Revista Ecos de Asia

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This article was written on 07 Jul 2017, and is filled under Historia y Pensamiento.

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Nihontô, el alma de una nación

Nihontô es quizás la palabra más correcta para referirse a los diferentes tipos de sables japoneses. Está compuesta por dos kanji, el de 日本 – Nihon (Japón) y el de刀 – katana, pronunciado en este caso . Con esta denominación estamos haciendo referencia a un arma característica de una nación, pudiendo englobar así a todas las tipologías de espada y sable que surgieron a lo largo de los siglos.

Para rastrear el origen del primer ideograma de nihontô, debemos retroceder al siglo VII, que es cuando el príncipe Shôtoku envía la famosa misiva al emperador de China, firmando “del gobernante del país del sol naciente (Nippon) al gobernante del país del sol poniente”. Con esta carta, no sólo se resquebrajaban siglos de pseudovasallaje a la Casa Imperial China, poniéndose a su misma altura, sino que se crea una conciencia nacional que impregnará a todas las facetas de la política y la cultura. Es entonces donde empezamos a proporcionar la “denominación de origen” a los sables y otras obras de arte creadas a partir de este hecho histórico.

Shôtoku Taishi.

El proceso evolutivo de la forja en Japón no fue rápido ni fácil. Los primeros trabajos del metal se remontan al Periodo Yayoi (300a.C. – 250/300d.C.), cuando se importó vía China la fabricación de armas de bronce. Estas primeras espadas (tsurugidôken) están consideradas como meras piezas votivas con fines religiosos, sin embargo, no se descarta una posible utilización bélica. A partir del siguiente periodo histórico, llamado Kofun (250d.C.-538/600), se comienza a trabajar el hierro como materia para forjar espadas. Las técnicas metalúrgicas y las formas de dichas armas todavía se encuentran muy en línea con el armamento presente en China y en los diferentes reinos de Corea. Esto es algo que no resulta extraño, ya que en este momento el hierro llegaba a Japón importado de ambos territorios. Gracias a estos datos, podemos deducir fácilmente que el contenido de mineral férreo en Japón era un bien escaso. La mayoría del hierro presente en las islas japonesas se encontraba en pequeñas cantidades mezclado con el suelo, en un conjunto de arenas ferruginosas llamadas satetsu.

Aproximadamente hacia finales del siglo VI, aparece en Japón el primer horno tatara, como una solución al problema de la extracción del hierro de las arenas. Este es un proceso complejo, pero que se puede dividir en varias partes diferenciables:

Horno tatara.

  • Localización y extracción de las arenas mediante procesos de corrimientos de tierras y lavado.
  • Fabricación del horno de arcilla (tatara), generalmente ubicado dentro de un edificio bien iluminado y aireado, y provisto de un gran fuelle a pie.
  • Introducción de las arenas en el horno, así como del carbón (generalmente de pino) en la parte baja, que ayudará al proceso de fundición del acero contenido en las arenas. Este proceso de relleno de carbón y de arenas se repetirá hasta llegar a utilizar cerca de 10 toneladas de arena y 10/12 toneladas de carbón.
  • Extracción del acero tamahagane resultado del proceso. Una vez se ha consumido prácticamente todo el carbón y el contenido férreo se ha depositado, se procede a destruir el horno para liberar todo el acero tamahagane.

El tamahagane es un acero rico en carbono, y su utilización como materia prima es una de las características indispensables para poder hablar de nihontô. Por supuesto que tras el proceso de extracción del acero de las arenas quedan multitud de pasos de clasificación y tratamiento del acero para librarlo de impurezas que pongan en peligro la integridad de la hoja, o que resulten antiestéticas. Desde este primer momento, hasta el final del proceso, es importante hacer notar que un buen forjador valora tanto la funcionalidad del arma como su belleza inherente como obra de arte.

