Revista Ecos de Asia

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This article was written on 14 Ago 2015, and is filled under General.

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Hacia las rutas de la seda: Mi experiencia en Turquía I

En agosto de 2014 pisé por primera vez, en términos geográficos, el continente asiático. Atravesado el Bósforo, llegaba a Anatolia, en el contexto de un viaje organizado que me llevaría por numerosos puntos de la mitad occidental de Turquía.

Es posible que para muchos Turquía no sea Asia, como quizás tampoco consideren asiáticas a buena parte de las ex Repúblicas soviéticas (no olvidemos que Rusia ocupa más territorio del continente asiático que muchos otros estados juntos, o que de sus estepas surgieron los poderosos pueblos orientales que hace siglos aterrorizaron a Occidente), pero dado que el europeo medio muchas veces entiende la diferencia cultural únicamente a partir de la diferencia religiosa, podríamos decir que Turquía, definitivamente lo es. Puente indiscutible entre la vieja Europa y el inmenso continente asiático, es indudable que la actual Turquía y los diferentes estados que sobre ella o desde ella operaron, (inserto coma) sirvieron de nexo entre dos mundos que no tendrían por qué ser tan diferentes. Al menos para mí, lo fue, ya que la visita a Turquía me permitió, sin lugar a dudas, abrir mi mente a diferentes culturas que previamente aprehendía desde cierto recelo temor y que hoy llegan a conforman una parte importante de mi acervo cultural.

De este viaje omitiré la visita a Estambul, la más conocida y transitada de las ciudades turcas y que es, por definición, medio europea. Con sus bazares, llamadas a la oración y la compraventa de productos de imitación, Estambul se ha ganado injustamente esa reputación de decorado y ciudad -mercadillo, destino de emuladoras de La Pasión Turca que rara vez van más allá de la explanada de Sultanahmet (y que se escandalizan por tener que cubrirse el cabello al entrar en una mezquita) y de la Torre del Gálata –la cual, por cierto, no visité-. Tampoco es que en apenas tres días pudiera hacer mucho más, pero desde luego me quedó claro que no existe una sino varias “Turquías” y que varias de ellas pueden encontrarse dentro de la propia Estambul: contraponga usted las imágenes de la mujer de rojo en las protestas estudiantiles con las de los vendedores de alfombras ambulantes y enseguida entenderá de lo que le hablo. Sea como sea, es algo perfectamente esperable en una ciudad en la que se mueven más de 15 millones de habitantes en una orografía bi-continental y no particularmente fácil.

Recorrí estos lugares acompañada por mi familia, un grupo de completos desconocidos –que resultaron ser estupendos compañeros de viaje- y un guía que acabó siendo, con diferencia, el mejor que he tenido a lo largo de viajes a más de 15 países. Por bonito que hubiera podido ser el país u espléndidos los hoteles, el viaje podría haber sido el mayor de los desastres con otros acompañantes. Así que, si es que alguno de ellos llega a leer este relato, las agradezco profundamente su compañía.

Viajé a lo largo del país en un autobús climatizado y con internet, y no recomendaría hacerlo de otra manera; por mucho que podáis sobrevivir los varios miles de kilómetros que recorrí sin internet, no podríais hacerlo sin climatización, y es que, a pesar de ello, el autobús requería ser remojado cual elefante bengalí cada par de horas para funcionar correctamente.

Antes de comenzar a relatar mi viaje, quizás deba hacer una serie de recomendaciones y advertencias para el que vaya a viajar al interior del país y no sepa, como yo, cuál va a ser exactamente su recorrido. En una próxima entrega relataré el recorrido, que me llevó por todo tipo de lugares pero, como muchos acuden a internet con la esperanza de encontrar recomendaciones para viajes, aquí les dejo las mías:

