Revista Ecos de Asia

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This article was written on 18 Oct 2014, and is filled under General.

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Aragón y Asia: encuentros pasados, presentes y futuros II.

A lo largo de las últimas semanas hemos tenido la oportunidad de comprobar como ya desde la Antigüedad, Asia y Aragón han tenido importantes vínculos culturales que, si bien en algunos casos eran puramente anecdóticos, en otros hablaban de la profundidad de la hibridación entre elementos culturales asiáticos y aragoneses en la vida diaria. Y es que ha sido esta tónica, junto a la de la (re) valorización diplomática e institucional la que ha impregnado las relaciones entre Oriente y Aragón durante la segunda mitad del siglo XX.

Si bien el gobierno franquista mostró, hasta los años finales de la Segunda Mundial, una curiosa afinidad al igualmente parafascista gobierno japonés, esta se disipó definitivamente una vez España entró en el Plan Marshall. El japonismo –el orientalismo por excelencia en España– burgués y decadentista, una vez que Japón se había convertido en más en un enemigo para los líderes de la sociedad de consumo (los Estados Unidos), pasó poco a poco de moda, y la idea general sobre el Japón volvió a ser la de un país con algunas –loables– costumbres medievales sobre el honor; geishas, samuráis, y poco más pervivían como un concepto lejano y exótico en las mentes de los españoles.

Algo parecido sucedía con el resto de Asia, cuyos habitantes eran vistos con miedo –bien como bárbaros o como enemigos políticos (para el Régimen, cuanto menos se hablase de gobiernos comunistas, mejor)- o completamente ignorados. Si esto sucedía en general a nivel español, el desconocimiento se acentuaba en el medio aragonés, y muy especialmente en el ambiente rural.

Pero a pesar de la censura y del control ideológico que Aragón, como el resto de las regiones españolas, sufrieron durante el franquismo, los delicados hilos que unían esta comunidad con el continente asiático nunca llegaron a romperse del todo. Fue Aragón precisamente la protagonista de una de las excepciones más curiosas de la Historia común de España y Japón, la del cartero de Alpartir y Kimura, aquella joven japonesa que gracias a una multitudinaria colaboración entre ambos países logró su sueño, venir a la Península Ibérica a hacerse monja. Será precisamente en este periodo del tardofranquismo cuando Asia vuelva a interesar con fuerza a los aragoneses, tanto por motivos políticos – será la época de llegada clandestina del maoísmo a España – como culturales.

Kimura fue acogida muy cálidamente.

Kimura fue acogida muy cálidamente.

La Transición y los primeros años de la democracia vivieron otro tipo de integración entre el mundo asiático y el aragonés. Por una parte, comenzó una integración a nivel demográfico en el momento en el que Aragón – especialmente, Zaragoza – comenzó a recibir inmigración asiática. Los chinos son hoy los más numerosos y visibles, pero no fueron ni los primeros ni los únicos: filipinos, libaneses, sirios, e incluso iraníes huidos de la Revolución cultural,[1] – entre muchos otros-, comenzaron a llegar en la década de los 80 y su número es cada vez mayor. Algunos, los más pudientes, venían para estudiar o trabajar en profesiones liberales, pero la mayoría vinieron a empezar desde cero. Poco a poco, pero muy intensamente a partir de finales de la década de los 90 –y siempre exponencialmente–, la ciudad comenzó a llenarse de establecimientos regentados por extranjeros: los más vistosos, antes de la llegada de ese fast-food de Oriente que es el kebab –palabra y alimento de origen turco, pero que en Zaragoza casi siempre nos llega de la mano de paquistaníes y bangladesíes–, fueron los restaurantes chinos, acompañados de algún japonés, indio, y libanés, los que permitían a los aragoneses conocer Oriente no solo mediante los libros, sino esa actividad tan integradora que es la gastronomía. Hoy día, hay zonas en las que los establecimientos regentados por personas de origen asiático superan en número a los españoles, y hace mucho que ya no están relacionados únicamente con la alimentación.

Pero mientras Asia llegaba a nuestras casas, también lo hacía poco a poco a nuestros hogares: niños y adultos – pero especialmente, los primeros – veían en la televisión películas y series de y sobre Asia –como hemos tenido ocasión de comentar en varias ocasiones- cada vez más a menudo, y las artes marciales de origen extremo-oriental se convertían en una realidad diaria: para mediados de los 90, la mayoría de los colegios estaban tan familiarizados con las regionales jotas, la gimnasia rítmica o el futbol como con el karate o el judo; más tarde llegarían el taekwondo, kendo, el aikido y un incesante etc. Al mismo tiempo, los adultos se irían acostumbrando a que prácticas como el yoga o el taichi se generalizasen en todo tipo de ambientes y que dejasen de “sonar a chino”.

Otros elementos de las diferentes sociedades asiáticas, como la fe, eran menos perceptibles por la sociedad, pero no por ello menos fuertes: Aragón cuenta, por ejemplo con varios círculos budistas – el más célebre es el monasterio budista tibetano de Panillo, en pleno Pirineo oscense–[2], además de con una pequeña pero consistente comunidad Ba’hai.

Panillo, entre el Tibet y el Pirineo.

Panillo, entre el Tibet y el Pirineo.

