Revista Ecos de Asia

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This article was written on 05 Ago 2015, and is filled under Cine y TV, Historia y Pensamiento.

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Sobre Maziar Bahari, el agua de rosas y la libertad de expresión en Irán.

El agua de rosas[1] es uno de los olores y sabores más populares en Irán desde hace casi 2000 años. Pero para el periodista Maziar Bahari fue también la única forma de reconocer al que durante 118 días fue su torturador en la prisión de Evin, al norte de Teherán.

El comediante, presentador y director Jon Stewart junto a Maziar Bahari.

El comediante, presentador y director Jon Stewart junto a Maziar Bahari.

El mediático caso de Bahari, un periodista irano-canadiense que viajó a su país de origen para cubrir las polémicas elecciones de 2009 y que fue encarcelado y torturado al ser acusado de espionaje para los Estados Unidos, sirvió recientemente de inspiración para el debut direccional del popular cómico estadounidense Jon Stewart, Rosewater (2014)[2] –traducida al español como 118 días-, que ha obtenido críticas desiguales y que llega ahora a España.

En cierto modo, esta película continúa una larga estela de producciones que relatan los peligros de la profesión periodística en los convulsos procesos políticos orientales (especialmente famosas y reconocidas son El año que vivimos peligrosamente[3] –sobre Indonesia- y Los gritos del silencio[4] –sobre Camboya-), que combina con el consecuente drama carcelario.[5] En ese sentido, es uno de aquellos numerosos ejemplos que demuestran que los viajes, sean de trabajo o placer, no siempre acaban bien o, al menos, no como uno habría esperado.

La película, interpretada por un solvente pero “poco iraní” elenco –en el que destaca la soberbia actuación como protagonista del mexicano Gael García Bernal- fue rodada en inglés y está basada directamente en las memorias del propio Maziar Bahari.[6] El estar basada en una historia reala la vez el mayor atractivo y defecto del filme (pues al conocer el desenlace se evita la tensión) realizado con una inusitada elegancia en comparación con los dramas carcelarios schadenfreudistas,[7] pero sirve para presentar al gran público uno de los más controvertidos e interesantes episodios de la historia reciente de Irán: la llamada Revolución Verde.

Según relataron fuentes internacionales, durante los días previos a la elección presidencial de 12 de junio de 2012, era el candidato de la oposición, Mir-Hossein Musavi (candidato independiente y antiguo ministro) el que parecía que iba a obtener la victoria en casi todas las provincias. Luego de una prolongada experiencia política desde algunos de los sectores más izquierdistas del panorama político de la República Islámica de Irán, se postuló como candidato contra el presidente Mahmud Ahmadineyad, logrando un apoyo masivo por parte de estudiantes, intelectuales, campesinos, obreros e incluso de clérigos islámicos. A través de una campaña tildadade “occidentalizada” por sus adversarios políticos (debido al uso de música occidental en los actos, o al empleo de Facebook y Twitter), logró el rápido apoyo de al menos un tercio del electorado. Así que cuando, tras la que parecía iba a ser una aplastante victoria, se proclamó como ganador indiscutible de las elecciones al ya presidente Ahmadineyad, los partidarios de Musavi acusaron de fraude electoral a las autoridades y tomaron las calles de Teherána través de una de serie de protestas y manifestaciones acompañadas de huelgas, que fueron violentamente reprimidas por las autoridades y que dieron como resultado medio centenar de muertos, millares de heridos y hasta 4000 arrestados, muchos de los cuales fueron encarcelados.Esta serie de episodios han conocidos como Revolución Verde, debido a que fue éste el color que adoptaron Musavi y sus partidarios durante la campaña electoral.

Uno de estos presos fue Maziar Bahari. Nacido en Irán en 1967, realizó sus estudios en Canadá y allí fue donde comenzó a involucrarse en el activismo político, realizando una larga lista de documentales entre los que destaca el primer filme sobre el Holocausto realizado por un musulmán. Continuando una saga familiar de disidencia política (su padre pasó años en la cárcel acusado de comunista tras el golpe de estado que derrocó a Mossadegh,[8] y su hermana, Maryam Bahari, que por motivos similares pasó seis años en prisión durante los años más represores de la Revolución Islámica), Bahari tenía ya cierto renombre cuando decidió viajar a Teherán a cubrir las mencionadas elecciones, haciéndolo como corresponsal de la revista The Newsweek, y con pleno permiso del Ministerio de Cultura iraní.

