Revista Ecos de Asia

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This article was written on 22 Ago 2015, and is filled under Varia.

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Asia en las calles: inspiraciones orientales en la Fiesta Mayor de Gràcia.

La semana del 15 al 21 de agosto, el barcelonés barrio de Gràcia vive su Fiesta Mayor, una de las principales atracciones de la ciudad[1] por lo pintoresco de su celebración: a los actos típicos de una fiesta se le suma un engalanamiento de calles y plazas en el que las distintas participantes compiten por alzarse con el premio a la más llamativa o mejor hecha, así como a otros reconocimientos menores (mejor detalle o elemento, mejor iluminación, mejor decoración de acceso…) y una mención especial al reciclaje o reutilización más imaginativo, ya que una de las bases de estas decoraciones es la utilización de materiales reciclados. En esta tradición (que se remonta al siglo XIX), durante los últimos se ha incrementado la presencia de distintos motivos y temas de procedencia asiática, lo que nos ha llevado a hacer una reflexión sobre las maneras de representar lo oriental y cómo cada motivo elegido responde, en cierta medida, al conocimiento inconsciente que nuestra cultura ha forjado sobre las otras.

Las asociaciones de vecinos dejan volar su imaginación para crear las distintas ornamentaciones. En torno a un tema central, se despliegan toda una serie de recursos visuales, utilizando formas, colores y motivos tomados directamente del imaginario colectivo, convirtiéndose así en exponentes de la noción popular que la sociedad tiene del tema protagonista. Esto no es óbice para que exista también un proceso de documentación o alusiones a motivos menos conocidos, pero, en definitiva, el engalanamiento de las calles constituye un reflejo del concepto que la gente de a pie posee sobre el tema escogido.

De este modo, algo tan trivial como la decoración callejera se convierte en una perfecta demostración de la percepción cultural que se tiene sobre determinados temas centrales. En según qué casos, esto resulta más complejo de definir o, por el contrario, mucho más evidente, siempre en función de la elección llevada a cabo por las asociaciones. Por mencionar algunos casos que son ajenos al mundo oriental, existen varios ejemplos de discursos conceptualmente mucho más sencillos, como los que habitualmente viene realizando la calle Progrés: centrada en la temática cinematográfica (en los últimos años han escogido Star Wars, Jurassic Park, el mundo zombie y Avatar como protagonistas), los distintos motivos empleados en la decoración no solo son muy fácilmente reconocibles, sino que su elección resulta prácticamente indiscutible (si tomamos el caso de Jurassic Park, que en 2013 les valió la victoria, a la hora de elegir los elementos que visualmente mejor definen la película, es sencillo elaborar un listado: un ambiente boscoso-tropical, los distintos tipos de dinosaurios, el jeep, las puertas del parque, las vallas electrificadas, el criadero del laboratorio…).

Cuatro instantáneas de la decoración de la calle Progrés de 2013, año en que resultó ganadora.

Cuatro instantáneas de la decoración de la calle Progrés de 2013, año en que resultó ganadora.*

En contraposición, otras calles responden a conceptos o percepciones de mayor complejidad y, por tanto, más difíciles de contemplar sin la existencia de una reflexión más o menos profunda sobre su decoración. Quizás un buen ejemplo sería el guarniment de la calle Fraternitat que este año le ha valido el segundo premio: la calle se ha concebido como una alegoría al respeto a las decoraciones, metáfora establecida a partir de una serie de plantas carnívoras que simbolizan las decoraciones, a las que se puede mirar pero no se debe tocar, que son cuidadas por una tribu con la que conviven. La representación primitivista de la tribu demuestra cómo, de manera casi inconsciente, perviven de manera inocua iconografías polémicas en la línea de Tintín en el Congo o la (antigua) imagen comercial de los Conguitos. Este ejemplo es deliberadamente un caso muy extremo, y decir que esta herencia visual significa que existe una intencionalidad racista en esta calle sería disparatado y carente de fundamento, ya que además, el mensaje que esta decoración ha buscado transmitir es una reivindicación clara y viva del respeto a las ornamentaciones. Sin embargo, a nivel visual se nos habla de cómo, en el imaginario colectivo, se sigue manteniendo la noción de que la forma más clara de aludir a una tribu primitiva es a través de este tipo de iconografías. Es esta clase de percepciones y aprendizaje social los que nos interesan fundamentalmente a la hora de estudiar la imagen oriental que se ha transmitido en esta fiesta en los últimos años.

