Revista Ecos de Asia

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This article was written on 18 Dic 2015, and is filled under Historia y Pensamiento.

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La Orden del Sol Naciente

Estos días nos sentimos especialmente orgullosos por la condecoración con la que el gobierno japonés reconocía la labor de la Dra. Elena Barlés, maestra y mentora de muchos de los colaboradores de los que integramos Ecos de Asia y apoyo fundamental a la hora de iniciar este proyecto. Tendremos ocasión de hablar con ella y de felicitarla debidamente, si bien en este artículo nos centraremos en explicar brevemente en qué consiste este reconocimiento.

La Orden del Sol Naciente es una distinción con más de un siglo de vida, fue creada en 1875 por el gobierno japonés para reconocer a todos aquellos, tanto japoneses como extranjeros, que de una manera u otra contribuyesen a la preservación y difusión de la cultura nipona. Aunque esta iniciativa resulta, desde la perspectiva actual, muy moderna e innovadora, en realidad no respondía tanto a la mentalidad contemporánea con la que podemos relacionarlo sino más bien a una situación compleja por la que estaba pasando Japón y, por ende, su cultura.

El emperador Mutsuhito, en una de las primeras fotografías oficiales.

El emperador Mutsuhito, en una de las primeras fotografías oficiales.

Para comprender el contexto de esta creación, debemos retrotraernos a 1868. En este año culminaba el proceso de decadencia del shogunato Tokugawa (que había ocupado el poder político durante dos siglos y medio, desde 1603, el denominado Periodo Edo) con una guerra civil en la que resultó victorioso el bando que defendía que el poder real volviese a manos del Emperador. De este modo, Mutsuhito, el Emperador Meiji, quedó al frente de Japón con tan solo quince años y una difícil situación por delante: hacer frente al contacto occidental, que había forzado la ruptura de la política de sakoku establecida durante el Periodo Edo,[1] y con ello a la amenaza de invasión extranjera que planeaba sobre el país.[2]

A pesar de su temprana edad, la actitud del emperador resultó políticamente muy solvente, y el gobierno Meiji adoptó una postura de modernización para situar a Japón dentro del panorama político internacional. Se establecieron y reforzaron las relaciones diplomáticas con las principales potencias occidentales, al tiempo que se realizaron una serie de reformas en todos los ámbitos de la vida nipona para lograr que Japón se percibiese como un igual entre dichas potencias. Con esto se buscaba la protección del país: al adoptar los modos, usos y costumbres de las potencias que suponían una amenaza, erigirse como nación fuerte dentro del panorama internacional y estrechar lazos diplomáticos con países respetados, Japón se aseguraba no ser colonizado.

Así pues, Japón comenzó a desarrollar un intenso proceso de modernización, lo cual, en este contexto, significaba romper con la evolución natural del país (que había quedado estancada durante el inmovilismo del Periodo Edo) para asumir y asimilar lo que en Occidente se entendía como modernización, a fin de integrarse dentro del panorama internacional. Por ello, el gobierno Meiji comenzó a tomar una serie de medidas en las que tomaban como referentes a los países más desarrollados en cada ámbito para alcanzar el estadio más desarrollado posible. Si bien una de las reformas más destacadas es la del ejército,[3] que siempre se utiliza como ejemplo al hablar de este proceso, lo cierto es que la implantación de las costumbres occidentales alcanzó a todos los aspectos, también a los más cotidianos, como la vestimenta (especialmente, en los varones, que rápidamente adoptaron el uso de trajes y zapatos, mientras que en el ámbito femenino, aunque se introdujeron las corrientes de la moda occidental –sobre todo, entre las clases pudientes– el kimono se mantuvo como prenda preferida), los hábitos alimenticios, el ocio o las artes.

La fijación de Occidente como modelo favoreció que surgiesen corrientes culturales que, en el propio Japón, renegasen de la cultura y la tradición niponas, defendiendo posturas de asimilación total del modelo. Estas corrientes tuvieron manifestaciones en distintos grados, había desde las que abogaban por una modernización similar a la que se llevó a cabo, hasta las que abogaban por una mayor radicalidad. El conflicto llegó a polarizarse hasta el punto de aparecer algunas vertientes que defendían la extinción de la raza japonesa a través de matrimonios mixtos. Si bien estos eran casos extremos dentro de posturas minoritarias, dejan entrever la tensión que causaba, dentro de la sociedad, el proceso modernizador propuesto por el gobierno Meiji.