La versión cinematográfica de la historia, que comienza con la detención de Baharitras un lírico prologo en el protagonista relata su admiración por su difunta hermana y su asociación del agua de rosas con lo sacrosanto y piadoso,[9]narra los días previos a la elección, en las que el protagonista realiza entrevistas tanto a los partidarios de Ahmadineyad como de Musavi –aunque parece sentirse notablemente más cómodo con estos últimos-. Tras contemplar cómo se proclama vencedor al ya presidente antes de que se cierren las urnas, Bahari decide quedarse unos días más en el país, intuyendo la gran conmoción que va a producirse. Acompañado de algunos de los partidarios de Musavi –informados de la situación exterior gracias al uso ilegal de antenas parabólicas-, asiste y filma las violentas represiones de las manifestaciones en las calles de Teherán. A pesar de lo osado de emitirlas en la televisión internacional, decide seguir adelante con las noticias y esperar su destino.

Maziar Bahari (García Bernal) filmando una de las represiones policiales de la “revolución verde”.

Maziar Bahari (García Bernal) filmando una de las represiones policiales de la “revolución verde”.

En ese momento, la película vuelve a la escena inicial de la detención de Bahari, que solo más adelante conocerá –casi entre risas- que ha sido detenido acusado de espionaje para los Estados Unidos. Tal y como relata Haleh Esfandiari, encarcelada por similares motivos:

Los agentes del Ministerio de Inteligencia Iraní viven en un mundo en el que la CIA, el MI5 Británico, la Mossad Israelí y otras agencias de inteligencia del resto del mundo están constantemente conspirando contra Irán e intentando derrocar al régimen. Creen que estas agencias usan periodistas, académicas e intelectuales para impulsar estas argucias, y ven a sus propios compatriotas no como hombres y mujeres que aman su país como agentes, entusiastas o inconscientes, de estas conspiraciones extranjeras.

En 2009 (…) casi tuvo lugar una revolución de terciopelo. No se debió a ninguna conspiración extranjera sino a millones de iraníes lanzándose a las calles para protestar por unas elecciones que creían amañadas. Marchando bajo el eslogan “¿Dónde está mi voto?” y portando el color verde adoptado por el movimiento de protesta, lo único que pedían era que sus votos fuesen contados adecuadamente. Las protestas sacudieron el régimen hasta sus propias raíces – los hijos de la Revolución del 79, adoctrinados durante tres décadas, se habían vuelto en contra del gobierno, y su número en las calles estaba aumentando. Las fuerzas de seguridad fueron tras los manifestantes con venganza. Fue la cobertura de estas manifestaciones y la represión que siguió después lo que llevó al arresto de Bahari. El Ministerio de Inteligencia quería demostrar que la cobertura poco halagadora de estas protestas en los medios era parte de un complot para debilitar la República Islámica.[10]

Manifestantes reales de la “revolución verde”, portando una imagen de Musavi. Vía.

Manifestantes reales de la “revolución verde”, portando una imagen de Musavi. Vía.

El resto del filme transcurrirá entre la encarcelación de Bahari y su liberación. A lo largo de los 118 días de su cautiverio, contemplamos cómo Bahari sufre una serie de desmoralizadores y –tan solo en ocasiones- abusivos interrogatorios, que tienen como objetivo el que el periodista confiese su papel como espía de manera pública, de modo que esto sirva como escarmiento ante los que en un futuro osen hablar en contra del régimen. Esta faceta de espía por la que es acusado provendrá, oficialmente, de su participación en un sketch del cómico Jason Jones [11]–que se interpreta a sí mismo en la película- en la que admite trabajar para los americanos.[12]

Bahari junto a su especialista “agua de rosas”.

Bahari junto a su especialista “agua de rosas”.

