Revista Ecos de Asia

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This article was written on 14 Dic 2018, and is filled under Arte.

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El Kojiki y la impronta de las principales deidades del panteón sintoísta en el arte – parte III

Tras una breve introducción al origen y relevancia del texto histórico del Kojiki, así como a los dioses creadores Izanagi e Izanami, en el artículo anterior se presentaron a algunas de las deidades más relevantes del sintoísmo, la Diosa del Sol Amaterasu, el Dios de los Mares Susanoô y el primer regente de Japón, Ôkuninushi. En este artículo, se acabará el recorrido por las representaciones en el arte de las divinidades más destacadas tratadas en el Kojiki, las princesas Konohanasakuya y Toyotama, y el primer emperador de Japón, Jinmu.

Konohanasakuya:

La princesa Konohanasakuya, a veces acortada simplemente como princesa Sakuya o Konohana, hija del dios Ôyamatsumi, es la patrona del Monte Fuji y una deidad asociada sobre todo a las flores de cerezo. En el Kojiki, el dios Ninigi, nieto de Amaterasu que había tomado el mando del país tras Ôkuninushi a petición de los dioses, se encuentra con Sakuya, de la que se enamora perdidamente a primera vista. Pide su mano al padre de la chica, que no sólo le concede la mano de la muchacha sino también la de su hermana, Iwanaga. Sin embargo, Iwanaga, a diferencia de su hermana, es muy fea, y Ninigi la rechaza:

La razón de haberte entregado con todo respeto al dios Ninigi mis dos hijas era que, al conceder la mano de la princesa Iwa-naga, la vida del augusto hijo de los dioses del Cielo permanecería perpetuamente inmóvil y dura como una roca inalterable a la nieve que cae o al viento que sopla. Por otra parte, al conceder la mano de la princesa Kono-hana-no-saku-ya, el augusto hijo de los dioses del Cielo gozaría de una prosperidad semejante a la de la flor en el árbol. Ahora bien, como ha rechazado a la princesa Iwa-naga y se ha quedado solamente con la princesa Kono-hana-no-saku-ya, la vida del augusto hijo de los dioses del Cielo será tan breve como la flor en el árbol.[1]

Diosa Konohana Sakuyahime, ukiyo-e parte de Cien Vistas del Monte Fuji de Hokusai (1834) (izquierda) y pintura en seda titulada Princesa Konohanasakuya de Dômoto Inshô (1929).

Aunque en la versión original del Kojiki sólo habla de “flor”, sin concretar, en reediciones posteriores se especificará que se trata de la flor de cerezo, símbolo por excelencia de lo efímero en Japón, puesto que florece con esplendor, pero durante un periodo muy breve de tiempo. Por otra parte, si bien se la considera patrona del Monte Fuji, y de los volcanes en general, esta relación no se hace específicamente en el Kojiki, sino que se trata de un añadido posterior, donde la diosa llegó a ser asociada con el elemento fuego a raíz del siguiente episodio:

Después, la princesa Ko-no-hana-no-saku-ya, se presentó ante el dios Ninigi y le anunció:

Estoy encinta y se acerca el momento del parto.[…]

Pero el dios Ninigi respondió con suspicacia:

¿Cómo, princesa? ¿Me estás diciendo que te has quedado embarazada después de solamente una noche conmigo? No debe de ser mi hijo.

Al escuchar esta respuesta, la princesa dijo:

Si el hijo que espero es hijo de una deidad terrenal, el parto no será feliz. Pero si es del augusto hijo de los dioses del Cielo, el parto será feliz.

La princesa, inmediatamente, construyó una casa de parto, alta y sin puertas. Entró dentro, tapó la entrada con tierra y, cuando estaba a punto de dar a luz, prendió fuego a la casa de parto. […][2]

Hay numerosas estatuas dedicadas a la princesa Konohanasakuya repartidas por todo Japón. Suelen estar asociadas a lo que se conoce con el nombre genérico de Santuarios Azama, dedicados al culto del Monte Fuji y de los volcanes, como es el caso de los santuarios de Ôyamadumi (Kinpô, pref. Kagoshima) y Narukoten (Tokio, pref. Tokio). Otras veces, el templo está dedicado a su persona, siendo el caso del Santuario de Iwakiyama (Hirosaki, pref. Aomori) donde es una de las muchas deidades consagradas. Un caso especial lo constituye el Santuario de Aisometen (Takachiho, pref. Miyazaki), situado en el río donde se dice que Ninigi y Konohanasakuya se conocieron. También pueden encontrarse representaciones suyas en parques donde simplemente abundan los árboles de cerezo, por ser su patrona.

