Revista Ecos de Asia

El género del yaoi en España I: historia e introducción al género BL

Todo aquel que forme parte del universo otaku conoce la existencia del género yaoi, pero no es la temática a la que la gente le dedica más atención. Realmente, es un género bastante desconocido, pues, a pesar de que existan muchos fujoshi y fundashi,[1] son pocos los que conocen la historia o la importancia que ha tenido dicho género en la historia del manga en Japón, e incluso en España. Por ello se ha creado esta serie, para estudiar el impacto que ha tenido el BL (Boys’ Love)[2] en la sociedad hispana; y, para ello, se analizarán los mangas de esta temática que se han ido publicado en España por las diferentes editoriales, dedicando un artículo a cada una de ellas. Así, tras este primer escrito introductorio, se realizará un estudio sobre el yaoi dentro de Ediciones Glénat, actual Editores de Tebeos, y a ésta le continuarán otras editoriales españolas hasta finalizar con Nowevolution, Ave Fénix Cómics, Ediciones Babylon…, editoriales que impulsan a los mangaka hispanos.

El yaoi no nace como género literario hasta el último tercio del siglo XX, pero es posible que la existencia de este género se base en la elaboración de grabados japoneses homoeróticos durante el Período Edo o Tokugawa (1600/1603-1868). La estampa homoerótica es una temática dentro del ukiyo-e, término que puede traducirse como “pinturas del mundo ligero y transitorio” o “pinturas del mundo flotante”. Dicha palabra es usada para designar a los grabados en madera realizados entre los siglos XVII y XX en Japón. Dentro de estos grabados, existe el género o tipología del shunga, término traducido como “pinturas de primavera”, aunque también se usan habitualmente otras palabras como makura-e, “imágenes de almohada” o higa, “imágenes secretas”,[3] y que hace referencia a las representaciones eróticas que se realizaron durante el shôgunato Tokugawa con el objetivo de estimular sexualmente a los clientes, satisfaciendo sus deseos y necesidades.

Pero a pesar de que el shunga no existió hasta el siglo XVIII, el arte erótico existe en Japón desde el período Kamakura (1185-1333), aunque se cree que son más tratados medicinales que eróticos en el propio sentido de la palabra. Así, se encuentra el libro Kokon Chomon-jū, publicado en 1254, en cuyo volumen once aparecen hombre con falos de grandes proporciones; y en 1270 hubo una competición de donde salieron ganadores dos rollos de pintura (emakimono), el Yobutsu Kurabe y el He-Gassen. El primero de ellos, traducido al español como “lucha fálica”, representa a los hombres más fuertes de Japón compitiendo por su potencia sexual; y el segundo, traducido como “batalla fétida”, es una pintura en donde aparece una lucha de flatulencias. Esto dos rollos se enmarcan bajo el término de kachi-e,[4] “pinturas victoriosas”, y no se relacionan con el shunga de manera directa, pues se cree que eran representaciones anatómicas.

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Copia del Yobutsu kurabe.

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Copia del He-Gassen.

Como se puede ver, en muchos casos no se trata de representaciones eróticas, sino medicinales, anatómicas o simbólicas. No fue hasta el período Tokugawa que se empezaron a utilizar estas imágenes con verdaderos fines sexuales. La utilización de estas imágenes, como muchos casos anteriores, provenía de China, donde este tipo de representaciones existían desde la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.). A pesar de su larga existencia en el reino del medio, las imágenes que llegaron a Japón provienen de la dinastía Ming (1368-1644), y eran conocidas como chunchua, lo que en japonés se denominaría shunga desde el período Muromachi.

Ejemplo de un álbum de shunga: Historias de samuráis, Miyagawa Chôshun (1683-1753), hacia 1750.

Ejemplo de un álbum de shunga: Historias de samuráis, Miyagawa Chôshun (1683-1753), hacia 1750.

La popularización que tuvo este arte durante el siglo XVI fue lo que acabó dando lugar a los shunga emaki. Aunque los emaki ya existían desde el siglo XII, no eran empleados como objetos de estimulación sexual, excepto en los círculos de la nobleza y del clero. Debido a que en el siglo XVI, por orden de Oda Nobunaga y de Toyotomi Hideyoshi, se concentraron las producciones artísticas en las ciudades de Kioto, Osaka y Edo, el emaki erótico del que disponían la nobleza y el clero se dio a conocer a los nuevos habitantes de las ciudades, provocando una expansión de la pintura de rollo que se acabó llamando, en los ámbitos populares, shunga emaki. La popularidad de este tipo de pinturas provocó que la clase comerciante crease nuevas tipologías para satisfacer las demandas de los clientes, quienes se pasaban a comprarlas a los barrios del placer. Estas nuevas tipologías fueron el makura-e, el warai-e y el higa, tipologías de las que se tratará en otro artículo independiente a esta serie. Hay estudiosos que advierten que la publicación de estas imágenes en álbumes, contando historias en algunos casos, son los precedentes de los géneros hentai, yaoi y yuri, aunque, como se verá a continuación, no hay pruebas fehacientes de ello.