Durante los siglos del Periodo Kofun, y el Periodo Asuka (538/600 – 710), en incluso  en los primeros años del Periodo Nara (710-794) seguiremos hablando de espadas rectas, siendo sólo a partir del siglo VIII cuando empiezan a aparecer modelos con una cierta curvatura, como una posible herencia de los sables warabite-tô que usaba la tribu norteña de los Emishi. Sin embargo, habrá que esperar al siglo X, ya dentro del Periodo Heian (794 – 1085), para encontrar los típicos sables curvos que asociamos con la idea de un nihontô.

Tamahagane.

El nihontô, como cualquier arma, evoluciona con los nuevos tipos de guerra. Entre el Periodo Yayoi y el Periodo Kamakura (1185 – 1133), el arco (yumi) ocupaba el primer escalafón en cuanto a las armas de los bushi o guerreros.

Hacia el siglo XII, el arco empezará a perder importancia en favor de otras armas de hoja metálica, como el nihontô o la naginata. Esto favorecerá el desarrollo de los sables, hasta el punto en que se inicia el mayor periodo de avances tecnológicos en la fabricación de nihontô. Durante el Periodo Kamakura se formarán las bases sobre las que, aún hoy en día, se apoya el arte del nihontô. Estos talleres y escuelas de forjadores darán forma a los tachi, una tipología del nihontô caracterizada por su pronunciada curvatura y por portarse con el filo hacia abajo. Su uso será tanto militar como ceremonial, variando en las monturas utilizadas, pero nunca en la hoja que siempre es de la mejor calidad.

Hyôgo gusari tachi del Periodo Kamakura.

Tras la caída del gobierno situado en la ciudad de Kamakura, el poder regresó a Kioto, donde la familia Ashikaga tomaba el mando (1336 – 1576). Dentro de este mandato, de 1333 a 1392 se da el Periodo Nambokuchô, marcado por la división de las cortes imperiales entre el Norte y el Sur de Japón. Durante este corto periodo, la infantería ganó algo de peso sobre la caballería, surgiendo una gran cantidad de armas para derribar jinetes y sus monturas. Entre ellas, el nihontô aumentó considerablemente su longitud y anchura, naciendo los tipos denominado ôdachi (gran tachi), llegando a casos de dos metros de hoja, siendo necesarias varias personas para manejarlo.

Aún bajo el gobierno en Kioto de la familia Ashikaga, hacia 1477 dio comienzo una etapa de guerras intestinas en Japón. Los daimyô o señores feudales combatían por defender o ampliar sus territorios, algunos de ellos incluso formaron alianzas para intentar dominar todo el país. Este será el denominado Periodo Sengoku, que durará casi un siglo, hasta el 1573, cuando las ambiciones de dominio de Japón por parte de Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi den sus frutos. Durante este siglo de batallas campales y asedios, la guerra vuelve a cambiar. Por un lado las armas enastadas (especialmente el yari) vuelven a vivir una época dorada, al proponerse como arma más efectiva contra la caballería. En el caso de los sables, los modelos de tachi se fueron acortando a medida que trascurrieron los años desde el fin del Periodo Nambokuchô. Durante los muchos asedios a castillos que se dieron durante el Periodo Sengoku, los samurái se dieron cuenta que precisaban de un arma de corte apta para luchar en el interior. Además, los castillos japoneses estaban construidos de tal manera que fuera imposible acceder al interior con lanzas (debido a sus muchas esquinas) ni utilizar grandes sables (debido a sus vigas bajas). Esto propició que el sable se acortara hasta llegar a los 40-70cm de hoja, reduciendo también su curvatura (sôri). Puesto que la caballería perdió peso en favor de la infantería, ya no era necesario portar el sable colgado a un lado y los nuevos soldados prefirieron introducirlo directamente en el cinturón/fajjín (obi). Estos nuevos nihontô se dispondrán con el filo hacia arriba, al contrario de los tachi, y recibirán el nombre de uchigatana.

Ôdachi del Periodo Nambokuchô.

