Revista Ecos de Asia

La mujer japonesa en la construcción de tradición. Una posible respuesta artística.

El peso de la tradición que recae sobre los hombros y espaldas de la mujer japonesa, como base para la perpetuación de la tradición, es una carga pesada. En una primera opinión podría parecer que quien lleva el peso de la tradición ostenta el poder para manipularla a su antojo, pero no es este el caso. El peso de la tradición patriarcal supone que la mujer sea esclava de su situación. La mujer no empoderada, por sí misma, no puede hacerse cargo de toda una historia de opresión.

Actualmente hay una gran desigualdad de género en la sociedad japonesa. Aunque desde el siglo pasado se hayan llevado a cabo cambios legales favoreciendo la situación de la mujer en el país, todavía hay una tradición muy arraigada que coloca a la mujer en un rango inferior al hombre. Japón es una de las sociedades más opresivas del mundo industrializado para la mujer y esto produce una exigencia por parte de la población femenina de transformación social. El Estado no ayudará en esa transformación, debe provenir de sí mismas. Las universidades femeninas en Japón cumplen el papel de labor social tradicional de la sociedad japonesa, se trata de enseñar a las mujeres maneras y cultura. De hecho, existe el puesto de office ladies, mujeres que trabajan en una empresa pero que no buscan ni se les concede crecer en ella sino para tener una oportunidad de conocer a un hombre con el que formar una familia y ella pueda ocupar el rol de ama de casa y cuidadora de sus hijos ya que el hombre, por los horarios establecidos, trabaja durante todo el día.

En Japón el gobierno se queja de la falta de natalidad, pero no han llevado a cabo medidas favorecedoras para la mujer trabajadora que le permitan conciliar vida familiar con el empleo o la carrera profesional. Por ejemplo, implantar una flexibilización del horario de trabajo, ofrecer ayudas económicas, implementar la cantidad de guarderías y favorecer la incursión de la mujer en el espacio de trabajo a tiempo completo. Para ello también es totalmente necesario cambiar la mentalidad de las japonesas.

Esta posición de la mujer en la sociedad puede verse como un vestigio del confucianismo, budismo y estilo de vida samurái –según el bushido-. De momento podemos decir, a grandes rasgos, que del confucionismo se recoge la estructura social jerárquica, del budismo la idea de que la salvación no era posible para las mujeres y del bushido la enseñanza de que la esposa debe mirar al marido como si fuera el mismo cielo. De hecho,los caracteres que componen la palabra esposa se traducen como ‘dentro de casa’ y esposo como ‘persona principal’.

Cambiar esta situación es realmente complicado para las japonesas ya que aún persiste cierto apego al espíritu del bushido o ‘camino del guerrero’. Se trata del código ético del estamento militar de los samuráis que dominó Japón durante siete siglos del feudalismo (1187 – 1868), hasta que hubo una revolución de una parte de ellos debido a su situación económica precaria y ociosa en los tiempos de paz. En el periodo Edo (1603 – 1868) los bushi (samuráis) no solo eran guerreros sino educadores y funcionarios, por lo que su código regía no solo el campo de la lucha sino el de lo público y lo educativo. Debido a eso la mujer se veía en una situación completamente esclava del hombre. Además, la entrada en Japón en el siglo IV del confucianismo favoreció aún más la opresión de la mujer porque estas líneas de pensamiento otorgan una gran importancia al lugar que el individuo ocupa en la sociedad, y la identificación de un individuo con un grupo como algo primordial. El rol que se ocupa en la sociedad es lo que identifica al individuo y le otorga honor y dignidad por lo que se puede comprender la vergüenza que sienten muchas personas al no cumplir con estas expectativas impuestas y la opinión que deben de tener de las mujeres a las que se les ha colocado el rol que para ellos es el más insignificante aunque siempre teniendo en cuenta la importancia de estas para mantener el orden y la armonía tan valorada en las sociedades orientales. Actualmente se considera el espíritu del bushido como la seña de identidad de la sociedad japonesa y la razón por la que existen los estallidos nacionalistas aún más después de la II Guerra Mundial.

El código Onna Daigaku o Manual de la buena mujer marca un antes y un después en la sociedad japonesa durante el periodo Edo, ya que a pesar de que el sistema patriarcal llevaba funcionando desde el siglo VIII, es en este momento cuando se endurecen las limitaciones para las mujeres y el impacto fue diferente según el estrato social a la que pertenecieran, aunque tuvo mayor vigencia en las mujeres pertenecientes a una familia aristocrática. El Manual de la buena mujer no fue el único libro que se publicó dictando cómo debía ser una mujer, también estaba el bushido, que he nombrado anteriormente, y el shingaku (el código entre los comerciantes).