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Ejemplo de un álbum de shunga: Historias de samuráis, Miyagawa Isshô (1689-1752), hacia 1750.

Volviendo ahora al yaoi, habría que hablar que hablar del propio género. En primer lugar, hay que decir que la palabra yaoi es un acrónimo de yama-nashi (“sin clímax”), ochi-nashi (“sin conclusión”) e imi-nashi (“sin sentido”), y se usa para referirse a los mangas y anime en donde se muestran relaciones homosexuales entre hombres explícitas; en caso de que estas relaciones no lleguen a tanto, el nombre que reciben es el de shônen-ai (“amor ente chicos”). La contraparte del yaoi es el yuri (“lirio”), mientras que del shônen-ai lo es el shôjo-ai (“amor entre chicas”). El yaoi, por lo tanto, son los mangas y anime protagonizados por parejas de hombres homosexuales y con contenido erótico y sexual. También hay que tener en cuenta que, muchas veces, el término se usa para referirse tanto al propio yaoi como al shônen-ai; y, en este caso, se tratará de ambos géneros bajo el término BL o Boys’ Love. Tampoco se han de confundir el yaoi o el yuri con el hentai.[5]

Los primeros ejemplares de este género aparecieron con el Grupo del Año 24. Se trata de un grupo de mangaka femeninas que revolucionaron los mangas shôjo, y son conocidas como el Grupo del Año 24 o Grupo Magnífico del Año 24 debido a que sus principales representantes nacieron en torno a 1949, el año 24 del período Shôwa (1926-1989). A su vez, este grupo es utilizado para referirse a los dos grupos que operaron en estos años, el Grupo de las Flores del Año 24[6] y el Grupo Posterior al Año 24,[7] ya que ambos son conocidos por examinar temas diferentes a los anteriores, como pueden ser la sexualidad, el género o el feminismo, pues intentaron cambiar el papel de la mujer, quien solía ser ama de casa, y convertirla en una heroína.

De todos modos, ambos grupos fueron imprescindibles para el avance de la mujer dentro del ámbito laboral nipón, pues los dos marcaron la entrada de importantes mujeres al terreno del manga. Desde entonces, el manga para mujeres, es decir, el shôjo y el josei, sería dibujado, principalmente, por mujeres, ya que las lectoras serían niñas y mujeres jóvenes. También fue el momento en el que las revistas shôjo empezaron a publicarse semanalmente.

Fue en este ámbito donde nació el yaoi. Mientras Keiko Takemiya (1950) y Moto Hagio (1949)[8] vivían juntos en Tokio, entre 1970 y 1973, Takemiya conoció a Norie Masayama, un hombre que la convenció para retratar la homosexualidad masculina en su obra. Esto lo hizo mediante la revista Barazoku (1971-2004), inspirando a su compañera Hagio a hacerlo también, iniciándose, así, este subgénero[9] dentro del shôjo.[10] De este modo, Keiko Takemiya y Moto Hagio fueron las primeras mangaka en hacer yaoi; primero realizaron relatos cortos para revistas, pero entre 1974 y 1975, Hagio creó Thoma no shinzô (El corazón de Thomas), la primera historia larga de este género, la cual narraba las aventuras amorosas entre dos chicos de un internado alemán; y le siguió su compañera Takemiya, creando Kaze to ki no uta (La balada del viento y los árboles) en 1976, la primera historia yaoi en la que los protagonistas tenían relaciones sexuales, aunque ninguna de las dos obras citadas anteriormente se trata de una obra ligera.

Primeros tomos de Thoma no shinzô y Kaze to ki no uta en japonés.

Primeros tomos de Thoma no shinzô y Kaze to ki no uta en japonés.

A estas publicaciones se le sumaron los dôjinshi[11] en los años ochenta, pequeñas historietas autopublicadas que, en la mayoría de los casos, son hechas por fans y tan sólo tienen una o dos páginas. Fueron muy importantes para la expansión del yaoi debido a que los dibujantes cogían a los protagonistas de series, normalmente pertenecientes al género para chicos, shônen, y los dibujaban manteniendo relaciones sexuales y/o amorosas con otros hombres, normalmente compañeros del mismo manga. Además, teniendo en cuenta que eran trabajos muy cortos, no tenían que preocuparse por el guion, por lo que los fans eran libres de hacer lo que quisieran. Hay que decir que las y los dibujantes de dôjinshi suelen ser muy criticados por los fans y autores que no están de acuerdo con ellos, pero gracias a ellos se creó el Comiket en 1975.[12] El Comiket es uno de los mayores eventos anuales del mundo del cómic y manga, aunque inicialmente era una oportunidad para que los dôjinshi pudiesen convertirse en mangaka; por ejemplo, Rumiko Takahashi (1957) y el grupo CLAMP (1987) se hicieron famosos en dicho evento.