Finalizado el Periodo Sengoku, así como los denominados Azuchi-Momoyama (1573 – 1603) donde Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi unificaron y gobernaron el país, llegaron la última batalla campal y el último asedio: Batalla de Sekigahara (1600) y Asedio del Castillo de Osaka (1614-1615). Mediante estas dos campañas bélicas, la familia Tokugawa y sus aliados se consolidaron como los regentes de Japón, iniciándose con ellos el Periodo Edo (1603-1868). Puesto que ya no había más batallas que librar, la evolución del nihontô se estancó durante más de dos siglos. En este periodo, los sables pasaron a ser una herramienta y símbolo de los samurái, configurando el daishô o conjunto de sable largo (katana) y sable corto (wakizashi), que hoy en día seguimos considerando como las formas más arquetípicas del nihontô. Pese a que hubo notables cambios en la estética de sus monturas y hojas, el Bakufu dictó a lo largo del Periodo Edo una serie de normas para intentar organizar y regular la forja de nihontô.

Pese a que el Periodo Edo no estuvo exento de duelos, escaramuzas, ajustes de cuentas y pequeñas sublevaciones, no se llevaron a cabo grandes batallas, afectando en ello a la producción de nihontô. Además, la introducción de las armas de fuego de mano de los portugueses y españoles en el siglo XVI facilitó en gran medida la supresión de revueltas, como la acaecida entre 1637-38 en Shimabara. Ante los constantes abusos y persecuciones que sufría la comunidad cristiana en Japón, tras los edictos de prohibición del cristianismo en 1614, un grupo de cristianos japoneses se sublevaron tomando el castillo de Hara y poniendo el jaque a los daimyô del Sur-Oeste de Japón. Sin embargo, la mayoría de estos rebeldes era de ascendencia campesina, por lo que los nihontô no jugaron un especial papel.

Daishô koshirae.

A mediados del siglo XIX, el descontento generalizado por las políticas del Bakufu, y las ambiciones imperialistas de varios feudos del Sur, provocaron una gran guerra civil entre partidarios del sistema político imperante, ligado al shôgun y una renovación   del país encabezada por la figura simbólica del emperador. Hacia 1853, con la llegada del Comodoro Perry y la flota norteamericana, las tensiones se atenuaron y en la década de 1860, aquellos descontentos con la situación del país iniciaron una serie de revueltas. Los feudos de Satsuma y Chôshû, y más tarde Tosa, encabezaron acciones bélicas contra el Bakufu, dando lugar al Periodo Bakumatsu, y saldándose con el final del gobierno de los Tokugawa y el inicio de la Era Meiji (1868-1912). En este periodo de guerra civil, los nihontô volvieron a adquirir todo su sentido práctico, aumentando su producción y desarrollando nuevas formas de montura y hoja según los feudos/facciones de la contienda. Pese a que en las grandes batallas las armas de fuego eran lo predominante, la gran cantidad de escaramuzas callejeras, asesinatos y rebeliones hicieron del sable japonés la herramienta usada por los samurái para lograr la Restauración Meiji, o bien para impedirla (en el bando del Bakufu).

Con la llegada de la Era Meiji se acabaron los conflictos internos pero con la apertura de los puertos, empezaron las acciones bélicas internacionales, como la Primera Guerra Sino-Japonesa (1894-1895) o la Guerra Ruso Japonesa (1904-1905). Una vez abolida la clase samurái y decretada la prohibición de portar sable sin autorización, los nihontô pasaron a ser un distintivo de los oficiales del ejército nipón. Sin embargo, desde el momento en que se empezaron a fabricar sables en masa, sin utilizar las materias y métodos tradicionales, dejan de ser considerados nihontô. Esto no quiere decir que se dejaran de fabricar, pero desde este momento sabemos que su finalidad era la de una obra de arte y coleccionismo, así como una herramienta de práctica de algunas disciplinas de artes marciales tradicionales (koryû).

La corta Era Taishô (1912-1926) y la Era Shôwa (1926-1989) siguieron el modelo de utilización del sable japonés (sin tratarse de nihontô) en los rangos superiores del ejército, desterrándose totalmente su uso de combate una vez finalizó la Segunda Guerra Mundial.

Guntô.

Hasta aquí hemos hablado de la evolución del armamento japonés y la forja de espadas/sables en función de los periodos históricos, sin embargo, la periodización y cronología utilizada en la clasificación de los nihontô sigue otros parámetros.