Por tanto, como respuesta a estas posturas más radicales, comenzaron a surgir otras corrientes culturales que defendían la tradición nipona y ponían en valor aspectos a los que se había dado la espalda o atacado dentro del proceso modernizador. Dentro de estas corrientes también había posturas extremas, que defendían el inmovilismo cultural y el rechazo absoluto de cualquier reforma, si bien la tónica general consistía en la puesta en valor y conservación del acervo cultural, sin renegar de la tradición propia dentro de la construcción de la nueva idiosincrasia nipona que se estaba llevando a cabo. Curiosamente, esta defensa de la cultura japonesa venía generalmente de la mano de occidentales, influenciados por el fenómeno del japonismo, que veían peligrar el Japón idílico y exótico de las ensoñaciones occidentales y que eran conscientes de la necesidad de preservar y conocer el pasado para entenderse como sociedad.

 En cualquier caso, el gobierno Meiji fue consciente de esta dicotomía, y aunque persistió en la defensa de políticas modernizadoras, mostró su responsabilidad para con su propio pasado, a través de la creación de un reconocimiento para todos aquellos que realizasen una labor destacada en la defensa y difusión de la cultura japonesa así como en el entendimiento entre culturas. De este modo surgió la Orden del Sol Naciente, la segunda de las consideraciones con mayor prestigio de Japón, sólo detrás de la Orden del Crisantemo, fundada de manera paralela y reservada a grandes personalidades políticas y militares, con un carácter mucho más exclusivo.

Condecoración de la Orden del Sol Naciente.

Condecoración de la Orden del Sol Naciente.

La primera distinción de las varias que recoge la Orden del Sol Naciente fue creada en 1875. En años posteriores, se establecieron los distintos grados de esta condecoración, hasta llegar a las nueve clases que se otorgaron durante el siglo XX. Aunque en un primer momento se otorgó este reconocimiento a extranjeros de manera excepcional, desde la Segunda Guerra Mundial quedó reservado a japoneses, una norma que desapareció definitivamente en 1981. En 2003 se produjo la última reforma de esta condecoración, por la cual el que tradicionalmente había sido el grado más destacado, la Orden del Sol Naciente con Flores de Paulonia, adquirió la categoría de reconocimiento autónomo. Del mismo modo, se suprimieron los dos niveles más bajos, de forma que la condecoración quedó estructurada en seis clases:

  • Primera Clase, Gran Cordón.
  • Segunda Clase, Estrella de Oro y Plata.
  • Tercera Clase, Rayos Dorados con Cinta Colgante.
  • Cuarta Clase, Rayos Dorados con Rosetón.
  • Quinta Clase, Rayos de Oro y Plata.
  • Sexta Clase, Rayos Plateados.[4]

También en 2003 se estableció la posibilidad de condecorar con este reconocimiento a mujeres, que hasta ese momento habían recibido una medalla equivalente, la Orden de la Corona Preciosa.[5]

La nómina de condecorados con las distintas clases es muy extensa, y en muchos casos se trata de personalidades que ejercen una influencia cultural alejada de la vida pública, y que por tanto resultan desconocidos para el gran público, no obstante, también se ha reconocido con esta distinción a personajes famosos o populares que han conseguido méritos de acercamiento de la cultura nipona al resto del mundo. Sirve de ejemplo el impacto mediático del nombramiento de las condecoraciones de este año, encabezado por el cocinero Ferrán Adrià, que ha eclipsado en la prensa generalista tanto a la Dra. Barlés como a la catedrática de Estudios de Asia Oriental y directora del Centro de Estudios de Asia Oriental de Universidad Autónoma de Madrid Taciana Fisac; pero no ha sido el único caso.

A nuestros lectores probablemente les resulten familiares algunos de los condecorados,[6] a los cuales en algunos casos hemos tenido ocasión de acercarnos: Federico Torralba, Shinichi Suzuki y Akira Yoshizawa. Otros que pueden resultar conocidos son el diseñador industrial Kenji Ekuan (responsable, entre otras muchas obras, de la icónica botella de salsa de soja Kikkoman), el actor George Takei,[7] el mangaka Leiji Matsumoto[8] o el veterano actor y director Clint Eastwood.[9] A través de nombres como estos, podemos hacernos una idea de la trascendencia y valor que esta condecoración posee. [10] Que en el año 2015 hayan sido tres los galardonados españoles nos habla de la estrecha relación y la gran afinidad existente entre la cultura española y la japonesa, así como del interés que despierta el País del Sol Naciente y de la buena salud de la que goza su estudio en muy diversos ámbitos y en el sentido más amplio.