Poco a poco, las mujeres mangaka siguieron tratando yaoi, expandiéndose, cada vez más, el género por todo Japón. Esto dio como resultado la creación de otras revistas especializadas en este género, además de la ya citada Barozoku, como puedo ser June, en 1978. La publicación en estas revistas suponía una mayor libertad para las autoras, pues tenían un respaldo seguro sobre el que trabajar. Además, la revista June fue un gran apoyo para este género, pues no solo publicaba manga, sino también entrevistas, literatura de ficción, poesía ilustrada, reseñas de películas y fan arts.

Fue también en esta época cuando se establecieron los roles o reglas de los protagonistas; aunque no se trata de algo nuevo en Ecos de Asia, pues ya se ha tratado en otros artículos,[13] se explicarán a continuación. Por un lado, se encuentra el seme, término que proviene del verbo semeru, que se puede traducir por “atacar”, quien suele desempeñar el papel masculino, dominante y racional de la pareja; y, por otro, está el uke, proveniente del verbo uketoru, que significa “recibir”, el personaje afeminado, algo sumiso y emocional. Del mismo modo, en el ámbito sexual también desempeñan el mismo papel, siendo el seme el activo y el uke el pasivo, siendo extraño que se intercambien los papeles.

Además, comenzaron las emisiones de anime y filmes basados en estos mangas. El primer manga en tener anime fue Patalliro!, manga creado en 1978 por Mineo Maya (1953), aunque hay que decir que no se trataba de un manga yaoi, sino que era un manga cómico perteneciente al género shôjo donde los protagonistas son homosexuales. No será hasta 1987 que se emitirá un anime yaoi de verdad; se trata de Kaze to ki no uta, ya mencionado anteriormente, que había sido realizado por Keiko Takemiya. Es cierto que no se emitió como un anime al uso, sino que fue en forma de OVAs,[14] pero es el primero del que se tiene constancia; su contra, en el ámbito del yuri, fue Berusaiyu no Bara, que tuvo un anime de cuarenta capítulos entre 1979 y 1980.

Imágenes del anime Patalliro! y de las OVAs de Kaze to ki no uta.

Imágenes del anime Patalliro! y de las OVAs de Kaze to ki no uta.

En los años siguientes, especialmente durante los noventa, se produjo un boom de revistas y editoriales de este género, habiendo en la actualidad más de veinte revistas, desde mensuales hasta trimestrales, que se dedican tanto a la publicación de manga como de revistas ligeras, aunque hay otras publicaciones, como Margaret, que ofrecen también algunas historias de este género. Este boom fue lo que provocó que el mercado del manga extranjero se interesase por este género, traduciéndolo y publicándolo en sus respectivos países, aunque el resultado no fue el deseado en la mayoría de los casos; como se podrá ver en futuros artículos.

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Sección BL en una librería especializada en manga.

Hay que destacar, también, la aparición de los estudios BL en la década de los ochenta y noventa. Éstos son análisis llevados a cabo en diferentes universidades, como si de cualquier otro género literario se tratase. Algo muy interesante que se podrá leer en el próximo artículo.

También fue en esa década en la que el manga se popularizó en países occidentales, como Alemania, Italia, Reino Unido, Estados Unidos, México o España, pero el yaoi no tuvo la misma suerte. En el caso de nuestro país, el primer manga BL llegó en el año 2001, siendo la obra maestra Zetsuai 1989, escrita por Minami Ozaki, la que inauguró este variante del manga en español, aunque no caló mucho en la sociedad española de la época, pero esto se analizará, con mayor detalle, en otros artículos posteriores.

Para saber más:

  • Nobuko, Anan. Contemporary Japanese Women’s Theatre and Visual Arts: Performing Girls’ Aesthetics. Reino Unido, Palgrave Macmillan, 2016. Disponible aquí.
  • Rodríguez Fernández, Daniel. La homosexualidad en Japón y sus representaciones artísticas. Salamanca, Repositorio Documental de Gredos, 15 de septiembre de 2016. Disponible aquí.

Notas:

[1] Los términos fujoshi y fundashi son usados para referirse a las personas que ven o leen yaoi; fundashi se refiere a los hombres, mientras que fujoshi lo hace a las mujeres.

