Revista Ecos de Asia

El amor como una experiencia de liberación del sufrimiento en “Crying Freeman: los paraísos perdidos”

Póster del film y foto publicitaria del mismo

Introducción

La película Crying Freeman,[1] dirigida por Christophe Gans (Canadá, 1995) es un thriller de crimen y acción de artes marciales, una de varias adaptaciones cinematográficas de Retrato de un asesino, parte de un manga del mismo nombre realizado por Kazuo Koike y Ryôichi Ikegami (1986), el cual ha sido previamente analizado por el presente autor. A pesar del éxito de la traducción del manga en España y Estados Unidos, esta versión cinematográfica canadiense nunca se estrenó en América, incluso contando con unas escenas espectaculares de artes marciales escenificadas por su actor protagonista, Mark Dacascos. Debido, tal vez, al hecho de que varios críticos lo hayan menospreciado por no tener un argumento creíble. Sin embargo, la película llama la atención por la indiferencia mostrada por el protagonista femenino hacia la muerte. Una mala crítica nos haría pensar que se debe a una tendencia suicida debida al hecho de que sea una persona solitaria y huérfana, pero un análisis de la cinta en profundidad resiste una interpretación tan simplista. Esto no explica, por ejemplo, la sensualidad del personaje, que lamenta nunca haber recibido atenciones amorosas de hombres en su vida por culpa de un padre poderoso y sobreprotector. Además, uno intuye una relación intertextual entre la cinta y la cosmovisión nipona del manga en el que está basada.

Secuencia clave en la película cuando la heroína reflexiona tranquilamente sobre la muerte delante de su verdugo y fotograma de su reacción a su llegada

Trae a la mente recuerdos del bushidô[2], y el coraje de la heroína hace pensar que tal vez frente a la muerte no deberíamos tener ningún temor, que no es más que un portal a otra vida, a otra reencarnación o al Nirvana. Es la idea de que la vida es pasajera, que la vida y la muerte son lo mismo, así que hay que aprovechar cada momento de la vida sin temor, porque la muerte solo trae otro ciclo de vida.  Ciertamente son inolvidables sus palabras frente a su verdugo, un alfarero que ha sido reclutado contra su voluntad por una organización criminal china, la Tríada[3], entrenado e hipnotizado para ser su asesino predilecto, a quien le obliga a matar cuando se le ordena. Después de pedirle que le haga el amor (porque nunca había estado con un hombre), le dice: “siempre pensaba que la muerte sería algo frío y horroroso, no como tú,… por favor (acércate)[4],…deseaba que volvieses…”[5] Aquí sus palabras evocan la idea de que la muerte puede ser algo dulce, cálido y sensual, incluso un momento placentero, casi añorado. Es una paradoja que naturalmente provoca una reflexión profunda en el espectador. Se nos presentan como una especie de rompecabezas que ni las incongruencias en el guion, ni la interpretación de los actores nos ayuda a resolver. El problema reside en que, a pesar del hecho de que el director mayormente se haya mantenido fiel al hilo narrativo del manga original, parece ser que ha sido inconsciente del posible efecto de cambiar detalles biográficos de los personajes. Por ejemplo, no se habrá dado cuenta de que el hecho de cambiar la nacionalidad del protagonista femenino de nipona a canadiense, motivado por el deseo de hacer que el manga sea más accesible a un público occidental, altere radicalmente nuestra percepción de una relación clave en la cinta: aquella del verdugo de origen japonés, con la heroína, Emu O’Hara, que en el manga original es japonesa y se llama Emu Hino. Es como si se diera por sentado que el público hubiera leído el manga original, el cual les serviría para comprender una relación intertextual entre el cómic y su película.

