Revista Ecos de Asia

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This article was written on 18 Abr 2018, and is filled under Crítica.

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“Haraamkhor” (2015): La tragedia de la adolescencia robada

A pesar de realizarse en el año 2015, la película india Haraamkhor[1] no se estrenó hasta dos años más tarde, debido entre otras cosas a la polémica que rodeó dicha producción por su peliaguda temática. Es por esta tardanza en su llegada a las carteleras indias que os traemos hoy, desde Ecos de Asia, la crítica de esta pequeña joya independiente a la vez que rompedora.

De poco presupuesto y rodada en apenas dieciséis días, la cinta es un drama social sin pretensiones que relata una historia, en apariencia local, pero que, por situarse en ese crucial momento de paso que es la adolescencia, se torna universal por momentos.

Cartel promocional de la película.

Sandhya (Shweta Tripathi) es una joven de quince años que vive en un pequeño pueblo de la India. Allí estudia junto a sus compañeros en la modesta escuela local, que no es sino la planta baja de la casa del maestro, Shyam Tekchand (Nawazuddin Siddiqui). Mintu (Mohd Samad) y Kamal (Irfan Khan), sus compañeros de clase, son poco más que unos mozalbetes traviesos y alborotadores aunque Kamal oculta en su pecho un secreto: está profundamente enamorado de Sandhya y anhela hacerla su esposa. Ese amor inocente, puro, pre-adolescente y aparentemente unidireccional es uno de los ejes en torno a los cuales gira la película.

Sin embargo, la inocencia casi infantil de los muchachos contrasta con los sentimientos del profesor, que también desea a la joven Sandhya, aunque de un modo más carnal e ilícito, máxime cuando el maestro está ya casado con Sunita (Trimala Adhikari), quien fuera también su antigua alumna, configurando un depravado cuadrángulo amoroso.

Shyam dando clase a Sandhya en un fotograma del filme.

La inexperta Sandhya proviene de un complejo entorno familiar, puesto que su madre la abandonó y su padre, Raghuvir Singh (Harish Khanna), es un inspector de policía que nunca tiene tiempo para ella, dejándola sola en casa durante días enteros mientras va a resolver supuestos asuntos de negocios, aunque en realidad lo que oculta es que ha encontrado una nueva mujer, Neelu (Shreya Shah). Esta inestabilidad emocional hará que Sandhya se vuelva hacia la única persona que ella considera de confianza, su mentor, en una relación que va evolucionando y cuya reciprocidad no queda del todo clara para el espectador. Ni siquiera llegamos a saber si, en un principio, las relaciones son consensuadas debido a la violenta reacción que suscitan los avances físicos de Shyam en la indefensa Sandhya, aunque luego sea esta quien proponga los clandestinos encuentros entre ambos, junto a las turbinas generadoras de energía eólica a las afueras del poblado (su rincón secreto y un enclave crucial para el desenlace de la trama).

Mintu y Kamal, que siguen a Sandhya por doquier con estúpidos planes de seducción, comienzan a sospechar que puede haber una relación entre la joven y el profesor, del mismo modo que la susceptible esposa de este se muestra recelosa por las recurrentes apariciones de la muchacha ante su puerta a horas intempestivas.

Kamal y Mintu observando asombrados.

La relación, que cada vez resulta más complicada de encubrir, una complicada situación familiar y las crecientes sospechas de todo el pueblo eclosionarán en un trágico a la vez que impredecible final que sorprenderá a cualquier espectador.

Aunque lejos de ser perfecto, el debut del director Shlok Sharma en el mundo de los largometrajes resulta certero, conmovedor y transgresor, tratando temas como el amor adolescente, la importancia de un sostén familiar (o la ausencia de él) y otros mucho más controvertidos como son la sexualidad, el maltrato, los abusos a menores o incluso el aborto. No en vano la película fue tildada de “muy provocativa” y prohibida su exhibición, hasta que el FCAT (Film Certification Appellate Tribunal) la reevaluó, permitiendo su proyección al público e incluso exaltando sus posibilidades para “advertir a las muchachas y que sean conscientes de sus derechos”.[2]

Técnicamente, el filme emplea algunos recursos expresivos interesantes y efectivos, como la disociación sonora (muy evidente en el desgarrador final), por la cual las imágenes se nos muestran sin su audio original, prácticamente silenciadas, percibiendo tan solo algunos sonidos mitigados por la potente lluvia y una ligera música instrumental.

Aunque el verdadero potencial del filme está en su dúo protagonista, encarnado por Shweta Tripathi, a la que ya vimos en Masaan; y Nawazuddin Siddiqui, experimentado actor que recordarán de otras cintas como The Lunchbox o Lion, también analizadas en Ecos de Asia. Ella, como una adolescente insegura, a veces frágil, a veces resolutiva, y él, como un auténtico depredador sexual de dos caras, crean un drama conmovedor, eróticamente más atrevido de lo que resulta habitual para la industria india y, en definitiva, una historia con demasiados matices grises para que el espectador observe, asimile y decida cómo Sandhya perdió su inocencia.

Shyam y Sandhya, profesor y alumna, miran a cámara desde la puerta de la escuela.

Para saber más:

  • Ficha de la película en IMDb.

Citas:

[1] Haraamkhor (2015). País: India. Dirección: Shlok Sharma. Guion: Shlok Sharma. Fotografía: Siddharth Diwan. Reparto: Nawazuddin Siddiqui, Shweta Tripathi, Irfan Khan, Mohd Samad, Shweta Tripathi, Harish Khanna, Shreya Shah. Productora: Sikhya Entertainment.

[2] El artículo completo al que se hace referencia aquí puede leerse en el diario Hindustan Times.

avatar Laura Martínez (97 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, actualmente cursa el Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte de la misma, especializándose en Cine.


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