Revista Ecos de Asia

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This article was written on 24 Abr 2017, and is filled under Historia y Pensamiento.

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La economía del Período Tokugawa: crisis económicas y pensamiento de la época

Tokugawa Ieyasu

Tokugawa Ieyasu.

Es muy habitual que se estudie las diferentes recuperaciones económicas y avances milagrosos que ha tenido Japón, pero pocas veces se han estudiado los problemas que tuvo el país nipón durante el período Edo o Tokugawa; aun así, hay autores como Tessa Morriz-Suzuki o Yosaburô Takekoshi que dedican especial interés a la economía de este período, pero centrándose especialmente en el papel que tuvieron los samuráis y los comerciantes en dicha economía. En este artículo se intentará dar una visión general de los diferentes problemas, económicos, sociales y climáticos que asoló al archipiélago nipón durante todo el shogunato Tokugawa.

El Período Edo (1600/1603-1868) se inició tras la Batalla de Sekigahara (21 de octubre de 1600), siendo el momento en el que Tokugawa Ieyasu (1543-1616) unificó gran parte del archipiélago nipón. De este modo, Ieyasu fue el primer sogún (shōgun) de la dinastía Tokugawa, gobernando Japón entre 1603[1] y 1605. Como cuando se convirtió en shôgun ya era un anciano, pues tenía 62 años de edad, decidió poner a su tercer hijo, Tokugawa Hideata (1579-1632), al mando del archipiélago. La razón por la que Ieyasu le dio el poder a su tercer hijo fue debido a lo sumiso que éste era con su padre, siendo la persona perfecta para acabar de consolidar el nuevo sistema de gobierno en todo Japón.

Durante el shôgunato de la familia Tokugawa, Japón se cerró al exterior y, por tanto, se restringió la entrada de las ideas filosóficas, políticas y económicas de Occidente, dando lugar al crecimiento de un nuevo pensamiento económico en el interior del país. Se estableció un nuevo sistema político conocido como bakuhan, el cual se caracterizaba por el dominio político de un Consejo de Ancianos. Éstos se encargaban de controlar el poder del emperador, de las relaciones extranjeras, de los impuestos…, mientras que de las cuestiones militares y del vasallaje se encargaba el Consejo de Jóvenes. Todo ello, por supuesto, bajo la atenta mirada del shôgun.

En este período, el sistema económico del país se fundamentó en el arroz. Japón se dividió en feudos dependiendo de la cantidad de arroz que cada uno podía aportar al país. De este modo, el daimyô, o señor feudal, de cada feudo aplicaba un impuesto de arroz a sus campesinos, impuesto con el que pagaba, más tarde, a sus samuráis y sirvientes y al shôgunato.

Este sistema se relaciona con la división de clases sociales que Ieyasu impulsó. Dicho sistema estaba encabezado por la clase militar (buke), la cual se dividía en el gobierno central (bakufu), el gobierno provincial (daimyô), la corte imperial (kuge) y los samuráis. Siguiendo a esta clase se encontraban las órdenes religiosas budistas y, tras ellas, la clase plebeya (heimin). Ésta última, la más numerosa, se dividía por orden de importancia en agricultores, artesanos, comerciantes y proscritos o marginados (actores de kabuki, geisha, taikomochi, cantantes, ladrones…).

También hay que recordar que en los primeros cuarenta años del shôgunato Tokugawa, se encontraban en el país los occidentales cristianos, quienes fueron desalojados poco a poco debido a sus intereses en expandir el Cristianismo. De este modo, franceses, ingleses, portugueses y españoles fueron expulsados del archipiélago nipón, quedando únicamente los holandeses, reducidos en una isla artificial de la bahía de Nagasaki llamada Deshima o Dejima, los chinos, quienes se encontraban en las islas Ryûkyû, y los coreanos, en la isla Tsushima. De este modo, el shôgunato señalaba que el comercio ultramarino estaba relacionado directamente con las labores de los misioneros, quedando éste prohibido, a excepción de con los holandeses, chinos y coreanos.

La paz que hubo en este período provocó que se extendiesen las redes comerciales internas, así como la implantación de nuevos mercados. Estas redes comerciales no sólo sirvieron para llevar al campesinado utensilios y productos, sino que también fueron empleadas para la transmisión de ideas, ampliando el conocimiento acerca de las prácticas agrícolas y, por tanto, aumentando también el crecimiento de la cosecha.