Detalle de la calle Fraternitat 2015, cuya metáfora reivindicativa le ha valido un segundo puesto.

Detalle de la calle Fraternitat 2015, cuya metáfora reivindicativa le ha valido un segundo puesto.

Desde 2010 podemos rastrear varias decoraciones que se vinculan, en mayor o menor medida, con Asia y el Pacífico. Ese mismo año, la calle Progrés recreó el mundo del anime Dragon Ball, con gran calado en las generaciones de jóvenes-adultos, especialmente catalanes, por su temprana emisión en TV3; por otro lado, la calle Bruniquer (que ya no participa) dedicó su decoración al cómic, dentro del cual el manga tenía también un peso importante. Al año siguiente, Providencia partió de otra ficción, Bob Esponja, para recrear Fondo de Bikini, con las influencias obvias del neo-hawaianismo presente en la serie de Nickelodeon.

No obstante, es a partir de 2012 cuando podemos encontrar, dentro de la historia reciente de la fiesta, inspiraciones directas en culturas orientales. En esta ocasión, fue Lluís Antúnez/Placeta de Sant Miquel, que, de manera similar a Providencia, recurrió al constructo de cultura tropical-pacífica-hawaiana para sumergir a los visitantes en una playa en la que un palmeral, un sol abrasador y el turquesa del océano eran los protagonistas, con una de sus entradas decorada con una cabaña de techumbre de paja sobre la arena.

Engalanamiento de Placeta de Sant Miquel/Lluis Antúnez 2012 (fuente: festamajordegracia.cat)

Engalanamiento de Placeta de Sant Miquel/Lluis Antúnez 2012 (fuente: festamajordegracia.cat)

En 2013, la presencia de Asia-Pacífico en el engalanamiento de calles sufrió un receso, aunque el ganador del concurso de arreglo de balcones particulares presentaba una temática fuertemente oriental: en una fachada de dos plantas se recreaba un bosque de bambú iluminado con farolillos de papel en el que un dragón asiático pululaba a sus anchas.

Espectacular balcón ganador del premio a particulares en 2013.

Espectacular balcón ganador del premio a particulares en 2013.

Sin embargo, tanto el año pasado como éste Asia ha reaparecido en las calles con renovadas energías: en 2014 fueron dos las calles que se inspiraron en culturas orientales para sus engalanamientos, y en 2015 ha sido solo una, pero con un montaje espectacular que le ha valido el primer premio. A continuación, nos centraremos en estas tres calles, para ver cómo no solo resulta importante la mera alusión asiática, sino que también es muy elocuente la forma en la que ésta se realiza.

En 2014, volvía a engalanarse, después de más de dos décadas, la Travessia de Sant Antoni, con una decoración titulada Benvinguts a Bollywood (y, de manera no oficial, TravessIndia). Con una portada que evocaba las formas (muy simplificadas) del Taj Mahal, precedida de una sucesión de minaretes que otorgaba de forma muy sencilla una mayor profundidad a la entrada, la calle evocaba el interior de un palacio oriental, con ricos tapices y elaboradas lámparas pendiendo entre arquerías de perfil lobulado, todo ello en colores muy cálidos y casi asfixiantes. En los distintos arcos se multiplicaban fotografías de los actores y actrices más famosos del subcontinente, tanto pasados como actuales (podía verse, entre otros muchos, a Shahrukh Khan, una de las estrellas más célebres del cine indio), así como posters promocionales de numerosas películas. En algunos tramos, la calle se cubría con flores de alargados pétalos en tonos amarillos y malvas, que evocaban la forma y color de algunas variedades de lotos. Finalmente, la salida se culminaba con un monumental Ganesha.

Detalles de TravessIndia 2014: las dos portadas, con Ganesha (izquierda) y el Taj Mahal (derecha),  lámparas y arcos interiores.

Detalles de TravessIndia 2014: las dos portadas, con Ganesha (izquierda) y el Taj Mahal (derecha), lámparas y arcos interiores.