Estatuas de la princesa Konohanasakuya: en los santuarios de Ôyamadumi (izquierda) y Narukoten (centro izquierda); en la ciudad de Hirosaki donde está el Santuario de Iwakiyama (centro derecha); en la ciudad de Takachiho donde está el Santuario de Aisometen (derecha arriba); en el Parque Uwasekigata (pref. Niigata) (derecha abajo).

 

Toyotama:

La princesa Toyotama es la hija del Dios del Mar. Hay que concretar que, aunque Susanoô es efectivamente el Dios de los Mares, hay otros dioses asociados a este elemento natural. Uno de los principales es el representado como un dragón, siendo este el caso del padre de Toyotama. Está relacionada con la historia de los dioses hermanos Hoderi y Hôri, hijos de la ya mencionada princesa Konohanasakuya. Por una serie de circunstancias, Hôri pierde en el mar el preciado anzuelo de Hoderi, y éste se niega a perdonarle hasta que no lo recupere. Hôri baja al fondo del mar, pero no sabe por dónde empezar a buscarlo. El dios Shihotsuchi le aconseja preguntar a la princesa Toyotama, para lo cual le dice que se suba a un árbol y espere que llegue. Es en este momento cuando sucede el siguiente evento:

Se encaramó al árbol katsura y allí estuvo esperando. Al rato se presentó una de las doncellas de [la princesa] Toyotama-hime-no-mikoto, la hija del dios del mar. La doncella, al ir a coger el agua del pozo con una preciosa vasija, vio un fulgor en la superficie del pozo. Alzó la vista y descubrió a un apuesto joven. Le pareció muy extraño. Entonces, Ho-ori, cuando vio a la doncella, le pidió un poco de agua. La joven sacó agua y, tras verterla en la vasija preciosa, se la dio. Pero Ho-ori, en lugar de beber, deshizo el collar que colgaba de su cuello, se metió en la boca las gemas preciosas del collar y las escupió en la vasija. Las gemas se quedaron pegadas en el interior de la vasija preciosa y la doncella no pudo separarlas. Así, con las gemas pegadas, se la entregó a su señora, la princesa Toyo-tama. Cuando ésta vio las gemas, preguntó a su doncella:

¿Qué pasa? ¿Es que hay alguien a la entrada?[3]

Gracias a este episodio de la vasija, la doncella le habla a la princesa Toyotama de Hôri, y los dos se enamoran a primera vista al conocerse.

Representaciones de Toyotama y su historia en la pintura. Princesa Toyotama, Hija del Rey Dragón, ukiyo-e de Toyohara Chikanobu (1886) (izquierda). El episodio del pozo en el ukiyo-e Gemas del pozo, Totoya Hokkei (1826) (centro). La visita de Hôri a Toyotama en el Palacio del Mar en una ilustración del cuento en francés sobre Hôri y Hoderi Le Prince Feu-Brillant et le Prince Feu-Luisant, escrito por J. Dautremer y publicado en Japón en 1913.

Poco después, con la ayuda de Toyotama y su padre, Hôri logra encontrar el anzuelo. Tras casarse con la princesa Toyotama y pasar un tiempo en el palacio del fondo del mar, decide volver a la superficie para entregarle el anzuelo a su hermano. Antes de irse, el dios del mar le hace un obsequio:

[…] Como yo controlo el agua, tu hermano empobrecerá antes de tres años. Si, por empobrecer, te guarda rencor y llega a atacarte, saca esta joya de la marea alta para que perezca ahogado por las aguas del mar. Si, por el contrario, se lamenta y te pide clemencia, saca esta joya de la marea baja y lo dejas vivir.[4]

Resuelto el conflicto con su hermano, el feliz matrimonio de la pareja no dura demasiado. Cuando Toyotama se queda encinta, sube a la superficie a encontrarse con Hôri, pues según dice “un hijo de las divinidades celestiales no debe nacer en el mar”. [5]  Cuando llega el momento del parto, ocurre el siguiente suceso:

  En el momento de parto, los seres procedentes de países extraños adoptamos el aspecto propio del país. […] Por eso te ruego que no mires.