Retrato de un asesino el primer episodio de la versión anime de Toei Animation (1988 – 1994)

Póster de la versión anime del manga

Si examinamos la versión anime de la primera parte del manga observamos con curiosidad que la cualidad gráfica de las imágenes varía en función de la importancia de cada secuencia. Momentos sin importancia se representan de una forma muy simple, sin ninguna atención  al detalle, pero en puntos dramáticos tenemos primeros planos y a veces incluso algún plano detalle de una reacción expresada en un ojo, o parte de la cara. Sin embargo, es evidente que para los momentos claves del manga original la calidad técnica alcanza un nivel sin precedentes. Casi cada fotograma parece una obra maestra de arte gráfico. Es palpable que el artista ha hecho un esfuerzo excepcional para plasmar elementos claves del manga. Observamos con curiosidad, por lo tanto, que es precisamente la secuencia en que la heroína se entrega a su verdugo, cuando está supuestamente a punto de matarla, que las imágenes reciben la atención máxima del artista.

Fotograma de la reacción expresada en un ojo con la llegada del asesino y un primer plano de la expresión de su cara en el mismo momento.

Si visualizamos la escena en que la pareja hace el amor, al final nos quedamos con la impresión de que esto no ha sido algo que pase en la vida real sino que debe de ser una idealización de lo que podría ser la máxima expresión de amor en pareja, una experiencia trascendental, algo que tal vez solo se vive en los sueños, o en el subconsciente. El vestirse con vestido ceremonial de bodas nipón es otro detalle importante porque nos recuerda que para ella es un momento fundamental en su trayectoria vital porque se entrega por primera vez en cuerpo y alma a un hombre. Efectivamente la complicidad de ambos recuerda lo que uno podría imaginar ser la ternura de dos jóvenes recién casados en la noche que acontece tras su boda. En el anime se presta mucho detalle además a las intensas miradas y los ojos de la chica que se llenan de lágrimas, presumiblemente de alegría y de plenitud amorosa al final de su primera relación.

Fotograma de la cara de la chica con lágrimas en los ojos en la secuencia de la entrega, y  fotogramas con las miradas intensas de la pareja

En realidad la actitud de la chica frente a lo que podría ser su inminente muerte no es nada nuevo. También la hemos visto en películas como Presa de la secta de J.F. Lawton con Christopher Lambert (Estados Unidos, 1995) o la heroína de la novela Shogun de James Clavell. Como ya se ha dicho, desde el punto de vista de la cosmovisión nipona esta puede entenderse con referencia al código del samurái, el bushidô. Para un samurái, por ejemplo, es tan importante cómo se muere que cómo se vive porque la muerte solo trae otro ciclo de vida.

Problemas con la adaptación cinematográfica

Volviendo a la versión cinematográfica del manga, si consideramos el efecto de cambiar la nacionalidad de un personaje central del texto original, observamos un efecto potencialmente  desastroso. Si desconocemos la cosmovisión nipona subyacente y que la heroína realmente tiene alma de japonesa, a un nivel superficial podemos llegar a pensar que la heroína está fuera de su juicio por flirtear con la muerte y sobre todo por no pedir auxilio cuando el verdugo llega para matarla.

Un evidente fan del director, Reno Brohamer, intenta defender la cinta diciendo:

Desde el momento en que empieza esta película, con la imagen del dragón que se desliza sobre la piel del protagonista y lo que evoca el primer título de la banda sonora, sabemos que esta cinta trata sobre lo subliminal. Si conoces a  Christophe Gans se sabe que se interesa por diferentes niveles de significado. Si uno está despierto intuye que la cinta tiene alma asiática.[6]

Replanteamos entonces la intriga de la película – la entrega en cuerpo y alma de la presa a su verdugo, como si deseara su propia muerte, la paradoja de la idea alegórica de que la muerte puede venir en la forma de un amante apasionado. Postulamos una hipótesis diferente sobre la relación entre presa y su verdugo. ¿Puede ser que esta nos revela algo mucho más complejo sobre la naturaleza del amar como experiencia en el subconsciente, como si el deseo de amar fuese fruto de un deseo de no existencia de perderse en otra persona?

