Revista Ecos de Asia

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This article was written on 08 Ene 2019, and is filled under Historia y Pensamiento.

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El erotismo en Japón a través de los siglos (I)

La idea de lo sugerente y lo sutil en el arte japonés se entremezcla, a lo largo de la Historia, con los elementos eróticos propios que caracterizan la vida cotidiana desde los primeros tiempos en Japón. Los documentos gráficos y visuales que han llegado hasta nuestros días, así como las excavaciones arqueológicas o producciones literarias y teatrales de la tradición nipona, reflejan una clara evolución en la percepción de lo erótico y su forma de representación.

Desde las manifestaciones primigenias de los sentimientos y la sensación de vacío, de marcada influencia zen, hasta el actual manga de contenido pornográfico (el perteneciente al género hentai), la historia del erotismo en las artes japonesas ha estado acompañada por el sentido de la cotidianeidad de la vida, respetando las normas de convivencia social. Éstas son ligeramente permisivas con la transgresión en un campo como el de la sexualidad, que en nada puede desestabilizar el orden establecido.

El erotismo evoluciona, por tanto, desde la sutileza y armoniosa belleza del periodo Heian hasta la mayor explicitud de los grabados ukiyo-e, desembocando en la polémica pornografía del manga actual. Xilografías, láminas, pergaminos, fotografías, películas y cómics han servido de canal de distribución de un concepto que ha estado en continuo cambio, aunque siempre manteniendo la visión de naturalidad del mismo.

Sin duda, se trata de un apasionante recorrido por una faceta universal que viene a acercar la cultura del Japón a la del Occidente contemporáneo, enseñándonos, una vez más, que los elementos que tenemos en común son mayores que los que nos diferencian.

El concepto de erotismo: entre lo sugerente y lo prohibido

El término erotismo proviene del griego ἔρως: érōs, con el que se aludía en la Antigüedad al amor apasionado unido al deseo carnal, así como a las emanaciones semánticas y psicoanalíticas de carácter freudiano que proyectan la libido y el deseo sexual. El erotismo trata de todo aquello que emana de nuestra zona libídica y está relacionado con el sexo y el amor carnal. Resulta necesario destacar la existencia dicotómica del amor erótico y el romántico, siendo el segundo, supuestamente, altruista y de una sensualidad sublime cercana a la transverberación, hasta el punto de anular la libido.

En las religiones y diversas creencias siempre ha estado presente el erotismo, aunque su presencia deviene de manera muy opuesta: desde la mística de una retórica exquisita dirigida a la deidad, hasta la prostitución sagrada de la Antigua Grecia o la severa castidad y virginidad del catolicismo.

La aproximación a este concepto puede variar dependiendo de la cultura de la que emane, y el significado que determinadas actitudes, objetos o lenguajes le atribuyen, en muchas ocasiones, nada tienen que ver entre sí. Es decir, lo que en unas culturas puede entenderse como erótico o sexual, en otras no. Aún con todo y a la postre, en todas las latitudes, el erotismo emana del encanto sexual y de la actitud psicológica hacia los órganos y atributos libídicos, ya sean estos los propios sexuales u otros como la piel, los ojos y el cabello.

Otros términos están indisolublemente ligados al anterior, ya que provienen del mismo, y la línea que los separa en muchos casos se entremezcla o incluso diluye. Es el caso de la “Erótica”, que es un término carente de plural y que designa el conjunto de objetos relacionados de una manera general y representativa con el erotismo. Como sustantivo, la “Erótica” abarca pues todos los objetos calificados de eróticos. Y resulta que, a lo largo de la historia, eso ha sucedido con las cosas más diversas: bailes, poemas, vasijas estatuas, dibujos, pinturas, etc.

Japón evoluciona eróticamente: manifestaciones plásticas tradicionales y su posterior reflejo en el cine

Japón es un país con una larga tradición erótica cuya influencia en el arte se remonta hasta el período Jômon que llega a su fin alrededor del 300 a.C. y que se nutre de influencias chinas y budistas. Se han encontrado estatuillas de esta época en las islas de Hokkaidô y Shikoku que muestran a deidades asociadas a la agricultura o a la abundancia de la Naturaleza, con grandes pechos o con falos de gran tamaño.