  • Kokoshinryô: Se trata de los materiales arqueológicos. Aquí estarían englobadas aquellas espadas hechas en bronce, así como los primeros intentos de forja en hierro importado de China y Corea.
  • Jokotô: Algunos especialistas abogan por incluir en esta categoría toda espada o sable anterior al año 1000. Sin embargo, como se ha dicho antes, también existe la distinción entre aquellas espadas hechas de bronce o hierro extranjero y las forjadas a partir del acero tamahagane. Por lo tanto, podemos encontrar tres tipos de clasificaciones: a) Kokoshinryô (siglos III – VII) y Jokotô (siglos VII – XI). b) Jokotô (siglos III – XI). c) Jokotô (siglos III – VII) y chôkutô (siglos VII – XI). El término chôkutô hace referencia a las espadas rectas de un solo filo que se empezaron a forjar en Japón mediante el acero tamahagane.
  • Kotô: También es conocido popularmente como “la edad de oro del nihontô”. Abarca desde el siglo XI al XVII, siendo el periodo histórico-artístico donde se desarrollan las tipologías generales del sable japonés o nihontô. Las escuelas principales de forja sobre las que se apoyaría toda la historia del nihontô surgieron en este periodo.
  • Shintô: Pese a traducirse por “nuevos sables”, esta denominación se aplica a aquellas armas forjadas entre principios del siglo XVII y finales del XVIII. La unificación del país mediante la familia Tokugawa y el inicio del Periodo Edo marcarían profundamente la forma en que eran concebidos los nihontô. Surgieron nuevas escuelas de forja, aportando nuevos estilos de sable a los ya conocidos de las tradiciones Kotô. Los nihontô de este periodo fueron armas al servicio del Bakufu Tokugawa, regulados por sus leyes y convertidos en una seña de identidad de los samurái.
  • Shin shintô: Pese a no dejar de lado la función práctica del sable, los sables Shintô se habían convertido en el marco perfecto para la ostentación y el lujo de quienes lo portaban. Es por esto que algunos forjadores deciden “volver la cabeza” hacia el periodo Kotô, intentando recuperar unos ideales de belleza, más vinculados a la funcionalidad del arma que a sus ornamentos. A estos sables se les denominó “Nuevos, nuevos sables” (Shin shintô), abarcando desde finales del siglo XVIII hasta 1876, momento en que se prohíbe portar nihontô según el decreto haitôrei.
  • Gendaitô: Todos los sables posteriores a la Restauración Meiji (1868), en especial al edicto haitôrei (1876), son considerados “sables modernos” o gendaitô. Hasta 1899, los métodos de forja no cambiaron, variando sólo las monturas acordes con los nuevos gustos occidentales. Sin embargo, a partir de finales del siglo XIX, se empezaron a fabricar sables en masa para las fuerzas armadas niponas, utilizando métodos de fundición modernos y maquinaria eléctrica. Durante esta época hablaremos de guntô como sables que no pueden ser considerados nihontô debido a las malas calidades inherentes de su fabricación en masa, y de gendaitô, como sables forjados por herederos de antiguas escuelas que siguen utilizando los métodos tradicionales.

Chôkutô perteneciente al Shôshô-in.

Llegados a este punto, surge la pregunta: ¿cuál es el prototipo de nihontô que debemos considerar “el alma de Japón”? Desde luego, es una pregunta de difícil respuesta, ya que todos y cada uno de los sables japoneses guardan una estrecha relación con la historia de la nación nipona. Sin embargo, vamos a destacar tres ejemplos, un chokutô, un tachi suriage y una katana, que gozan de las suficientes garantías como para considerarse tanto emblemas nacionales, como paradigmas del nihontô.

