Revista Ecos de Asia

“Raya y el último dragón”: una princesa Disney en el sudeste asiático

La comunidad asiática necesita, ahora más que nunca, sentirse arropada y valorada en todos los ámbitos de la sociedad, incluido el cine. Un año de pandemia causada por un virus que muchas veces ha sido etiquetado como “chino” ha generado desconfianza, exacerbado la xenofobia y desencadenado una serie de ataques racistas hacia los asiáticos, especialmente en Estados Unidos. La última muestra de esto tuvo lugar la semana pasada, cuando un hombre mató a tiros a seis personas de origen asiático en Atlanta, Georgia.[1] Tal vez el cine de animación no nos salve del odio extremista, pero al menos podemos refugiarnos en mundos maravillosos, como el de Raya y el último dragón,[2] la película de Disney ambientada en el sudeste asiático y protagonizada por una princesa guerrera que viene a seguir la estela de otras heroínas como Mulán o Moana. El filme se estrenó en los cines españoles el 5 de marzo y también, de forma simultánea, en la plataforma digital Disney+.

Cartel promocional de la película.

La acción de la película se sitúa en el imaginario reino de Kumandra, que más tarde analizaremos en detalle, y la protagonista actúa de narradora para presentarnos, a modo de teatro de marionetas, los hechos que sucedieron quinientos años antes del comienzo de la historia: en una era todo el reino estaba unido y los dragones vivían entre los humanos, hasta que una misteriosa plaga de Druun, espíritus malignos que convierten a las personas en piedra, se extendió sobre la tierra. Entonces, los dragones unieron su poder concentrándolo en una gema con la que acabar con los Druun pero, al salvar a la humanidad, los dragones se convirtieron en piedra. A pesar de su sacrificio, los humanos se vieron envueltos en luchas de poder que acabaron dividiendo Kumandra en cinco reinos: Colmillo, Garra, Corazón, Columna y Cola, organizados en torno a un río con forma de dragón.

Arriba, imagen de Kumandra cuando los dragones vivían en armonía con los humanos; abajo, los reinos en que quedó dividida la región.

En este nuevo universo en el que los dragones son un mero recuerdo es donde vive Raya (Kelly Marie Tran), heredera del reino de Corazón y encargada de proteger la gema del dragón. Para esta tarea debe superar pruebas de destreza y lucha, dignas de la mismísima Lara Croft, aunque para ello cuenta con un aliado especial: su adorable mascota Tuk Tuk, un escarabajo bola que será su fiel escudero. Su padre, Benja (Daniel Dae Kim), aspira a reunificar los reinos de Kumandra, para lo cual decide dar el primer paso e invitarlos a todos a un banquete, en una estrategia política que Raya observa con desconfianza.

Benja y Raya se preparan para recibir a los demás reinos.

Durante las reuniones, la muchacha conocerá a Namaari (Gemma Chan), hija de la reina de Colmillo: Virana (Sandra Oh), con quien rápidamente traba amistad. Sin embargo, cuando Raya decide confiar en Namaari y mostrarle la gema, esta la traiciona y su enfrentamiento provoca que la gema se rompa en pedazos. Los terribles Druun quedan entonces libres de nuevo y cada reino coge un trozo de la gema con el que protegerse pero Benja, herido en la lucha, no puede escapar y acaba convertido en piedra.

Raya y Namaari en dos fotogramas del filme que muestra la evolución de su relación, de la amistad al odio.

Raya iniciará entonces su personal odisea para encontrar al último dragón que pueda restaurar la gema, acabar con los Druun y revivir a su padre. Tras seis años vagando por las tierras de Kumandra, siempre acompañada por su fiel amigo Tuk Tuk, que ahora es una bola gigantesca aunque igualmente entrañable, por fin, entre los desiertos y cañones de Cola, encuentra a Sisu (Awkwafina) y la resucita. Sin embargo, Namaari la descubre y comenzará a perseguirla por todos los reinos mientras Raya y Sisu tratan de recopilar los pedazos de la gema para salvar de nuevo a la humanidad. A lo largo de su viaje, la protagonista encontrará numerosos peligros y desafíos, pero también irá sumando amigos a su causa a medida que aprenda a superar su desconfianza y olvidar las traiciones del pasado para trabajar unidos por un reto mayor.