En definitiva, se resumía a través de unos pocos elementos la imagen más amable y cultural de la India, una imagen que transmite una profunda espiritualidad (y, de manera sutil, aúna la multiplicidad de creencias a través de sus portadas: desde el hinduismo representado a través de una de sus principales divinidades, hasta el Islam en el Taj Mahal de la entrada principal, ya que el monumento es un mausoleo musulmán), pero que también habla de una cinematografía muy potente, de la cual nos llega tan solo una pequeña y muy estereotipada parte. El colorido, alegre y muy vivo, con combinaciones casi histriónicas, también es un rasgo que desde Occidente se asocia estrechamente con la India, especialmente, desde la popularización de las carreras y otros eventos que evocan la festividad Holi.

Ese mismo año, en la Plaza Rovira viajaron a Japón, con un montaje relativamente minimalista (ya que tanto la distribución del espacio del que se dispone, como la celebración de conciertos de cierto renombre y con numerosa asistencia de público invitan a ello) pero muy cuidado. A lo largo de la acera de la parte alta de la plaza, se dispusieron apenas un puñado de elementos que quedaban quizás demasiado aislados, sin embargo conjugaban a la perfección con la ambientación de flores de cerezo, grullas de papel y farolillos que cubría la zona ante el escenario, convirtiendo los eventos realizados en la plaza en parte de un hanami.[2] Los primeros días pudo contemplarse un torii (que tuvo que ser retirado por la lluvia), a través del cual se accedía a la zona decorada, en la que se situaban varios kakemono o pinturas en formato colgante (con representaciones de pintura tradicional a la tinta, de ukiyo-e, caligrafías e incluso representando un maneki neko), un elemento a medio camino entre la pintura a la tinta y un biombo disimulando la zona del bar (cuya barra se decoraba, además, con abanicos), una imagen de Buda (por su forma y disposición, una reproducción en miniatura del daibutsu de Kamakura) precedida de un pequeño jardín seco (compuesto apenas de unas rocas bordeando una pequeña charca y un shishi odoshi), varias geishas (una de ellas, entregada al arte tradicional del ikebana) y un samurái en pleno ataque.

Detalles de Rovira 2014: el torii, geishas, el daibutsu y los kakemono.

Detalles de Rovira 2014: el torii, geishas, el daibutsu y los kakemono.

En la Fiesta Mayor de este año, la calle Verdi (que se ha alzado vencedora en nueve de los últimos doce años) ha revalidado su título gracias a una decoración ambientada, de nuevo, en el Japón tradicional. Aunque en la inevitable comparación la Plaza Rovira 2014 sale muy desfavorecida, puesto que los medios técnicos con los que cuenta Verdi son muy superiores (ofreciendo, año tras año, unas decoraciones de aspecto casi profesional), en el presente artículo analizaremos ambos enclaves conjuntamente, ya que las sendas imágenes que ofrecen de Japón poseen puntos en común mucho más fuertes que sus diferencias técnicas.

La calle Verdi ha estructurado sus extremos en torno al mismo elemento, el torii o entrada monumental que daba acceso al espacio sagrado de los templos sintoístas, pero interpretado de dos formas diferentes: en una de sus entradas, en la parte baja de la calle, se reproduce el Gran Torii del Santuario de Itsukushima, en la isla de Miyajima, una gran estructura que tiene la particularidad de ubicarse sobre terreno marino, de forma que con la marea baja puede atravesarse caminando, pero con marea alta se eleva sobre el mar. Para ello, además de reproducir la estructura, han cuidado el detalle de hacer que emerja de dos superficies arenosas.

Arriba, torii de Miyajima (fuente: wikipedia). Abajo, reproducción en el guarniment de la calle Verdi.

Arriba, torii de Miyajima (fuente: wikipedia). Abajo, reproducción en el guarniment de la calle Verdi.

El torii de Miyajima da acceso, en primer lugar, a un gran cerezo en flor, con algunas de sus flores ya en el suelo, y después al escenario para actuaciones, que se ha cubierto evocando las techumbres de los edificios tradicionales. A continuación, se ha ambientado un tramo de la calle a modo de jardín de glicinas, imitando el cromatismo (blanco, rosa y morado) del Túnel de la Wisteria en la ciudad de Kitakyushu. El recorrido se adorna con faroles a ambos lados.

Arriba: Túnel de la Wisteria en (fuente: Wicker Paradise en flickr).  Abajo, decoración de la calle Verdi.

