Revista Ecos de Asia

De Samper del Salz a Tailandia: Antonio Fortún y el embrujo de Oriente (parte 2)

Tras presentar en la primera parte de mi artículo la biografía y trayectoria artística de Antonio Fortún, me dispongo a establecer con mayor profundidad la relación entre sus diferentes etapas y la estética oriental.

Y en este sentido, he de señalar que existe un conjunto de factores que la explican de forma bastante coherente: en primer lugar, su querencia por el sol, impresionado desde niño por los amaneceres y atardeceres que con toda seguridad disfrutó con su padre en Samper del Salz. Por otro lado, la influencia de Federico Torralba, pionero en los estudios de arte oriental en Zaragoza, destacado coleccionista de este tipo de manifestaciones artísticas y poseedor de una de pocas bibliotecas especializadas sobre el tema en nuestro país; también hay que tener en cuenta el acrisolado cosmopolitismo de Fortún, basado en sus continuos viajes por Europa, Norte de África y Extremo Oriente; y, finalmente, su innata curiosidad y su espíritu de investigación, ya que era capaz de absorber como una esponja las influencias que iba recibiendo para tamizarlas en sus creaciones a través de su poderosa personalidad. Y entre sus principales etapas, hay que destacar la que, sin duda, se mantuvo más cerca de la influencia oriental y que se sitúa entre 1979 y 1982. En ella, Antonio Fortún generó una obra en pequeño formato de indudable calidad, convirtiéndose en un destacado interlocutor entre Oriente y Occidente. Este aspecto ha sido destacado por el profesor David Almazán, quien ha incidido en dos hechos a mi entender fundamentales: que Fortún desarrolló una de sus etapas más significativas bajo la influencia de la estética Zen y que gracias a la labor que llevó a cabo junto a Federico Torralba como coleccionista, se puede contemplar actualmente en Zaragoza una de las colecciones más significativas de arte extremo-oriental que existen en España.[1]

Sin título, 1976. Fundación Torralba-Fortún.

Pero al margen de la citada etapa, el fluir de Oriente en la pintura de Antonio Fortún comienza relativamente pronto: entre 1973 y 1975, cuando se encontraba inmerso en una abstracción que se podría calificar de orgánica -y en la utilizaba formas generadas con colores plásticos aplicados a modo de tintas planas de las que surgían finas y dinámicas líneas que asemejaban desviaciones nerviosas-, decidió acompañar sus creaciones con breves poemas del poeta sufí Omar Kheyyan, revelando su voluntad por relacionar producción pictórica con filosofía y literatura orientales.[2] A partir de este momento, Fortún tomó como punto de referencia los fenómenos de la naturaleza, y el sol -como motivo figurativo- pasó a formar parte de sus composiciones, mezclándose con el dripping en una intensa investigación técnica y cromática. Esta etapa, denominada por Federico Torralba de Los Soles Venecianos, ha sido considerada por la crítica como uno de los episodios más notorios del expresionismo abstracto aragonés;[3] una etapa en la que Fortún consiguió mezclar la presencia rotunda del sol y del mar con explosiones de color construidas a base de intensas eyaculaciones matéricas, dando rienda suelta a sus emociones y convirtiendo los crepúsculos y amaneceres venecianos en pura poesía visual.

Sin título, 1978. Fundación Torralba-Fortún.

La serie de Los Soles venecianos (1976-1978) se encuentra ampliamente documentada en el estudio de Gran Vía -tanto en lienzo como en pequeño formato- y presenta una dilatada evolución en el tiempo. En su camino creativo, Fortún no dudó en simplificar paulatinamente sus gestos y formas hasta elaborar un reducido conjunto de piezas realizadas sobre blondas de pastelería.[4] En ellas, el astro solar desaparece completamente, concediendo el artista el máximo protagonismo al chorreado de los acrílicos. Fue entonces cuando sus gestos comenzaron a evidenciar la influencia en su pintura de la caligrafía oriental.