Imagen promocional en la que vemos a Raya rodeada de sus acompañantes.

La película se aleja por completo del cine de princesas al estilo tradicional para convertirse en una aventura épica pero sin los números musicales de otras cintas de animación recientes como Moana, que contaba con una banda sonora creada por Lin-Manuel Miranda. Al contrario, lo que predomina en Raya y el último dragón es la acción, con numerosas escenas de lucha que resultan tan impresionantes como la calidad del dibujo. Este último aspecto, el de la enorme belleza del diseño, se puede apreciar desde el principio, en ese teatrillo de marionetas que ya hemos comentado, aunque el preciosismo de la animación alcanza cotas magníficas cuando observamos los paisajes, tanto naturales como urbanos, que se muestran a lo largo del filme, así como la maestría alcanzada en la animación de los efectos del agua, ya sea creando ondas en un río o cayendo en forma de lluvia.

Fotograma de un impresionante paisaje fluvial.

En lo que respecta al componente asiático del filme (y más concretamente del sudeste asiático), este emana tanto del equipo creador como del reparto de doblaje, y se deja entrever en numerosos aspectos y detalles que a continuación desgranaremos. En primer lugar, cabe mencionar que Raya y el último dragón cuenta con un guion escrito por Qui Nguyen, americano de origen vietnamita, y Adele Lim, nacida en Malasia y que ya participó en Crazy Rich Asians. Al cargo de la dirección artística estuvo Fawn Veerasunthorn, americana de origen tailandés, y no podemos dejar de mencionar a Kelly Marie Tran, la actriz estadounidense que pone voz a Raya y que es originaria de Vietnam. A pesar de esta más que reseñable presencia oriental detrás de la historia, lo cierto es que el filme ha recibido críticas porque entre los actores de doblaje hay un claro predominio de personas de Extremo Oriente, y no tanto del sudeste asiático. Una etnicidad que no ha encontrado su hueco en el plantel es la filipina, algo que resulta llamativo porque la opción inicial para la protagonista era la actriz Cassie Steele, filipina canadiense, y es además el segundo grupo de asiáticos americanos más grande en los Estados Unidos.

Polémica aparte, las influencias asiáticas son innegables, y podemos empezar a analizarlas atendiendo a la localización geográfica del filme. Si bien Kumandra es un reino inventado, lo cierto es que los miembros del equipo de producción se desplazaron al sudeste de Asia para aprender sobre estas culturas y poder incluirlas en la animación. Para ello, visitaron Laos, Indonesia, Tailandia, Vietnam, Camboya, Malasia, Filipinas, Myanmar y Singapur. Kumandra se encuentra además surcado por un río con forma de dragón que sirve de frontera natural entre los distintos reinos y, atendiendo a la geografía de la zona, podemos compararlo con el Mekong, que atraviesa algunos de los países antes mencionados.

Aunque cada reino tiene una cultura, gastronomía, indumentaria y estética general muy diferenciada, lo cierto es que no podemos relacionar de forma directa y unilateral cada reino con un país real. Así, por ejemplo, las ciudades flotantes de Garra, repletas de farolillos, se inspiran en los mercados flotantes del sudeste asiático, pero podríamos encontrarlos en Laos, Tailandia o Indonesia indistintamente; y las monumentales construcciones geométricas de Colmillo están influidas por el templo de Angkor Wat, en Camboya, aunque presentan detalles característicos de las pagodas que pueden encontrarse en todo el continente.

Fotograma que muestra un mercado en el reino de Garra.

Arriba: fotograma en el que se ven los edificios de Colmillo; abajo: Angkor Wat (Camboya).

Un elemento importante en la película es el de los dragones, como Sisu, inspirados por la mitología del sudeste asiático. En concreto, estas criaturas tienen como referencia los nagas: semidioses de la cultura hinduista con forma de serpiente o forma humana y que están relacionados con el agua.

