Revista Ecos de Asia

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This article was written on 21 Sep 2016, and is filled under Cine y TV.

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Una primera aproximación a Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016)

If you must blink, do it now.

Con esta frase comienza Kubo and the two strings, bautizada en España como Kubo y las dos cuerdas mágicas, una película de animación stop motion que ha llegado a las carteleras de todo el mundo en el ocaso del periodo estival. No puede decirse que se haya convertido en la gran sorpresa de la temporada, puesto que la expectación generada desde la puesta en marcha de su producción ha ido en aumento, y el estreno no ha hecho sino satisfacer las expectativas. Buena muestra de ello han sido las críticas, tanto nacionales como internacionales, que han ensalzado la cinta.[1]

Uno de los muchos carteles promocionales de la película, presentando al protagonista, Kubo.

Uno de los muchos carteles promocionales de la película, presentando al protagonista, Kubo.

Se ha hablado mucho sobre si se trata de la película de animación del año, de la década, si en realidad no es para tanto o si, por el contrario, más allá de su potencia visual deslumbrante se esconde un título intrascendente para la historia de la animación, aunque todavía resulta muy complicado juzgar todo esto con la poca perspectiva de la que disponemos ahora mismo. Es temprano para determinar que sea o no la película de animación del año (además, recordemos que todavía está pendiente el estreno de MoanaVaiana–, lo nuevo de Disney, centrado en una “princesa” de las islas del Pacífico), pero, en cualquier caso, es irrelevante. Independientemente de que se le otorgue o no la etiqueta de película de animación del año, Kubo y las dos cuerdas mágicas es una obra de gran complejidad, tanto técnica como conceptual, cuyos méritos deben valerle un profundo reconocimiento.

En la serie de artículos que aquí iniciamos vamos a desgranar algunas de las claves fundamentales de la película, comenzando por la manera en que Kubo… se inserta dentro de la trayectoria de su productora.

Cartel de Los mundos de Coraline.

Cartel de Los mundos de Coraline.

Laika saltó a la fama en 2009 con la adaptación cinematográfica de Los Mundos de Coraline, basada en una obra del escritor británico Neil Gaiman.[2] Previamente, Laika había realizado algunos trabajos menores y había participado en la producción de La novia cadáver, de Tim Burton, aunque fue gracias a Coraline que atrajeron la atención de la industria, exponiendo una solvente historia de terror infantil con una estética personal, sugerente y atractiva, cuyo poso se mantendrá vigente en sus siguientes producciones.[3]

Cartel de El alucinante mundo de Norman.

Cartel de El alucinante mundo de Norman.

A Coraline siguió El alucinante mundo de Norman (ParaNorman, 2012). Sin abandonar el género del terror infantil, Laika avanzó un nuevo paso en su evolución, introduciendo una serie de elementos que no solamente lo consolidaban como uno de los estudios de animación más prometedores de la década, sino que además definían su espíritu atrevido y rompedor.[4]

Cartel de Los Boxtrolls.

Cartel de Los Boxtrolls.

Hubo que esperar dos años más, hasta 2014, para ver la siguiente producción del estudio, Los Boxtrolls. Si bien esta cinta fue algo más cuestionada y tuvo una recepción más discreta, en ella Laika hace gala nuevamente de su capacidad para crear películas de fantasía desbordante, creando un universo rebosante de carisma.

Con todos estos antecedentes, no es de extrañar que el anuncio de la nueva producción de Laika produjese una expectación generalizada y creciente hasta el día del estreno, sensación acentuada por los diferentes tráileres y carteles con los que se fue promocionando la película desde aproximadamente un año antes de su lanzamiento.

Esta nueva película era Kubo y las dos cuerdas mágicas (Kubo and the two strings, 2016), una fábula japonesa sobre un joven, Kubo, al que las circunstancias fuerzan a adentrarse en un viaje de crecimiento personal, perseguido por una serie de figuras que encarnan el mal. Este esquema narrativo, que no es más que una nueva aplicación del viaje del héroe, ha estado presente en buena medida en las producciones previas de Laika, pero es aquí donde, posiblemente, lo desarrolle con mayor esplendor. No debe perderse de vista que se trata de una película dirigida eminentemente a un público infantil, pese a la tendencia actual que intenta discriminar a las películas que se desenvuelven con solvencia en la ambivalencia, entreteniendo por igual a niños y adultos, y que, por tanto, determinados sectores que siguen viendo la etiqueta infantil como una descripción peyorativa tratan de reivindicar. En este sentido, el hecho de que en determinados puntos pueda resultar fácilmente predecible (aunque algunos giros no por esperados resultan menos sorprendentes) no es necesariamente un defecto, como se le ha querido achacar, sino una característica más de su propia idiosincrasia.

Aunque no queremos privar al lector del disfrute de la película desvelando detalles argumentales, es necesario aludir a algunas cuestiones para comprender mejor la película.