Piezas del 300 a.C.

Será durante el periodo Heian que es el último de la época clásica de la historia japonesa, entre los años 794 a 1185, con  la capital establecida en Kioto, cuando el Confucianismo y otras influencias chinas alcanzaron su cénit. También se consideran estos años como el punto álgido de la corte imperial japonesa y destacan la sensualidad y delicadeza ligeramente voluptuosa de la poesía y la literatura. Heian, que significa “paz” o “tranquilidad” en japonés, se convierte así, en el concepto de inspiración base que adquiere un aura de elevada intelectualidad erótica y evocadora sugestión sentimental.

En las obras del periodo Heian destacan elementos de la naturaleza (hojas secas, lagos, flores o pájaros), y menciones a estaciones evocadoras como la primavera y el otoño, que en Japón tienen cierta relación con el mundo de la sensualidad sensorial.

El concepto de sugerencia adquiere preponderancia sobre cualquier otro, rozando tenuemente lo erótico; lo sugerente se transforma en vehículo de transmisión de sentimientos o contenidos ocultos. El arte, y sobre todo la literatura, abordan temas de elevado refinamiento y sensibilidad exquisita como son el mundo de los sentimientos, el vacío (donde aflora la filosofía zen) y, sobre todo, la exaltación de la belleza femenina junto al delicado erotismo que ella despierta.

A la izquierda, Dos amantes tocando el Shamisen, de Suzuki Harunobu (1725-1770); en el centro, Mujer admirando unos ciruelos de noche, de Suzuki Harunobu (1725-1770); a la derecha, el momiji o enrojecimiento de las hojas en Japón.

La música, especialmente la danza, desempeñó un papel de primer orden en el mundo de la sugestión y el lenguaje mudo del detalle erótico. Dos de los estilos más antiguos son el shômyô, u “hombre gordo que canta”, y el gagaku, o música orquestal de la corte; ambos se remontan a los períodos Nara y Heian.

En relación con las artes escénicas y la música, el teatro musical o teatro noh o se generó a partir de varias tradiciones populares, y hacia el siglo XIV se había convertido en un arte altamente refinado cuyos artistas, con su evocación y caracterización, consiguieron conquistar los corazones de muchos de sus espectadores, en la mayoría de los casos personalidades destacadas de la corte o el mundo de la política. De hecho, incluso esta misma corte imperial, extraordinariamente refinada y culta, se convierte en productora de obras de carácter privado que acabarán por traspasar, con el devenir de los tiempos, los propios muros de palacio. Uno de los mejores ejemplos es El libro de la almohada un diario escrito por la autora japonesa Sei Shônagon, dama de la corte de la emperatriz Sadako, hacia el año 1000, durante la era Heian. Posiblemente sea el nikki o diario íntimo más famoso de la literatura japonesa, con numerosos pasajes cargados de un elevado contenido afectivo.

Es precisamente la literatura una de las artes más cultivadas del periodo Heian; de hecho, la cultura y el conocimiento conformaban la base erótica más valorada en un ser humano, como refleja la película de Peter Greenaway, El libro de la almohada (1995),  basada en el citado diario.

El aspecto sensible y táctil del texto es subrayado al usar la metáfora visual de dos amantes que escriben en sus cuerpos en vez de sobre papel. Así, el cuerpo se hace libro y el libro cuerpo. El valor plástico del texto es enfatizado usando imágenes relacionadas a la estética barroca, usando tradiciones orientales y evitando el cine como texto ilustrado.

Posteriormente, durante el s. XVI, Japón entrará en contacto con la cultura europea a través de acuerdos comerciales y misiones religiosas, cuyos valores puritanos no llegan a permear, realmente, en la sociedad nipona ni en su manera de concebir las relaciones eróticas. Aunque tanto la mitología japonesa como su principal religión, el sintoísmo, ofrecen muy poca información referente al sexo, no sucederá lo mismo con las creaciones artísticas en su conjunto.