Al ser un filme de aventuras, las escenas de lucha copan una parte considerable del metraje, y en ellas podemos también rastrear múltiples influencias orientales. Cada región de Kumandra tiene un estilo de lucha diferente inspirada en las artes marciales de diversos países, como el Pencak Silat de Indonesia, el Muay Thai (o boxeo tailandés) y el Võ thuật vietnamita. Namaari, por ejemplo, emplea armas basadas en el Krabi Krabong de Tailandia, mientras que Raya comienza luchando con palos empleados en el Arnis o Eskirma de Filipinas, para acabar manejando una espada de filo ondulado cuya forma se inspira en el kris (originaria de Indonesia, Malasia, Brunéi, Tailandia meridional y las Filipinas meridionales) pero que a su vez se convierte en un látigo, como el urumi tradicional de la India y Sri Lanka.

Arriba: Raya y Sisu; abajo izquierda: kris de Bali; abajo derecha: naga en un templo de Tailandia.

Hay múltiples referencias a diversas culturas del sudeste asiático en aspectos de menor relevancia, como puede ser la vestimenta, donde encontramos prendas inspiradas por el sbai empleado para cubrir el pecho femenino, o el sampot, una tela rectangular a modo de pantalón, ambos usados tradicionalmente en Camboya, Laos, y Tailandia. Del mismo modo, el saludo que emplean los personajes de la película consiste en formar un círculo con las manos sobre la frente, y que puede recordar al wai tailandés o el namasté indio. Finalmente, las referencias culinarias son un continuo guiño a la gastronomía del sudeste asiático, apareciendo frutas exóticas como el durio o la pitaya (también llamada fruta del dragón) y platos vietnamitas como el bánh tét, un pastel de arroz enrollado en hoja de banano.

Cartel promocional en el que se observan múltiples elementos gastronómicos de la zona.

Este batiburrillo étnico es el que configura el ficticio reino de Kumandra, en el que el acervo cultural de diversos países del sudeste asiático se combina en un amasijo indescifrable. Los creadores justifican esta elección aduciendo que, del mismo modo que otras fantasías como Juego de Tronos toman elementos paneuropeos para crear una nueva realidad, la ambientación de Raya y el último dragón trata de transmitir una idea global de la región que representa a través de detalles específicos para que cualquier nativo pueda sentirse reflejado e identificar los pequeños guiños a cada cultura. Las voces más críticas denuncian que esta tendencia a la homogeneización lleva a generalidades y equívocos, restando autenticidad al producto y erosionando las particularidades de los diferentes países. Sin embargo, la total identificación de las regiones imaginarias con los países reales podría hacer surgir ciertas filias y fobias, puesto que la protagonista sería claramente de determinada etnicidad y ¿quién iba a querer pertenecer al país de “los malos” de la película? Por el contrario, el equipo creativo del filme ha optado por una vía unitaria, muy en consonancia con el mensaje de la película.

En cualquier caso, los debates, lamentos y críticas resultan estériles una vez que analizamos el producto definitivo, por lo que no cabe detenerse en estas polémicas. Raya y el último dragón, más allá de sus posibles deficiencias, es una película de aventuras verdaderamente entretenida, llena de acción y escenas de lucha que harán las delicias de los aficionados a las artes marciales. Como producción cinematográfica es un auténtico deleite visual, con una animación realista a la vez que onírica que nos transporta a lugares tan reales como maravillosos. Al situarse en el sudeste asiático, el filme ofrece una miríada de referencias culturales que atraerán a los curiosos de lo oriental pero, además, resulta inspiradora en un momento difícil como el que atraviesa en estos momentos la comunidad asiática, puesto que Raya ha sido traicionada, ha sufrido la pérdida y la desolación, pero debe abrir su corazón y aprender a confiar en los demás para descubrir que solo si trabajamos unidos conseguiremos salvar a la humanidad.

Tráiler de la película en castellano.

Para saber más:                                                                                                                

 

Notas:

[1] Para más información sobre el tironeo de Atlanta, puede consultarse este artículo del diario El País.

[2] Raya y el último dragón / Raya and the Last Dragon (2021). País: Estados Unidos. Dirección: Don Hall, Carlos López Estrada, Paul Briggs, John Ripa. Guion: Qui Nguyen, Adele Lim. Música: James Newton Howard. Productora: Walt Disney Animation Studios. Distribuidora: Walt Disney Pictures, Disney+.

avatar Laura Martínez (145 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte de la misma, con especialización en Cine. Actualmente realiza estudios de Doctorado en la Universidad de La Rioja.


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