Revista Ecos de Asia

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This article was written on 26 Oct 2018, and is filled under Historia y Pensamiento.

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El nacimiento y los orígenes de la moderna industria turística en Japón

Aunque son conocidas excepciones a la regla y sí que puede hablarse de viajeros y visitantes célebres de Japón durante nuestra Edad Moderna,[1] el nacimiento de un turismo internacional moderno no tiene lugar en el País del Sol Naciente, al menos de forma legal, hasta la apertura oficial sus las fronteras durante el periodo Meiji. Hasta aquel momento, igual que el tránsito sobre las fronteras de Japón estaba controlado, igualmente lo estaba el desplazamiento por el interior, y así, el viaje debía realizarse de forma planeada e identificada, estando codificado en una serie de rutas y estaciones, que tuvieron su correspondiente reflejo en el mundo del Arte.

Seguramente, las más conocidas rutas turísticas japonesas son las conocidas como “Cinco Rutas del Periodo Edo”, una serie de caminos, con sus correspondientes estaciones de parada y descanso, aprobados por el gobierno central para el viaje interno durante este periodo. Estas cinco rutas principales (ya que existían otras menores), conectaban la capital, Edo, con otros lugares importantes de la geografía japonesa; las más importantes, el Tokaido y el Nakasendo, conectaban Edo con Kioto, respectivamente por la línea de costa y por el interior, y ambas fueron el objeto de importantes series de grabado, como por ejemplo las realizadas por Hirosigue.

El Tokaido fue una de las rutas más transitadas, como se aprecia en esta fotografía de Felice Beato.

Fue a partir del periodo Meiji cuando se abrieron las fronteras a extranjeros y japoneses, al menos de una manera moderada, lo que facilitó los desplazamientos, mientras que las restricciones al turismo interior disminuyeron enormemente para los nipones, que dejaron de necesitar pasaporte para sus desplazamientos nacionales ya en 1870. La apertura de los diferentes destinos internos a los extranjeros fue algo más gradual: por ejemplo, aunque a partir de 1870 se permitió a los extranjeros visitar Nikkô, estos debían moverse por el país contando con pasaportes autorizados, que en teoría solo se concedían por razones de negocios, salud o investigación.

Por otro lado, la reforma Meiji supuso también la llegada de toda una serie de medios técnicos y logísticos estrechamente ligados al mundo del turismo. En primer lugar, vendría la progresiva implantación del ferrocarril, muy rápida en Japón gracias tanto al esfuerzo estatal como al de numerosas compañías privadas, que unió las principales ciudades en fechas bastante tempranas. Así pues, la primera línea, que unía la estación de Shimbashi en Tokio con Yokohama, se inauguró en 1872, y en 1889 se completaría la línea principal del antiguo Tokaido; además, durante la década de los 1880, el ferrocarril llegaría también a las principales islas japonesas: Hokkaidô (1882), Shikoku (1888) y Kyûshû (1889).

También los modernos trenes tuvieron su cabida en el ukiyo-e, como se ve en este, que muestra aquel que unió Tokio con Yokohama.

En los lugares donde el tren no llegaba, uno podía desplazarse de manera algo más tradicional (se utilizaba, aún, el transporte en cesta o palanquín), mientras que para el desplazamiento por las ciudades se utilizaban medios como el tranvía o el rickshaw, algo que desagradaba y asombraba por iguales a los cada vez más numerosos visitantes europeos y americanos.

Fotografía de estudio en la que se atetigua la no tan antigua usanza del palanquín.

Aunque el ferrocarril permitía el rápido desplazamiento entre los principales destinos turísticos, lo cierto es que los turistas extranjeros llegaban al país a través de una serie de importantes puertos, entre los que destacaron Yokohama y Kobe, donde ya en 1870 recalaban las principales compañías de vapores del mundo; en 1875 se estableció entre Yokohama y Shanghái la primera línea regular de pasajeros de Japón.  La Nippon Yusen Kabishiki Kaisha (Compañía Postal Japonesa), fundada en 1885, controlaría en los años venideros no solo buena parte del comercio mundial, sino la mayor parte del flujo turístico del país, conectando las principales ciudades (tanto del archipiélago japonés como de sus eventuales dominios en el resto de Asia) y realizando también viajes alrededor del mundo. Será precisamente la N.Y.K. una de las primeras creadoras de poderosas imágenes publicitarias, entre las que destacan una serie de carteles de carácter eminentemente descriptivo y naturalista (aunque algunas adelantan ya algunos elementos de la estética del shin-hanga),[2] a la manera del póster inglés de la época, protagonizados por mujeres en quimono y hishashigami, el peinado más popular en el momento, a bordo del barco, habitualmente dejando ver un paisaje costero; en otras ocasiones, aparecen acompañadas por hombres (vestidos a la manera occidental) y/o niños, o bien en el interior de los camarotes.

