Revista Ecos de Asia

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This article was written on 09 Nov 2016, and is filled under Cine y TV.

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A propósito de Kubo y las dos cuerdas mágicas: el poder de la mirada

Aviso: el siguiente artículo contiene spoilers. Realizamos un análisis bastante detallado de algunos momentos clave de la película, entre ellos la estructura y el final. Se recomienda evitar la lectura si todavía no se ha visto la película.

En la anterior entrega sobre Kubo y las dos cuerdas mágicas, nos centramos en la narrativa de la película, en la forma en que se ha empleado una estructura de narración clásica como es el viaje del héroe o monomito a la hora de construir su guion y en cómo este hecho se manifiesta de forma muy evidente, no queriendo esconder cierta intencionalidad. Todo ello forma parte de una reflexión más profunda que la película plantea sobre la necesidad humana de contar historias, que se convierte de manera subyacente en el motor que impulsa toda la cinta.

Estrechamente ligada con todo esto se encuentra también la importancia que la película otorga al punto de vista. La historia que narra Kubo… es, básicamente, una historia de puntos de vista, en la que el bien y el mal se establecen por el sistema de valores con el que se afronta e interpreta la situación. Ambos bandos actúan con la convicción de que están realizando lo correcto (o, quizás, lo que la situación exige de ellos), y lo que es más importante, sus posturas se definen por su interpretación (su punto de vista) sobre los conceptos generales que se plantean a lo largo de la película.

Kubo, con un parche sobre el ojo perdido, junto a su madre.

Kubo, con un parche sobre el ojo perdido, junto a su madre.

Esta importancia del punto de vista tiene tres hitos fundamentales en la historia: el primero es el propio Kubo, cegado de un ojo por su malvado abuelo, cuyos motivos para tan pérfida acción se conocen únicamente al final (y otorgan a la acción de una explicación coherente, que resulta fácil de comprender, aunque siga siendo imposible empatizar con ella). El segundo de estos hitos es el enamoramiento de los padres de Kubo y el establecimiento de su relación. El tercero es el final, en el que Kubo se enfrenta al monstruo y, al vencerlo, ciega a la bestia para que su abuelo recupere una vista humana. Además, aunque su interpretación es ligeramente diferente, también entroncan con esto las criaturas del lago, ojos gigantes capaces de ver el alma y proyectar directamente en ella sus mayores deseos, a fin de capturar y devorar a sus víctimas.

Kubo ante las temibles criaturas marinas.

Kubo ante las temibles criaturas marinas.

Al comienzo de la historia, cuando conocemos a Kubo, vemos que ha sido cegado de un ojo, una herida reciente, ya que apenas está protegida por un vendaje. Cuando se desata el peligro, Kubo vive bajo la amenaza de que sus tías lo atrapen y culminen la tarea que inició su abuelo al causarle aquel daño, con el objetivo de dejarlo ciego por completo. No obstante, más allá de esta amenaza, estas limitaciones visuales no suponen en ningún momento un hándicap para Kubo, y será un tema que quedará reservado para desarrollarlo en un momento posterior de la cinta.

El segundo hito, como decíamos, es el enamoramiento de los padres de Kubo. Mona, una vez descubierta su identidad y habiendo sido reconocida por Kubo como el espíritu de su madre, le cuenta a su hijo y a Escarabajo la historia de amor que protagonizó en su juventud con el samurái Hanzo. En una secuencia técnicamente impecable y de enorme belleza, Mona explica cómo ella antaño era un espíritu maligno, al igual que sus Hermanas, que fue enviada por su padre para matar a Hanzo cuando este comenzó a convertirse en un guerrero legendario. Ella alcanzó a Hanzo, dispuesta a cumplir su misión, pero durante la lucha, Hanzo pronunció unas palabras que sirvieron de detonante para descubrir su amor, abandonando la tarea que le había sido encomendada y huyendo juntos. Mona cuenta que, tras mirarse a los ojos, Hanzo le dijo “Tú eres mi misión”, refiriéndose a la búsqueda heroica que él había llevado a cabo durante toda su existencia. Al devolverle la mirada, la madre pudo ver en los ojos de Hanzo todo el amor y la bondad humana, y se sintió partícipe de ese amor. Así pues, nuevamente el gesto de mirar resulta fundamental para descubrir lo que se encuentra a nuestro alrededor.

