Revista Ecos de Asia

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Presencia de Asia en la Universidad de Oviedo: Jornadas de Historia del Arte Japonés

Por primera vez en muchos años, el arte asiático ha tenido un hueco en la Universidad de Oviedo, algo que casi no se veía debido a que no existe una asignatura en el grado de Historia del Arte en la que se imparta arte asiático. En esta ocasión, han sido las Jornadas de Historia del Arte Japonés, llevadas a cabo los días 3, 4 y 5 de abril, las que han traído algo relacionado con Asia a la universidad ovetense.

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Cartel y programa de las Jornadas de Historia del Arte Japonés. Los kanji que se encuentran debajo del título se leen geijutsu, que se podría traducir como “arte”. En este caso, se ha elegido la manera de escribir antigua, es decir, 藝術en vez de 芸術, que es como se escribe actualmente.

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Imagen de la doctora Yayoi Kawamura en 2016.

Estas jornadas han sido dirigidas por la doctora Yayoi Kawamura y por su doctorando José Blanco Perales. Ambos son expertos en cuanto a arte japonés se refiere, estando especializada la primera en, sobre todo, el arte de la laca urushi, algo que esta revista ha tratado en numerosas ocasiones,[1] y que será el próximo protagonista de la XVI Semana Cultural Japonesa de Zaragoza; y el segundo en la pintura nipona, tema del que versa su tesis doctoral.[2] Además, los alumnos de tercero del Grado de Historia del Arte también han colaborado en el proceso previo a las jornadas.

En los tres días que duró este evento, los asistentes han podido disfrutar diferentes clases magistrales en las que Yayoi Kawamura y José Blanco han intentado explicar los rasgos esenciales del arte japonés. Esto se ha llevado a cabo en el aula 25 del Edificio Departamental (25D) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo.

Su intención era generar una idea simple de lo que es la historia del arte japonés, ya que en tan solo tres días no se podía hacer mucho más. De todos modos, han sido tres exposiciones intensas con las que ambos han despertado el interés tanto de los más neófitos como de los más expertos que han acudido a ellas. Por lo tanto, han cumplido perfectamente con lo que se proponían y, por ello, se espera que en los años sucesivos se sigan celebrando dichas jornadas.

El primer día el programa era: “Introducción: historia de Japón y rasgos esenciales de su arte”, “Budismo Zen y arte: caligrafía y sumi-e” y “Arte de la jardinería: de los palacios y de los monasterios Zen”. Siguiendo este esquema, la doctora Kawamura explicó, brevemente, la periodización nipona, así como los acontecimientos más importantes que ocurrieron en cada época; además, entregó a cada asistente una hoja a modo de resumen de los diferentes períodos para que se pudiese consultar en caso de duda. También explicó, brevemente, los elementos esenciales en los que se basa el arte japonés, como pueden ser lo efímero, la asimetría y la preponderancia a la naturaleza y a lo sencillo.

Tras esta breve intervención, el doctorando José Blanco resumió, magistralmente, los rasgos más importantes de la pintura Zen. Así, para que el público más neófito lo pudiese comprender, sintetizó la historia del Budismo desde su surgimiento hasta la llegada a Japón, así como las diferentes corrientes y pensamientos que se originaron en el archipiélago nipón.

Una vez dada la base del Zen, mostró una serie de pinturas en donde se representa este tipo de Budismo. Así, trató tanto los temas representados más importantes, como la representación de la naturaleza, de los bodhisattva[3] o de personas importantes del momento (maestros, principalmente, y algún que otro samurái destacado); y, también, los aspectos más destacados de la iconografía, como el simbolismo del agua, de las montañas o, simplemente, de la nada.

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Paisaje de invierno y Paisaje de otoño, Sesshû Tôyô.

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Paisaje con tinta rota, Sesshû Tôyô.

Todo esto lo realizó mientras mostraba y explicaba algunos pintores destacados como Sesshû Tôyô (1420-1506), uno de los máximos representantes de la pintura sumi-e, una técnica monocromática realizada con tinta. Esta tinta, que normalmente es llamada “tinta china”, se produce con hollín amalgamado con resina y cola.