Esta paz fue conseguida gracias a que el shôgun Tokugawa Iemitsu estableció en 1635 la ley de la “asistencia alternada” (sankin kôtai). Esta reforma consistía en que los daimyô debían de residir, de manera alternada, un año en Edo y otro año en su feudo. De este modo, se consiguió mantener la paz porque mientras que los señores feudales se encontraban en la capital, éstos eran vigilados por el gobierno, y cuando regresaban a su feudo, su esposa y sus hijos tenían que viajar a la capital. Así, la familia del daimyô podía ser asesinada si a éste se le ocurría organizar una revolución contra el nuevo régimen.

Esto, además de mantener la paz, provocó la reducción del poder financiero de los señores feudales pues tenían que mantener las dos residencias. El capital de un daimyô, como se puede ver en la gráfica, era utilizado, mayoritariamente, para el desplazamiento y el mantenimiento en la capital, mientras que la otra parte era utilizada para mantener su feudo. De ese modo, su poder económico se redujo de manera alarmante. [2]

Representación de la “asistencia alternada”

Representación de la “asistencia alternada”.

Por otro lado, el emperador y los nobles fueron reducidos a la ciudad de Kioto, teniendo el mero papel de conservar la cultura y las tradiciones; el emperador se convirtió en un títere a las órdenes del gobierno Tokugawa.

Gráfica donde se pueden ver los gastos de un daimyô

Gráfica donde se pueden ver los gastos de un daimyô.

La “asistencia alternada” provocó que las ciudades niponas se desarrollasen y, con ellas, el comercio. Debido al aumento de las transacciones mercantiles, la moneda se convirtió en el principal elemento de cambio, sustituyendo al arroz como la base de la economía japonesa. El incremento del uso del dinero conllevó a que se produjesen varias crisis económicas en todo el archipiélago, ya que se utilizaban monedas de diferentes valores, oro, plata y bronce, junto a letras de cambio y a billetes feudales. La clase política dirigente no tenía los suficientes conocimientos económicos como para paliar este tipo de crisis, las cuales asolaron Japón durante todo el período.

Estas crisis económicas dieron lugar a que los mayores intelectuales de la era Edo se encargasen de dar soluciones a los problemas económicos de Japón. Gran parte de dichos pensadores se encontraban bajo la influencia del Confucianismo, el cual decía que keizai (economía) era un sistema filosófico que debía de vincular la justicia, la ley y la moralidad para mantener unida a la sociedad nipona.

Kumazawa Banzan

Kumazawa Banzan.

Entre los filósofos confucianos del momento, destacó Kumazawa Banzan (1619-1691) por su interés en el empobrecimiento de los samuráis y de los campesinos. Él aseguraba que la creación de ciudades cerca de ríos y del mar solo provocaba el enriquecimiento de los comerciantes, pues esas tierras podían haber sido destinadas para el cultivo, mejorando así la situación económica del campesinado. A esto suma que desapareció la práctica de intercambiar el grano de arroz por mercancías debido a la utilización descontrolada de las monedas, lo que provocó el aumento de los precios. Por lo tanto, el encarecimiento de los objetos eraba relacionado también con el empobrecimiento de los samuráis, pues aquellos de bajo rango, o quienes se habían quedado sin señor feudal[3], tenían pagos muy bajos, por lo que apenas podían conseguir alimentos para subsistir.

Lo que pretendía Banzan era retirar la moneda del sistema económico y volver al arroz como la principal moneda de valor y de intercambio. Debido a que esto daría lugar a la ruina de los comerciantes y de los artesanos, propuso también que se hiciese una configuración de la sociedad más autosuficiente en donde los samuráis volviesen a labrar la tierra junto al campesinado, lo que aumentaría la producción y aseguraría la riqueza tanto del campesinado como de los comerciantes.

Plano de la ciudad de Kioto en 1696.

Plano de la ciudad de Kioto en 1696.

Con la llegada de la era Genroku (1688-1704) aumentó el dinero que los comerciantes invirtieron en desarrollar, aún más, los barrios del placer, especialmente los de Edo y Osaka. Esto conllevó a que los comerciantes pudientes, los daimyô, y todo aquel que tenía suficiente dinero empezasen un derroche monetario en el lujo, la extravagancia y el sexo.