Algunas imágenes promocionales de las compañías navieras del cambio de siglo.

Una vez en el país, aunque es bien conocido cómo artistas y literatos admiraban muchas de las costumbres y educación de los japoneses, llegaba una de las partes que más desagradables resultaba a los occidentales: el alojamiento. La construcción de hoteles a la manera occidental fue bastante tardía en Japón, especialmente si tenemos en cuenta el rápido proceso industrial en otros campos, incluso en el de la arquitectura funcional y de carácter estatal. Los primeros turistas y viajeros hubieron de alojarse en posadas tradicionales, habitualmente con gran disgusto, especialmente en el tema culinario, que no era ni mucho menos considerado uno de los grandes atractivos del Japón. El primer hotel construido a la occidental fue, en 1878, el Fujiya de Hakone, al que pronto seguirían muchos más; para 1930 se citaban ya treinta hoteles occidentales en Japón, aunque la atención internacional pronto se centraría ante el Hotel Imperial de Tokio, construido en 1890 por el arquitecto Yazuru Watanane y considerado como de uno de los más lujosos del continente asiático. Destacó siempre por su afán de modernidad, siendo especialmente celebrada la construcción de uno de sus pabellones por el eminente arquitecto Frank Lloyd Wright, desgraciadamente desparecido tras el Gran Terremoto de Kanto de 1923, que borró del mapa a muchas de estas primeras edificaciones.

Primera versión del Hotel Imperial de Tokio

Quizás el último elemento necesario para la fundación del turismo como industria nacional era la fundación de la Kihin-Kai (traducida a menudo como “Sociedad de Bienvenida”), acaecida en 1893, un órgano privado de pertenencia no obligada que centralizaba e institucionalizaba algunas de las prácticas turísticas más habituales. Financiado con fondos de empresas afines a sus causas, sus principales funciones resultaban modernizar y mejorar la infraestructura turística japonesa, tanto mejorando los principales sistemas de transporte como ayudando a los dueños de establecimientos tradicionales a modernizarlos al gusto occidental, además de unificar la información turística disponible, editando mapas y guías de los sitios visitables (en inglés y japonés), y formando a mejores guías e intérpretes. Aunque la Sociedad fracasará en pocos años por falta de fondos, es este espíritu unificador y modernizador el que impregnará la parafernalia y la industria turística de los años sucesivos.

Otro hito importante en el desarrollo de la industria turística japonesa es la fecha de 1907, año en el que se que se nacionalizan y unifican las líneas ferroviarias japonesas, y en el que se aprueba la Ley del Desarrollo de Hoteles, a partir de la cual la Compañía Ferroviaria Nacional construye una red de hoteles públicos a lo largo de las líneas ferroviarias de todo el país. En cuanto a la Primera Guerra Mundial no resultaría en una cesura trágica en la Historia de Japón, siendo su transición entre los viejos y nuevos modelos mucho más gradual. En sucesivas entregas, repasaremos algunos de los hitos y características principales de la industria turística japonesa en los periodos Taisho y Showa, hasta llegar al análisis del panorama actual.

 

Para saber más:

 

Notas:

[1] Por ejemplo, en Ecos de Asia ya hemos dedicado artículos a algunos de estos personajes, como Frois o Von Siebold.

[2] El shin-hanga fue un movimiento artístico japonés, sucedido durante la primera década del siglo XX, que actualizó el mundo de la estampa tradicional con algunos elementos plásticos aprendidos del arte occidental aunque, a diferencia del sôsaku-hanga mantuvo el sistema tradicional de colaboración del ukiyo-e.

avatar Marisa Peiró Márquez (130 Posts)

Marisa Peiró Márquez (marisapeiro@ecosdeasia.com) es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. En esta misma universidad se licenció en Historia del Arte y realizó el Máster en Estudios Avanzados de Historia del Arte, así como el Diploma de Especialización en Estudios Japoneses. Se especializa en el Arte y la Cultura Audiovisual de la primera mitad del s. XX, y en las relaciones artísticas interculturales, especialmente entre Asia y América Latina (fue becaria del Gobierno de México), con especial interés en el Sudeste Asiático y en Oceanía.


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