[2] Boys’ Love es el término correcto por el que hay que referirse a las historias protagonizadas por romances homoeróticos, pero debido a la expansión del término yaoi, se usarán ambos durante los diferentes artículos. El término existe porque, en la actualidad, es difícil diferenciar el yaoi del shônen-ai, y es por eso por lo que se engloba todo bajo el término Boys’ Love, BL o Be-boy. Aun así, realmente existe una diferencia entre los términos, ya que shônen-ai es el género en el que las relaciones homosexuales entre hombres no presentan escenas sexuales, al contrario que el yaoi, que las representa gráficamente. En cuanto al BL, además de usarse para referirse a todo lo relacionado con los mangas homoeróticos, también se usa, a veces, para englobar a aquellos mangas en los que la historia es más directa y explícita que el shônen-ai pero menos que el yaoi, aunque lo normal es usar dicho término para referirse a toda la producción homoerótica masculina.

[3] El término usado originalmente era el de makura-e, pero decidió cambiarse por shunga debido a que lo consideraban más adecuado; actualmente, el término más usado es el de higa porque es más refinado que los anteriores. Pero puesto a que tanto el makura-e como el higa son tipologías de la estampa erótica, se utilizará el término shunga para referirse a este tipo de obras.

[4] Hasta el período Edo era común que los samuráis llevasen esas pinturas a modo de amuleto durante las batallas. También era común su utilización en caso de disfunción sexual o impotencia, y como amuletos para atraer a la fortuna o para protegerse de los incendios.

[5] Hay una gran diferencia entre el yaoi y el hentai. En el yaoi, las historias suelen protagonizarse por personas hermosas, es decir, hombres llamados bishônen (“chico hermoso”), hombres hermosos, idílicos y estilizados, perpetuando su belleza incluso en las escenas sexuales; pero en el hentai no se le da esa importancia. Además, el yaoi suele tener una historia, mientras que el hentai solo suele narrar relaciones sexuales.

[6] Algunas de sus componentes son: Yasuko Aoike, Moto Hagio, Riyoko Ikeda, Yumiko Ôshima, Keiko Takemiya, Toshie Kihara, Ryoko Yamagishi, Minori Kimura, Nanae Sasaya y Mineko Yamada.

[7] Algunas de sus componentes son: Wakako Mizuki, Michi Tarasawa, Aiko Itô, Yasuko Sakata, Shio Satô, Okazaki Kyoko y Yukiko Kai.

[8] Ecos de Asia ya realizó la reseña de uno de sus mangas más recientes publicados en Español, ¿Quién es el 11º pasajero?, disponible aquí.

[9] En cuanto al manga homoerótico femenino, yuri, este fue iniciado por Ryoko Yamagishi en 1971, publicando, Shiroi Heya no Futari (La pareja del cuarto blanco), y seguido por su compañera Ryoko Ikeda, Berusaiyu no Bara (La rosa de Versalles), en 1972.

[10] A pesar de lo que puede parecer, el yaoi es un manga realizado por mujeres y para mujeres, ya que no estaba pensado para los hombres homosexuales. Actualmente, el público al que va destinado sigue siendo principalmente femenino, pero también es habitual que lo compren los homosexuales; eso sí, hay que tener en cuenta que las historias son estereotipadas, por lo que no tienen muchos parecidos con los romances reales.

[11] El término dôjinshi está compuesto por dôjin, que significa “grupo literario”, y shi, que se puede traducir por “revista” o “distribución”.

[12] El Comiket fue fundada en 1975 por Yoshihiro Yonezawa, pero fue ayudado por un grupo de estudiantes pertenecientes a la Universidad de Meiji. Este grupo de estudiantes eran el grupo Meykyu, quienes estudiaban las obras de Moto Hagio y realizaban dôjinshi sobre ellas.

[13] Análisis de caso del manga En la misma clase. Comparación de la homosexualidad ficticia y real en el país nipón, disponible aquíLa homosexualidad y la sociedad japonesa actual I: el sistema educativo y los problemas laborales, disponible aquí, y  La homosexualidad y la sociedad japonesa actual II: política y tradición, disponible aquí.

[14] OVA (Original Video Animation) es el término usado para referirse a las producciones de animación niponas que se comercializan directamente en formato doméstico (VHS en su momento, DVD o BluRay), siendo un punto intermedio entre una serie animada, anime, y una película.

avatar Daniel Rodríguez (32 Posts)

Graduado en Historia del Arte en la Universidad de Oviedo y con un Máster Universitario en Estudios en Asia Oriental cursado en la Universidad de Salamanca. Ha trabajado para el Museo Arqueológico de Asturias, la sala de exposiciones Laudeo, la Universidad de Salamanca y Satori Ediciones.


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