Arriba: Túnel de la Wisteria en Kitakyushu (fuente: Wicker Paradise en flickr).
Abajo, decoración de la calle Verdi.

Las wisterias colgantes hacen que pase desapercibido uno de los elementos estrella de la calle, el dragón que sobrevuela el siguiente tramo (una figura que ha merecido el premio a la iluminación, puesto que alcanza una espectacularidad aún mayor por la noche, cuando se encienden las luces de su interior y adquiere una apariencia casi legendaria).

El dragón que asoma entre las wisterias.

El dragón que asoma entre las wisterias.

Junto al dragón serpenteante, cuyo aspecto y estructura se relacionan estrechamente con las de los dragones orientales (no tanto el color, puesto que éste, además de rojos, también posee naranjas, verdes y amarillos), cuelgan caligrafías (con la traducción en catalán en la parte inferior) en las que se alude a conceptos como el esfuerzo, la amistad, la unidad, el amor a la Vila de Gràcia (y otro, un tanto llamativo, “tenir la mateixa sort”, tener la misma suerte, que parecía aludir a repetir el triunfo del año pasado, como finalmente ha resultado ser), junto con una bienvenida a todos los visitantes. A ambos lados del dragón, pendían además figuras de papiroflexia, farolillos y, en uno de los árboles de la calle, papeles con mensajes atados tal y como se realiza en la Festividad de las Estrellas o Tanabata.

Arriba: dos detalles (primera imagen, los días previos a la fiesta, durante el montaje) de las caligrafías colgantes.  Abajo: a la izquierda, figuras de origami y farolillos hechos con botellas. A la derecha, detalle del árbol con los mensajes emulando el festival de Tanabata.

Arriba: dos detalles (primera imagen, los días previos a la fiesta, durante el montaje) de las caligrafías colgantes.
Abajo: a la izquierda, figuras de origami y farolillos hechos con botellas. A la derecha, detalle del árbol con los mensajes emulando el festival de Tanabata.

En el otro extremo de la calle, se ha reproducido una versión reducida de los torii del santuario de Fushimi Inari, que se caracteriza por un largo pasillo curvo formado por una multitud de torii colocados sucesivamente y por su bosque de bambú, algo que también se ha emulado de manera sencilla pero efectiva. Esta estructura culmina en la segunda entrada monumental, compuesta por dos grandes figuras que representan a un luchador de sumo y a una geisha, a los lados, y un gran panel reproduciendo la bandera de Japón.

Arriba: dos imágenes (la primera, en los días previos a la fiesta, durante el montaje) de la calle Verdi.  Abajo, pasillo de torii del santuario Fushimi Inari.

Arriba: dos imágenes (la primera, en los días previos a la fiesta, durante el montaje) de la calle Verdi.
Abajo, pasillo de torii del santuario Fushimi Inari (fuente: wikipedia).

Acceso superior de la calle Verdi, donde pueden apreciarse los dos personajes y la bandera que enmarcan el paso, y al fondo la sucesión de torii con el bosque de bambú.

Acceso superior de la calle Verdi, donde pueden apreciarse los dos personajes y la bandera que enmarcan el paso, y al fondo la sucesión de torii con el bosque de bambú.

Ambas decoraciones, en definitiva, confirman lo arraigado de la imagen del Japón tradicional en la actualidad. Todavía hoy, para los occidentales, pensar en el País del Sol Naciente es pensar en un mundo de delicadas geishas y fieros guerreros, en las artes tradicionales, en el amor por la naturaleza, en el budismo zen y el sintoísmo. Una serie de tópicos que parecen, quizás, gratuitos, pero que sin embargo tienen un origen muy claro: el fenómeno del japonismo (del que tanto hemos hablado aquí) desarrollado desde mediados del siglo XIX. A través de las artes tradicionales que comenzaron a adquirirse, en un primer momento; y de los testimonios (tanto literarios como fotográficos) de viajeros, se transmitió a Occidente que Japón era, ante todo, la cultura del crisantemo y la espada, en la que delicadas damas vestidas con exóticos kimonos dominaban todo tipo de artes al servicio de quien las contratase, donde la naturaleza regía las vidas no solo de los campesinos, sino también de las clases económicamente pudientes de las ciudades, que se dejaban llevar por el hedonismo de la cultura ukiyo (para ese momento, esta cultura prácticamente había culminado su declive, pero llegaron sus imágenes, gracias a las cuales pronto se elaboró un constructo en el que seguía en vigor).