Pero Ho-ori, extrañado por estas palabras, se asomó a hurtadillas cuando empezó el parto, Vio entonces que la princesa se había transformado en un cocodrilo gigante que se retorcía en el suelo.[6]

Toyotama, y en menor medida Hôri, cuentan con una gran cantidad de santuarios dedicados a sus figuras. La princesa, además, se representa con distintos símbolos. En el Santuario de Yamanaka Suwa (Yamanakakô, pref. Yamanashi) suele aparecer con un niño en brazos, pues es patrona de las parturientas. También está asociada a los cocodrilos por su transformación en dicha bestia, y en el santuario que lleva su nombre, Toyotamahime (Ureshino, pref. Saga), hay varias estatuas de este animal. Dado que tras el parto volvió al mar, también se asocia a este elemento, razón por la que hay una estatua suya en el Santuario de Watadumi (Tsushima, pref. Nagasaki) que está a sus orillas, dedicado tanto a ella como a su esposo. La esfera que sostiene la diosa en el último caso está sujeta a diversas interpretaciones: una teoría dice que es una de las gemas para controlar la marea que le dieron a Hôri; otra teoría dice que es el shintai, un objeto sagrado asociado al sintoísmo donde se manifiesta el kami.

Grabados en madera de Toyotama con un niño en brazos en el Santuario Yamanaka Suwa (izquierda). Toyotama como cocodrilo: de piedra en el Santuario Toyotamahime (centro arriba) y grabada en madera en el Santuario de Haguro (Suzu, pref. Ishikawa). Toyotama en el Santuario Watadumi (derecha).

 

Jinmu:

Jinmu es el bisnieto de Ninigi y primer emperador de Japón. Es la primera figura tratada en el Volumen II del Kojiki, la Era de los Héroes, pero a diferencia de otros emperadores posteriores, su figura es completamente mitológica. Este texto fue el que se utilizó durante los siglos venideros para apoyar la teoría de que los emperadores de Japón eran dioses en la tierra, al ser descendientes de la Diosa del Sol, ya que Jinmu está emparentado con Amaterasu a través de su bisabuelo. Como ya se ha comentado, esta percepción del emperador se mantuvo en Japón hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando se le obligó al emperador a renunciar públicamente de su divinidad.

El primer capítulo del Volumen II narra las aventuras y desventuras de Kanmu-yamato-iwarebiko-no-mikoto, que posteriormente cambiaría su nombre a Jinmu. El episodio más representado del emperador se da durante la conquista del país, llena de dificultades, cuando es ayudado por un cuervo divino:

¡Augusto hijo de los dioses celestiales! Estés donde estés, no debes adentrarte de inmediato en la espesura del bosque, allí donde siguen viviendo numerosas deidades salvajes. Voy a enviarte desde el Cielo ahora mismo al gran cuervo para que sea tu guía. Allá donde esta ave remonte el vuelo, debes seguirla.

El descendiente de los dioses celestiales hizo como había sido ordenado y siguió el vuelo del gran cuervo que lo guio por el curso inferior del río Yoshino. […][7]

Lo que se traduce como “gran cuervo” se refiere al Yatagarasu, cuya traducción literal es “cuervo de ocho palmos de largo”, un dios en forma de cuervo gigante con tres patas. Los cuervos en general, además, se consideraban mensajeros de los dioses en el antiguo Japón. Este episodio también aparece en el Nihon Shoki,[8] donde además se añade otro episodio relacionado con un pájaro divino:

12th month, 4th day. The Imperial army at length attacked Naga-sune-hiko and fought with him repeatedly, but was unable to gain the victory. Then suddenly the sky became overcast, and hail fell. There appeared a wondrous kite of a golden colour which came flying and perched on the end of the Emperor’s bow. […] In consequence of this all Naga-sune-hiko’s soldiers were dazzled and bewildered so that they could not fight stoutly. [9]

Posteriormente, el episodio del cuervo que guía a Jinmu, mencionado tanto en el Kojiki como en el Nihon Shoki, y el del milano real que le ayuda a imponerse sobre Nagasunehiko, sólo mencionado en el Nihon Shoki, empezarían a confundirse, por lo que en las representaciones suele aparecer Jinmu con cualquiera de estos dos pájaros.

Emperador Jinmu, de Adachi Ginko (1891), donde el emperador sigue al yatagarasu como se cuenta en el Kojiki. Emperador Jinmu de la serie Espejo de Famosos Generales del Gran Japón, de Tsukioka Yoshitosi (1880), con el milano posado en el arco como se cuenta en el Nihon Shoki.