Esta obra es la más conocida de Sesshû Tôyô. Se trata de un rollo vertical al que se le denomina Haboku-sansui (Paisaje con tinta rota) y que está realizado mediante la técnica “tinta derramada” o “tinta rota”. Esta práctica ha de ser realizada con una gran pericia y maestría, ya que se hace aplicando la tinta directamente sobre la superficie sobre la que se quiere dibujar (normalmente papel o seda) empuñando un pincel mediano y grueso. Se trata de una de las técnicas de tinta más representativas de la pintura Zen.

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Autorretrato, Sesshû Tôyô.

La última exposición de este día fue llevada a cabo por Yayoi Kawamura. La doctora hizo una rápida pero minuciosa explicación de la jardinería nipona. Así, comenzó con la introducción del agua en los palacios de estilo shinden,[4] y prosiguió con los maravillosos jardines que se habían mandado construir en torno al Kinkaku-ji, donde la naturaleza se encontraba domesticada.

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Reconstrucción de un palacio de estilo shinden.

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Después prosiguió con otro tipo de jardines donde el Zen es el elemento predominante. Ya incluso en el Ginkaku-ji se puede ver cómo los parámetros se van alejando de sus predecesores, ya que en dicha construcción se insertan dos jardines, uno similar al de su hermano, el Kinkaku-ji, y otro completamente diferente, donde la graba, la arena y un montículo troncopiramidal son los protagonistas.

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Jardín de estilo Zen del Gaikaku-ji (Pabellón de Plata), hacia 1474.

Tras ello, la doctora Kawamura mostró una gran cantidad de templos y monasterios budistas donde se encontraban este tipo de jardines, los cuales estaban dominados por la abstracción y la sencillez. La razón de estas características es que incitaban a la meditación de los monjes, ayudándoles a dejar la mente en blanco.

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Jardín del monasterio Daisen-in, construido entre 1509 y 1513.

La profesora Kawamura llegó incluso a decir que la abstracción nació en Japón en torno al siglo XVI, puesto que estos jardines se podían comparar con cualquier obra abstracta. De hecho, la doctora llegó a comparar estas obras con el Land Art[5] de Robert Smithson (1938-1973) conocido como Spiral Jetty, ya que la doma de la naturaleza para crear arte es algo que se hacía en Japón desde finales del siglo XV. Con dicha comparación terminaron las primeras clases magistrales de estas jornadas.

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Jardín de Ryôan-ji, templo construido en torno a 1488.

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Spiral Jetty, Robert Smithson, 1970.

El segundo día de las jornadas los temas eran: “Arte en torno a la ceremonia del té: concepto de wabi-sabi en la sala del té y los utensilios (cerámica y laca)” y “Pintura yamato-e y grandes maestros: desde el emaki hasta los biombos”. El primero de los dos temas fue explicado por Yayoi Kawamura, quien incluso trajo un propio set con el que se podría celebrar la ceremonia del té.

Comenzó su exposición con la lectura de un breve pasaje del libro Zen en el arte del tiro con arco, del doctor Eugen Herrigel; y, tras ello, mostró los diferentes elementos que son necesarios en una ceremonia del té: un calentador a base de carbón vegetal que se sitúa en un hueco del suelo de la casa de té, una especie de cazo de bambú con el que coger el agua, un cuenco de cerámica donde se sirve el té caliente, una cucharilla de bambú para echar los polvos de té en el cuenco y un pequeño batidor, también de bambú, que se utiliza para mezclar.

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Una ceremonia del té.

Tras esta pequeña explicación, la doctora Kawamura resumió la llegada de la ceremonia del té (cha-no-yu, “agua caliente para el té”), e incluso de la propia planta del té, al archipiélago nipón. Asimismo, mostró el camino del té que se formó en Japón en el siglo XVI con Sen no Rikyû (1522-1591), en donde se cambió la ostentosidad de la ceremonia china, donde la laca y la porcelana eran elementos esenciales, a buscar la belleza en la imperfección, lo sencillo, lo mínimo y lo natural, es decir, al wabi-sabi,

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Pabellón de la Casa de té Omote Senke; en la imagen se puede observar el camino de piedras, el pequeño jardín domesticado y la puerta que da acceso al interior.

