Revista Ecos de Asia

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This article was written on 22 Feb 2021, and is filled under Actualidad Cultural, Cultura Visual.

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Lost in translation. El subtexto de Jujutsu Kaisen

El manga de Jujutsu Kaisen es el nuevo favorito de la Shônen Jump, habiendo contado con un éxito considerable tanto en Japón como en el mercado internacional,1 a lo que en parte ha contribuido una espectacular adaptación animada en la que los momentos sakuga son más parte de la normalidad que una anomalía. Aunque el dibujo distintivo de su autor,2 Akutami Gege, el carisma de sus personajes y el dinamismo de sus peleas son algunos de los elementos más comentados de esta remarcable obra, es la sensibilidad del autor lo que logra aunar todos estos elementos en una narrativa sobresaliente, que se extiende hasta los más mínimos detalles, algunos de ellos difíciles de transmitir al público extranjero y que vamos a presentar en este artículo. Avisamos a los lectores que esta profundización implica desvelar fragmentos del argumento que todavía no se han publicado en España.

El primer elemento en el que vamos a centrar nuestra atención es la utilización de los pronombres personales. Como es bien conocido, en Japón existe una amplia variedad de pronombres para referirse a ti mismo, cada uno con un matiz diferente, lo que en la versión original nos da pistas sobre cómo quieren presentarse los personajes ante la sociedad de su mundo, el Japón del siglo XXI. En el caso que nos ocupa, en el arco del pasado del profesor protagonista, podemos ver cómo el joven Gojô Satoru se refiere a sí mismo con el pronombre “ore”, una forma masculina, llena de confianza y algo agresiva que combina a la perfección con su personalidad desabrida y la firme seguridad en sus habilidades. Su mejor amigo, Getô Suguru, por su parte, opta por “watashi“, la forma más neutral de todos los pronombres que pueden utilizarse, lo que refuerza su aura de persona responsable, comedida, pendiente de lo que piensan los demás, en cierta manera conformista con la sociedad y sus normas. En un diálogo entre los dos poco antes de una de sus misiones más importantes, Suguru advierte a Satoru sobre usar el pronombre “ore” ante sus kôhai, ya que podría asustarlos, o ante sus superiores, ya que podrían interpretarlo como una muestra de rebeldía; le recomienda que utilice algo más neutral como “watashi” o, como máximo, “boku“, que tiene ese deje masculino pero más relajado que el perentorio “ore”. Por supuesto, Satoru hace caso omiso de este consejo, que achaca a la personalidad excesivamente cauta de su amigo. Este diálogo, por supuesto, está traducido en su versión inglesa, a pesar de que es un detalle que hasta entonces había pasado desapercibido a los lectores. Esta escena, sin embargo, guarda implicaciones importantes más adelante. Poco después de fallar en su misión de salvar a Amanai Riko, Suguru, desilusionado por la sociedad de hechiceros, decide emprender su propio camino, mientras que Satoru permanece como profesor en la escuela. Durante el volumen cero, que actúa como precuela, así como durante el resto de la historia principal, Satoru se refiere a sí mismo como “boku“. Este detalle ya nos indica que, a pesar de su actitud brusca, Satoru siempre ha prestado atención a las palabras de su amigo, especialmente después de que este le abandone tras ser superado por su depresión, una traición que en parte achaca a no haber demostrado su atención. Satoru seguirá utilizando el pronombre “boku” incluso estando ante situaciones de peligro, el ataque de las maldiciones especiales Jôgo y compañía durante el segundo atentado de Shibuya, o inesperadas, cuando empiezan a morir civiles ante sus ojos en el mismo evento. La única vez que, totalmente superado, vuelva a caer en utilizar el pronombre “ore“, es cuando se encuentra con el cuerpo poseído de su amigo Suguru, una visión que le altera tanto que es incapaz de mantener la más mínima fachada. Este encuentro, y la culpabilidad de haberlo matado, por tanto, son capaces de despertar sentimientos más fuertes que la excitación del peligro y la muerte de decenas de inocentes. Teniendo en cuenta que Satoru es un personaje tremendamente complejo, que además detesta revelar ninguna de sus inseguridades, la fluctuación en el uso de este pronombre es más indicativo de su estado anímico que lo que realmente dice.

También relacionado con esta pareja queremos llamar la atención durante la escena de la muerte de Suguru en el volumen cero, ya publicado en España. Tras ser herido de gravedad en un infructuoso ataque a la escuela, un moribundo Suguru y Satoru se encuentran en un callejón para conversar por última vez. En la versión japonesa, hacia el final de la conversación, Satoru pronuncia el nombre de su amigo, a lo que le sucede una viñeta con la cara sorprendida de Suguru y un bocadillo con dos líneas verticales, seguido de la viñeta de un Suguru sonriendo de manera inocente y algo sonrojado. En la versión española, estas dos líneas han sido sustituidas por puntos suspensivos que, tanto en español como en japonés, indican silencio. Sin embargo, las dos líneas verticales indican que Satoru ha dicho algo que ha hecho sonreír a Suguru, aunque los lectores no lo hemos oído. El significado de la escena, por tanto, cambia completamente. Ocultar lo que Satoru dice en estos últimos momentos envuelve la escena en un ambiente íntimo, reforzando que es un momento que pertenece sólo a ellos dos, del que no somos partícipes los lectores. Este matiz se pierde completamente si interpretamos en la versión extranjera que Satoru simplemente se ha quedado sin palabras, e incluso puede dar lugar a interpretaciones erróneas.3

Versión japonesa (izquierda) y española (derecha) de la escena de la muerte de Getô Suguru en el volumen 0.