Prueba de todo esto son los monumentos elegidos: el Gran Buda de Kamakura, el torii de Itsukushima y el Santuario de Fushimi Inari, con su bosque de bambú. Estos tres lugares en la actualidad son, desde la perspectiva occidental, destinos relativamente secundarios frente a la gran (y ultramoderna) capital actual, Tokio, y a la capital histórica, Kioto; sin embargo, su vigencia como potentes imágenes ilustrativas de Japón prevalece por la fuerte presencia que tuvieron, en época Meiji, como enclaves prototurísticos del Japón aperturista.

Podemos confirmar, por lo tanto, que a la hora de pensar en Japón, lo primero que nos viene a la cabeza es una dicotomía entre el Japón antiguo, tradicional, y el más rabiosamente actual y cosmopolita. Una vez que nos decantamos por dirigir nuestros pensamientos hacia el tradicional, las imágenes que nos vienen a la mente proceden, en su gran mayoría, de los periodos Edo (1603-1868) y Meiji (1868-1912); a su vez esta imagen ha sido aprehendida de manera colectiva en el cambio del siglo XIX al XX y, si bien puede percibirse una cierta evolución, con la incorporación de algunos motivos y la distorsión y supresión de otros, en lo esencial esta imagen persiste intacta desde su implantación.

Con esta reflexión sobre Japón llegamos al final de este análisis, en el que hemos querido poner el acento en cómo algo aparentemente trivial, festivo e inocuo como el engalanamiento de calles puede esconder una gran cantidad de información sobre nuestra propia manera de conocer y percibir el mundo a nuestro alrededor, y que tan solo es necesario pararse a reflexionar un momento para darse cuenta. Por nuestra parte, estamos ya contando los días para que llegue la próxima Fiesta Mayor de Gràcia y poder ver qué sorpresas nos tienen preparadas las distintas asociaciones de vecinos. ¿Volverá a tener Asia un papel destacado? Si es así, no duden que estaremos encantados de contárselo.

Para saber más:

Notas:

[1] Las cifras de asistencia aumentan cada año, tanto de gente de la propia ciudad como, cada vez más, del turismo internacional (especialmente, desde que la Fiesta Mayor se ha incluido como “Spain’s craziest block party” en la Guía Lonely Planet). La gran afluencia de curiosos que acuden a ver las calles engalanadas está haciendo que, de un tiempo a esta parte, la masificación dificulte no solo el disfrute, sino también la vida diaria en el barrio, al tiempo que se incrementa el deterioro que se produce en las decoraciones, tanto accidental como provocado, y que hace que cada año se alcen con más fuerza las reivindicaciones de las asociaciones de vecinos pidiendo el respeto a los diferentes elementos que con tanto esfuerzo han realizado. Sin embargo, pese a que esta creciente afluencia genera momentos muy incómodos, llegando en ocasiones a imposibilitar el recorrido por algunas calles o generando momentos de angustia y claustrofobia en los espacios masificados, todavía estamos lejos de pensar que la fiesta pueda morir de éxito, aunque es un riesgo que empieza a atisbarse en el horizonte de un futuro todavía lejano.

[2] Hanami es una tradición japonesa, de corte festivo, en la que la gente se reúne para celebrar la llegada de la primavera, simbolizada por la floración de los cerezos, una de las flores con mayor importancia dentro de la cultura nipona. Esta costumbre, que se remonta siglos en la historia japonesa, sigue muy presente en la actualidad, y durante los meses indicados (aproximadamente, entre marzo y mayo) no es extraño ver en los telediarios, además de la meteorológica, una previsión del estado de la floración, indicando en qué localidades es el momento propicio para esta ceremonia de convivencia y contemplación de la naturaleza.

* Todas las fotografías de la Fiesta Mayor (a excepción de la perteneciente a la decoración de Lluis Antúnez en 2012, de la que se indica su procedencia) pertenecen a la autora del artículo, y están sujetas a licencia Creative Commons Reconocimiento.

avatar Carolina Plou Anadón (150 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, preparando una tesis doctoral sobre fotografía japonesa.


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