También mostró todo el proceso de la ceremonia del té japonesa. Este consistía en entrar a la parcela a través de un camino de piedras que ya señalan que esta ceremonia es un proceso consciente, al mismo tiempo que se contempla un pequeño jardín, conocido como roji (“camino del rocío”), el cual presenta a la naturaleza domesticada. Tras este camino, se llega a la entrada de la casa de té, un pequeño hueco en el que los invitados han de arrodillarse e inclinarse para poder entrar, teniendo que hacer un acto de humillación, ya que dentro de la casa todos son iguales, incluyéndose los samuráis, nobles, campesinos y gobernantes. Dentro del pequeño habitáculo, se lleva a cabo la ceremonia del té, un proceso en el que apenas se habla, sino que se piensa, se contempla el tokonoma, donde puede haber un kakemono o un ikebana, se come un dulce y se toma el té, bebiendo todos del mismo cuenco. Tras este proceso, se abandona la casa de té y, por lo tanto, se da por finalizada la ceremonia.

Tras la explicación de la ceremonia del té, Yayoi Kawamura explicó la arquitectura de estilo sukiya en la que se basan las casas de té, un tipo de construcción en donde lo simple, lo irregular y la naturaleza son los elementos dominantes, y, también, los elementos que se usan durante la ceremonia del té, es decir, la cerámica y la laca.

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Cuencos de té de las escuelas Raku (izquierda) y Hagi (derecha).

Así, pasó una serie de imágenes donde se podían ver diferentes escuelas de cerámica nipona que se dedicaban a la producción de cuencos para la ceremonia del té, y objetos lacados que son usados como plato de los dulces que comen los invitados y como recipiente para guardar los polvos de té.

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Platos lacados donde se serviría un dulce y recipiente en el que se encontrarían los polvos de té.

Tras la exposición de Yayoi Kawamura, le tocó el turno a José Blanco, quien explicó, con mucho esfuerzo, la historia de la pintura japonesa desde el período Nara (710-794) hasta el Azuchi-Momoyama (1573-1603/1615). Primero explicó los diferentes elementos que se usan en la pintura japonesa, como el kakemono,[6] el abanico, el álbum,[7] el emaki,[8] el fusuma,[9] y el biombo.

De este modo, trató de explicar la pintura desde el primer emaki conservado, Sutra de la causa y el efecto hasta los emaki y biombos de finales del período Momoyama. Para ello, explicó los diferentes estilos y técnicas que se utilizaron a lo largo de la historia, como puede ser el caso del estilo Onna-e (“pintura de mujer”, aunque no era pintada por mujeres), donde las figuras son inexpresivas y las líneas son muy anguladas, y el Otoko-e (“pintura de hombre”), estilo con figuras dramatizadas, colores planos y pincelada caligráfica; aunque en ambas existe la superposición de planos para marcar la profundidad. También, por supuesto, el intento de unión de los dos estilos anteriores en el yamato-e.

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Ejemplo de la pintura Onna-e (izquierda) y Otoko-e (derecha).

Finalmente, terminó hablando de la escuela Tosa, fundada por Tosa Mitsunobu (1434-1535, y de la escuela Kanô, fundada por Kanô Masanobu (1434-1530). La primera tendrá el monopolio de la familia imperial durante dos generaciones y revitalizará el estilo Onna-e, manteniendo la tradición pero introduciendo dos elementos clave: las nubes, para narrar mejor las escenas, y el oro. En cuanto a la segunda, será la mayor escuela de pintura japonesa de toda la historia, pues se convertirán en una especie de Academia, similar a la que hubo en los países europeos, e impondrá la manera de pintar durante muchos siglos. Se caracteriza, principalmente, por crear el estilo Kachoga (“pintura de flores y pájaros”), el cual los miembros de la escuela Kanô dicen que es completamente nuevo y japonés, pero que realmente toma elementos de la pintura china.[10]

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Pintura de Tosa Mitsunobu.