El caso de Fushiguro Tôji y su familia, aunque no relacionado directamente con la traducción, también presenta detalles relacionados con la sociedad japonesa que merece la pena tener en cuenta. Tôji, perteneciente al ilustre clan de hechiceros Zen’in, fue repudiado por nacer sin el talento para utilizar maldiciones, y decidió formar una familia al margen de la jerarquizada sociedad de hechiceros. No tardaría en abandonarles en favor de seguir su carrera como asesino, mendigando alojamiento de cualquier mujer que le aceptara en su cama y gastando todo su dinero en carreras de caballos. Su diseño, como un hombre musculado, adicto a la adrenalina y a la violencia, refuerza esta imagen de “macho alfa”. Es este mismo “macho”, sin embargo, el que decide abandonar su apellido familiar y tomar el de su esposa, una ocurrencia tan extraña en la sociedad nipona actual que podemos encontrar artículos en la prensa que consisten en entrevistar a un hombre por las razones que le han llevado a tomar el apellido de su mujer. Realmente, las razones que llevaron a Tôji a tomar esta decisión están abiertas a debate: puede que simplemente esté suficientemente resentido con los Zen’in como para tomar el apellido de su mujer; puede que su mujer le importara tanto como para tomar su apellido ya que, después de todo, le dio un hijo que es su orgullo; puede que fuera una razón práctica ya que, como asesino, es mejor dejar al margen el famoso clan en el que nació. Si no se tiene conciencia de la importancia de cambiarse el apellido en la sociedad japonesa, sin embargo, perdemos de vista algunas reflexiones interesantes sobre este encantador personaje.

Por último, será interesante ver cómo adaptan en la versión traducida una de las últimas incorporaciones al elenco de Jujutsu, Zen’in Naoya. Este personaje, que aparece por primera vez en el capítulo ciento treinta y ocho, tiene el pelo teñido y varios piercings en las orejas, lo que contrasta con el hakama y la camisa de cuello alto al estilo del periodo Taishô con la que se viste. Especialmente distintiva, sin embargo, es su forma de hablar, con un marcado acento de Kansai. La traducción de acentos en español siempre es un asunto espinoso, ya que la inclusión de marcados dejes regionales en los personajes queda extraña o suele achacarse a un nivel de educación inferior. El acento de Kioto que utiliza naturalmente Naoya, sin embargo, refuerza su condición como alguien perteneciente a la clase privilegiada y le añade un aire desenfadado, que hace destacar aun más los crueles comentarios machistas por los que se ha hecho extremadamente “popular” en las redes sociales.

Por supuesto, lo que hemos presentado en este artículo no es más que una muestra representativa. Por ejemplo, en One Piece la proporción entre los silabarios y los kanji que se utilizan en los bocadillos de los personajes dan una idea del nivel cultural y educativo de cada uno, siendo común que Zoro y Luffy hablen con abundante katakana y hiragana mientras que Nico Robin o Donquixote Doflamingo optan por construcciones gramaticales más complejas e incluso compuestos de kanji. Podemos concluir que, conforme el género shônen se vaya diversificando y la complejidad de sus temas y del tratamiento de sus personajes aumente, es probable que este tipo de situaciones se incrementen, presentando nuevos retos a los traductores de mangas en el futuro para poder transmitir a los lectores la esencia de estas aventuras.

Notas

1 En España está siendo licenciado por Norma Editorial.

2 Sigue existiendo debate sobre el sexo del autor, también en Japón. En este artículo utilizamos el masculino genérico ateniéndonos a la falta de fuentes fiables al respecto.

3 En Twitter se ha visto cómo se habla de que Satoru decide no decir nada para no maldecir a Suguru, cuando realmente sí que ha hablado.

avatar Claudia Bonillo (60 Posts)

Graduada en Ingeniería Informática con mención en Computación (2016, Unizar), Diploma de Especialización en Estudios Japoneses (2017, Unizar) y Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte (2018, Unizar), actualmente es doctoranda del área de Asia Oriental en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza especializada en la transmisión de la historia medieval japonesa, periodo Sengoku (1467/1477-1603), a través de la cultura popular nipona (videojuegos, manga y anime). En el año 2020 ganó la Beca del Gobierno Japonés (MEXT/ Monbukagakushô) para Graduados Españoles para poder hacer una estancia de investigación en la Universidad de Kioto.


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