Los comisarios Elena Barlés y David Almazán posan a la entrada de la exposición.

Elena Barlés y David Almazán, en la entrada de su última exposición.

Tal globalización requería una respuesta institucional y académica que, aunque tardía, tuvo en Zaragoza una fuerte y siempre creciente representación.[3] Por una parte, comenzaba el estudio de lenguas asiáticas –japonés y chino-, tanto de manera privada como en instituciones como el Centro Universitario de Lenguas Modernas –que ofrece árabe, chino y japonés- como en la Escuela Oficial de Idiomas (solo chino y muy recientemente, únicamente en la EOI2 Fernando Lázaro Carreter)[4]; por otra, como ya hemos comentado en numerosas ocasiones, comenzó también el estudio del arte asiático dentro de la carrera de Geografía e Historia (después, en la Licenciatura en Historia del Arte, y actualmente en el Grado) por parte don Federico Torralba, que continuó –y continúa– con una difusión todavía más grande durante los magisterios de los doctores Elena Barlés y David Almazán, que además dejan tras de una larga y creciente estela de investigadores.[5]

Aunque todavía queda mucho por hacer, los últimos años han visto también la aparición de una serie de actuaciones que han servido para el acercamiento entre las culturas asiáticas a la aragonesa: en ámbitos muy distintos encontramos por ejemplo la labor de la Asociación Aragón-Japón o la función de la pasada Exposición Internacional de Zaragoza en 2008, aunque tampoco podemos olvidarnos de las numerosas ocasiones en las que se manifiesta también la cultura japonesa más actual: nos referimos, por supuesto, a jornadas, Jornaícas, Salones… y otras actividades relacionadas con el mundo del cómic, la animación y los videojuegos que tienen ya una larga tradición y que conviven pacíficamente con las habituales exposiciones sobre arte y cultura japonesa que se realizan en la capital aragonesa – y que en Ecos de Asia intentamos reseñar regularmente.

Parada en la Plaza España durante la I Harajuku Fashion Walk en Zaragoza.

Parada en la Plaza España durante la I Harajuku Fashion Walk en Zaragoza.

Por supuesto, todavía queda mucho por hacer, aunque ya se están dando pasos cada vez más importantes en la buena dirección. Parece que llega al fin el momento de China: hace varios meses se firmó un convenio entre el Ayuntamiento de Zaragoza y el gobierno chino para establecer en la capital aragonesa una sede del Instituto Confucio –que se inaugurará en un futuro no muy lejano-, mientras se están firmando más y más convenios con diferentes universidades chinas; no solo del gigante asiático se reciben cada vez más estudiantes – también aumenta el número de los que vienen de Corea del Sur y Japón-, y en 2013, fue precisamente China el país que mayores turistas extranjeros aportó a Aragón, superando por primera vez a Francia.

No sabemos que deparará el futuro pero definitivamente parecen buenos tiempos para una normalización y apreciación de la cultura asiática en el mundo aragonés; una cultura que salta incesantemente de las pizarras a las calles, de las tiendas a nuestros museos y salas de exposiciones, siempre en continua expansión y retroalimentación. Asia ha dejado de ser una pasión minoritaria para convertirse en una realidad cada vez más afianzada. En Aragón, Asia está día a día más presente: en nuestra ropa, en nuestra dieta, en nuestras calles, nuestras aulas… y por supuesto, en nuestro corazones.

Notas:

[1] Este caso tuvo un desgraciado desenlace, como puede leerse en: http://elpais.com/elpais/2010/08/25/actualidad/1282724230_850215.html

[2] Los otros círculos budistas registrados en Aragón son la Comunidad Budista Soto Zen (Zaragoza), Comunidad Religiosa de Budismo Shambhala (Zaragoza), Círculo Niguma (Graus) y el centro Kagyü Dag Shang Künchab (Zaragoza), ligado al monasterio de Panillo.

[3] Desgraciadamente, no se ha producido todavía un acercamiento real a nivel diplomático, pues de los dieciséis consulados honorarios activos en Zaragoza únicamente uno, el correspondiente a Bangladesh, pertenece a un país asiático.

[4] Dentro de las enseñanzas universitarias de grados y licenciaturas, algunas carreras daban la oportunidad de elegir árabe como idioma, aunque esta ha sido una opción muy minoritaria. Ocasionalmente, el grupo Sylex de la Universidad de Zaragoza ha ofrecido talleres sobre la lingüística de algunas lenguas asiáticas como el japonés o el georgiano.

[5] No sería justo no dedicar una mención a los varios proyectos y grupos de investigación sobre Japón a los que los incansables doctores se han dedicado durante los últimos años.

avatar Marisa Peiró Márquez (133 Posts)

Marisa Peiró Márquez (marisapeiro@ecosdeasia.com) es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. En esta misma universidad se licenció en Historia del Arte y realizó el Máster en Estudios Avanzados de Historia del Arte, así como el Diploma de Especialización en Estudios Japoneses. Se especializa en el Arte y la Cultura Audiovisual de la primera mitad del s. XX, y en las relaciones artísticas interculturales, especialmente entre Asia y América Latina (fue becaria del Gobierno de México), con especial interés en el Sudeste Asiático y en Oceanía.


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