Revista Ecos de Asia

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This article was written on 17 Ene 2019, and is filled under Varia.

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“¡A ordenar con Marie Kondo!” Felicidad, filosofía y desorden

Si hay algo que no podemos negar es la gran cantidad de alusiones y comentarios presentes en distintas plataformas acerca de uno de los recientes programas presentes en Netflix: ¡A ordenar con Marie Kondo! (Tidying Up with Marie Kondo como título original). Desde Ecos de Asia queremos llevar a cabo una aproximación a la figura mencionada, su filosofía y su método de organización, además de comentar aquello que se puede ver en nuestras pantallas.

Una de las imágenes promocionales de ¡A ordenar con Marie Kondo! presente en la plataforma Netflix.

En primer lugar y a modo de introducción, hemos de referirnos a Marie Kondo, empresaria, autora y consultora de origen nipón cuyo renombre viene de la mano de sus obras escritas, fundamentalmente de la que lleva por título La magia del orden (2014) en castellano. A través de las páginas de este libro, Kondo nos introduce en el denominado método KonMari, es decir, una serie de pautas para mantener el orden y armonía en el hogar con la posibilidad de que este mismo quede extrapolado a otros aspectos de la vida cotidiana. En resumidas cuentas, podemos hablar de instrucciones para que el lector lleve a cabo una selección de objetos que quiera mantener dentro de su entorno, además de toda una serie de consejos e instrucciones a la hora de plegar distintas prendas de ropa, distribuirlas en el espacio del que se disponga, herramientas de organización y un largo etcétera.

Este tipo de argumentos no están exentos de polémica, sobre todo aquellos referentes a la defensa por parte de Kondo de que en casa se han de guardar un máximo de 30 libros, siendo esta una cifra considerada como, cuanto menos, escasa. No obstante, y atendiendo a lo que podemos ver a lo largo de los 8 capítulos que componen la serie ¡A ordenar con Marie Kondo!, tanto esta como otras tantas informaciones han de cuestionarse, de modo que no sean tomadas como máximas sino como consejos a interpretar.

Adentrándonos en la producción propiamente dicha, vamos a ver una estructura común a todos los capítulos de la serie: En primer lugar, la presentación de la familia correspondiente (parejas, matrimonios con variable cantidad de hijos, familias que se plantean ampliar sus miembros…) y sus circunstancias, la llegada de Kondo con su ritual propio de presentación a la vivienda y la organización propiamente dicha, que se fundamenta en un total de cinco pasos o categorías que vamos a proceder a comentar.

Si bien, hay que tener en cuenta uno de los principios o reglas que queda reflejada, además,  en la página web correspondiente a este método[1] y que ya hemos mencionado: se ha de ordenar por categoría, no por espacio; es decir, se ha de trabajar con los objetos en sí y no con el lugar en el que se encuentran. Lo explicaremos a continuación ya que nos vamos a adentrar en estas cinco categorías.

Fotograma de la serie en el que aparece Marie Kondo enumerando las cinco categorías que comprenden su método.

En primer lugar, se aconseja ocuparse de la ropa. Así, las personas dentro del programa acumulan montañas de prendas de diverso tamaño con el fin tanto de poder visualizar de primera mano la cantidad de ropa que poseen como por el hecho de tratar cada pieza de forma individual. Retomando uno de los argumentos presentes en el libro que se repite en el programa, se ha de valorar cada prenda individualmente, considerando si es algo que se quiere mantener, si es de utilidad, si hace sentir bien al que lo lleva… en resumidas cuentas, si es algo que propicia la felicidad; en caso contrario, la pieza queda descartada no sin antes mostrar agradecimiento por su vida útil. A partir de ahí veremos distintos métodos de plegado y almacenaje según la naturaleza de las prendas, siempre con una distribución vertical que permita contemplar, en un solo golpe de vista, todo el vestuario que se tiene.

En segundo lugar, los libros. En la mayoría de ocasiones superando la treintena, como muestran algunos episodios. Al igual que en el punto anterior (e igualmente repetido en las categorías siguientes), los libros se valoran tanto por lo que han aportado a su lector como por lo que pueden aportar en el futuro. Como hemos podido leer en distintas fuentes, Kondo declara que “cada obra tiene su momento”[2] y, por ende, se ha de producir esta selección. Kondo insta a no acumular por acumular, quedándose únicamente con aquello que realmente la hace feliz en un determinado momento, ya sea una decena, treintena o más, como podemos ver en uno de los programas donde la cantidad de obras conservadas supera tal cifra y Kondo les comenta su esfuerzo, sin reprimirlos, puesto que, como ya hemos comentado, estas máximas han de adaptarse a cada practicante del método.