  1. La espada de Shôtoku Taishi, llamada hokuto shichisei chokutô / shichijôken (espada de la constelación de las siete estrellas), debido a unos grabados en oro (kin zôgan horimono) representando varios motivos decorativos, destacando entre ellos la constelación de la Osa Mayor, compuesta de sus 7 estrellas. Pese a no existir un consenso científico sobre si era esta una de las espadas del príncipe Shôtoku, no hay ninguna duda de que utilizaría una muy similar. En la ciudad de Nara, el Shôshô-in custodia y exhibe los tesoros que se encontraron en los cimientos del templo Tôdaiji, que alberga el Gran Buda de Nara. Entre varios objetos artísticos de gran relevancia de los siglos VII al IX, existen diez espadas, todas ellas chôkutô con decoraciones de grabados en oro. De entre ellas, dos cuentan con la decoración de la constelación, siendo la denominada kuretake no saya no goyôtô la que posiblemente perteneciera a Shôtoku Taishi. Nos encontramos ante uno de los primeros nihontô, forjado con los métodos de horno tátara y acero tamahagane, de una gran calidad técnica visible en el grano de la hoja y en su línea de temple de tipo recto o sugu-ha hamon. Esta espada reúne en sí misma una relación directa con la época y la persona que utilizó por primera vez el nombre Nihon/Nippon, y además contempla todos los procedimientos tradicionales de forja. Pese a tratarse de un arma recta y dentro de la clasificación Jokotô, se trata sin duda de un importantísimo nihontô.

Tachi suriage Nakatsukasa Masamune kinzôgan mei.

