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This article was written on 05 Abr 2018, and is filled under Cine y TV, Crítica.

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Yoji Yamada vuelve a la cartelera española con “Verano de una familia de Tokio”

El director Yoji Yamada vuelve a estrenar nueva película en los cines españoles. Yamada ha estado muy presente en nuestras pantallas estos últimos años, desde Una familia de Tokio (2013), con la que llegó a ganar la Espiga de Oro en la SEMINCI de Valladolid, pasando por la discreta La casa del tejado rojo (2014) y Nagasaki: Recuerdos de mi hijo (2015), hasta el éxito de Maravillosa familia de Tokio (2016) en su paso por salas la pasada primavera, ahora nos llega la secuela directa de esta saga familiar, bajo el título de Verano de una familia de Tokio, mientras en Japón prosigue el rodaje de una nueva continuación.[1]

En esta entrega, los Hirata se enfrentan a nuevos conflictos familiares. Si en Maravillosa familia de Tokio la abuela, Tomiko, escandalizaba a toda la familia ante la petición de divorcio como regalo de cumpleaños, en esta ocasión será Shuzo, el abuelo, quien protagonice las tribulaciones y quebraderos de cabeza de sus hijos al no querer renunciar al carnet de conducir, mientras ella cumple uno de sus sueños visitando Noruega para contemplar las auroras boreales.

Partiendo de esta premisa, Yamada desarrolla una comedia ágil, aunque algo más contenida que en la entrega anterior. El slapstick y el humor más básico se ven ligeramente reducidos en esta secuela por un componente argumental dramático que supone un pilar importante de la película, pero que en ocasiones limita las posibilidades cómicas. Aunque Yamada no tiene problemas en desarrollar gags de lo más naturales con temas delicados, sí es cierto que el tono moderado tiene más que ver con el mensaje que busca transmitir en la película.

Verano de una familia de Tokio es una obra sobre la ancianidad, y sobre cómo los ancianos encajan en la estructura familiar y social japonesa. Aunque su principal valor es la comedia, ello no le impide incluir una cierta crítica social, que no se dirige en particular a ninguno de los agentes implicados, pero sí avanza en la sensibilización de la población.

Para subrayar estos temas, Yoji Yamada introduce algunos elementos que no constituyen más que detalles en la trama, pero que permiten enfocar y potenciar esa sensibilización. Quizás el ejemplo más evidente en este sentido sea la profesión de Noriko: de entregas anteriores ya conocemos que es enfermera, pero en esta película podemos acompañarla en un par de ocasiones en su trabajo, para comprobar que se encuentra en un área de geriatría.

Además, merece la pena destacar también la adhesión de Yoji Yamada a las nuevas tecnologías. A pesar de su avanzada edad, que sugeriría una posición más conservadora, Yamada integra a la perfección los servicios móviles de mensajería instantánea, tan cotidianos en nuestra sociedad, otorgándoles valores narrativos y expresivos propios, lo que enriquece la manera de construir el relato.

Pero si por algo destaca Verano de una familia de Tokio es por su capacidad para, de una manera distendida, poner el acento en un problema grave y acuciante que afecta a la sociedad japonesa en particular, pero que es válido universalmente, y lograr hacerlo sin perder un ápice de hilaridad, manteniendo el tono de Maravillosa familia de Tokio.

En la misma línea, compartiendo ese idéntico espíritu de su antecesora, Verano de una familia de Tokio confirma las amplias posibilidades y niveles de lectura que puede abarcar el cine. Se trata de una película hecha con gran cariño y cuidado, en la que Yoji Yamada pone de manifiesto sus capacidades como cineasta (logrando algunos planos de singular belleza), desarrolla un humor fresco y muy blanco, cuya universalidad constituye otra de las claves del éxito de la saga, y todavía tiene espacio para tratar temas trascendentales y ofrecer su perspectiva sobre ellos.

 

Notas:

[1] El proyecto en curso supondrá la tercera parte de la saga Kazoku wa tsuraiyo (integrada, de momento, por Maravillosa familia de Tokio y Verano de una familia de Tokio), aunque será la cuarta entrega de los avatares de la familia Hirata que se iniciaron en Una familia de Tokio, en la que Yoji Yamada revisitaba la obra clásica Cuentos de Tokio, del maestro Yasujiro Ozu.

avatar Carolina Plou Anadón (189 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, prepara una tesis doctoral sobre fotografía japonesa. Autora del libro “Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón”.


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