Revista Ecos de Asia

Information

This article was written on 28 May 2018, and is filled under Cultura Visual.

Current post is tagged

, , , , ,

Pink, la revolución rosa de Kyoko Okazaki

Las últimas semanas, Ponent Mon nos ha estado invitando a unirnos a la “revolución rosa”, en una ambiciosa campaña de promoción de uno de sus grandes lanzamientos, Pink, de Kyoko Okazaki, un josei publicado originalmente hace casi treinta años que apareció originalmente en New Punch Zaurus.

Pink es quizás uno de los títulos más destacados de la trayectoria de Kyoko Okazaki, que comenzó en 1983 con el inicio de Virgin en la revista Manga Burikko. Durante la década de los ochenta, Okazaki se consolidó como una autora de renombre dentro del josei, por su habilidad para reflejar el universo femenino. Durante esos años realizó varias obras, siendo Pink la última publicación de la década, en 1989. Sin embargo, fue la década de los noventa la que resultó crucial en su carrera, así como en su vida personal. Por un lado, supuso un momento muy dulce en lo que a publicaciones se refiere, ya que el periodo entre 1990 y 1995 fue el más prolífico de su carrera. En 1995 vio la luz el primer capítulo de Helter Skelter, uno de los títulos más destacados de su trayectoria, que se publicó entre ese año y 2003, a pesar de que no se trata ni mucho menos de una obra extensa, ya que se compone de nueve episodios.

No obstante, en lo personal, su vida sufrió un fuerte revés cuando en 1996 sufrió un accidente de tráfico, provocado por un conductor borracho que se dio a la fuga. Aunque Okazaki sobrevivió, se vio seriamente afectada, hasta el punto de que, a sus treinta y tres años, se vio impedida para volver a coger un lápiz. En cualquier caso, a partir de 1996 y prácticamente hasta la actualidad se han seguido publicando otros trabajos de la autora que en su momento permanecieron inéditos, evidenciando la vigencia de sus temas y planteamientos.

Y es que Kyoko Okazaki es una figura clave del manga para chicas.[1] Siguiendo la estela de la Generación del 24,[2] que en la década de los setenta impulsaron una renovación del manga, reivindicando un espacio en la industria, tanto a nivel autoral como temático, Kyoko Okazaki fue, en cierto modo, heredera espiritual de esta tendencia renovadora. Aunque su carrera comenzó una década después del boom de la Generación del 24, Kyoko Okazaki buscó a través de sus obras dar una nueva voz a la mujer moderna japonesa, con preocupaciones más allá de encontrar un buen marido y formar una familia.

En este sentido, el planteamiento de Pink es bastante representativo de la modernidad de la autora y de su capacidad rompedora. Pink cuenta la historia de Yumiko, una joven que compagina su trabajo de secretaria con un segundo empleo como chica de compañía, ya que sus ingresos no son suficientes para sacar adelante a su mascota, un cocodrilo.

Bajo esta premisa, Pink plantea una suerte de slice of life en la que tienen cabida, además de Yumiko, otros personajes tan peculiares como ella: su hermana pequeña, su retorcida madrastra y un joven, Haruo, que irrumpe en su vida por casualidad para darle la vuelta por completo, aunque de una forma ligeramente diferente a como cabría esperar.

Rompiendo los estereotipos del género, Pink plantea no solamente temas serios y adultos, sino también cargados de tabúes. Yumiko ejerce la prostitución, pero no es un hecho trágico, sino, en cierto modo, liberador: tiene una necesidad económica y considera que vender su cuerpo y tener sexo con desconocidos a cambio de dinero le sale a cuenta y los beneficios que obtiene son superiores a las desventajas de esa profesión. Este tema, ya de por sí, sigue constituyendo en cierto modo un tabú en nuestros días, y el abordar la prostitución desde la ficción suele ser desde un prisma dramático.[3] Sin embargo, Kyoko Okazaki presenta a Yumiko como una mujer satisfecha con sus decisiones y relativamente a gusto con su situación. El componente dramático, en este caso, procede de otro de los temas fundamentales de Pink, la crítica, velada pero feroz, al capitalismo arrollador que en las últimas décadas se ha instaurado en la sociedad contemporánea de los países desarrollados, condicionando enormemente el modo de vida e incluso el proceso de maduración de las últimas generaciones.

A nivel estético, la personalidad de Kyoko Okazaki resulta arrolladora. Sus dibujos son muy estilizados y pueden recordar en cierta medida a las obras de otra coetánea, Ai Yazawa, cuyas obras más relevantes, como Nana o Paradise Kiss han tenido un gran éxito en nuestro país y resultan más familiares al público español. Sin embargo, el estilo de Okazaki resulta más caricaturesco y abocetado, en cierto modo más amable, pero también más elocuente y reflexivo sobre la postmodernidad capitalizada que inunda la historia.

La edición que presenta Ponent Mon ha sido occidentalizada, es decir, que presenta el sentido de lectura occidental, partiendo de un proyecto que se llevó a cabo en 2006 bajo la supervisión directa de la propia autora. Este cambio con respecto a la edición original puede facilitar la llegada de nuevos lectores que no frecuenten la lectura de manga. Por lo demás, se trata de una edición cuidada, pero sin ser excesivamente lujosa, logrando un equilibrio que hace que el título sea más asequible de lo que podría ser si se hubiera publicado en tapa dura. En cualquier caso, y con independencia del aspecto de la edición, que Ponent Mon se haya animado a traer a Kyoko Okazaki es una buena noticia para los aficionados al cómic, y esperamos que funcione lo bastante bien como para dar lugar a nuevas ediciones de esta autora.

Notas:

[1] Con la expresión “para chicas” hacemos referencia a las demografías de origen de las obras en Japón, si bien más allá de esta utilidad contextual rechazamos por completo las limitaciones que esta terminología impone sobre las temáticas o los presupuestos públicos objetivos que, además, en muchos casos, se alejan considerablemente de la realidad.

[2] Se conoce como Generación del 24 a un grupo de autoras de manga, nacidas en torno a 1949 (el año 24 de la Era Shôwa), cuyo trabajo resultó fundamental en la configuración del manga moderno, así como en la innovación de las historias de manga dirigidas a un público femenino. Entre las integrantes de este grupo se encuentran artistas como Riyoko Ikeda (La rosa de Versalles), Moto Hagio (¿Quién es el 11º pasajero?) o Keiko Takemiya (de la cual la pasada semana la editorial Milky Way anunció la licencia en español de una de sus obras más representativas, Kaze to Ki no Uta), entre otras. La renovación que llevaron a cabo fue multidimensional: buena parte de sus integrantes fueron las primeras mujeres mangakas de renombre, configuraron numerosas temáticas y subgéneros dentro de las demografías femeninas (tanto en el shôjo como en el josei) y realizaron aportes estilísticos que a la larga resultaron fundamentales en la evolución estética del manga.

[3] Si bien hay ejemplos que a priori parecerían alejarse de este prisma, como podría ser el caso de la película Pretty Woman (dirigida por Garry Marshall en 1990, protagonizada por Richard Gere y Julia Roberts), que lo aborda desde la comedia romántica, lo cierto es que el personaje de la prostituta se ha visto abocada a esta profesión por una necesidad dramática y vive su vida a medio camino entre la esperanza de alcanzar una vida mejor y la vergüenza o aceptación de su profesión con una naturalidad que se acerca más al pragmatismo de la supervivencia que a una auténtica realización personal.

avatar Carolina Plou Anadón (243 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, prepara una tesis doctoral sobre fotografía japonesa. Autora del libro “Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón”.


Share