Durante su confinamiento en solitario, el Bahari cinematográfico mantendrá numerosas conversaciones imaginarias con su padre (Haluk Bilginer) y hermana (Golshifteh Faharani), que pasaron largas temporadas en prisión debido a sus convicciones políticas. Es en estas escenas, de confrontación en el caso del padre y de compasión y apoyo en el caso de la adorada hermana, puede apreciarse el proceso de negación y reafirmación personal que Bahari sufre en prisión. Aunque finalmente accede a firmar la confesión para poder volver con su familia, será todavía retenido en prisión. Únicamente cuando conoce que, al contrario de lo que se le advierte constantemente, su caso ha llegado a los medios y hay toda una campaña internacional (liderada por su madre (Shohreh Aghdashloo) y su esposa embarazada (Claire Foy) a su favor, recuperará la esperanza y se preparará para su vida en el exterior, por medio de una lírica secuencia con fondo musical de Leonard Cohen (artista no permitido por el régimen y que Bahari asocia a la figura de su liberal hermana). Sin embargo, las personas que por motivos similares entraron con él a prisión y que no contaron con atención mediática, seguirán encarcelados tras los baños de masas que darán la bienvenida a Bahari tras que este prometa espiar para el gobierno iraní –algo que, lógicamente, no ha sucedido-.

5r

A pesar de esta aparente predictibilidad, Rosewater es una película tan atípica como agridulce.  En primer lugar hay que advertir que esta se trata de un filme mucho más compasivo con el régimen iraní que otras producciones norteamericanas[13] –especialmente si tenemos en cuenta el origen real de la historia-, quizás cautelosa ante las actuales negociaciones entre Irán y los Estados Unidos. Por ejemplo, a pesar del confinamiento en solitario de Bahari, solo en rara vez es golpeado o amenazado con posibles agravios a sus familiares –algo muy diferentes de lo que suele verse en el cine carcelario-. Sus interrogadores no son representados como sádicos o crueles, sino más bien como representantes inconscientes de una larga y estricta cadena de control estatal, cuyo odio hacia lo extranjero se manifiesta tanto de una manera fría (caso de Haj Agha, interpretado por Nasser Faris) como ridículamente ignorante y marcial (caso de “Agua de rosas”, interpretado por Kim Bodnia). Por ejemplo, en un par de escenas de humorística impotencia, el personaje de Bodnia acusa a Bahari de tener pornografía señalando dvds de Teorema y Los Soprano, o queda encandilado ante una supuesta adicción sexual a salones de masaje que Bahari le confiesa con el único objetivo de tomarle el pelo, poniendo de manifiesto la castración ideológica del régimen islámico y sus consecuencias.

A pesar del ritmo desigual de la narración, algo que juega a favor tanto de la película como de la narración de Baharies que no se intenta deificar a su protagonista, algo que se aprecia especialmente en las conversaciones familiares: Bahari reprocha a su padre abandonar a su familia, mientras que este reprocha al hijo el que piense en confesar algo que no es cuándo él recibió un trato físico mucho peor por parte de la SAVAK. Esta supuesta cobardía, la misma que le acacha el disidente Davood (Dimitri Leonidas), nos presenta un retrato mucho más humano de lo habitual en el cine carcelario, pero por otra parte hace que las cárceles actuales de la República Islámica de Irán no parezcan tan terribles como lo fueron las de la época de Jomeini o del Shah, volviendo al punto anterior.

Estilísticamente, la película presenta un gran lirismo, algo que, de nuevo, juega tanto a su favor como en su contra. Por una parte, el ya tradicional ritmo y carácter autorreferencial del cine iraní se hace presente en muchas de las escenas (especialmente, en las que involucran a la madre y a la hermana), pero resta credibilidad a un supuesto verismo, sorprendentemente optimista. En pocas ocasiones tenemos la sensación de estar verdaderamente ante un drama, que pierde parte de este carácter por presentar un final tan feliz como abierto.

Tras su encarcelación, el Bahari real apareció en numerosas entrevistas, escribió sobre su experiencia (tanto en un artículo de The Newsweek como en la ya mencionada autobiografía), denunció a la cadena que emitió su confesión forzada, y continuó su labor activista por la libertad de prensa y los derechos humanos en Irán, realizando nuevos documentales y reclamando la atención para todos aquellos periodistas que no han corrido la misma suerte. Ya que finalmente no consiguió el Premio Príncipe de Asturias al que había sido nominado, sirva al menos esta película, y este artículo, para dar a conocer el trabajo y la historia de Bahari, pero sobre todo, para la de todos aquellos que no lograron su misma suerte, o que, tras la rejas de la prisión de Evin, todavía esperan contar la suya.