Makura no Sôshi (1995): un ejemplo del erotismo primigenio asociado al intelecto y la cultura. Fuente: Fotogramas (2003).

Será durante el periodo Edo (1603-1868) cuando la impronta de la erótica en la vida diaria nipona será mayor, debido en parte a la decisión del Estado de legalizar y controlar la prostitución para atajar el problema de la desproporción numérica entre sexos (de un sesenta por ciento).

En esta época, se popularizó el arte shunga, un género dentro del ukiyo-e que consistía en dibujos grabados en madera en libros, acompañados con pequeños relatos de la situación en la que el dibujo tenía lugar. Shunga literalmente significa “Dibujo de primavera”, siendo común en Japón referirse a esta estación del año al hablar de sexo.

Obras del siglo XVII

Yama Ura y Kintaro con una copa de vino (1793). Kitagawa Utamaro.

El ukiyo-e es el género artístico por excelencia que se extendió por todas las capas sociales. Se trata de un tipo de grabados (realizados mediante xilografía o técnica de grabado en madera) producidos en Japón entre los siglos XVII y XX, entre los que se encuentran, principalmente, imágenes paisajísticas, del teatro y de zonas de alterne. Ukiyo, hace referencia a la impetuosa cultura chônin que tuvo su auge en los centros urbanos de Edo (actual Tokio), Osaka, y Kioto y que era un mundo dentro de sí. Es una alusión irónica al término homónimo “Mundo Doloroso”, al plano terrenal de muerte y renacimiento en el que se basa la religión budista. Los chônin constituyeron una clase social compuesta por artesanos, trabajadores y comerciantes que emergió durante las primeras etapas del periodo Edo y que llegó a ser sumamente influyente, conformando  un ideal de vida conocido como ukiyo, un mundo de elegancia y diversión popular.

Los grabados ukiyo-e se originaron con los trabajos de un solo color de Hishikawa Moronobu en la década de 1670 y Kitagawa Utamaro perfeccionó la técnica centrándose en la temática de las diversiones eróticas de esta poderosa clase social. Su obra llegó a Europa a mediados del siglo XIX, donde se hizo muy popular, disfrutando de especial aceptación en Francia. Influyó a los impresionistas europeos, particularmente por su uso de vistas parciales, con énfasis en la luz y la sombra.

A la izquierda, Mujer de una casa de placer (grabado del siglo XVIII); en el centro Gong Li como Hatsumomo en Memorias de una geisha (2005); a la derecha, geisha aplicando su maquillaje en un grabado del siglo XVIII.

Dentro de la erótica tratada por el grabado ukiyo-e cabe destacar la evolución desde la estampa xilográfica de sutil sensualidad, evocada por hojas de otoño sobre cabellos femeninos o kimonos floridos, y de buscadoras de perlas peinando sus cabellos, hasta los grabados más explícitos que son abordados como un simple aspecto más de la cotidianeidad de la vida.

En los primeros, los detalles de la obra son los que aportan mayor sensualidad a la escena, con objetos claramente evocadores de la intimidad femenina, como son el abanico, el peine, los afeites o las horquillas.

Kitagawa Utamaro, s. XVIII: detalle de pareja con abanico.

El abanico, tal como lo conocemos hoy, fue diseñado por artesanos japoneses. Aunque ya existían abanicos de plumas en el Antiguo Egipto, fue en Japón y China donde, inspirándose en las alas de los murciélagos, crearon esta herramienta que resulta práctica y, a la vez,  estética, y que ha sabido perdurar a lo largo de la Historia.

El abanico posee, incluso, un lenguaje propio para comunicar sentimientos e ideas, y ha constituido, en todas las culturas, un elemento que encierra una alta, y a la vez, sutil carga erótica. Usado tanto por mujeres como por hombres, el abanico se ha ido transformando en una prolongación artificiosa del cuerpo del que lo posee y su influencia no ha dejado impávida ni a la danza ni al teatro, que lo han incorporado constituyendo, en muchos casos, un estilo propio de poderosa  impronta sugestiva. En Japón, concretamente, el Teatro Noh del siglo XVI, desarrolló piezas alrededor del abanico en el que se combinaban la danza y el canto, como ilustra la película Memorias de una geisha (2005), en las que Michelle Yeoh introduce a su pupila en las artes de seducción del baile con abanico.