Vistos en conjunto, los Soles de Fortún constituyen una elaborada interacción entre abstracción y figuración, en la que nuestro artista asume planteamientos muy cercanos a la definición de “obra abierta” que por aquel entonces gozaba de gran aceptación en los círculos artísticos internacionales.[5] Además, sus investigaciones sobre el dripping le valieron la dedicatoria de un texto semi teórico por parte de su admirado Antonio Saura, apasionado defensor de dicha técnica en aquellos años. Y es que los Soles de Fortún no tenían como objetivo imitar la naturaleza, sino posicionarse emotivamente frente a ella, planteando al espectador un acto creativo en sí mismo. Durante los dos años que duró esta etapa, Fortún utilizó infinidad de variaciones -dípticos y trípticos son, por ejemplo, habituales-, realizando minimalismos cada vez más atrevidos e introduciendo en sus lienzos la estética Zen. En 1979, el gesto y la caligrafía ya se habían adueñado de sus composiciones y sus últimas creaciones expresaban ya claramente su meditada relación con la cultura nipona (Japón; Variación II, IV y V; El sol; y La luna).

De izquierda a derecha: Sin título, 1978; Sin título, 1979; Sin título, 1979. Fundación Torralba-Fortún.

En el próximo capítulo, abordaré la evolución del artista durante la década de los ochenta y noventa para señalar cómo a pesar de enfrentarse a diferentes retos creativos, Antonio Fortún nunca dejo de tener en su horizonte como referencia la estética oriental.

Para saber más:

  • FORTÚN, A. y MEDIAVILLA, J., La conexión imaginativa de Antonio Fortún. Textos e ideas estéticas, Zaragoza, Fundación Torralba-Fortún, 2009.
  • MEDIAVILLA, J., Bajo el signo de la creación: Antonio Fortún (1945–1999). Estudio catalográfico, histórico y crítico de la obra inédita en la Fundación Torralba–Fortún, Universidad de Zaragoza, Departamento de Historia del Arte, 2018 (tesis doctoral inédita).
  • ORDÓÑEZ, R. (Coord.), Antonio Fortún. Veinte años, Cien pinturas, Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, 1990 (catálogo exposición).
  • ROMERO, A. (coord.), Antonio Fortún. Cuadros para una donación, Zaragoza, Diputación de Zaragoza, 1999 (catálogo exposición).
  • TORRALBA, F., Antonio Fortún, Madrid, Formas Plásticas, 1987.

Notas:

[1] ALMAZÁN, D., “Zentauros del desierto. Saura, Torralba y Fortún y la influencia de la estética japonesa Zen en la pintura aragonesa contemporánea”, en GIMÉNEZ, C. y LOMBA, C. (eds.), El arte del siglo XX, Actas del XII coloquio de arte aragonés. Zaragoza, Institución Fernando El Católico, Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, 2009, pp. 179-193.

[2] Astrónomo, astrólogo, matemático, filósofo, médico y entendido en música, Omar KHEYYAN (1048-1132) cantó con sensibilidad en la Persia oriental al vino, la belleza y el goce del presente -siempre fugitivo-, expresando en brevísimos poemas -muy próximos al haiku y al epigrama- el sentir de la existencia humana. Cfr., KHEYYAN, O., Rubayat, Madrid, Alianza Editorial, 2013.

[3] Cfr., ANSÓN, A., “Antonio Fortún y su pintura”, en Tríptico Espacio Antonio Fortún. Zaragoza, Diputación de Zaragoza y Ayuntamiento de Samper del Salz, 2001; “Emoción y racionalidad en la pintura de Antonio Fortún”, en ROMERO, A. (coord.), Antonio Fortún. Cuadros para una donación. Zaragoza, Diputación Provincial, 1999 (catálogo exposición), pp. 11-18; y “Las manifestaciones de la geometría en la pintura de Antonio Fortún”, en Antonio Fortún. Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2003 (catálogo exposición), pp. 35-39.

[4] Uno de los hallazgos más interesantes de mi tesis doctoral; cfr., MEDIAVILLA, J., Bajo el signo de la creación: Antonio Fortún (1945–1999). Estudio catalográfico, histórico y crítico de la obra inédita en la Fundación Torralba–Fortún. Zaragoza, 2018 (inédita).

[5] ECO, U., Obra Abierta. Forma y determinación en el arte contemporáneo. Barcelona, Seix Barral, 1965.

avatar Jesús Mediavilla (3 Posts)

Nacido en Zaragoza en 1962. Licenciado en FF.LL por la UNIZAR (Historia Moderna y Contemporánea) en 1989); Doctor en Historia del Arte por la UNIZAR en 2018. Profesor de la Universidad la Experiencia (UNIZAR) desde 2019. Profesor de Enseñanzas Medias en el Colegio Cardenal Xavierre de Zaragoza desde 1992. Especializado en el estudio de la figura de Antonio Fortún desde hace más de una década: tesina, publicación de sus escritos teóricos y tesis doctoral sobre su obra inédita


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