Revista Ecos de Asia

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This article was written on 28 Oct 2020, and is filled under Cultura Visual.

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Una nueva esperanza: un manga de Star Wars

La relación entre Star Wars y la cultura japonesa es un camino bidireccional en el que las influencias se desplazan en ambas direcciones. George Lucas puso la mirada en Akira Kurosawa (entre otras muchas influencias) para construir cinematográficamente una película cuyo impacto cultural y comercial alcanzaría tal magnitud que terminaría por convertirse en la piedra fundacional de una franquicia transversal. La influencia de Star Wars ha sido tal que ha trascendido sus propios marcos geoculturales, expandiéndose, reinterpretándose e imitándose hasta configurarse como un elemento definitorio de la cultura del siglo XX y de las primeras décadas del XXI en un proceso lento y constante.

Toda esta historia comenzó en 1977, con el estreno en cines de La guerra de las galaxias. Tres años después veía la luz su secuela, El imperio contraataca, esta vez ya con un final abierto que se cerraría en El retorno del jedi (1983), dando lugar a la conocida como trilogía original, de la que surgirían a su vez una gran cantidad de expansiones multimediales que ampliaban el lore y respondían a la demanda de un fandom que, en aquel momento, todavía resultaba muy de nicho. Libros, juegos, películas de menor relevancia, tebeos y merchandising mantenían vivo y actualizado el legado de una historia ya contada.

Veinte años después de aquel primer estreno, en 1997, se llevó a cabo un reestreno conmemorativo de la trilogía original, que volvía a los cines de todo el mundo como una forma de homenajear aquel punto de partida y de preparar el terreno para el estreno de una nueva trilogía, a partir de 1999, que supondría la gran explosión del fenómeno.

Japón fue, precisamente, uno de los países en los que mejor acogida tuvo este retorno a la gran pantalla. Según la web Box Office Mojo, una base de datos que recoge información sobre los estrenos cinematográficos, Japón fue el tercer país con una recaudación más alta, con algo más de quince millones de dólares, únicamente por detrás de Reino Unido (donde se llegó a la cifra de veintiséis millones) y de la propia Estados Unidos, que suponía por sí solo el 53% de la recaudación total.

Así pues, en respuesta a esta acogida, el paso lógico dentro de la franquicia de Star Wars fue el trasvase al manga, que se llevó a cabo en un movimiento coordinado entre la editorial MediaWorks y los propios responsables de SW.[1] Este proyecto no se ciñó únicamente a la adaptación de Una nueva esperanza a cargo de Hisao Tamaki, sino que, en un primer momento, abarcó la trilogía original: El Imperio contraataca corrió a cargo de Toshiki Kudo y El retorno del jedi fue realizado por Shin-Ichi Hiromoto. Pero, como suele ocurrir cuando el engranaje de Star Wars comienza a funcionar, no se quedó únicamente en un hito puntual, sino que se vio continuado con la adaptación del primer episodio de la trilogía precuela, La amenaza fantasma; dos tomos de historias cortas realizadas por artistas japoneses (Star Wars Manga Black y Silver) y The Clone Wars Manga, que adaptaba en dos volúmenes la serie de animación.

Centrándonos ya en la obra de Hisao Tamaki, se trataba de una adaptación bastante canónica, basada fundamentalmente en los guiones de Lucas y con una considerable fidelidad a lo que se podía ver en la versión cinematográfica. A pesar de ello, el mangaka consiguió llevar a cabo una actualización y un lavado de cara a Una nueva esperanza mediante el uso de una narrativa muy fluida, propia del medio, con unos diseños de personajes que, aunque recogían indiscutiblemente las características esenciales de los personajes, diferían de los actores que los habían encarnado y cuyos rostros y apariencia forman parte del imaginario colectivo sobre Star Wars. Así, por medio de lo visual, Tamaki hacía suyo un argumento plagado de iconos, que ya en los noventa habían arraigado considerablemente en el imaginario popular, y replanteaba una serie de escenas míticas a través del filtro estético del estilo imperante en el manga de la última década del siglo XX.

No solamente era una cuestión estilística, sino también narrativa. Alejándose de otro tipo de adaptaciones, excesivamente literales, Tamaki volvía a contar una historia para muchos sobradamente conocida empleando un lenguaje propio del manga, de manera que los cambios obligados por el salto del medio cinematográfico al comicológico se perciben de manera coherente y natural. Ello convierte a Star Wars: Una nueva esperanza en una obra autónoma, con sus elementos diferenciados y sus propias aportaciones al conjunto de la franquicia.

Precisamente en este punto estriba su complejidad. La dependencia a la historia original, y en última instancia a la marca Star Wars, hace que este manga tenga dos vertientes diferenciadas como producto cultural. Por un lado, forma parte de la compleja estructura mercadotécnica de uno de los primeros fenómenos culturales modernos. El hecho de ser un producto de Star Wars le otorga una entidad particular, y lo convierte en un producto cultural atractivo para un público, el fandom de esta saga, que no tiene por qué conocer o compartir la afición por el manga, por el cómic o por el papel. Así, puede llegar a convertirse en una puerta de entrada, una nueva forma de expandir las fronteras del manga fuera de los nichos comerciales en los que actualmente se refugia en nuestro mercado. Por otro lado, como ya hemos comentado, la manera en que se integran el estilo visual y el sentido narrativo propios del manga con el famoso argumento hace que la lectura sea enriquecedora, aunque ya se conozcan los acontecimientos.

En este sentido se entiende especialmente el historial de publicación que ha tenido en nuestro país. Cabe destacar que se editó por primera vez de la mano de Planeta de Agostini en 1998, apenas un año después de su publicación original, en un momento en que el mercado de manga en España estaba mucho menos desarrollado, pese a estar viviendo su primer boom. En aquel momento, era la obra de George Lucas la que se expandía con mayor velocidad, y la combinación de actualidad y factor nostalgia estimulaban el atractivo del título más allá de su procedencia geográfica.

Han pasado más de veinte años desde aquel momento, y el panorama ha cambiado por completo. Ahora Star Wars ha sido abrazado por lo mainstream y el manga ha ampliado los públicos a los que se dirige. Cinematográficamente, nos encontramos ante un impasse, en el que el peso de la franquicia recae en productos secundarios (sirva como ejemplo The Mandalorian, serie exclusiva de la plataforma Disney+ estrenada en 2019). Y, sin embargo, la demanda de productos sobre Star Wars sigue imparable. Quizás por eso Planeta ha decidido recuperar estas ediciones, en un nuevo formato compacto y en tapa dura que no olvida ese espíritu de merchandising que impregna la saga, sin llegar a convertirlo en un artefacto puramente coleccionista. Una nueva esperanza lleva ya un tiempo en el mercado, su continuación llega este mismo mes de octubre y todo hace suponer que se completará, al menos, la trilogía original.

 

Notas:

[1] Debido a la popularidad de la franquicia, de origen estadounidense, hay cierta confusión sobre la editorial que llevó a cabo este proyecto. Aunque muchas fuentes anglosajonas consideran que la editorial original fue Tokyopop o incluso Dark Horse, en realidad estas fueron únicamente responsables de la licencia para Estados Unidos y no participaron de la producción original del manga.

avatar Carolina Plou Anadón (248 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, prepara una tesis doctoral sobre fotografía japonesa. Autora del libro “Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón”.


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