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Pintura de Kanô Masanobu.

Pero la historia de la pintura nipona no terminó aquí, pues el tercer y último día de las jornadas, el profesor José Blanco continuó con el tema bajo el nombre de “Pintura y grabao ukiyo-e y Japonismo”, aunque la segunda parte, la del Japonismo, no le dio tiempo a explicarla.

Así, continuó hablando sobre la escuela Kanô hasta llegar al pintor Kanô Eitoku, quien creó el estilo de pintura azul y dorado. Su nuevo estilo conlleva la reducción de los motivos decorativos, la simplificación de las imágenes y el aumento de volumen de los elementos que aparecen en cada cuadro; todo esto fue debido a la gran cantidad de demanda que tuvieron sus obras.

También trató a parte a Hasegawa Tôhaku, un pintor que estudió en la escuela Kanô pero que crea un nuevo estilo diferente con el que competirá contra los miembros de la escuela. Las características de su nuevo estilo fueron el uso del primer plano y la muestra de la naturaleza como único protagonista a escala real. Tras su muerte, la escuela Kanô integrará este estilo entre sus enseñanzas.

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El gran ciprés, de Kanô Eitoku, hacia 1590.

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Shorin-zu-byôbu, de Hasegawa Tôhaku.

Tras estos dos autores, se metió de llenó en el período Edo o Tokugawa (1603/1615-1868) y habló de dos escuelas principales de pintura. La primera fue la escuela Rinpa, la cual no era una escuela exactamente, sino que fueron un conjunto de artistas, de diferentes momentos, que reivindicaron el papel de un artista anterior. De este modo, los creadores fueron Tawaraya Sôtatsu y Hon’ami Kôetsu, un pintor y un calígrafo que revivieron la pintura del período Heian. Más tarde, Ogata Kôrin (1657-1716) reivindicaría su arte, igual que Sakai Hôitsu (1761-1828) reivindicaría el suyo. Sería este último quien asienta las bases del estilo, al pintar sobre lámina de plata en vez de oro y por centrarse en la repetición de elementos de la naturaleza, en donde se puede ver una clara influencia holandesa, la cual llegaba a Japón mediante la isla artificial de Deshima o Dejima.

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Pintura de Tawaraya Sôtatsu y Hon’ami Koetsu.

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Cuadro de Sakai Hôitsu.

Posteriormente, José Blanco trató el ukiyo-e, aunque de manera muy resumida debido a la falta de tiempo. Así, mencionó los motivos principales de este género y sus principales autores, desde Hishikawa Marunobu hasta Katsushika Hokusai y Utagawa Hiroshige (seudónimo artístico de Andô Tokutarô, también conocido como Andô Hiroshige). También mencionó el proceso con el que llegaron estas obras a Europa, especialmente a Francia: los objetos de laca que exportaban los holandeses estaban envueltos en xilografías de ukiyo-e, siendo este el medio por el que llegaron a Occidente.

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Ducha de lluvia en Shôno, de Utagawa Hiroshige.

La última conferencia fue “Arquitectura japonesa y su influencia en la arquitectura contemporánea” y fue expuesta por la doctora Kawamura. En ella comparó la arquitectura tradicional japonesa, la cual se basa en el uso del adobe, la madera, el papel, el bambú, el junco y la paja. Para ello, tomó el templo Hôryû-ji, del siglo VII, y el palacio de Katsura, del siglo XVII, siendo el primero el máximo exponente de la arquitectura tradicional budista, y el segundo el esplendor del estilo sukiya, el estilo sencillo que se podía ver en las casas de té.

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Hôryû-ji, siglo VII.

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Palacio de Katsura y Palacio de Versalles, ambos del siglo XVII.