  1. Honjô Masamune: Una buena forma de no equivocarnos si queremos localizar un nihontô de calidad, es dirigirnos a la obras del periodo Kotô, y buscar entre una de las cinco grandes escuelas de forja (Gokaden): Bizen, Shôshû, Yamato, Yamashiro y Mino. Dentro de este periodo, activo entre finales del Periodo Kamakura y principios del Periodo Nambokuchô, encontramos a Goro Nyûdô Masamune, considerado por muchos especialistas como el mejor forjador de la historia japonesa. Masamune procede de la tradición Shôshû, aunque se sabe que también tuvo contacto y estudió las otras tradiciones, en especial la de Bizen. Su merecida fama vino marcada gracias al cuidado que tenía en el proceso de selección de la materia prima. También consiguió desarrollar de forma satisfactoria el atemperado de las hojas a temperaturas más altas, algo que nadie antes había realizado. Sus obras de arte eran tan reconocibles que no precisaban de firma para su autentificación, algo que es de gran ayuda puesto que pocas obras han llegado con la firma original de Masamune. Puede que esto fuera debido a la gran confianza que tenía el artista en su obra, pero lo cierto es que la mayoría de las firmas originales se fueron perdiendo a medida que sus nihontô sufrían el proceso denominado suriage. Los sables de Masamune se hicieron bajo la tipología de tachi, con marcada curvatura y gran longitud, como lo requerían las condiciones de la época. Sin embargo, debido a la gran fama de sus hojas, muchos samurái quisieron utilizarlas en los siglos venideros, teniendo que adaptarlas a las formas batalla de cada tiempo. Para lograr esto se acortaba la hoja por la zona inferior, perdiéndose la parte donde podría conservarse la firma del artista, este es el proceso denominado suriage al cual se sometieron muchos nihontô del periodo Kotô. Para paliar la pérdida de la firma original, tasadores de hojas como la familia Hon’ami, reproducían la firma del artista utilizando caracteres dorados (kinzôgan mei). Pero la importancia de este sable no reside sólo en su gran calidad artística, sino en su historia. Este nihontô fue utilizado en una de las batallas del Periodo Sengoku por Tozenji Umanosuke para combatir contra Honjô Echizen no Kami Shigenaga. Umanosuke corto el casco de Shigenaga en dos con un golpe, sin embargo, Shigenaga supo recomponerse y venció a su rival apoderándose de su sable, el cual pasó a llamarse Honjô Masamune, en honor de su captor. Este nihontô pasó por las manos de importantes daimyô, inclusive por las de Toyotomi Hideyoshi, para recabar entre las pertenencias de Tokugawa Ieyasu. A partir de ese momento este sable se convirtió en una de las piezas que pasaban de shôgun a shôgun, como un bien hereditario de carácter casi sagrado que autentificaba la legitimidad sucesoria de su poseedor. Desgraciadamente, tras la Segunda Guerra Mundial se perdió la pista de este Tesoro Nacional, siendo probablemente víctima del expolio que llevaron a cabo soldados norteamericanos. Desde luego, este es el paradigma del nihontô, un tachi forjado por uno de los mejores artistas, acortado para convertirlo en katana y servir a la familia más poderosa de la historia japonesa.
  2. Katana de Suishinshi Masahide (1789) con koshirae estilo Mino – Gotô: Este sable no fue un tachi recortado, nació de la forja como una katana, el modelo más reconocible y popular de un nihontô desde el siglo XVI hasta la actualidad. Suishinshi Masahide (1750-1825) se dio cuenta que durante el Periodo Edo los sables Shintô habían ido descuidando sus facciones técnicas en favor de la estética, creando hojas tremendamente bellas con hamon barrocos y complejos, pero muy endebles. Masahide viajó por Japón, investigando y recogiendo varios casos de nihontô que en diversas situaciones: combate, caídas/tropiezos, pruebas de corte… se habían quebrado en dos o más pedazos. Al mismo tiempo comprobó cómo los sables Kotô, pese a su antigüedad, aguantaban todas las inclemencias y adversidades que se les presentasen. Es por esto que Masahide hace una llamada al orden, encabezando un retorno a los modos de forjar del periodo Kotô y de las Cinco Escuelas Gokaden, este cambio se conocerá como el inicio del periodo Shin shintô de los sables japoneses. De entre los antiguos forjadores, Masahide valoraba especialmente a Masamune, de hecho, en una de sus hojas, forjada en 1791, podemos leer en su espiga la siguiente firma: “Hoja forjada por Masahide en la tradición de Goro Nyûdô Masamune, que ha llegado a través de su descendiente Minamoto Tsunahiro”. Pero no he escogido esta pieza sólo por su relación con Masamune, sino por algo que hasta ahora no hemos tenido en cuenta y que cobra una gran importancia en el conjunto del nihontô: el koshirae o montura. A lo largo de la historia, las monturas de los sables determinan la época, la posición de sus propietarios, la moda de cada tiempo…Algunas de las piezas que encontramos en la montura de los nihontô, como la tsuba (guarda) o el kôgai (horquilla para el pelo), incluso llegarán a superar en valor a las propias hojas del sable. Si pensamos en un sable japonés, la montura prototípica que nos viene a la mente es la del daishô koshirae con la que cuenta este nihontô. Todas las piezas de la montura: habaki, tsuba, fuchi, kozuka, kôgai, menuki y kashira, están realizadas siguiendo los patrones de la escuela de orfebres más famosa del Periodo Edo, la familia Gotô (1440-1904). Los kinkô y tsubakô del área de Mino, tomaron influencias de esta escuela y realizaron algunas de las piezas más ricas y más reproducidas en nihontô durante los siglos XVIII y XIX. Todo esto convierte a esta pieza en una perfecta muestra de nihontô.

Katana de Suishinshi Masahide con Gotô-Mino koshirae.

El nihontô no es sólo un arma, es una obra de arte en sí misma, e incluso más, es un conjunto de obras de arte, cada una fruto de diferentes artistas formados en escuelas que se remontan a los inicios de la historia nipona. Cada uno de los tipos de espadas y sables que hemos tratado, están impregnados de la propia historia de Japón, evolucionando con ella, tanto en aspecto práctico y militar como en el estético y artístico. Es por esto que sin lugar a duda podemos decir que el nihontô no sólo está impregnado del alma de los samurái que lo utilizaron, sino de toda la nación japonesa.

Para saber más:

avatar Marcos Sala (3 Posts)

Licenciado y Doctorando en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, con la tesis “Lugares en el metal: tsuba y tsuka. Monturas de sables japoneses en colecciones españolas”. Posee el Diploma de Estudios Avanzados, el Título de Aptitud Pedagógica y ha alcanzado muy importantes reconocimientos en el mundo del iaidô. Es miembro del Grupo de Investigación Asia.


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