Las estatuas del emperador Jinmu están repartidas por todo el archipiélago nipón, y su factura puede deberse a muy distintos motivos. Se erigen en santuarios que estén especialmente relacionados con su vida, como el de Komamiya (Nichinan, pref. Miyazaki), situado donde se dice que el emperador pasó su infancia, o Kashihara Jingû (Kashihara, pref. Nara), teóricamente fundado por el propio Jinmu. Dado que pacificó el archipiélago mediante la guerra, también se esculpen estatuas suyas como homenaje a distintos conflictos: es el caso de su estatua en Tokushima (en la prefectura del mismo nombre), construida en 1897 como conmemoración de la victoria de Japón en la Primera Guerra Sino-Japonesa (1894-1895); o la del Parque Toyohashi (Toyohashi, pref. Aichi), realizada en 1899 como parte de un monumento a los soldados muertos por enfermedad del 18º Regimiento de Infantería, que obtuvo importantes logros durante la misma guerra. También es habitual su talla como parte de los festejos del Día de la Fundación Nacional (11 de febrero) como la que está situada en el Santuario de Ôjibaru (Takaharu, pref. Miyazaki), construida en 1968, o la situada en la ciudad de Kami (pref. Kôchi), inaugurada en 1963, que fue construida gracias a la iniciativa del director de Escuela Secundaria Shigetô con la ayuda de los estudiantes y tutores como parte de las celebraciones de la mencionada fiesta. Por último, hay estatuas esculpidas por motivos que no se incluyen en ninguno de los anteriores: la estatua de Jinmu en el Santuario Yaizu (Yaizu, pref. Shizuoka) se hizo para celebrar la subida al poder del Emperador Taishô (1879-1926) y la finalización de las obras de construcción de la ciudad; o la que se encuentra en el Parque Uzan (Uwa, pref. Ehime), obra del artista Shirai Uzan (1864-1928), construida en 1917 como parte de un conjunto de estatuas dedicadas a hombres ilustres.

Estatuas de Jinmu en el Santuario Komamiya (primera columna arriba) y en el Kashihara Jingû (primera columna abajo), en Tokushima (segunda columna arriba) y en el Parque Toyohashi (segunda columna abajo), en el Santuario de Ôjibaru (tercera columna arriba) y en la ciudad de Kami (tercera columna abajo), en el Santuario de Yuzan (cuarta columna arriba) y en el Parque Uzan (cuarta columna abajo).

A lo largo de esta serie de artículos se han presentado a los protagonistas del texto histórico del Kojiki, haciendo una panorámica por la representación en el arte de las principales divinidades sintoístas descritas en el texto, empezando con los dioses creadores Izanagi e Izanami, y acabando en esta entrega con algunos dioses menos conocidos pero profundamente arraigados en la cultura japonesa, como son la patrona de la flor nacional del cerezo, la princesa Konohanasakuya, la princesa de los mares Toyotama o el venerado antepasado de la familia imperial japonesa, el emperador Jinmu. Tal y como se ha visto, la impronta del Kojiki está presente en el ukiyo-e, la pintura, el grabado y la escultura tanto en lugares sagrados, los santuarios, como civiles, parques principalmente, a lo largo y ancho de todo el archipiélago nipón, por lo que los conocimientos adquiridos mediante la lectura de este texto histórico constituyen una base imprescindible para la correcta comprensión del arte japonés.

 

Notas:

[1] Rubio López de la Llave, C. y Tami Moratalla, R., Kojiki. Crónicas de antiguos hechos de Japón, Madrid, Trotta, 2008, p.112.

[2] Ibidem, pp. 112-113.

[3] Ibidem, p. 115.

[4] Ibidem, pp. 116-117.

[5] Ibidem, p. 118.

[6] Ibidem.

[7] Ibidem, p. 126.

[8] Aston, W. G., Nihongi. Chronicles of Japan from the Earliest Times to A.D. 697, Londres, The Japan Society, 1896, p. 115-116.

[9] Ibidem, p. 126-127.

avatar Claudia Bonillo (24 Posts)

Nació en Zaragoza el 29 de diciembre de 1993. En su época de instituto vio sus primeros mangas y animes, lo que la llevó a interesarse por Japón. Acabó la carrera de Ingeniería Informática en 2016 y actualmente estudia japonés en el Centro Universitario de Lenguas Modernas, además de cursar el post-grado de Estudios Japoneses en la Universidad de Zaragoza.


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