A pesar de que los códigos de comportamiento del Onna Daigaku o el Shingaku tuvieron mucho éxito entre la población femenina, ya en su época también hubo críticas y disidencias contra este método. Por ejemplo, Rusen (1756 – 1826) después de divorciarse creó un movimiento religioso de inspiración cristiana, Nakayama Niki (1798 – 1887) tras un matrimonio tormentoso creó la sexta Tenrikyo basada en el sintoísmo, y la existencia de la Unión de Templanza cristiana de la Mujer para impulsar a la mujer a una mayor participación en la sociedad, este movimiento nació en EE.UU.

Como ejemplo de resistencia al sistema opresor hacia las mujeres en una época más contemporánea se encuentra entre otras la fotografía de Miwa Yanagi (Kobe, 1967). Su trabajo Elevator Girls, realizada desde 1994 hasta 1998,se mostraba a dos chicas de ascensor. Se trata de una profesión aún vigente en Japón.

Ascensor Girl House, 1995

Paradise Trespasser, 1998

Quería mostrar la contradicción existente entre dichas figuras confinadas en la sociedad de alto consumo y el movimiento por la igualdad de las mujeres. Miwa quiere mostrar como la mujer japonesa actual tiende a desmarcarse de los moldes subconscientes que la sociedad le ha tendido. My Grandmothers es otra seria de fotografías que anteponen la visión femenina del mundo. Realizó entrevistas a múltiples adolescentes a las que preguntó cómo se veían dentro de cincuenta años. Luego las fotografió y retocó las fotos para adecuarlas a ese futuro descrito por las chicas.

Hyonee, 2007

En estas series se puede observar ese intento por mostrar la deformidad que provoca el patriarcado en la creación de individuos femeninos. Personas, mujeres, reducidas a objetos, con sueños ya desde el principio truncados por las posibilidades inexistentes, o peor, unos sueños marcados por evitar unos temores que no serían suyos si no se les hubiese implantado antes: envejecer, convertirse en algo inútil, es decir, no eficaz. No productivo para la empresa. Pero también en My Grandsmothers se puede apreciar todo ese potencial imaginativo de las jóvenes.

Moeha, 2009

Para su desarrollo y cambio de valores habría que romper con una tradición de obediencia ciega al hombre, de injusticias sociales y abandono por parte de la jurisdicción ante sus necesidades como ciudadanas. Acogieron para ello los ideales y movimientos que en Europa se estaban desarrollando como ejemplo a seguir. Con Occidente como el origen de toda idea salvadora, origen de la democracia y de la libertad, origen de la Ilustración y del libre pensamiento.Todo ello recogido con admiración pero que conllevó la gestación de muchos problemas tanto filosóficos como políticos, aunque eso no fue lo que se exportó.

Todas estas ideas se introdujeron en un país donde la mujer tradicional cumplía un papel de perpetuar la tradición en forma de ritos o de modalidades artísticas, un gran peso a la espalda. El peso de toda una cultura condensada en el modo de volcar el té en una taza, en la forma correcta de atarse el quimono, o la postura perfecta para bailar una danza milenaria -miles de horas de trabajo y maquillaje para una melodía de más o menos siete minutos-. En estas pequeñas cosas se condensa la belleza y la dedicación de las mujeres a la perpetuación de una tradición que le sitúa en tan baja posición. De sí mismas resurgirá nuevas formas de entender la belleza femenina y su posición en la sociedad, ya no como objeto decorativo. Miwa Yanagi es un ejemplo de ello.

Para saber más:

  • Barlés, Elena; Almazán, David (coords.), Japón y el mundo actual. Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2011.
  • Lanzaco Salafranca, Federico, La mujer japonesa: un esbozo a través de la historia. Madrid, Editorial Verbum, 2012.
  • Pérez García, Lara, El modelo de la mujer japonesa en el periodo Tokugawa: el Onna-Daigaku. Universidad del País Vasco (TFG).
  • “Desnudando la feminidad: las miradas de Miwa YANAGI”, en Ecos de Asia.
  • Página oficial de Miwa Yanagi.
avatar Irene Suárez (1 Posts)

Desde pequeña destacó por ser una gran lectora a la que también le gustaba escribir. Finalmente, tras realizar susestudios de Bachillerato en Humanidades y Ciencias Sociales, ingresóen el Grado de Filosofía de la Universidad de Zaragoza. Actualmente está estudiando el Máster en Investigación en Filosofía.


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