La película arranca con una barca navegando en mitad de una tormenta, mientras una voz en off va narrando la historia de lo que ocurre en pantalla. A pesar de tratarse de una escena nocturna, y de no caer en el recurso fácil de emular de manera literal el grabado que referencia, es inevitable que acuda a la memoria del espectador La Gran Ola de Kanagawa, de Hokusai. Pronto se descubre que en la barca viaja una mujer, ataviada como las grandes damas de la corte del esplendoroso periodo Heian (794 – 1185), quien además despliega todo su poder mágico en esta huida contra los elementos, motivada por una suerte de noción maligna que posteriormente se descubre como la propia familia de la mujer. Cuando finalmente alcanza la orilla, extenuada, el llanto de un bebé sirve de presentación a Kubo, que aparece con la cuenca izquierda vendada debido a la pérdida del ojo y envuelto en un kimono rojo con un escarabajo negro como única decoración.

Fotograma de la escena inicial de la película.

Fotograma de la escena inicial de la película.

Tras una inevitable elipsis, conocemos nuevamente a Kubo, esta vez ya mayor, en el momento previo a iniciar la aventura de su vida. Kubo vive en una cueva aislada junto al mar, donde cuida de su madre, para quien los momentos de lucidez son cada vez más escasos. Uno de los primeros elementos que conocemos del, por otro lado, humilde hogar de Kubo es un pequeño amuleto de madera con la forma de un mono, que posee una clara inspiración en los netsukes zoomorfos.

Para sobrevivir, Kubo se dedica a contar historias en la aldea cercana. La particularidad de sus narraciones es que, acompañado de la melodía de un shamisen que él mismo tañe, hojas de papel cobran vida, plegándose y convirtiéndose en elaboradas figuras de origami que representan a los personajes de sus cuentos. Posiblemente el más aplaudido por los aldeanos sea el relato de las aventuras del gran samurái Hanzo, que se enfrentó a todo tipo de criaturas saliendo victorioso, si bien es una historia que Kubo nunca llega a concluir. Esto responde a una razón muy concreta: Hanzo es el padre de Kubo, y aunque su madre le cuenta las historias que luego Kubo transmite a los aldeanos, ella siempre esquiva construir la narración del desenlace, ya que fue fatídico.

Hanzo, el pequeño samurái de origami que Kubo crea con la magia que canaliza a través de su shamisen.

Hanzo, el pequeño samurái de origami que Kubo crea con la magia que canaliza a través de su shamisen.

Ello no significa que Kubo no sea consciente de la pérdida. De hecho, precisamente el dolor que la ausencia de su padre le genera será el detonante de la tragedia que iniciará el viaje. La vida de Kubo se había regido, hasta el momento, por algunas normas trazadas por su madre, entre las cuales la más crucial era refugiarse en el hogar antes de la caída del sol. Kubo, obediente, siempre vuelve puntual de la aldea, hasta que un día, la anciana Kameyo le habla del Obon, un festival en el que el mundo de los vivos y el de los muertos entran en contacto, mediante lámparas de papel que los espíritus encienden con su presencia. Kubo se siente tentado de participar, para poder al menos sentir la presencia de su padre. Si bien sus intentos no tienen éxito, le distraen lo suficiente como para retrasarse y dejar que la noche caiga.

La llegada de la noche trae consigo a las dos temibles Hermanas, de aspecto idéntico, que son enviadas por el Rey Luna para cegar a Kubo, privándole del ojo que conserva, y que así el muchacho pueda reunirse con su familia, de la que su madre le mantenía alejado. Posiblemente, el hecho de que los villanos de la cinta sean el propio abuelo y las tías del protagonista es un elemento remanente del terror infantil en el que tanta soltura ha demostrado Laika en anteriores ocasiones. No obstante, aunque consigan secuencias realmente efectivas en este campo, el terror no tiene la misma presencia que en las producciones previas.

Las dos Hermanas.

Las dos Hermanas.

A partir de aquí, Kubo comienza una huida forzada que se convierte en un viaje iniciático, un paso de la infancia a la madurez a través de una serie de experiencias enriquecedoras. La última magia de su madre dota de vida al pequeño amuleto de Kubo, que se transforma en Mona, la primera de los compañeros que Kubo adquirirá en su viaje. Posteriormente, el propio Kubo crea nuevamente a Hanzo, el personaje de origami de sus historias, quien se convierte en el guía del grupo hacia su objetivo: conseguir la Espada Irrompible, la Armadura Impenetrable Y el Yelmo Invulnerable.

De camino, antes de conseguir el primero de los objetos, se encuentran con Escarabajo, un antiguo samurái que fue víctima de una maldición que lo transformó en medio humano, medio escarabajo, y que le privó de sus recuerdos. A pesar de ello, el nombre de Hanzo le resulta familiar, e identificándolo como su maestro, se une al grupo para afrontar la búsqueda.