La representación del amor apasionado en otros cines del mundo comparado con su representación en Crying Freeman

En la película mítica Zorba el griego de Michael Cacoyannis (Reino Unido, 1964), en un remoto pueblo griego los habitantes masculinos están consumidos por el deseo hacía una viuda hermosa misteriosa, quien a la vez parece atormentada por la pérdida de su marido. En las palabras de Zorba, es una vergüenza para los hombres del pueblo que una mujer tan hermosa duerma cada noche sola porque no encuentra a ninguno que desee. Ninguno excepto uno – un sensible reprimido escritor inglés que viene al pueblo para invertir su herencia en un negocio, a pesar de desconocer por completo la cultura y lengua griegas. En muchos sentidos la relación amorosa que se desenvuelve entre la viuda y el inglés refleja las tensiones e inseguridades que podrían derivarse del inesperado romance que se desencadena entre una pareja que no comparte el mismo idioma y apenas ha intercambiado más que un par de frases. En este sentido tiene muchas similitudes con lo que vemos en la adaptación cinematográfica de Crying Freeman.

Sin embargo, a pesar de los ánimos que da Zorba al inglés para lanzarse y consumar la relación, éste se encierra en sí mismo por una mezcla de pudor y falta de experiencia. Al principio ni siquiera se atreve a cruzar palabras con la hermosa viuda, incluso cuando se cruzan por casualidad por una senda. Cuando por fin la pareja hace el amor, la escena es muy compleja por sus distintas reacciones. Ella rompe a llorar, tal vez de alegría o de tristeza o una mezcla de los dos, y él parece intentar consolarla abrazándola, pero no sabemos si en realidad reclama cariño. Efectivamente la secuencia consigue plasmar la emotividad de la misma por medios no verbales. Del mismo modo, difícilmente podemos entender las profundas emociones que experimentan los personajes con un mínimo de diálogo en la secuencia en que la heroína hace el amor con su verdugo en  Crying Freeman.

Si exploramos las aspiraciones que motivan la idea de consumar una relación de pareja en una película como La hija de Ryan (Ryan’s daughter) de David Lean (Reino Unido, 1971), está claro que las mujeres en el cine a veces desean que la expresión física del amor les transforme de una manera u otra. Es como si desearan olvidar quienes son para encontrar un nuevo sentido a su existencia en otra persona. Para personas cuya existencia es angustiosa esto puede ser hasta una liberación del sufrimiento, una especie de Nirvana. Es la idea de renacer, de volver a encontrar el sentido de la vida junto a otra persona. Se trata de una experiencia de un amor más espiritual que físico. Por eso una película como Lost in Translation de Sofia Coppola (Estados Unidos, 2004) tiene tanta tensión dramática. Cada uno de los amantes tiene su pareja. Sin embargo, aunque sus cónyuges satisfacen sus necesidades materiales, ambos añoran un amor pasional que les transforme y destierre sus sentimientos de vacío existencial.

En realidad, si ignoramos los problemas que pueden tener los espectadores para entender Crying Freeman: los paraísos perdidos al no saber la verdadera naturaleza psicológica de la heroína, a nivel narrativo la historia sí que tiene todos los componentes del poder transformador del amor mencionados arriba. Notamos, por ejemplo, que ambos personajes están perdidos en la vida y parecen andar sin rumbo en busca de una escapatoria que encuentran en la otra persona. Lo más llamativo en este sentido es el hecho de que la heroína esté dispuesta a dejar la aparente seguridad de su mansión y riquezas para ir a un país asiático con un hombre que acaba de conocer. Es decir, que a otro nivel de significado la alegoría del amante en forma de la muerte viene a representar la liberación espiritual del sufrimiento que viene al enamorarse perdidamente de otra persona.

Conclusiones

A primera vista esta película parece ser solo otro filme de artes marciales sin sentido, cuyo argumento actúa como sostén para exhibir las habilidades físicas del actor principal. No es de extrañar que más de un crítico haya tachado la historia de “estúpida”.[7] Sin embargo, esta cinta no es lo que parece. Debido a unas incongruencias en el guion, es en realidad un auténtico rompecabezas. Lo que nos despierta la curiosidad es la misteriosa secuencia en que la protagonista seduce al verdugo como si abrazara su propia muerte. Hemos planteado una hipótesis acerca de un posible significado alegórico de esta secuencia y hemos llegado a la conclusión de que define la idea de olvidar quienes somos para encontrar nuestro sentido para existir en otra persona. Nos reinventamos, renacemos a la luz de la otra persona, como forma de liberación del sufrimiento.[8] A otro nivel, tomando como referente la cosmovisión nipona expresada en el código bushidô, expresa la manera despreocupada de vivir de los samuráis, que vivían como si ya estuvieran muertos, ya que debían de estar preparados de morir en cualquier momento.[9]