Escena de la batalla final.

Escena de la batalla final.

Retomando el hito de la ceguera parcial de Kubo, es ya en el tramo final de la película cuando descubrimos la motivación del abuelo para querer privar al nieto de la vista. Si bien hasta ahora era fácil presuponer una profunda maldad, el motivo es tremendamente humano: el abuelo quiere que Kubo no pueda mirar a nadie a los ojos, para que no siga el camino de su madre. Si bien es un propósito plagado de connotaciones malignas (impedirle contemplar la bondad humana, privarle de sus capacidades, etc.), responde al terror a la pérdida y a la inseguridad extrema de un anciano que ha perdido a su hija predilecta en brazos de un guerrero humano, lo cual permite una cierta empatía. Obviamente, nadie va a posicionarse en defensa de la decisión del abuelo, pero lo convierte en un gesto desesperado que resulta sencillo de entender. Por otro lado, dota al personaje del abuelo de una complejidad paradójica, puesto que en su posición como Rey Luna detesta todo lo humano y busca mantener a su nieto aislado de ello, pero a la vez enfoca el problema no como el gran ser superior que cree ser, sino como un humano inseguro y asustado.

En el enfrentamiento final también tiene una importancia capital en la reflexión sobre la mirada. Por un lado, es una pelea arquetípica entre un bien y un mal muy definidos, si bien permite cierta flexibilidad tonal intermedia: no es una confrontación de opuestos, sino que se perciben algunos de los matices que han conducido a esa situación extrema. Kubo lucha por conservar su ojo, por seguir viendo, por mantener su contacto con la humanidad y con su propio lado humano, a pesar de su magia. El Rey Luna lucha para arrancarle a Kubo su ojo, cegarlo y lograr así que no vuelva a alejarse, mantener a su familia unida. Kubo percibe a su abuelo como un enemigo, mientras que el Rey Luna solo quiere recuperar a su nieto. Ambos puntos de vista se enfrentan, y termina resultando victorioso el “bien”, ese bien que sigue siendo positivo pero que no se limita a ser el opuesto del mal, sino que tiene lugares comunes con él, a través de los lazos familiares. Al vencer Kubo, aniquila la faceta sobrenatural de su abuelo, quedando únicamente el hombre. En este momento, se incluye una secuencia en la que los ojos cegados del Rey Luna recuperan la capacidad de ver, y mira a su alrededor, confuso y desorientado, para descubrir con sus nuevos ojos la bondad humana. Sin ser consciente de todos los acontecimientos ocurridos durante su reinado, se convierte en un anciano corriente, al que los miembros de la aldea rápidamente colman de elogios por una vida de amabilidad, permitiendo que el espectador experimente la misma sensación de contemplar directamente todo lo bueno que hace al ser humano.

Kubo, en un momento del desenlace.

Kubo, en un momento del desenlace.

Además, este cierre crea una nueva personalidad para ese abuelo humano que carecía de existencia previa. Cada anécdota que los vecinos cuentan sobre lo mucho que les ha ayudado en un momento u otro este personaje, no siendo reales, sirven al propósito de hacer que el abuelo tenga una conciencia de sí mismo que sustituya los recuerdos desaparecidos. Volviendo al propósito narrativo de la película que tratábamos en el artículo anterior, el final sirve de confirmación sobre la importancia y la versatilidad de funciones de contar historias: las pequeñas ficciones vertidas por los habitantes de la aldea modifican la realidad, condicionando al personaje del abuelo para que viva sus últimos años como mortal explorando las cosas positivas que implica la humanidad, tratando de suprimir desde su aparición cualquier posible inclinación maligna.

avatar Carolina Plou Anadón (181 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, prepara una tesis doctoral sobre fotografía japonesa. Autora del libro “Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón”.


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