Revista Ecos de Asia

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This article was written on 18 May 2018, and is filled under Crítica.

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Independizarse en la India: “Amor por metro cuadrado” (2018)

¿Hasta dónde llegaríamos los jóvenes de hoy por un piso en propiedad que nos permitiera volar del nido y alcanzar la tan ansiada independencia de nuestros progenitores? Algo que ya suponía un drama en la España de los cincuenta, como magistralmente relató Rafael Azcona en ese clásico de nuestro cine que es El pisito (1959), lo sigue siendo en esta época de crisis económica. Ya estemos en el Madrid de la autarquía o en el Mumbai contemporáneo, los problemas no distan demasiado a pesar del tiempo y el espacio, y es por ello que resulta especialmente relevante la comedia romántica india Amor por metro cuadrado,[1] estrenada en Netflix el día de San Valentín.

Cartel promocional de la película.

Sanjay Chaturvedi (Vicky Kaushal) es un joven ingeniero informático que trabaja en un gran banco de Mumbai. De familia humilde, vive con sus padres en un pequeño piso, sin habitación propia, y su máximo sueño es poder adquirir un apartamento para dejar de sufrir el drama diario que supone la lucha por el baño cada mañana. Ahora que su padre está a punto de jubilarse después de toda una vida dedicada a “cantar” los anuncios del tren por las distintas estaciones ferroviarias de la ciudad, sus sueños de independencia parecen más próximos que nunca.

Karina D’souza (Angira Dhar) trabaja en la sección de préstamos del mismo banco que Sanjay y sufre problemas similares. Vive con su madre, Blossom D’souza (Ratna Pathak Shah), en una casa que se cae a pedazos y está prometida con Samuel Misquitta (Kunaal Roy Kapur). Sin embargo, la idea de mudarse a casa de sus suegros parece ir en contra de sus aspiraciones: un apartamento y una vida en pareja en la que todo funcione a medias, tanto el dinero, como las tareas del hogar, subvirtiendo el tradicional rol de la mujer india como esposa y madre de familia.

Sanjay y Karina haciendo “el baile del pollo” durante la boda de unos amigos.

Durante una boda a la que están invitados todos los trabajadores de la empresa, Sanjay y Karina se conocen y comparten un baile (como no podía ser de otra manera en Bollywood). Ambos se reencontrarán en el trabajo cuando Sanjay vaya a reclamar al banco por negarle un préstamo y se encuentre con que ha sido la propia Karina quien lo ha tramitado. Tras compartir sus sueños y aspiraciones, ambos deciden aprovechar una subvención del gobierno destinada a parejas casadas y presentar una solicitud para adquirir un piso juntos (una suerte de vivienda de protección oficial).

Fotograma de la película.

Este acuerdo no estará exento de obstáculos puesto que los sentimientos empiezan a despertarse a pesar de sus diferencias y el choque de sus tradiciones familiares: los Chaturvedi son hindúes y vegetarianos, mientras que la familia D’Souza es cristiana. Sin embargo, el mayor inconveniente lo pondrá la jefa de Sanjay, Rashi Khurana (Alankrita Sahai), una psicópata que explota a sus subordinados y que, a pesar de tener un novio en Londres, tiene a Sanjay comiendo de su mano.

Una ristra de malentendidos acelerará la acción, provocando disparatadas y cómicas situaciones que llevarán a la pareja al límite. ¿Conseguirán el piso y, con ello, su independencia?, ¿se llevará a cabo la boda?, y, sobre todo, ¿conseguirá fructificar el germen de un amor surgido en semejantes circunstancias?

Ligera y entretenida, la cinta está plagada de momentos de alta comicidad, con diálogos inteligentes y un ritmo alto, bien acompasado por una estupenda banda sonora que combina con acierto los ritmos más clásicos y melódicos del Bollywood tradicional, con notas de Pop y Rap, tal vez muestra del influjo de la plataforma americana Netflix en la siempre fértil cinematografía india.

Karina y Sanjay en un momento del filme.

La pareja protagonista derrocha carisma y modernidad, con una desconocida Angira Dhar cuya inocencia brilla en cada escena, especialmente al lado del versátil Vicky Kaushal, a quien ya vimos en Masaan (2015). A pesar de ello, no debemos menospreciar la labor actoral de un elenco de secundarios brillante que aporta el contrapunto cómico en cada escena, evitando así que el filme caiga en el pasteleo tan habitual de su género. De entre todos ellos merece la pena mencionar a la brillante Ratna Pathak Shah en su papel de madre angustiada, muy similar al que desempeñó en la cinta Kapoor and Sons (2016).

Aunque el día de los enamorados quedó atrás, cualquier momento es bueno para degustar esta comedia romántica que une un formato clásico “chico conoce chica” con una situación económica altamente extrapolable a cualquier otro contexto actual, todo ello aderezado con las peculiaridades culturales de la India más plural, a fin de manufacturar un entretenimiento de calidad.

Tráiler de la película.

Para saber más:

Notas:

[1] Amor por metro cuadrado / Love Per Square Foot (2018). País: India. Dirección: Anand Tiwari. Guion: Anand Tiwari, Sumeet Vyas, Asif Ali Beg. Música: Anand Bajpai, Sohail Sen. Fotografía: Avinash Arun Dhaware. Reparto: Vicky Kaushal, Angira Dhar, Alankrita Sahai, Ratna Pathak, Supriya Pathak. Idioma: Hindi.

avatar Laura Martínez (169 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte de la misma, con especialización en Cine. Actualmente realiza estudios de Doctorado en la Universidad de La Rioja.


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