo dominante. En esencial es una relectura de Foucault sobre cómo liberarse de los dogmas religiosas y narrativas del poder para poder ampliar las posibilidades de vivir felizmente.(Véase Burgos Díaz, Elvira, “Arriesgar el propio ser: Nietzche, Foucault, ButlerPerfeccionismo: entre la ética política y la autonomía personal / coord. por David Pérez Chico, Alicia García Ruiz, 2014, pp. 117-138)

[3] Butler habla, por ejemplo, de la “imposibilidad de distinción entre el otro y yo en el corazón de mi identidad” (Butler citado en Burgos Díaz, Elvira, “Arriesgar el propio ser: Nietzche, Foucault, ButlerPerfeccionismo: entre la ética política y la autonomía personal / coord. por David Pérez Chico, Alicia García Ruiz, 2014, p.133)

[4] Uno de los temas más centrales de la psicología social es la cuestión de cómo se construye un sujeto. No nacemos ya formados socialmente sino que nos hacemos a través de la interacción social. Es decir,  entramos en un una red, en un contexto, sujetos siempre a alguna figura de autoridad,  al “poder” en términos de Foucault. Dicho de otro modo, nuestro “yo” como sujeto; nuestra identidad es configurada a partir de los sentidos, las normas y los valores que emite nuestra red personal. Este proceso es tanto cultural como lingüístico, porque el lenguaje mismo es performativo: produce un efecto. En parábolas de Berger y Luckman, “la realidad social determina no solo la actividad y la conciencia, sino en gran medida, el funcionamiento del organismo” (Berger, P y Th. Luckman, La construcción social de la realidad, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1998, p. 225.). El mero hecho de pronunciar palabras, delante de un niño sin capacidad de evaluar críticamente lo que escucha, como “eres un fracasado”, o “si no trabajas duro no vas a conseguir nada en la vida”, pueden creer una realidad dentro de la concepción del mundo del mismo.

[5]Burgos Díaz, Elvira, “Arriesgar el propio ser: Nietzche, Foucault, Butler”,  Perfeccionismo: entre la ética política y la autonomía personal / coord. por David Pérez Chico, Alicia García Ruiz, 2014, p.133

[6]Esto se aprecia mejor con referencia al caso de Natalia, en el libro Antropología del cuerpo. Género, itinerarios corporales, identidad y cambio de Mari Luz Esteban.Natalia, hablando de su padre con el que apenas ha tenido relación comenta: “ha tenido problemas con el alcohol, he sido una persona que ha estado siempre enferma, que siempre había que cuidar, que, en fin, estábamos todos bailando a su son, y yo creo que no le he querido nunca. De hecho cuando se murió no me importó nada….” (p.184-185) Pero curiosamente cuando precisa su gusto en hombres para formar pareja, a partir de definirse como heterosexual, dice haberse enamorado fundamentalmente de “impresentables”, hombres ajenos a su entorno profesional de los que le atrae “una especie de misterio”, una “actitud que igual no puedo descifrar fácilmente….”(p.188-189)

[7] Esto se aprecia mejor con referencia a la película American History X de Tony Kaye (Estados Unidos, 1998), donde vimos como las actitudes racistas se trasmiten del padre a los hijos, uno de los cuales acabará en la cárcel por asesinato de un hombre de color.

[8] El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, p.36

[9] Un trastorno en el que el sujeto está tan obsesionado consigo mismo, que carece de empatía por los demás, y se suele perjudicar a otras personas psicológicamente para inflar el sentido desproporcionado  de su propia importancia. Marie-France Hirigoyen en su libro sobre maltrato psicológico, El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, por ejemplo, comenta de los perversos narcisos: “la fuerza de los perversos estriba en su insensibilidad. No conocen ningún escrúpulo moral. No sufren. Atacan con absoluta impunidad….” (p. 114)

[10] En este caso se hace cargo del hijo y del marido alcohólico de una amiga cuando ésta muere, para remediar su sentido de culpabilidad por haberle robado al hombre que querían ambas, y por el hecho de que su amiga le salvó la vida cuando cayó en una depresión después de la muerte del mismo hombre.

[11] Esta es una observación especialmente importante por una cultura asiática como la de China, donde se considera inapropiado expresar verbalmente todo lo que uno siente.

[12]Este estilo de película, denominado “Brat Pack”, o coming of age film, sobre el amor y los grupos sociales en las escuelas secundarias empezó en los años ochenta con comedias norteamericanas como Pretty in pink de Howard Deutch (Estados Unidos, 1986) y ha sido seguida por variantes en todo el mundo. Pretty in pink. Trata de una chica pobre que debe elegir entre sus sentimientos por su primer amor de la adolescencia y un mujeriego rico.  “Brat Pack” en realidad se refiere al grupo de actores jóvenes que normalmente aparecen juntos en películas de este genre. La palabra “brat” además es un término despectivo que los adultos suelen utilizar para referirse a adolescentes problemáticos.

avatar Simon Kelly (24 Posts)

Graduado en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, donde también realizó el Máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte, especializándose en cine y literatura. Además, es Licenciado en Biología por la UCM y continúa realizando estudios de psicología, sociología, francés y chino.


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