Kubo, acompañado por Mona y Escarabajo.

Kubo, acompañado por Mona y Escarabajo.

A partir de aquí, los obstáculos se suceden, mientras Kubo, acompañado de Mona y Escarabajo, experimenta la cálida sensación de un hogar que nunca conoció. Poco a poco, los pasos conducen al grupo a una trampa, que supondrá para el protagonista una nueva lección sobre la pérdida. Finalmente, Kubo, en soledad, se encamina hacia el enfrentamiento final, un despliegue visual que quizás adolece en ciertos momentos muy puntuales de una falta de perfección que contrasta con el resto de la película. Ante la presencia del Rey Luna en persona, Kubo debe comprender la valiosa lección que le ha conducido hasta allí, pues únicamente siendo fiel a sí mismo podrá hacer frente a su enemigo. En esta batalla final se desliza además el significado de las dos cuerdas mágicas del título, que constituyen la clave para privar al Rey Luna de su trasfondo sobrenatural. El giro final, en el que Kubo cuenta con la complicidad de todo el pueblo para reemplazar sus pérdidas de una manera sorprendente, combina los caminos que se abren con el poso amargo del recuerdo de lo que no se podrá recuperar.

Pese a que no podemos detenernos en ello, es obligado incidir en la espectacularidad visual que impera durante toda la película. Tanto las secuencias de narraciones, con componentes más oníricos y por tanto desarrolladas con una fantasía creativa y visual apabullante, como las escenas del relato principal gozan de una factura técnica impecable, con excepción quizás de un par de segundos de metraje que, como comentábamos anteriormente, rozan la perfección pero no llegan a alcanzarla. Las virguerías que Laika desarrolla con la técnica del stop motion evidencian un salto técnico respecto a las producciones anteriores, y el conjunto sitúa a Kubo y las dos cuerdas mágicas a un nivel superior, asentando al estudio en un Olimpo de la animación en el que las grandes productoras Disney y Pixar dejan poco hueco para la competencia.

Y si a nivel técnico resulta impresionante, el contenido subyacente más allá de la historia principal dota a la película de una complejidad apasionante. En próximos artículos, nos centraremos en analizar este contenido subyacente para descubrir cómo Kubo y las dos cuerdas mágicas es algo más que una (muy buena) película infantil.

Notas:

[1] En la ficha de Kubo y las dos cuerdas mágicas en Filmaffinity pueden verse varios ejemplos de esta recepción tan positiva por parte de la crítica española, estadounidense, británica y argentina. Tan solo dos de las críticas que recoge esta web son negativas. Es una muestra rápida de la postura que puede verse, casi de manera unánime, en multitud de plataformas dedicadas a la crítica cinematográfica. Si bien en el presente artículo vamos a centrarnos en realizar un análisis de algunos de los elementos que consideramos trascendentes y no pretendemos hacer un artículo de opinión, nos permitimos indicar en nota al pie que compartimos la valoración general sobre la película.

[2] De quien pudimos hablar en Ecos de Asia a propósito de su obra Los cazadores de sueños.

[3] Esta “estética Laika” no responde estrictamente a una serie de rasgos evidentes, sino que más bien se trata de sutiles maneras en el tratamiento de los personajes y las ambientaciones. Quizás el patrón humano pueda responder con mayor facilidad a una serie de puntos en común, no obstante, la disparidad de las producciones de Laika hace que estos rasgos comunes queden diluidos dentro de la propia identidad de la película, logrando crear (hasta la fecha) una marca de la casa solvente y discreta.

[4] Sirva como ejemplo la introducción de un personaje abiertamente homosexual, posiblemente el primero en una película de animación infantil. Si bien recientemente ha habido varias noticias al respecto de inclusiones similares por parte de Disney y Pixar (en el caso de la primera, la reivindicación por parte de colectivos LGTB+ de incluir en la segunda parte de Frozen una pareja sentimental femenina para la protagonista, Elsa; respecto a Pixar fue un detalle anecdótico en el que se especuló sobre la posibilidad de una aparición, de carácter muy secundario, de una pareja de mujeres en Buscando a Dory, un hecho que finalmente quedó a la imaginación del espectador, no habiendo confirmación explícita), hay que hacer notar que el caso de ParaNorman se remonta a 2012, y aunque no se tratase del primero, sí de uno de los pioneros. Debe subrayarse, además, que si bien los hipotéticos casos de Disney y Pixar han generado grandes polémicas, Laika consiguió introducir esta referencia con tal naturalidad que llegó a pasar desapercibida, como un gag cómico más.

avatar Carolina Plou Anadón (181 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, prepara una tesis doctoral sobre fotografía japonesa. Autora del libro “Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón”.


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