Esta expansión económica dio lugar a inestabilidades, ya que el crecimiento de las transacciones creó una demanda que no podía ser satisfecha. Este problema se agravó con la llegada de hilos, tejidos, especias, plantas medicinales y artículos de lujo al puerto de Nagasaki, siendo estos productos intercambiados a los holandeses a cambio de oro y de plata. Esto provocó que la reserva de metales del país cayese en picado, a lo que se sumó que la producción en las minas japonesas había decaído.

Para salvar la economía japonesa, en 1665, el shôgunato impuso recaudaciones de moneda. La degradación de la moneda permitió obtener un cobro satisfactorio, pero provocó inflación, aceleró la erosión del sistema Tokugawa del estatus y desbarató el sistema financiero.

Ogyû Sorai

Ogyû Sorai.

En este momento, las figuras intelectuales más importantes fueron Arai Hakuseki (1657-1725) y Ogyû Sorai (1666-1728). Sorai fue un heredero del pensamiento de Banzan y, al igual que éste, buscó la solución a los problemas económicos en el sistema de clases anterior al shôgunato Tokugawa. Criticó la pérdida de la etiqueta[4] y la práctica de los samuráis, al vivir éstos como mantenidos por los daimyô o como vagabundos en posadas y tener que depender de la clase comerciante para poder sobrevivir.[5]

Por otro lado, Hakuseki daba más importancia a los metales que al arroz como el sustento del pueblo nipón. Además, se centró especialmente en estudiar el impacto que estaba causando el comercio con los holandeses en el país. Debido a la gran pérdida de metales que se iban todos los años a Holanda, Hakuseki limitó, aún más, el comercio exterior, ya que lo consideraba innecesario.

También creó una solución al problema de inflación que se había originado con los impuestos pagados al shôgunato. Reacuñó nuevas monedas de oro y las puso en circulación con las de mala calidad con la intención de equiparar el precio de los objetos al real. Lo que consiguió fue que se llevase a cabo una especulación monetaria a gran escala por parte de los comerciantes, fracasando en su intento de restablecer las bases económicas del principio de la era Tokugawa.

El discípulo de Sorai, Danzai Shundai (1680-1747) analizó los problemas de la moneda y de la inflación, y también estudió las fluctuantes tasas de cambio entre las diferentes denominaciones de moneda. Sugirió que los gobernantes nipones tenían que implantar los monopolios locales especializados de los daimyô, ya que éste reducía el poder de los gobernantes.

Contrario a estos pensadores se encuentra Ishida Baigan (1685-1744), quien intentó que la clase comerciante fuese respetada. Su pensamiento era:

Los artesanos reciben su estipendio mediante los salarios que se le pagan a cambio de su trabajo. Los campesinos obtienen beneficios del cultivo de la tierra y eso también es como el estipendio recibido por el samurái. La nación no podría sostenerse sin el trabajo productivo de todo el pueblo. El beneficio del comerciante también es como el estipendio otorgado a los funcionarios. (…), se detesta al comerciante y se desea su destrucción. ¿Por qué debería detestarse solo al comerciante como un ser inferior?.[6]

Debido a que el estipendio de los comerciantes no era fijo, Baigan propuso a los comerciantes que fueran sinceros y que no se aprovechasen de su posición. De este modo, proponía que todas las clases sociales fuesen respetadas, pues todas ellas, incluida la de los comerciantes, jugaban un papel clave en el equilibrio de la economía japonesa.

Volcán de Asayama

Volcán de Asayama.

En 1783 entró en erupción el volcán Asama, lo que provocó vente mil muertos. La erupción, junto a la capa de cenizas y a las altas temperaturas de ese año, dio lugar a una falta de arroz tanto en las ciudades como en las provincias. El gobierno japonés, junto con algunos comerciantes, empezaron a especular con los precios, alzándolos de manera generalizada. Esto produjo lo que dio lugar a revueltas en todo el país dirigidas por los comerciantes ambulantes, los artesanos pobres y los jornaleros, quienes se dedicaron, solamente, a asaltar e incendiar las tiendas de los comerciantes adinerados.