Tras esta explicación de la arquitectura tradicional y la lectura de un pasaje de El elogio de la sombra, de Jun’ichirô Tanizaki, la profesora trató de explicar el reflejo que todos los elementos que se encuentran dentro de la estética nipona han producido en la arquitectura contemporánea. Así, mostró ejemplos de Frank Lloyd Wright, Alvar Aalto, Alberto Campo Baeza y John Pawson, entre otros, viéndose en todos ellos que elementos habían tomado de la arquitectura japonesa.

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John Pens House, de Frank Lloyd Wright, 1939-1940, y Casa del Infinito, de Alberto Campo Baeza, 1991-1992.

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Villa Mairea, de Alvar Aalto, 1938, y Baron House, de John Pawson, 2003-2005.

Finalmente, la profesora nos invitó a visitar el Memorial Walter Benjamin, de Dani Karavan, para poder visualizar y entender que el espíritu Zen es tomado para realizar todo este tipo de construcciones minimalistas. Con dicha obra, terminaron las Jornadas de Historia del Arte Japonés, un evento imprescindible para cualquier neófito, e incluso experto, que quiera comprender, un poco más, de la cultura japonesa y de su reflejo en el mundo actual; por ello, sería un placer que se volviesen a celebrar el próximo año.

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Memorial Walter Benjamin, de Dani Karavan, 1994.

Notas:

[1] La laca japonesa urushi I: definición, elaboración y técnicas, La laca japonesa urushi II: historia de la laca urushi, desde el Período Jômon hasta el Período Taishô, La laca japonesa urushi III: la laca urushi en el siglo XX, Períodos Taishô y Shôwa, Asia y Europa, dos continentes conectados mediante el comercio de obras artísticas: laca japonesa y su atracción en Occidente y Artes para la exportación: lacas namban.

[2] El título de su tesis es “La creación de un nuevo estilo pictórico transcultural en Japón: Namban Kaiga. Las representaciones de mártires en el Japón del siglo XVII”.

[3] Es el término empleado para referirse a las personas, monjes normalmente, que se dedican a obtener la iluminación, pero para ello ayudan a otras personas a unirse con los absoluto.

[4] Estilo arquitectónico en los que se basaban los palacios de la aristocracia del período Heian (794-1185).

[5] Corriente artística en la que la naturaleza y el arte se unen para crear una obra de arte, utilizando la propia naturaleza como material.

[6] El kakemono es un rollo de pintura vertical que se cuelga de la pared. Presenta una superficie de papel sobre la que se pinta y que cuenta con un marco de seda; además, del marco salen dos especies de asas de seda que, de manera decorativa, unen el marco con la parte superior. Detrás, presenta un papel más resistente y un cilindro en la parte inferior para separar la pintura de la pared (para que no coja humedad) y para que sea más fácil enrollar el cuadro, ya que éstos iban variando según el momento o los acontecimientos del año.

[7] Un álbum japonés es similar al occidental. La diferencia radica en que una hoja del álbum presenta el dibujo, y la otra un poema referente al dibujo anterior.

[8] Un emaki se trata de un rollo de papel que cuenta con una longitud infinita. Esto es porque el papel se va adhiriendo a otro papel que forma parte del rollo, por lo que la extensión de un emaki es muy variable; en la parte posterior se halla una hoja más flexible y resistente, igual que en el caso del kakemono. Hay que tener en cuenta que en este soporte aparecen tanto textos, normalmente poemas, como pinturas, y que la forma de leerlo es de treinta en treinta centímetros.

[9] El término fusuma hace referencia a las paredes correderas japonesas, en las cuales también se pintaba.

[10] No se sabe con exactitud de donde proviene esta influencia, aunque se cree que podría venir de la pintura que se realizó durante la época Ming, o de las pinturas chinas y Zen en donde se reflejaban los diferentes paraísos budistas.

avatar Daniel Rodríguez (45 Posts)

Graduado en Historia del Arte en la Universidad de Oviedo y con un Máster Universitario en Estudios en Asia Oriental cursado en la Universidad de Salamanca, ha trabajado para el Museo Arqueológico de Asturias, la sala de exposiciones Laudeo, la Universidad de Salamanca y Satori Ediciones. Actualmente se encuentra estudiando el Máster Universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional en la Universidad de Oviedo.


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