Otra cuestión es la historia personal del verdugo. Al principio era un alfarero que fue secuestrado por una organización criminal china y entrenado como su verdugo. Es alguien que desea ser libre (por eso le dan irónicamente el nombre “Freeman” -hombre libre- porque nunca será libre), y “crying” porque llora de remordimiento cada vez que es obligado a matar. Al final de la película desea dejar la organización y casarse y vivir como un hombre libre con su pareja. Parte de la fantasía de la versión cinematográfica es la idea de que será al final libre. Pero es importante recordar que nuestra posición en sociedad y nuestro bienestar están fuertemente unidos a la idea de pertenencia a un determinado grupo social. Sobre todo en la cultura nipona. Por eso en el siguiente episodio del manga original lo vemos trabajando otra vez para la banda. De modo que en otro nivel la película refleja las contradicciones de la vida moderna, en la que hay que anteponer las exigencias de la sociedad antes de las necesidades de la pareja. En resumidas cuentas, si al lector le gustan películas que le obligan a pensar, que tienen muchos niveles de significado con una estética elegante en las escenas de lucha y una cuidada banda sonora que complementa la acción esta es su película. Aunque también valoramos mucho la versión animada cuyas caras tal vez son incluso más expresivas y que se mantiene más fiel a los detalles biográficos y geográficos del manga original. Eso es sin mencionar su calidad excepcional a nivel técnico y artístico, así como del retrato psicológico de los personajes.

Para saber más:

  • NIX, “Reseña de la película Crying Freeman (1995)”, Crying Freeman (1995) Movie Review, Beyond Hollywood. Disponible aquí.
  • Reno Brohamer, “Piensa, Piensa otra vez. Evoluciona…” (Think Once. Think Again. Evolve…), IMDB Crying Freeman boards, August 2004. Disponible aquí.

Notas:

[1] Titulo original de Crying Freeman: los paraísos perdidos. El título hace referencia al hecho de que un asesina llora por remordimiento cada vez que mata pero añora la libertad (de ahí el mote irónico “Freeman”).

[2] Es el código de honor del samurái (hombre o mujer) que se apoya en el budismo, el confucianismo, la práctica Zen y el sintoísmo entre otras cosas. Una idea fundamental es que el guerrero debe estar preparado para morir en cualquier momento. Acepta la muerte como si ya estuviera muerto. En cierto modo vivir o morir es lo mismo, lo más importante es vivir según este código.

[3] Un término genérico para designar a ciertas organizaciones criminales de origen chino que tienen su base en Hong Kong, Taiwán y la China continental.

[4] Palabra añadida. La implicación de la palabra “por favor” (please) es que el asesino se acerque para hacerle el amor

[5] En el inglés original: “I always thought death would be something cold, awful, not like you… please… I wanted you to come back…”

[6] T. Reno Brohamer, “Piensa, Piensa otra vez. Evoluciona…” (Think Once. Think Again. Evolve…), IMDB Crying Freeman boards, August 2004. Disponible aquí.

[7] NIX, “Reseña de la película Crying Freeman (1995)” (Crying Freeman (1995) Movie Review), Beyond Hollywood. Disponible aquí.

[8] En este sentido, es muy llamativo que la heroína muy al principio de la película, anticipando su propia muerte a manos de su verdugo, dice “él se llama Freeman (hombre libre) y ahora me va a liberar a mí”. Así  entendemos que la muerte además de ser literal es una metáfora que indica una liberación del sufrimiento, una liberación espiritual o Nirvana.

[9] Las ideas expresadas se basan en el Hagakure, una obra literaria japonesa dictada por Yamamoto Tsunetomo (1659-1719) a uno de sus aprendices entre 1710 y 1717, inspirada en el célebre código bushidô.

avatar Simon Kelly (22 Posts)

Graduado en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, donde también realizó el Máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte, especializándose en cine y literatura. Además, es Licenciado en Biología por la UCM y continúa realizando estudios de psicología, sociología, francés y chino.


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