  • El “pack mezquita”. Por muy turístico que sea, no deben olvidarse ustedes de que Turquía es un país laico, sí, pero de mayoría musulmana, y que algunos de sus más bellos monumentos son mezquitas todavía en uso. A las mezquitas debe pasarse sin zapatos y con los hombros y piernas cubiertas- y por supuesto, sin ombligos al aire- y en el caso de las mujeres, la cabeza. Estas normas serán aplicadas de manera más o menos laxa en diferentes lugares, pero por lo general nadie llamará la atención a un bienintencionado extranjero que intente seguirlas, aunque se le escapen mechones (o incluso con la espalda al aire). Las mezquitas más populares tienen a disposición de los visitantes pañuelos y faldas largas para cubrirse, pero no existen en todas y pueden denegarle la entrada –como pasa en muchas iglesias, si no se lleva el atuendo adecuado-. Si no está de acuerdo, no entre, nadie le obliga a visitar un espacio religioso, pero si no quiere perderse lugares interesantes le recomiendo llevar lo que he denominado el “pack mezquita”: una bolsa de tela que pueda cargar en la mano y que contenga al menos un par de calcetines de uso exclusivo para mezquita[1] o un par de cubrecalcetines de plástico, un pareo si acostumbra a enseñar pantorrilla o muslo, y un pañuelo grande para los hombros –que le servirá también para la cabeza si es mujer-. Si es de los que no se fía de dejar sus zapatos a la entrada de la mezquita, lleve también una bolsa y cárguelos con usted. No suele pasar nada pero se llevará un susto desagradable si se ve sin zapatos en un viaje por carretera a través de Turquía. Si no tiene práctica poniéndose el pañuelo, recomiendo uno del tipo en que los extremos van cosidos. Si el pañuelo no es oscuro, también le servirá para protegerse del sol, algo más que necesario en destinos tan típicos como Capadocia.
  • La comida y la bebida. El agua no es potable, pero es muy barata, así que compre en abundancia. Si ve que los 1. turquialocales comen en la calle, hágalo sin miedo y no se asuste si tiene diarreas: no va a morirse. A todo el mundo le pasa, hay baños limpios en casi todas las zonas turísticas –algunos de pago, pero de precio simbólico- y el arroz (pilav) estará en casi todas las comidas que haga, así que podrá reponerse. Si le sucede, simplemente regule su alimentación y tenga a manos medicamentos como Fortasec. Y si no puede seguir, dígaselo a su guía: es el mal del turista y le aconsejará sobre cómo reponerse. En cuanto a la comida, quizás la enseñanza más importante es que kebab quiere decir simple y llanamente “carne” y no ese tipo de comida greco-árabe en pan que solemos comer en el Occidente caucásico. Es más, en algunos lugares difícilmente encontrará lo que en España se conoce como tal, o se sorprenderá cuando vea que le están sirviendo algo completamente diferente. Según el lugar del país tendrá carne de uno u otro tipo, y puede que algunas combinaciones le resulten extrañas, como el Iskender Kebab, típico de Bursa y que se toma con abundante salsa de tomate, mantequilla y yogur.
  • El alcohol y el café. Recuerde que Turquía es un país de mayoría musulmana, pero que también es laico y que, por tanto, la disponibilidad de alcohol dependerá del lugar al que vaya: espérelo en las grandes ciudades o lugares turísticos –en especial en los que veranean rusos, como la zona de Pamukkale-, pero no en un pequeño puesto de carretera o tetería familiar. En cuanto a su precio, recuerde que está gravado como producto de lujo (muchos son directamente de importación, especialmente los rones y wiskis) y que el precio será en consecuencia: caro para Turquía, pero adecuado para un turista español. A pesar de lo dicho, y por mucho que el Islam sea la religión dominante,[2] existe un alcohol típico de Turquía, el raki – de gusto anisado-, considerado como licor nacional, que se produce de manera estatal desde tiempos de Atatürk –gran devoto de esta bebida-, y que sí le será fácil y barato de encontrar. En cuanto al café, no es tan habitual como pueda parecer y no lo encontrará en todos los lugares (y mucho menos, un café con leche); el café turco suele ser calificado como malo y si quiere algo parecido al europeo (el café turco es más parecido el café de olla latinoamericano, y requiere tiempo para su preparación), tendrá que pedir un “nescafé”, que no designa necesariamente al café de dicha marca sino a todo el soluble; es probable que este café, de encontrarlo, le resulte mucho más caro que en España. En cambio, encontrará fácilmente té (çay), que es siempre muy barato, pero que tiene un regusto muy a quemado que puede no complacer a todo el mundo; pero no se preocupe: Turquía es tierra de tés y encontrará fácilmente muchos de los conocidos por los turcos como “tés de turista”, toda una serie de variedades afrutadas que suelen gustarnos más: son especialmente populares los de manzana (elma çayı) y granada (nar çayı).
2. turquia

A la izquierda, raki típico; a la derecha, te turco en el tipo de vaso más habitual para esta bebida.