Kaiho Seiryô (1755-1817) vio estas revueltas como un problema económico causado por el empobrecimiento de los samuráis. Seiryô argumentó que éstos debían de imitar las actividades de los comerciantes y, al igual que Satô Nobuhiro (1769-1850), fue partidario de que las autoridades políticas formaran parte del comercio.

Nobuhiro abogó por la idea de que un buen gobierno es aquel que interviene para promover la prosperidad de su país con la introducción de nuevas técnicas y nuevos tipos de producción. Para ello, propone que las cuatro clases sociales del pueblo (campesinos, artesanos, comerciantes y proscritos) deben ser sustituidas por campesinos, silvicultores, mineros, artesanos, comerciantes, trabajadores no cualificados, marineros y pescadores. De este modo, cada una de las clases se haría responsable de un ministerio económico, y éstos se encargarían de manejar la economía del país de manera igualitaria. Se trató de una idea utópica que recogió en su Memorándum.

La solución a las revueltas vino de la mano de Matsudaira Sadanobu (1759-1829), daimyô de Shirakawa y consejero del shôgunato. Lo primero que realizó fue controlar el precio del arroz, alimento que escaseaba tras la erupción del volcán Asama. Para ello, disolvió algunos sindicatos comerciales y controló la moneda que circulaba en las transacciones mercantiles. De este modo, consiguió bajar el precio del arroz y acabar con las revueltas.

En 1830 surgieron otros desastres naturales, ocasionando, de nuevo, la escasez del arroz y la subida de los precios. De este modo, volvieron a surgir nuevas rebeliones, las cuales, poco a poco, fueron desmoronando el régimen Tokugawa. Pero no fueron estas revueltas las que acabaron por desmontar el Japón de la época, sino que fue la llegada de los occidentales la que acabó con la era Edo.

Debido a los problemas que se estaban sucediendo en el país, en 1841 se realizaron las reformas de la época Tenpô. Estas reformas se llevaron a cabo por la iniciativa de Mizuno Tadakuni (1794-1851), un miembro del Consejo de Ancianos. Estas reformas tenían los objetivos de enfatizar en la frugalidad, reducir el gasto público, acabar con las deudas y mantener los precios bajo control. Para llevar a cabo dichas reformas, se despidieron un millar de funcionarios, se redujeron los gastos de los samuráis y de los señores feudales que tenían deudas y se obligó a los campesinos urbanos a volver al campo. También se acuñaron nuevas monedas de oro[7] y se obligó a setecientos comerciantes a realizar préstamos al gobierno. Estos cambios, igual que los anteriores, desestabilizaron los mercados y provocaron la elevación de los precios; además, surgieron nuevas filosofías que proponían la vuelta al pasado.

Representación de los “Barcos negros”, los navíos estadounidenses que llegaron a Japón

Representación de los “Barcos negros”, los navíos estadounidenses que llegaron a Japón.

La llegada de los occidentales y, especialmente, la del comodoro estadounidense Matthew Perry (1794-1858) en 1853, provocaron el debate interno acerca de lo que sería mejor para la nación. Entre los partidarios de reabrirse al mundo y empezar a comercializar con el exterior, se encontraba Yokoi Shônan (1809-1869), quien proponía el comercio con las potencias que fuesen rectas y nobles.

El resultado fue que en 1859 se dejó a las potencias extranjeras comercializar en los puertos de Yokohoma, Nagasaki y Hakodate debido a las amenazas de los occidentales. Para poder realizar, de manera segura, el intercambio con los extranjeros, Shōnan consideraba que había que cambiar el sistema económico del país; propuso que se desmantelasen las restricciones feudales sobre la movilidad y el comercio y, además, quería que el gobierno se encargase de promover el nuevo desarrollo económico. Para ello, el Estado tenía que promover nuevas formas de producción agrícola entre los campesinos, así como ayudarles en la creación de mejores métodos de producción.

Junto a Shônan se encontraron muchos otros que querían intercambiar mercancías con el exterior, lo que dio lugar a la revolución Meiji entre 1866 y 1869. Dicha revolución acabó con la era de los Tokugawa e inició el período Meiji (1868-1912). Este nuevo período fue una nueva era de desarrollo económico con las bases de querer un país próspero y un ejército fuerte, dos conceptos que Shônan ya había propuesto. De este modo, comienza el avance hacia el Japón actual.

Expedición del comodoro estadounidense Matthey Perry de 1853 a Japón

Expedición del comodoro estadounidense Matthey Perry de 1853 a Japón.