 Notas:

[1] Se conoce con el nombre de sakoku el conjunto de normativas legales por las cuales el gobierno del shogunato Tokugawa prohibía prácticamente cualquier relación de Japón con el exterior: el comercio quedaba restringido a un pequeño comercio con China a través de puertos menores, y el único contacto con Occidente se limitaba a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, con un permiso de comercio a través de la isla artificial de Deshima, en la bahía de Nagasaki. En 1856, el comodoro Mathew Perry llegó a costas japonesas con el objetivo de establecer una misión diplomática estadounidense, a fin de que éstos tuvieran acceso a puertos estratégicos dentro de la travesía transpacífica y poder así consolidar su influencia en Asia. Todo ello agravó la crisis interna por la que estaba pasando el shogunato y contribuyó a precipitar su caída.

[2] Esta amenaza fue más un sentimiento o percepción del gobierno y del pueblo japonés que una evidencia real, si bien estaba plenamente justificado por el desarrollo del colonialismo de las potencias occidentales, así como el conflicto abierto que esto estaba ocasionando en China, materializado en las dos Guerras del Opio (la primera entre 1839 y 1842 y la segunda entre 1856 y 1860).

[3] La reforma del ejército comenzó en 1868, con la abolición de la clase samurái, y continuó con el establecimiento de un ejército de reemplazo, la realización de un servicio militar, la adopción de uniformes y armas occidentales y, sobre todo, de nuevas tácticas militares, adecuadas a los recursos introducidos, pero también destacadas a nivel internacional, lo que permitiría su consolidación como potencia a través de las victorias en la Primera Guerra Sino-Japonesa (1894-1895) y la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905).

[4] Las clases abolidas fueron la séptima (Medalla de Hojas de Paulonia Verdes) y la octava (Medalla de Hojas de Paulonia Blancas).

[5] La Orden de la Corona Preciosa fue establecida en 1888, también por el Emperador Meiji, como un reconocimiento exclusivamente femenino. Con la reforma de 2003, ésta ha quedado reservada a las figuras femeninas de más alto rango, especialmente, entre las distintas casas de la realeza (resultando, en este sentido, equivalente o paralela al más alto rango de la Orden del Sol Naciente, reservado para dirigentes y altos cargos).

[6] No podemos dejar de destacar a Fernando García Gutiérrez, quien ha sido reconocido con la Orden del Tesoro Sagrado, una condecoración similar a la Orden del Sol Naciente aunque de rango ligeramente inferior, que reconoce los mismos méritos de trabajo por la cultura y la sociedad niponas.

[7] Célebre por su participación en la serie de culto Star Trek, en el papel de Hikaru Sulu; así como por su activismo en favor del colectivo LGTB, en la línea de otros como Ian Mckellen o John Barrowman (de quien ya hablamos, brevemente, aquí).

[8] Leiji (o Reiji) Matsumoto es autor de algunos de los títulos manga más conocidos internacionalmente, como puedan ser Space Battleship Yamato o Capitán Harlock (de la cual tuvimos ocasión de hablar, a raíz del estreno de su adaptación más reciente, aquí). Una de las claves de su éxito internacional estriba en el atractivo del que ha logrado dotar a su universo ficticio, así como a la facilidad de que historias espaciales (y por tanto, en cierto modo, “descontextualizadas”) encajen en otros contextos socioculturales.

[9] Clint Eastwood recibió esta condecoración por su labor en el entendimiento mutuo a través de sus creaciones cinematográficas, particularmente, por la doble reflexión que realizó sobre la Segunda Guerra Mundial y el enfrentamiento entre Estados Unidos y Japón a través de dos películas: Banderas de nuestros padres y, muy especialmente, Cartas desde Iwo Jima, ambas de 2006, en las que se reflejaban los distintos puntos de vista de los dos bandos, en el episodio concreto de la batalla de Iwo Jima (1945).

[10] La lista más completa de galardonados que hemos podido encontrar es la elaborada en la Wikipedia inglesa (disponible aquí).

avatar Carolina Plou Anadón (214 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, prepara una tesis doctoral sobre fotografía japonesa. Autora del libro “Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón”.


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