  • El dinero. Dependerá de cuándo y cómo viaje a Turquía, pero en relación con el euro, los precios pueden ser más que convenientes. Cuanto más grande sea el lugar que visite, más oferta habrá y, por tanto, los precios serán más convenientes: los suvenires son más abundantes y más baratos en Estambul, así que si quiere llevar algo genérico, dese un paseo por la calle del tranvía (Isitiklal Cadessi) y pregunte precios. Es preferible que cambie en casas de cambio del centro o en el aeropuerto, pues aunque puede hacerlo en los hoteles, el tipo de cambio será peor. Si pretende usar cajeros, hágalo antes de adentrarse en el interior del país (en Estambul o Ankara no tendrá problema en encontrar), por ejemplo, en Capadocia, ya que ahí sus paradas seguramente consistan en sitios naturales o históricos como Uçhisar o Göreme y puede que no pise las ciudades grandes como Aksaray. En los hoteles y negocios de productos de lujo, como alfombras, siempre podrá pagar con tarjeta, así que no se asuste. Regatee en los lugares en los que no vea el precio escrito. Y si se atreve, regatee si lo ve escrito también. Tenga en cuenta que en algunos lugares el precio será más conveniente en euros, y en otros en liras turcas, así que revise los tipos de cambio por las mañanas y pregunte por los precios en las dos divisas: en los lugares más pobres están deseosos de aceptar euros y seguramente el intercambio beneficie a comprador y vendedor.
3.turquia

Diferentes monedas de liras turcas.

  • El idioma. Prepárese para no entender nada y, fuera de Estambul, no espere escuchar español. En muchos lugares, no aspire a encontrar a gente que hable en inglés, ni siquiera a nivel usuario. Si se adentra en Turquía seguramente vaya con guía, así que no tendrá problema, y lo mismo le sucederá en los hoteles o principales actividades turísticas, pero puede pasarle como a mí, que en la calle principal de negocios de la capital del país (Ankara) no puedan entender que quiere un vaso de agua. Mucha gente mayor aprendió francés en el instituto, y mucha gente ha vivido o tiene familia en Alemania (otros muchos planean emigrar), así que pruebe con uno de estos dos idiomas si no le comprenden en inglés. De todas maneras, un “merci” –mucho más fácil que el teşekkür ederim-, se entiende sin problema en todas partes y puede sacarle de más de un apuro. No se desanime: el turco es un lenguaje muy complicado para los españoles, pero podrá reconocer, seguramente entre sonrisas, muchos préstamos del francés, algunos del árabe (idioma que le servirá menos de lo que puede parecer) y otros muy curiosos como portakal (naranja, pues venían de Portugal); si necesita ir a una dirección, mejor llévela escrita, y si quiere aventurarse a pronunciar y no sabe leer fonéticamente, y es usted fan de la serie Juego de Tronos, intenten imitar el dothraki.[3] Aunque los lingüistas se basaron en varias lenguas para crearlo, no les costará reconocer el parecido, y les juro, que a mí me funcionó.

 [1] Las mezquitas turísticas que he visitado tenían un desagradable olor a pies, e incluso a hongos. Esto se debe principalmente a que aunque los musulmanes entran descalzos a las mismas, deben estar limpios antes de rezar, algo que evidentemente no cumplen los no practicantes ni mucho menos los turistas en ruta como lo era yo. Si quiere evitar posibles olores y hongos, reserve un par de calcetines para las mezquitas en vez de arriesgarse a entrar descalzo o llevar esos olores consigo todo el día.

[2] No obstante, hay unos 15 millones de alevíes en Turquía, que sí pueden consumir alcohol, además de la población no prácticamente, habitual en grandes ciudades.

[3] Idioma ficticio perteneciente al universo literario y cinematográfico creado por George R.R. Martin para la saga Canción de Hielo y Fuego (llevada a la televisión con el título de Juego de Tronos).

avatar Marisa Peiró Márquez (136 Posts)

Marisa Peiró Márquez (marisapeiro@ecosdeasia.com) es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. En esta misma universidad se licenció en Historia del Arte y realizó el Máster en Estudios Avanzados de Historia del Arte, así como el Diploma de Especialización en Estudios Japoneses. Se especializa en el Arte y la Cultura Audiovisual de la primera mitad del s. XX, y en las relaciones artísticas interculturales, especialmente entre Asia y América Latina (fue becaria del Gobierno de México), con especial interés en el Sudeste Asiático y en Oceanía.


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