Michelle Yeoh junto a Zhang Ziyi en Memorias de una geisha (2005).

De hecho, como se ha apuntado con anterioridad, la música y la literatura han resultado en sí una incitación amoroso-sexual, tanto en la cultura japonesa como en la occidental. Ambas, con delicadeza, crean un clima de recreación sensorial y espiritual  utilizando el poder de la imaginación y los sentidos para crear belleza y agitación en el alma y, por tanto, como último objetivo, la consecución de cierto placer.

Esto ha sido plasmado tanto en los grabados tradicionales japoneses de los siglos XVII y XVIII como recuperado con posterioridad por el cine. En la fotografía que procede a continuación, puede observarse un grabado de Kitawara Utamuro que muestra a un hombre disfrutando de los encantos físicos y artísticos de una dama  y que la película franco-japonesa El imperio de los sentidos (1976) supo recrear narrando la vida de Sada Abe. Esta ex prostituta que ahora trabaja como parte de la servidumbre de un hotel, conoce allí a su propietario, Kichizo Ishida, casado con el ama, y muy activo sexualmente. Ambos se convierten en amantes de una manera tan intensa que llegan a alcanzar un comportamiento obsesivo, lo cual los conduce a un desenlace fatal, cénit de la pasión llevada hasta sus últimas consecuencias.

El título en japonés Ai no Corrida nos remite a las fuentes intelectuales que influyeron sobre su director, Nagisa Oshima. Fue destacable el papel que desempeñaron las obras de escritores franceses como Michel Leiris y Georges Bataille, este último gran transgresor y filósofo que profundizó en el concepto del Erotismo y la tenue línea que lo separa de la pornografía. La película no analiza la condición de Abe como personaje del folklore japonés, sino que se centra, más bien, en las relaciones de poder entre los personajes femenino y masculino. La película es también una exploración de los rasgos mórbidos del erotismo en la cultura japonesa y de su obsesión por la muerte.

Finalmente, para terminar esta primera y larga etapa evolutiva del erotismo en la historia de Japón y en sus manifestaciones plásticas, tratada a lo largo de este reportaje,  hay que focalizar la atención en el imperialismo japonés del siglo XX y su militarización de la sociedad. Desde el periodo Edo hasta la Segunda Guerra Mundial, el contenido sexual en la literatura y el arte había comenzado a crecer exponencialmente, pero será durante la contienda cuando los contenidos de carácter sexual sean prohibidos expresamente por el gobierno poniendo así fin a siglos de tradición.

A la izquierda, grabado de Kitagawa Utamaro (s. XVIII); a la derecha, Eiko Matsuda y Tatsuya Fuji en El imperio de los sentidos (1976).

Para saber más:

  • Barlés, Elena, Almazán, David. La mujer japonesa: realidad y mito. Zaragoza, Fundación Torralba-Fortún, 2008.
  • García, Amauri. El control de la estampa erótica japonesa Shunga, Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y África, 2011.
  • Domingo, Carmen, Wasanabi, Yokoo, Keiko Arai. Secretos de alcoba de las geishas. El arte japonés del sexo, Barcelona, Ámbar, 2006.
  • Rodríguez, Daniel, “El ukiyo-e y el shunga: el reflejo de la sociedad de los barrios del placer en el Japón del período Tokugawa”, Ecos de Asia, 2 de febrero de 2018, disponible aquí.
  • Galería del ukiyo-e. Disponible aquí.
  • Revista Fotogramas. Disponible aquí.
avatar Alberto Vela Rodrigo (2 Posts)

Alberto Vela es Licenciado en Traducción e Interpretación por la Universidad de Salamanca y Graduado en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. Se especializó en Estudios Asiáticos por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, lo que le llevó a vivir y trabajar en Pekín durante un año en entornos empresariales y de mercado. Su formación interdisciplinar le ha permitido desenvolverse en distintos ambientes y campos de estudio que abordan la historia material, social y cultural de Europa y Asia.


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