Para saber más:


[1] El agua de rosas, obtenida de la destilación de pétalos de rosa, es un ingrediente habitual en la cosmética y alimentación en Oriente Medio (especialmente en la cocina iraní y turca, que mezclada con azúcar se utiliza en multitud de postres y como sustituyo del vino tinto). Es también uno de los olores más habituales en la cosmética oriental desde época sasánida y fue ampliamente utilizada por persas, griegos y romanos. Está también asociada a ciertos rituales religiosos, especialmente en el Islam, pero también en el cristianismo orientalyen el hinduismo.

[2] Rosewater / 118 días (2014). País: Estados Unidos. Director: Jon Stewart. Guion: Jon Stewart, Maziar Bahari. Reparto: Gael García Bernal, Kim Bodnia, Dimitri Leonidas, Haluk Bilginer, Shohreh Aghdashloo, Golshifteh Farahani, Claire Foy, Amir El-Masry, Nasser Faris.

[3] The Year of Living Dangerously / El año que vivimospeligrosamente (1982). País: Australia. Director: Peter Weir. Guion: C.J. Koch. Reparto: Mel Gibson, Sigourney Weaver, Linda Hunt.

[4] TheKillingFields /Los gritos del silencio (1984). País: Estados Unidos. Director: Roland Joffé. Guion: Bruce Robinson. Reparto:  Sam Waterston, Haing S. Ngor, John Malkovich. Sobre esta película, hablamos brevemente en una ocasión.

[5] En este sentido, el continente asiático es considerado por la industria hollywoodiense como uno de los más inhumanos en cuanto a materia carcelariase refiere. Al respecto, véase este artículo sobre el tratamiento de las prisiones tailandesas en el cine.

[6] Bahari, Maziar, Molly, Aimee. Then they came for me: a family’s story of love, captivity, and survival. Nueva York, Random House, 2010.

[7] La académica, escritora y ex convicta de la misma prisión de Evin Haleh Esfandiari, define la versión cinematográfica del tormento de Bahari como oscuro pero incompleto. A pesar de estar encarcelados por un motivo similar, de su propio relato carcelario se desprende un trato muy diferente. El mismo puede encontrarse como  Esfandiari, Haleh. “My ‘Rosewater’: 105 darkdays in an Iranian prison”, The Washington Post, 20 de noviembre de 2014,disponibleaquí.

[8] Sobre este episodio ya hablamos en una ocasión.

[9] Esta secuencia está acompañada de un poema de Ahmad Shamlú (1925-2000), disidente del gobierno Pahlevi.

[10]Esfandiari, Haleh. “My ‘Rosewater’: 105 dark days in an Iranian prison”, op. cit. (traducción de la autora).

[11] Parte de este “especial Irán” de The Daily Show puede verse, con comentarios de audio, aquí.

[12] La película cobra un especial y muy personal sentido si tenemos en cuenta de que Jason Jones realizó dicho sketch como corresponsal de The Daily Show, presentado por el mismo Jon Stewart que dirige la película.

[13] A tal efecto, no hay más que recordar la imagen sumamente negativa transmitida por producciones como No sin mi hija, que acarrearon consecuentes críticas por parte del gobierno iraní.

avatar Marisa Peiró Márquez (89 Posts)

Marisa Peiró Márquez (marisapeiro@ecosdeasia.com) es Licenciada en Historia del Arte y Máster en Estudios Avanzados de Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. Actualmente, sigue en esta universidad, terminando su tesis doctoral y curso el Diploma de Especialización en Estudios Japoneses. Se especializa en el Arte y la Cultura Audiovisual de la primera mitad del s. XX, y en las relaciones artísticas interculturales, especialmente entre Asia y América Latina (fue becaria del Gobierno de México), con especial interés en el Sudeste Asiático y en Oceanía.


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