Como tercera parte, Kondo se refiere a los documentos y papeles que se conservan, desde apuntes, cartas, facturas… aplicando el principio básico de aquello que hace feliz al que ordena.

La cuarta categoría se denomina komono y alude a cosas pequeñas de amplia clasificación, es decir, todo aquello que se guarda en la cocina, en el garaje, objetos de colección… Resulta reseñable en este punto comentar uno de los capítulos cuya anfitriona siente una evidente debilidad por la Navidad, contando con una amplia colección de adornos y cascanueces que, a pesar del minimalismo asociado al método KonMari, decide mantener, exponiendo, eso sí, aquellas piezas que le resulten especialmente valiosas. En este mismo capítulo, no podemos resistirnos a comentar que esta misma familia, en pleno proceso de organización, encuentra objetos de importante valor que ni siquiera eran conscientes de tener: testimonios del padre de uno de ellos acerca de distintas vivencias durante el episodio de Pearl Harbor y una amplia colección de kokeshi pertenecientes a la prefectura de Moriyoka.

Colección de muñecas kokeshi presente en el segundo programa.

En última instancia, la quinta categoría aglutina los objetos de valor sentimental, clasificación que, a su vez, puede aludir a objetos de las agrupaciones anteriores. Quizá esta sea la parte más compleja para los anfitriones, ya que se han de seleccionar fotografías, recuerdos… conservándolos de acuerdo con los sentimientos que despiertan en su poseedor.

Como leitmotiv constante podemos mencionar dos principios fundamentales, dejando de lado cantidades: la selección de piezas en función a la positividad de las sensaciones que despiertan y, por otro lado, el agradecimiento a todo lo que queda descartado por lo que aportó en su momento.

Atendiendo a los diversos capítulos y las actitudes que en ellos se observan, podemos subrayar algunos principios relacionados con ciertas creencias y filosofías de origen japonés. En primer lugar, Kondo aconseja a sus anfitriones coger los objetos, tocarlos, sostenerlos, concentrarse en las sensaciones que les despiertan, lo que podemos ligar estrechamente con la contemplación de algunas muestras de arte nipón, sobre todo piezas pequeñas cuya belleza va más allá de un vistazo óptico, de modo que han de sentirse en su totalidad teniendo en cuenta los elementos mencionados: la sensación que produce el tacto de un cuenco de té en las manos, la delicadeza de un tejido de seda o el preciosismo de un netsuke. Por otro lado debemos hablar del agradecimiento a los objetos que nos han servido, honrar aquello que en un momento dado nos ha aportado felicidad y despedirlo de manera digna. Igualmente, debemos de hablar del minimalismo asociado a Kondo, presente en algo tan simple como su forma de vestir, los escenarios en los que aparece dando instrucciones durante el programa o las fotografías presentes en la página web correspondiente a KonMari.

Estas actitudes, que en algunos casos pueden tacharse de un misticismo exagerado y fingido, se complementan con la propia actitud de Kondo cuando llega a una vivienda y “se presenta” a la misma, manteniendo una actitud silenciosa, se sienta en el suelo y simplemente se impregna del lugar, los sonidos, olores… en una actitud meditativa, con el fin tanto de presentar sus respetos a este espacio como de asesorar a los anfitriones de la manera que considera más adecuada.

Así, y a modo de cierre, debemos tomar estas supuestas reglas del método KonMari con cierta distancia, intentando buscar su utilidad y, en última instancia, actuar según las necesidades y la felicidad a la que la propia Kondo se refiere una y otra vez. Existen innumerables cantidades de programas que siguen este mismo esquema, dedicados a reformas de casas, cambios de imagen o ventas de trasteros, si bien, algo que debemos comentar en defensa de ¡A ordenar con Marie Kondo! es que su protagonista se adecua a aquellos que abren su hogar, de modo que estamos ante una aplicación real de este método, siempre adaptado.

Al igual que en el arte de ordenar y seleccionar objetos, entran en juego las preferencias de cada uno, y lo mismo se puede decir al ver este programa, si te aporta algún tipo de felicidad ¿por qué no darle una oportunidad?

 

Para saber más:

  • Página de ¡A ordenar con Marie Kondo! en Netflix. Disponible aquí.
  • Kondo, Marie, La magia del orden: Herramientas para organizar tu casa y tu vida, España, Aguilar, 2015.
  • Kondo, Marie, La felicidad después del orden: Una clase magistral ilustrada sobre el arte de organizar el hogar y la vida, España, Aguilar, 2016.

 

Notas:

[1] Página web de KonMari, empresa fundada por Marie Kondo. Disponible aquí.

[2] Para saber más véase el siguiente enlace.

avatar María Gutiérrez (69 Posts)

Graduada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, cursando el máster de Estudios Avanzados con el objetivo de especializarse en arte asiático.


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