Ahora, tras haber leído todos los problemas económicos que hubo durante el período Edo, habría que pensar qué originaron, realmente, dichos problemas. La especulación de los comerciantes, junto con el derroche que los señores feudales llevaban a cabo en objetos de lujo innecesarios, fue lo que acabó produciendo que la clase vendedora se enriqueciese por encima de cualquier otra clase. Se trata de algo parecido a lo que ocurrió en Europa con la burguesía, clase social que acabó desbancando a los nobles de su poderío económico. La diferencia que hubo entre Oriente y Occidente, es que los nipones no supieron controlar, de ningún modo, la especulación de la clase comerciante; incluso el propio gobierno incentivó la especulación en los momentos que el pueblo se encontraba más necesitado.

Hay otra parte de los investigadores que achacan estos malestares económicos a la imposición de los shôgun Tokugawa a los samuráis, guerreros que, en muchos casos, ya no eran necesarios. La imposibilidad de trabajar de los samuráis, así como la falta de señores feudales para mantenerlos, provocó que se convirtiesen en una clase social completamente improductiva para la economía nipona. De este modo, los samuráis se acabaron convirtiendo en esclavos del sistema comerciante, teniendo que depender de los pocos estipendios de arroz que recibían para poder subsistir.

Por lo tanto, ¿por qué razón la economía japonesa provocó el fin de la época Tokugawa? Los diferentes pensadores del momento, en su mayoría, achacaron que la culpa era de la especulación de la clase comerciante y de la improductividad de los samuráis, pero también habría que sumar la erupción de varios volcanes, la extensión de las epidemias, la provocación de incendios, la destrucción de las cosechas por tormentas y, por tanto, las hambrunas generalizadas por toda la clase campesina japonesa. Todo ello acabó dando lugar a diferentes revueltas de las clases pobres del país en contra de la gestión de los shôgun Tokugawa, ya que ellos fueron responsables, aunque no los únicos, de que provocar la desesperación a los habitantes del país del sol naciente.

Para saber más:

  • Junqueraas i Vives, Orios, Madrid i Morales, Dani, Martínez Taberner, Guillermo, Pitarch Fernández, Pau. Historia de Japón. Economía, política y sociedad. Barcelona, Universitat Oberta de Catalunya (UOC), 2012.
  • Morris-Suzuki, Tessa. Historia del pensamiento económico japonés. Barcelona, Ediciones Pomares Corredor, 1994.
  • Nishiyama, Matsunosuke. Edo cultura: daily life and diversions in urban Japan, 1600-1868. Hawaii, Universidad de Hawaii, 1997.
  • Yukio, Kaibara. Historia del Japón. Madrid, Fondo de Cultura Económica de España, 2000.

Notas:

[1] A pesar de que la Batalla de Sekigahara se ganó en el año 1600, no fue hasta 1603 cuando se hizo oficial el shôgunato de Ieyasu Tokugawa.

[2] Datos de la gráfica extraídos de: Yukio, Kaibara. Historia del Japón. Madrid, Fondo de Cultura Económica de España, 2000. P. 176.

[3] Aquellos samuráis que se habían quedado sin señor feudal eran conocidos como rônin. No podían trabajar debido a que el sistema de clases de los Tokugawa se lo impedía, y tampoco recibían su sueldo del señor feudal debido a que no tenían, estando condenados a la pobreza.

[4] Sorai se refiere a que las clases japonesas no vivían de acuerdo a su estatus.

[5] Debido a que el pago del samurái era en arroz, éste tenía que venderlo a los comerciantes para poder satisfacer otras necesidades. Esto dio mucho poder a los comerciantes.

[6] Ishida, Baigan. Nihon no Meicho, vol. 18. Tokio, Chûô Kôron Sha, 1972. P. 226.

[7] Para que estas monedas no alterasen los precios, se redujeron los precios de los productos un 20%.

avatar Daniel Rodríguez (35 Posts)

Graduado en Historia del Arte en la Universidad de Oviedo y con un Máster Universitario en Estudios en Asia Oriental cursado en la Universidad de Salamanca. Ha trabajado para el Museo Arqueológico de Asturias, la sala de exposiciones Laudeo, la Universidad de Salamanca y Satori Ediciones.


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